• Peirasmós: es la palabra en griego que significa prueba, y también se usa para “tentación”: Significa: “poner a prueba (por experimento del bien o por experiencia del mal), solicitar, disciplinar; por implicación adversidad”. Deriva de otra palabra que nos amplía el criterio bíblico: Peirázo.

    Peirázo: Significa “probar objetivamente o con propósito, es decir el esfuerzo, escudriñar, incitar, disciplinar”. A la vez hay una raíz para ambas palabras: Peíra.

    Peíra: Significa “prueba, es decir intento, experiencia”.

    No os ha sobrevenido ninguna tentación (ninguna experiencia) que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados (experimentar algo) más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación (con la experiencia) la salida, para que podáis soportar.

    1 Corintios 10:13

    Esta es la palabra usada en el Nuevo Testamente, cuando se refiere a los eventos de prueba en el creyente.  Es importante que el panorama sea claro alrededor de este tema, para que en todo sea Dios exaltado.

    Primeramente, debemos partir de dos verdades incuestionables:

    “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie…”

    Santiago 1:13
    1. Dios no tienta a nadie.

    Algunos textos en el Antiguo Testamento aparentan decir que Dios tentó o puso a prueba a alguien. Pero debemos leer esos textos a partir de otros textos más claros que indican por ejemplo la omnisciencia de Dios (Dios todo lo sabe). Dios no requiere probarnos para saber como somos, o lo que haremos ante diferentes estímulos, porque ya Dios conoce lo que haremos.

    Dios sabe que la tentación vendrá a nosotros, y lo permite (como lo hizo con Job, y con Pedro) porque busca fortalecer nuestro carácter, y llevarnos a la fidelidad necesaria para perseverar hasta el fin. La tentación nos muestra aquellas debilidades que han estado ahí latentes en nosotros, y salen a la luz según Santiago, por nuestros malos pensamientos. Pero muy a pesar de eso, Dios sabe que sus hijos no naufragaremos en lo más importante, La fe.

    Esto lo sabemos al leer especialmente el libro de Job, y leer las palabras de Jesús a Pedro antes de ir a la cruz: “31 Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; 32 pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos. Lucas 22: 31-32

    Jesús le dice a Pedro, una vez vuelto (tú) confirma a tus hermanos. O sea, Jesús sabía que Pedro divagaría por camino de infidelidad en medio de la prueba. Quizá como usted y yo alguna vez hemos experimentado infidelidad a Dios. Pero Jesús le dice: “…yo he rogado por ti, que tu fe no falte…”.

    Creo que el mensaje es claro, Jesús, siendo a la vez Dios mismo, no se preocupa por la situación temporal de debilidad de Pedro, él pide al Padre que lo guarde de apostatar de la fe. No debemos claudicar a nuestra fe, aun en medio de la prueba más hostil que estemos viviendo. Inclusive aquella que nos asesta una caída.

    Así que Dios no nos tienta, porque él no necesita probarnos en nada, ya nos conoce. Solo nos espera al otro lado de la prueba para fortalecer nuestra fe. Es más, el salmista dice que él mismo nos acompaña por valle de sombra de muerte.

    2. Dios no puede ser tentado por el mal.

    ¿Por qué Mateo dice que Jesús fue tentado? “Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.” Mateo 4:1

    Jesús, siendo Dios, también era hombre. Eso es lo que la Biblia nos enseña. Por eso es que Jesús podía ser tentado por el mal, o sea, por satanás. La biblia dice que Jesús fue tentado en todo, y de todo salió librado.

    “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.” Hebreos 4:15

    Esa es una mejor noticia, Jesús quien murió por nuestros pecados sabe lo que podemos llegar a sentir y las batallas que libramos en nuestra mente, y sabe también cuando vamos a fallar. Porque él como hombre ya sintió y conoce lo que significa esa lucha humana, póngale el nombre que usted quiera. Y como Dios, él venció cada una de esas luchas humanas. Por eso él puede compadecerse de nosotros; en nuestras debilidades, y hacernos partícipes de su victoria.

    Pero aparte de ese capítulo de empatía de Dios con el ser humano a través de Jesús, Dios todo poderoso y santo en su morada, no puede ser tentado por el mal. En su morada y esencia no hay maldad.

    Jesús le recordó a satanás en una de sus respuestas esta verdad: “Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.” Mateo 4:7

    Conclusión. (Esta conclusión recopila una parte de las enseñanzas del Dr. Charles Stanley)

    Cuando vienen experiencias a nuestra vida que nos ponen a prueba en lo moral (pecados de carácter), también en nuestras convicciones de fe, o en lo físico (como enfermedades), entonces debemos tomar las promesas de Dios:

    1. Dios perdona nuestros pecados

    “Si fuéremos infieles, él permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo.” 2 Timoteo 2:13

    “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” 1 Juan 1:9

    2. Dios limita nuestras tentaciones

    “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.” 1 Corintios 10:13

    3. Dios nos da paz en medio de la ansiedad

    Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Filipenses 4:7

    4. Dios limita el poder de satanás en nuestras vidas

    “Pero fiel es el Señor, que os afirmará y guardará del mal.” 2 Tesalonicenses 3:3

  • «Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, …” Filipenses 2:5

    Pablo nos lleva a un desafío evangélico, es decir, que compete al evangelio del Reino. El desafío es que tengamos un mismo sentir o pensamiento con Cristo, en otras palabras; lo que se requiere es que tengamos una disposición mental para ir en una misma dirección de pensamiento y por consecuencia actuar de igual manera.

    ¿Como describe Pablo la línea de pensamiento de Jesús?

    Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros”. Filipenses 2:3-4

    1. Hacer o trabajar con la motivación correcta: “no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros”.

    A. No por contienda: Jesús no hizo su obra por contender con los líderes religiosos de la época, ni para contender con las autoridades civiles del imperio. No obstante, su obra y testimonio causó contiendas por doquier, aun dentro de su propia casa con sus hermanos.

    Es de vital importancia entonces, que sepamos discernir en la Biblia lo que Dios quiere que hagamos en su nombre y cómo quiere que lo hagamos. Y poder también discernir en nuestros corazones nuestras intenciones. Cuando tengamos eso claro, oremos al Padre por dirección y hagamos la obra de Dios.

    Entonces, puede que lo que hagamos genere contienda en corazones que no tienen el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús. Pero eso es diferente al hecho que pretendamos con propósito contender sobre algo.

    B. No por vanagloria: La gloria es vana cuando no enfoca en Dios el Padre. Jesús siempre defendió esa actitud en sus acciones y discursos. Siempre dijo que él no buscaba su propia gloria, y que buscaba dar la gloria al Padre, mientras obedecía su misión.

    Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. Juan 17:4

    La manera de dar gloria a Dios, es claramente modelada en Jesús. Haciendo la obra de Dios en la tierra, y apuntando hacia Dios en cada tarea emprendida dentro y fuera de casa.

    Cuando nuestra tarea genera contienda, pero el mensaje es bíblicamente correcto y el actuar es adecuado a las circunstancias, podemos tener paz de ir por el camino correcto en el mismo sentir de Cristo. Pero cuando se interpone la vanagloria en lo que hacemos, fácilmente nos daremos cuenta porque atacamos a las personas cercanas y ya eso es un indicador de haber errado.

    2. ¿Cómo define Pablo la línea de acción de Jesús?

    «el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. 9 por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, …» Filipenses 2: 6-9

    A. No se aferró a su posición: Esta forma de actuar, alineada a su línea de pensamiento es particular en Jesús, ya que él era y es Dios. Pero nos deja una lección a los creyentes: “No debemos aferrarnos a una posición si queremos ser efectivos y eficaces en lo que hacemos”.

    i. Primeramente, nuestra posición de hijos de Dios es invariable en Él, pero no debemos aferrarnos a esa posición para vivir nuestras vidas como esclavos.

    ii. En el liderazgo, no debemos aferrarnos a una posición dentro de la iglesia o dentro de la familia, para conseguir nuestras propias metas egoístas, requerimos ser analíticos y descubrir con la ayuda del Espíritu Santo y la luz de la Palabra, lo que es mejor para todos.

    iii. Aferrarse es idolatría. Podríamos idolatrar una posición de poder, o una posición de privilegio. Es lo que hacen los hombres en la política, como jefes en los trabajos, etc.

    B. Se Despojó: Jesús se despojó hasta de su gloria. En Juan 17 al orar por sus discípulos y por la evangelización del mundo, Jesús menciona al Padre que lo regrese a la gloria que antes tenía con él en los cielos.

    ¿Por qué se despojó Jesús? Porque era la manera de ser efectivo y eficaz en la tarea encomendada por el Padre. ¿Tendremos nosotros que despojarnos de algunas cosas para ser efectivos y eficaces?

    C. Se humilló: En los profetas del antiguo testamento, constantemente Dios llama a Israel a la humillación. Parece ser que las credenciales en el cielo es la humildad. Pero aquella humildad que se humilla, quiero decir, no es una postura religiosa, es una humillación de nuestras presunciones de grandeza en cualquier situación.

    D. Esperó ser exaltado: Jesús recibió su lugar merecido por méritos propios, a la diestra del Padre. No se exaltó a sí mismo, sino que Dios le exaltó como su hijo amado en el cual Dios siempre se ha complacido.

    Nosotros los creyentes, seremos igualmente exaltados no por nuestros méritos, sino por los méritos de Cristo mismo. Pero para ser exaltados, habremos de haber vivido en la misma línea de pensamiento que hubo en Cristo Jesús.

  • Las pequeñas epístolas de Juan son un rincón de riqueza doctrinal y un manual teológico. Su enfoque señala en primera instancia la comunión de los hermanos según la fe, y por ende con todos los hijos de Dios. Las principales doctrinas esbozadas son: la doctrina del pecado, la doctrina del perdón, la doctrina de la salvación, la doctrina de la comunión y de manera secundaria, trata aspectos escatológicos, como la naturaleza del anticristo en el sistema humanista y secular del mundo.

    En este artículo quiero compartir algunos versículos del capítulo 5 de 1 de Juan, para empoderarnos en la comunión, que es la suma de nuestra posición de hijos e hijas de Dios, y la conducta como tales. 

    1. Fe para Creer: 

    Su implicación es confiar en quien se cree. Es la clase de confianza en la que usted depositaría todo en manos de esa persona en la que cree. ¿Qué más daría usted a alguien a quien le confía sus bienes, su familia, su casa y sus ideales? Ya lo dio todo, seguro que le confiaría su propia vida. Y si usted llega a esa clase de convicción con alguien, seguro que hará todo lo que esa persona le demande.  

    Pues yo sé que no hacemos eso con nadie en la vida. Y ese es el desafío que el evangelio nos manda, que confiemos así en Dios y en su hijo Jesucristo. Eso es creer. Ahora podrías empezar a examinarte a ti mismo si realmente crees en Dios. Es esa clase de confianza (fe) que nos da acceso a la familia de Dios, siendo constituidos sus hijos.

    “Si creemos que Jesús es el Cristo, somos hijos de Dios. Ahora bien, no es posible amar al padre sin amar también al que es hijo del mismo padre” 1 Juan 5:1. 

    1. Fe para vencer al sistema: 

    ¿Qué estaba pensando Juan cuando habló así del mundo? Ya lo hemos adelantado en la introducción. Juan habla del sistema que opera en el mundo que es contrario a Cristo (anticristo). De tal manera que los creyentes somos los únicos capacitados para enfrentar el sistema global y globalizante, si es necesario atravesando inclusive el martirio; porque nuestra fe lo demanda.

    Juan entonces dice que estamos equipados para vencer. Juan piensa en el poder conferido allá en Jerusalén muchos años atrás, cuando en aquel aposento alto fueron llenos de la gracia de Dios por medio del Espíritu Santo, quien está entre nosotros y con nosotros y en nosotros. 

    “…ya que los hijos de Dios están equipados para vencer al mundo. Nuestra fe, en efecto, es la que vence al mundo” 1 Juan 5:4 

    “…pues quien cree que Jesús es el Hijo de Dios, triunfará sobre el mundo” 1 Juan 5:5 

    1. Fe para testificar: 

    Pero Juan no está hablando de testimonios discursivos. Juan está hablando de la evidencia de nuestra fe en Dios. Tal evidencia es amar a los hijos de Dios, o sea, a nuestros hermanos; cumpliendo los mandamientos del Señor hacia ellos y con ellos (La comunión). 

    Nuestra fe debe testificar con hechos en la misma comunión con los hermanos. No es en primera instancia con buenas obras a los de afuera. Es primordial el amor a los hermanos, para dar ese testimonio de fe. Y en esa fe de comunión es que podemos vencer al sistema que nos acosa con mentiras e imposiciones diabólicas.  

    “Y conocemos que estamos amando a los hijos de Dios, cuando de veras amamos a Dios cumpliendo sus mandamientos” 1 Juan 5:2 

    1. El autoexamen del creyente.  

    “A ustedes, los que creen en el Hijo de Dios, les he escrito todo esto para hacerles saber que poseen la vida eterna” 1 Juan 5:13 

    Con este versículo, Juan termina una carta doctrinal que buscaba fortalecer la fe en tiempos de persecuciones sucediéndose una tras otra para los creyentes bajo el sistema romano. Por lo tanto, Juan no pretende decir quienes son salvos y quienes no, pues él no lo sabe. Lo que sí pretende es que con sus explicaciones y exhortaciones ellos puedan auto examinar sus vidas. Por eso dice de manera impersonal, “a ustedes los que creen en el hijo de Dios”. Indudablemente nos alcanza también a nosotros y nos hace preguntarnos… ¿Creo yo realmente a la luz de la Biblia? Si la respuesta es; sí, creo con ese grado de luz, pues ¡en buena hora! Puedes confiar en tu Salvador. A continuación, una lista que nos puede ayudar evaluar nuestra posición en Dios:   

    1. Confío en Dios tanto que no contradigo sus estatutos y los quiero cumplir. 
    1. Confío en Dios tanto como para oponerme al sistema del mundo actual. 
    1. Confío en Dios tanto como para amar a mis hermanos y hermanas de la fe. 
    1. Confío en Dios tanto como para comprender la importancia de la comunión constante con los hermanos: El formato de esta comunión, que por siglos en occidente ha sido el templo, parece ser un formato dinámico. Durante los primeros siglos después de Cristo los templos no existían, ahora nuevamente se nos presentan desafíos para nuestros ágapes. Pero lo cierto es que sea en el templo, sea virtual, sea en casas o burbujas sociales, la koinonía en la comunión es vital. Solo piense que un cuerpo debe estar unido y vitalizado, o se dejaría de llamar cuerpo. Así es la Iglesia a la luz del Nuevo Testamento.  

    No menospreciemos la comunión con los hermanos. Tristemente cada vez más creyentes, se alejan de esa vida de comunidad cansados de sus malas relaciones con los hermanos. A veces también por las imposiciones un tanto irracionales de los líderes. Y en muchas otras ocasiones, por el desánimo. Cualquiera sea la razón, no es lo que la Biblia nos enseña. Al final, es un asunto de fe.

  • «Jesús les dijo: —Les aseguro que ustedes me buscan porque comieron hasta llenarse, y no porque hayan entendido las señales milagrosas.” Juan‬ ‭6:26‬ ‭DHH94I‬‬‬‬‬‬

    Las señales o milagros que Jesús hizo y las que Dios quiera hacer hoy, no tiene mayor impacto, si no logran transformación de pensamiento y de vida.

    Aquella multitud referida en este capítulo de Juan, fueron los que comieron de los panes y los peces multiplicados milagrosamente por el Señor. Ellos siguieron a Jesús hasta el otro lado del lago camino a Cafarnaún (capernaún) adonde Jesús se había movido luego del milagro. Pero Jesús sabiéndolo les dice: “ustedes no comprendieron el mensaje y propósito del milagro”.

    Se trataba de un mensaje espiritual que invitaba a buscar el alimento eterno del alma, y cuando lo entendieran; entonces Jesús no sería un “milagrero” más, sino que se mostraría como el pan celestial que alimenta el alma y la fe que salva.

    “No trabajen por la comida que se acaba, sino por la comida que permanece y que les da vida eterna. Esta es la comida que les dará el Hijo del hombre, porque Dios, el Padre, ha puesto su sello en él.” Juan‬ ‭6:27‬ ‭DHH94I‬‬‬‬‬‬

    Y de hecho su método tuvo efecto, porque los indujo a profundizar en sus vidas necesitadas. Ellos quizá no hicieron la mejor pregunta; pero recibieron la respuesta justa:

    “Le preguntaron: —¿Qué debemos hacer para realizar las obras que Dios quiere que hagamos? Jesús les contestó: —La única obra que Dios quiere es que crean en aquel que él ha enviado.” Juan‬ ‭6:28-29‬ ‭DHH94I‬‬‬‬‬‬

    Jesús no enfocó la respuesta en lo que podían hacer ellos, sino en lo que Él debería significar para ellos, por medio de la fe o la confianza en la voluntad de Dios. Tener fe implica esa confianza que descansa en quién es Jesús, y no cuán capaces somos nosotros de merecerlo.

    A veces nosotros pedimos milagros para sentirnos bien. Pedimos una sanidad porque estar enfermos es difícil y nada placentero. Pedimos milagros financieros porque nadie quiere vivir en la escasez o la pobreza. Pedimos milagros en nuestras relaciones humanas, matrimoniales y consanguíneas, siendo nuestra responsabilidad mantenerlas congruentemente. Y así, podríamos decir de muchos otros milagros que deseamos. Pero olvidamos que cada señal o milagro del cielo tiene un propósito divino, y no es un azar ni capricho.

    Una vez más, Jesús nos exhorta a comprender el propósito de los milagros, y no solamente pretender saciarnos de ellos.

    Después de leer la Biblia, comprenderla y atesorarla en vidas fructíferas, quizá Dios quiera hablarnos por otros medios o señales, y hasta quizá ha hecho o hará milagros en nuestra vida y familia. Pero no olvidemos que debemos ir tras el propósito divino y nunca tras la satisfacción personal y mucho menos tras la pretensión egoísta de merecer algo de Él.