• “¡Alégrate mucho, ciudad de Sión! ¡Canta de alegría, ciudad de Jerusalén! Tu rey viene a ti, justo y victorioso, pero humilde, montado en un burro, en un burrito, cría de una burra.” Zacarías‬ ‭9:9‬ ‭DHH94I‬‬

    El primer día de la semana que equivale a domingo, en el tiempo del cumplimiento, Jesús se dirige a la ciudad santa de Jerusalén para participar de la pascua. Pero en su corazón ya él sabe que aquella es la última pascua en la tierra. Y que él mismo será el cordero pascual.

    En el registro bíblico es llamada la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén. Profetizada por Zacarías y replicada por los evangelios, estamos ante un cumplimiento profético de los más puntuales en la agenda de redención.

    Su entrada a la ciudad es entre vítores y favor del pueblo, ya que muchos son los milagros que el pueblo le reconoce a Jesús. La clase humilde y trabajadora que añoraba un cambio de vida, recibe a Jesús con esa expectativa política de libertad de la opresión imperial. Pero entre la clase política y religiosa genera desconfianza y celos.

    Jesús no fue un revolucionario como los movimientos políticos modernos lo señalan. El fue un reformador de la ley de Dios, un reformador de la espiritualidad de su pueblo. Fue y es un libertador, pero no de índole política y social; sino del alma esclava del pecado.

    Pero su obra fue confundida por muchos de su época, tiñéndole de revolucionario, y en el proceso judicial de Pilatos, le pusieron vestidos reales a modo de burla. Una burla que se cernía profanamente profética. Pues Cristo es El Rey de Reyes eternamente.

    Aquel domingo, nos deja una imagen clara de quién es Cristo. Pero los sucesos de la semana nos dejan ver rápidamente al interior del corazón humano: “Hipócrita mezquindad”. Ellos pasaron de aclamar con vítores al Jesús que crearon en sus mentes, caudillo de guerras y conquistas; y terminaron rechazando con odio desenfrenado al Hijo de Dios.

    Hoy nos quedaremos en el primer día y disfrutaremos de aquel rey de los humildes. Una condición espiritual más que social; necesaria para recibirlo y aceptarlo como rey y Señor.

    Con su burrito prestado, no lució un protocolo de conquistador. Jesús no engañó a su gente, todo su lenguaje corporal y su parafernalia (elementos propios a la actividad) dejaron en clara evidencia que no tenía una agenda militar ni política.

    Fue el primer día camino a la cruz. Pero hay una pregunta: ¿quién iría a la cruz como héroe? La cruz era el más despreciable instrumento de muerte. Ninguna persona condenada a ella, tendría la oportunidad de entrar a la ciudad en un desfile victorioso. Pero Jesús, el hijo de Dios entraría así como testimonio histórico y pertinente de su vocación, misión e inocencia.

    Si Cristo no es Rey y Señor para ti, entonces aún necesitas salvación.

    “Pusieron entonces sus capas sobre el burro, y se lo llevaron a Jesús. Y Jesús montó. Muchos tendían sus capas por el camino, y otros tendían ramas que habían cortado en el campo. Y tanto los que iban delante como los que iban detrás, gritaban: —¡Hosana! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino que viene, el reino de nuestro padre David! ¡Hosana en las alturas! Entró Jesús en Jerusalén y se dirigió al templo. Miró por todas partes y luego se fue a Betania con los doce discípulos, porque ya era tarde.” Marcos‬ ‭11:7-11‬ ‭DHH94I‬‬

  • Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones. Jeremías 1:4-5

    Hace unos años atrás mientras mi esposa y yo pasábamos por una disciplina restauradora de parte de Dios, el Señor nos conmovió por medio de la lectura sistemática de Jeremías. Una lectura que buscaba un sentido más profundo para nuestra realidad, sin ocuparnos tanto del contexto histórico mismo. Fue entonces para nuestras vidas, palabra fresca y agua salubre que nos purificó. Es mi libro preferido de la profecía canónica, por la agudeza del mensaje y la inminencia de sus oráculos. Tanto es así, que Jeremías predice y vive en parte sus predicciones, algo que no es usual en la dinámica profética.

    La función más relevante dentro del profetismo de Israel fue la denuncia. Si bien el profeta vaticinaba un futuro, presagiaba los designios futuros de Dios; lo más importante de su mensaje era su presente. Porque las advertencias proféticas buscaban un cambio de conducta en la nación, para que fueran librados de los juicios divinos profetizados, por la desatención de la ley de Dios por parte de su pueblo.

    Jeremías, es llamado a profetizar en Jerusalén, que sobrevivía a sus hermanos del norte.  Pero Judá tambaleaba en su obstinado pecado de idolatría maquillado por mensajes de falsa esperanza, proclamado por los falsos profetas que contradecían a Jeremías. Algo así como escuchar hoy en día un falso evangelio de paz, que no denuncia el pecado obstinado y sus consecuencias aterradoras de juicio y destrucción:

    16 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan; os alimentan con vanas esperanzas; hablan visión de su propio corazón, no de la boca de Jehová. 17 Dicen atrevidamente a los que me irritan: Jehová dijo: Paz tendréis; y a cualquiera que anda tras la obstinación de su corazón, dicen: No vendrá mal sobre vosotros. Jeremías 23:16-17.

    No es posible quedar bien con aquellas personas que andan tras la obstinación de sus corazones, y a la vez quedar bien con el evangelio. La gravedad de un mensaje vacío, carente de urgencia, es contaminante no solo al pueblo de Dios, sino que aleja a las naciones (personas ajenas a Dios) de la oportunidad salvífica. Jeremías no se deja palabras guardadas en su corazón respecto a esta grave situación:

    15 Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos contra aquellos profetas: He aquí que yo les hago comer ajenjos, y les haré beber agua de hiel; porque de los profetas de Jerusalén salió la hipocresía sobre toda la tierra. Jeremías 23:15

    Este interés de Jeremías por las naciones, se explican como una inspiración divina en su llamado que Dios le hace; para que sea también vocero a las naciones gentiles: “…antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones…”. Así que hay una particularidad en su llamado, porque fue apartado desde el vientre materno para ser vocero de Dios a las naciones, no solo a Judá y Jerusalén como focos de atención primaria. Por lo tanto la denuncia de Jeremías es vergonzosa e impopular: “…de los profetas de Jerusalén salió la hipocresía sobre la tierra”. Es como denunciar que de las iglesias podrían salir mensajes distorsionados del evangelio. Tristemente, ha pasado.

    Las naciones, es un concepto relacionado a los pueblos no judíos; o sea, a los gentiles. Mensaje que Jeremías nos confirma en los últimos capítulos del 46 al 51 donde hay una serie de oráculos (mensajes de advertencia de juicio) contra las naciones vecinas de Jerusalén; desde Egipto hasta Babilonia. Algunos de estos pueblos, como los egipcios, amonitas, moabitas y elamitas, reciben una palabra de restauración entre líneas, mientras a otras de esas naciones se les da una palabra lapidaria.

    Quiero añadir a esta reflexión, un antes y un después de Jeremías a modo de referencia, para ver a Dios actuando en retrospectiva; privilegio que solo tenemos nosotros en esta era.

    Un siglo antes de Jeremías, Dios marca el inicio y ejecución de juicios universales, en una era de cambios. Dios llama a Isaías en el 740aC, con una perspectiva mesiánica. Y cualquier erudito está de acuerdo con tal perspectiva, al leer y explicar Isaías. Dios también impulsa cambios históricos importantes a nivel geopolíticos en solo dos siglos de historia; VIII y VII antes de Cristo. Contemporáneo al llamado de Dios a Isaías, la historia da cuenta de la fundación de Roma, la ciudad que sería la más importante, protagónica y atestiguaría el nacimiento, desarrollo, muerte y resurrección del Mesías profetizado por Isaías. Son detalles que los creyentes lectores y estudiosos de la Palabra de Dios, no dejan entre las coincidencias. Dios preparaba a Roma, y a la vez preparaba el corazón de las naciones para la introducción del Mesías.

    En una referencia posterior a Jeremías y su mensaje universal, encontramos al apóstol Pablo como vocero de Dios, ya no como profeta sino como apóstol a los gentiles. Hay rasgos homónimos (parecidos) entre Jeremías y Pablo. Sus llamados a los gentiles, sus dramáticos llamamientos y lo sufrido de sus ministerios.

    Para esto yo fui constituido predicador y apóstol (digo verdad en Cristo, no miento), y maestro de los gentiles en fe y verdad. 1 Timoteo 2:7.

     El mismo Dios que facultó a Pedro como apóstol de los judíos[c] me facultó también a mí como apóstol de los gentiles. Gálatas 2:8 (NVI)

    Es emocionante la conexión especial entre Isaías, Jeremías y Pablo. Isaías visionando al Salvador como el siervo sufriente que por sus llagas traería sanidad del alma para salvación eterna, Jeremías atendiendo los detalles de la transición entre épocas, y Pablo extendiendo el mensaje mesiánico por el mundo.

    Ahora volvamos al mensaje de Jeremías, el cual es muy impopular, es casi poco creíble para la época en que lo proclama, ya que recientemente Josías había llevado gloria a Israel y había apostado por una importante reforma religiosa. No obstante, enceguecidos por el fugaz esplendor del reinado de Josías, no se percatan, o no quieren darse cuenta a costo del libertino momento que viven, que la nación está en picada moral, religiosa y política. Leamos un resumen en Jeremías 7:2-12

    1. ¿Dónde proclamar? En las esferas religiosas: “Ponte a la puerta de la casa de Jehová, y proclama allí esta palabra, y di: Oíd palabra de Jehová, todo Judá, los que entráis por estas puertas para adorar a Jehová”. Jeremías 7:2
    2. Dios advierte juicio, pero también promete bendición: “Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Mejorad vuestros caminos y vuestras obras, y os haré morar en este lugar”. Jeremías 7:3
    3. Dios advierte sobre el engaño de la religiosidad vana: “No fiéis en palabras de mentira, diciendo: Templo de Jehová, templo de Jehová, templo de Jehová es este”. Jeremías 7:4
    4. Llamado al arrepentimiento y promesa: “Pero si mejorareis cumplidamente vuestros caminos y vuestras obras; si con verdad hiciereis justicia entre el hombre y su prójimo,6 y no oprimiereis al extranjero, al huérfano y a la viuda, ni en este lugar derramareis la sangre inocente, ni anduviereis en pos de dioses ajenos para mal vuestro, 7os haré morar en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres para siempre”. Jeremías 7:5-7
    5. Advertencia contra la falsa piedad y sus consecuencias: ¡No se engañen! Dejen de confiar en mensajes engañosos y sin fundamento. 9 ¿De veras piensan que pueden robar, matar, cometer adulterio, mentir y rendir homenaje a Baal y a todos esos nuevos dioses suyos, 10 y luego venir acá, ponerse ante mí en mi templo y canturrear «¡Salvos somos!», para volver inmediatamente a sus maldades? 11 ¿Será mi templo ante sus ojos sólo cueva de ladrones? ¡Pues para mí no es otra cosa ahora que cueva de ladrones! 12 Vayan a Siló, la ciudad que primero honré con mi nombre, y vean lo que le hice por culpa de la maldad de mi pueblo Israel. (Jeremías 7:8-12 NBV)

    “No fiéis en palabras de mentira, diciendo: Templo de Jehová, templo de Jehová, templo de Jehová es este”. Como vemos en esta expresión, había una falsa conciencia de piedad y santidad. Había un engaño sistemático de una religión contaminada con el paganismo alrededor de la nación del pacto, escudándose tras una vana repetición inservible que veneraba más el lugar sagrado, que al Dios santo que habitó aquella casa alguna vez.

    Ahora me pregunto: ¿Es este mensaje solamente un registro de historia? ¿No es este un mensaje propio para mi vida en este mismo momento en que escribo?

    ¡Claro que lo es! Es un mensaje que me incomoda para llevarme al compromiso serio con la santidad de Dios. El Dios de mi salvación, que mi boca proclama, que mi corazón confía para salvación. Y, sin embargo, con estos labios que proclaman y este corazón que confía, también me desvío de su propósito y llamado. Y otra vez el mensaje toma validez en mi vida personal, pero también toma validez en la vida de la iglesia.

    Isaías vio la visión de un futuro esperanzador, vio el día del Señor grande y temible y advirtió a su gente para que estuvieran a cuentas con Dios. Jeremías selló aquella advertencia de Isaías y la vivió en carne y sangre, sufrió el oprobio de corazones endurecidos contra Dios y su ley. Pablo abatido en el polvo de su vergüenza religiosa temblando y temeroso, pregunta: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?”. Y en la respuesta divina se le endosa llevar el evangelio a tierras lejanas, hasta alcanzarnos a nosotros.

    No debemos dejar que la mentira religiosa sistematizada de un evangelio adulterado e insípido, que busca el menor esfuerzo; nos ministre. Porque de seguro nos llevará a la apostasía lúgubre.

    El pecado denunciado por Jeremías sobre Judá y Jerusalén; fue la apostasía. Un alejamiento sutil de Dios, tras mentiras paganas y dioses ajenos, que corrompieron sus corazones.

    El Evangelio nos ha llegado por gracia para salvación, y para advertirnos acerca de la necesidad de mejorar nuestras obras y nuestros caminos. Mismo mensaje de Jeremías.

  • «Bendito quien confía en el Señor, quien pone en el Señor su seguridad.” Jeremías 17:7‬ ‭BHTI‬‬

    Este es un texto de esperanza, escrito a modo de advertencia, y no es para menos, pues su contexto es un capítulo 17 de Jeremías, que denuncia el pecado de Israel. Un pecado descrito como incorregible cuando leemos su primer versículo:

    “»Judá, tu pecado está escrito con cincel de hierro, está grabado con punta de diamante en la piedra de tu corazón, en los cuernos de tus altares.” Jeremías‬ ‭17:1‬ ‭DHH94I‬‬

    El pecado más abominable entre varios de los que Dios acusa a Judá, es la idolatría y los altares a dioses paganos. Este pecado conllevó un tema fundamental en el corazón de Israel: “la falta de confianza en Dios”.

    Si hay un pecado destructor para la humanidad es la incredulidad (falta de confianza en Dios). Israel se hizo de dioses o ídolos porque no podían confiar en el Dios vivo para su salvación. No lo veían y no podían tenerlo entre sus manos. Por eso eligieron estatuas y formas creadas por artesanos, a esos diosecillos los podían controlar. Al Dios vivo, muy santo y todopoderoso no lo podían manejar.

    Otras veces he escrito acerca de los pecados imperdonables: la incredulidad y la apostasía. Israel vivía ambos pecados en ese momento. Por eso Jeremías dice que su pecado estaba escrito con cincel de hierro y grabado con punta de diamante. Una expresión metafórica que indicaba, lo pertinaz de su pecado que ya no podía ser limpiado con el rito de la ley ceremonial del sacrificio de animales.

    Su destino era imperdonable hacia el castigo. Pero a la vez esgrime una esperanza al llamarlos a confiar en Dios, invitando al pueblo a una nueva esperanza, ya no en los bueyes, ni machos cabríos, ni ovejas para el sacrificio; sino hacia Dios mismo que traería al cordero sin mácula para un sacrificio efectivo y suficiente contra aquel pecado.

    ¿Cuáles pecados están escritos en tu corazón? Si usted y yo dejamos que los pecados se arraiguen en nuestro corazón, éstos se grabarán como con cincel de hierro en corazones endurecidos como piedras, y corremos el peligro de volvernos apóstatas de la fe. Eso sería una muerte espiritual segura y sin retorno.

    La apostasía tiene que ver con un rechazo de Dios, de su Palabra y de su moral. Tal rechazo puede ser evidente o tácito (lo tácito no se expresa porque se sobrentiende o está ahí latente).

    El mundo y sus ideologías rechazan a Dios de manera evidente, pero hay personas que aún dentro de la fe cristiana una vez confesada, lo rechazan de manera tácita o sutil. No lo expresan abiertamente pero con sus acciones sutiles, dan apoyo al sistema mundano, rechazando así la moral de Dios.

    Por eso Jeremías nos recuerda, que podemos alcanzar la seguridad eterna de la salvación por medio de una vida regenerada. Aunque el capítulo no usa el peso gramatical del Nuevo Testamento respecto al nuevo nacimiento, es claro que nos invita a ser regenerados por el agua de vida, presentando dos figuras retóricas:

    1. La zarza en el desierto como símbolo de muerte:

    “El Señor dice: «Maldito aquel que aparta de mí su corazón, que pone su confianza en los hombres y en ellos busca apoyo. Será como la zarza del desierto, que nunca recibe cuidados: que crece entre las piedras, en tierras de sal, donde nadie vive.” Jeremías‬ ‭17:5-6‬ ‭DHH94I‬‬

    2. El árbol plantado junto al río, como símbolo de vida eterna, porque “nunca” dejará de dar frutos.

    “»Pero bendito el hombre que confía en mí, que pone en mí su esperanza. Será como un árbol plantado a la orilla de un río, que extiende sus raíces hacia la corriente y no teme cuando llegan los calores, pues su follaje está siempre frondoso. En tiempo de sequía no se inquieta, y nunca deja de dar fruto.”Jeremías‬ ‭17:7-8‬ ‭DHH94I‬‬

    Dios una vez más pone delante de nosotros la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Además nos advierte la importancia de la fe o la confianza en Dios y nada más que en Dios.

    No debemos poner nuestra confianza, ni en nuestro propio corazón:

    “»Nada hay tan engañoso y perverso como el corazón humano. ¿Quién es capaz de comprenderlo?” Jeremías‬ ‭17:9‬ ‭DHH94I‬‬

    Solo Dios puede conocerlo… sigue diciendo Jeremías, porque es quien lo escudriña.

    Por eso aquella máxima humana que dice: “déjate guiar por tu corazón”, es muy tierna pero peligrosa.

    Oremos para que Dios nos muestre nuestro propio corazón, para arrepentirnos y pedir perdón y ser perdonados y limpiados de toda maldad.

  • «¡Oh Señor, yo soy tu siervo! ¡Yo soy el hijo de tu sierva! Tú has roto los lazos que me ataban.” Salmos‬ ‭116:16‬ ‭DHH94I‬‬‬‬‬‬

    El salmo 116 parece ser una oración que pone en el centro de nuestra atención el tema de la muerte, y cuánto ésta nos afecta.

    Con un antropomorfismo, describe de alguna manera el sentimiento de Dios al ver morir a sus hijos e hijas, al decir: “estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos…”

    Luego cuando el salmista declara: “tú has roto los lazos que me ataban”; en este contexto en particular esos lazos refieren a la muerte, y a la vez; se equiparan con la expresión: “suelto los dolores de la muerte” referidas al martirio y muerte de Jesús, en Hechos 2:15.

    De Jesús, el relato nos dice que la muerte no podía retenerlo. Era imposible que la vida, estuviera prisionera bajo el imperio de la muerte. Entonces sueltos los dolores de la muerte, significa: “una vez fuera de su alcance y dominio, Cristo resucitó en victoria, y en su resurrección, sus hijos también seremos levantados de la muerte”. Y aunque los lazos, cadenas y ataduras como se describe a la muerte en la literatura poética de la Biblia se apoderan del humano, Dios aparece para el salmista como el Salvador o libertador. Por eso la exclamación del salmista:

    “Estimada es a los ojos de Jehová La muerte de sus santos.” Salmos‬ ‭116:15‬ ‭RVR1960‬‬‬‬‬‬

    La estima aquí se refiere a precio o valor, no es una estima emocional, sino en sentido de costos. En el nuevo testamento este concepto de precio, toma sentido en la sangre de Cristo.

    Pablo dijo en una ocasión: “para mí el vivir es Cristo, y el morir “Ganancia”. Una vez más, es un lenguaje de costos o plusvalía. La ganancia real del sacrificio de Cristo, es nuestra liberad definitiva del mundo decadente de la muerte.

    Esta verdad me hizo sentirme vulnerable, pero me consuela a la vez en este momento de duelo por la muerte de mi madre.

    Afirma mi vulnerabilidad al saber que la muerte nos rodea con lazos de dolor, me consuela al entender por la fe, que hay vida después de ser libres de los lazos de la muerte.

    Pienso entonces en mi madre: “Cuando los dolores de la muerte la quisieron hacer prisionera, Cristo la liberó trasladándola del imperio de la muerte; hasta su reino de vida eterna”. Me consuela poder decir que mi madre cantó el canto de victoria:

    “..:Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?”

    1 Corintios‬ ‭15:54-55‬ ‭RVR1960‬‬‬‬‬‬