“Que el Señor los ayude a amar como Dios ama y a tener en el sufrimiento la fortaleza de Cristo.”
2 Tesalonicenses 3:5 DHH94I
Pablo escribe a la iglesia que está en la ciudad de Tesalónica, ubicada en la provincia Romana de Macedonia.
Es una carta aclaratoria sobre el tema de la segunda venida de Cristo. Algunas cosas no estaban bien en el día a día de los hermanos, por una mala comprensión bíblica acerca del tema escatológico.
Es por ello que en los capítulos uno y dos, Pablo les explica pacientemente con detalle sobre el regreso de Cristo y la necesidad de seguir una vida normal en espera de aquel momento.
Seguidamente, en el capítulo tres Pablo los lleva a poner atención precisamente, en la responsabilidad de velar también por el ministerio de la evangelización, como una de las tareas más relevantes en la paciente espera. Así que pide oración por él y su trabajo misionero.
Por lo demás, el apóstol deja ver su corazón confiado respecto a ellos. Veamos el texto que hoy he querido compartir, como una exhortación con profunda convicción:
1. “Que el Señor les ayude a amar…”
Realmente creo que necesitamos ayuda para amar. Quizá no me tomé el tiempo para pensar detenidamente sobre este asunto. No obstante, mi propia experiencia; y otras circunstancias me han llevado a estimar éste; como uno de los temas medulares de la vida cristiana: “El amor”.
En un mundo cada vez más hostil, ingrato, egoísta, insensible, o sea; violento en todo sentido, amar es una asignatura pendiente del cristianismo. Hoy más que nunca, debemos orar como Pablo:
“Señor, ayúdame a amar”
2. “Amar como Dios ama”
Cómo si fuera poco. No solo necesitamos ayuda para amar, sino que necesitamos saber cómo. Y es como Dios ama.
Es mucho lo que podría escribir del cómo Dios ama. Pero no es necesario escribir tanto.
Juan 3:16 dice que fue tal la manera que Dios amó, que lo dio todo. No se reservó nada.
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Juan 3:16 RVR1960
Amar es una decisión. Porque si fuera una emoción del momento o un sentimiento aislado, de seguro nosotros no hubiéramos causado el menor sentimiento de amor en el Dios santo que nos amó y sigue amando.
Asi que somos exhortados a amar a los hermanos y al prójimo sin dejarnos nada. Sin medir consecuencias.
3. “Ser fuertes como Cristo en el sufrimiento”
Finalmente, Pablo vislumbra que la iglesia ha de sufrir por amar así. Cristo murió por amor. El amor del Padre rechazado por muchos, llevó a Cristo hasta la muerte.
El amor es la peor ofensa a un mundo hostil. La peor ofensa a la amargura del corazón del hombre sin Dios, y sin esperanza.
Los creyentes, igualmente seremos rechazados, ninguneados e ignorados; por aquellas iniciativas de bondad y amor.
Ser fuertes como Cristo en el sufrimiento por la fe. Una meta de todo creyente.
Concluimos aquí, animándonos a amar como Dios ama, para tener la fortaleza de Cristo en el día de la prueba.
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