4 Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: 5 Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones. Jeremías 1:4-5
Hace unos años atrás mientras mi esposa y yo pasábamos por una disciplina restauradora de parte de Dios, el Señor nos conmovió por medio de la lectura sistemática de Jeremías. Una lectura que buscaba un sentido más profundo para nuestra realidad, sin ocuparnos tanto del contexto histórico mismo. Fue entonces para nuestras vidas, palabra fresca y agua salubre que nos purificó. Es mi libro preferido de la profecía canónica, por la agudeza del mensaje y la inminencia de sus oráculos. Tanto es así, que Jeremías predice y vive en parte sus predicciones, algo que no es usual en la dinámica profética.
La función más relevante dentro del profetismo de Israel fue la denuncia. Si bien el profeta vaticinaba un futuro, presagiaba los designios futuros de Dios; lo más importante de su mensaje era su presente. Porque las advertencias proféticas buscaban un cambio de conducta en la nación, para que fueran librados de los juicios divinos profetizados, por la desatención de la ley de Dios por parte de su pueblo.
Jeremías, es llamado a profetizar en Jerusalén, que sobrevivía a sus hermanos del norte. Pero Judá tambaleaba en su obstinado pecado de idolatría maquillado por mensajes de falsa esperanza, proclamado por los falsos profetas que contradecían a Jeremías. Algo así como escuchar hoy en día un falso evangelio de paz, que no denuncia el pecado obstinado y sus consecuencias aterradoras de juicio y destrucción:
16 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan; os alimentan con vanas esperanzas; hablan visión de su propio corazón, no de la boca de Jehová. 17 Dicen atrevidamente a los que me irritan: Jehová dijo: Paz tendréis; y a cualquiera que anda tras la obstinación de su corazón, dicen: No vendrá mal sobre vosotros. Jeremías 23:16-17.
No es posible quedar bien con aquellas personas que andan tras la obstinación de sus corazones, y a la vez quedar bien con el evangelio. La gravedad de un mensaje vacío, carente de urgencia, es contaminante no solo al pueblo de Dios, sino que aleja a las naciones (personas ajenas a Dios) de la oportunidad salvífica. Jeremías no se deja palabras guardadas en su corazón respecto a esta grave situación:
15 Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos contra aquellos profetas: He aquí que yo les hago comer ajenjos, y les haré beber agua de hiel; porque de los profetas de Jerusalén salió la hipocresía sobre toda la tierra. Jeremías 23:15
Este interés de Jeremías por las naciones, se explican como una inspiración divina en su llamado que Dios le hace; para que sea también vocero a las naciones gentiles: “…antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones…”. Así que hay una particularidad en su llamado, porque fue apartado desde el vientre materno para ser vocero de Dios a las naciones, no solo a Judá y Jerusalén como focos de atención primaria. Por lo tanto la denuncia de Jeremías es vergonzosa e impopular: “…de los profetas de Jerusalén salió la hipocresía sobre la tierra”. Es como denunciar que de las iglesias podrían salir mensajes distorsionados del evangelio. Tristemente, ha pasado.
Las naciones, es un concepto relacionado a los pueblos no judíos; o sea, a los gentiles. Mensaje que Jeremías nos confirma en los últimos capítulos del 46 al 51 donde hay una serie de oráculos (mensajes de advertencia de juicio) contra las naciones vecinas de Jerusalén; desde Egipto hasta Babilonia. Algunos de estos pueblos, como los egipcios, amonitas, moabitas y elamitas, reciben una palabra de restauración entre líneas, mientras a otras de esas naciones se les da una palabra lapidaria.
Quiero añadir a esta reflexión, un antes y un después de Jeremías a modo de referencia, para ver a Dios actuando en retrospectiva; privilegio que solo tenemos nosotros en esta era.
Un siglo antes de Jeremías, Dios marca el inicio y ejecución de juicios universales, en una era de cambios. Dios llama a Isaías en el 740aC, con una perspectiva mesiánica. Y cualquier erudito está de acuerdo con tal perspectiva, al leer y explicar Isaías. Dios también impulsa cambios históricos importantes a nivel geopolíticos en solo dos siglos de historia; VIII y VII antes de Cristo. Contemporáneo al llamado de Dios a Isaías, la historia da cuenta de la fundación de Roma, la ciudad que sería la más importante, protagónica y atestiguaría el nacimiento, desarrollo, muerte y resurrección del Mesías profetizado por Isaías. Son detalles que los creyentes lectores y estudiosos de la Palabra de Dios, no dejan entre las coincidencias. Dios preparaba a Roma, y a la vez preparaba el corazón de las naciones para la introducción del Mesías.
En una referencia posterior a Jeremías y su mensaje universal, encontramos al apóstol Pablo como vocero de Dios, ya no como profeta sino como apóstol a los gentiles. Hay rasgos homónimos (parecidos) entre Jeremías y Pablo. Sus llamados a los gentiles, sus dramáticos llamamientos y lo sufrido de sus ministerios.
7 Para esto yo fui constituido predicador y apóstol (digo verdad en Cristo, no miento), y maestro de los gentiles en fe y verdad. 1 Timoteo 2:7.
8 El mismo Dios que facultó a Pedro como apóstol de los judíos[c] me facultó también a mí como apóstol de los gentiles. Gálatas 2:8 (NVI)
Es emocionante la conexión especial entre Isaías, Jeremías y Pablo. Isaías visionando al Salvador como el siervo sufriente que por sus llagas traería sanidad del alma para salvación eterna, Jeremías atendiendo los detalles de la transición entre épocas, y Pablo extendiendo el mensaje mesiánico por el mundo.
Ahora volvamos al mensaje de Jeremías, el cual es muy impopular, es casi poco creíble para la época en que lo proclama, ya que recientemente Josías había llevado gloria a Israel y había apostado por una importante reforma religiosa. No obstante, enceguecidos por el fugaz esplendor del reinado de Josías, no se percatan, o no quieren darse cuenta a costo del libertino momento que viven, que la nación está en picada moral, religiosa y política. Leamos un resumen en Jeremías 7:2-12
- ¿Dónde proclamar? En las esferas religiosas: “Ponte a la puerta de la casa de Jehová, y proclama allí esta palabra, y di: Oíd palabra de Jehová, todo Judá, los que entráis por estas puertas para adorar a Jehová”. Jeremías 7:2
- Dios advierte juicio, pero también promete bendición: “Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Mejorad vuestros caminos y vuestras obras, y os haré morar en este lugar”. Jeremías 7:3
- Dios advierte sobre el engaño de la religiosidad vana: “No fiéis en palabras de mentira, diciendo: Templo de Jehová, templo de Jehová, templo de Jehová es este”. Jeremías 7:4
- Llamado al arrepentimiento y promesa: “Pero si mejorareis cumplidamente vuestros caminos y vuestras obras; si con verdad hiciereis justicia entre el hombre y su prójimo,6 y no oprimiereis al extranjero, al huérfano y a la viuda, ni en este lugar derramareis la sangre inocente, ni anduviereis en pos de dioses ajenos para mal vuestro, 7os haré morar en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres para siempre”. Jeremías 7:5-7
- Advertencia contra la falsa piedad y sus consecuencias: ¡No se engañen! Dejen de confiar en mensajes engañosos y sin fundamento. 9 ¿De veras piensan que pueden robar, matar, cometer adulterio, mentir y rendir homenaje a Baal y a todos esos nuevos dioses suyos, 10 y luego venir acá, ponerse ante mí en mi templo y canturrear «¡Salvos somos!», para volver inmediatamente a sus maldades? 11 ¿Será mi templo ante sus ojos sólo cueva de ladrones? ¡Pues para mí no es otra cosa ahora que cueva de ladrones! 12 Vayan a Siló, la ciudad que primero honré con mi nombre, y vean lo que le hice por culpa de la maldad de mi pueblo Israel. (Jeremías 7:8-12 NBV)
“No fiéis en palabras de mentira, diciendo: Templo de Jehová, templo de Jehová, templo de Jehová es este”. Como vemos en esta expresión, había una falsa conciencia de piedad y santidad. Había un engaño sistemático de una religión contaminada con el paganismo alrededor de la nación del pacto, escudándose tras una vana repetición inservible que veneraba más el lugar sagrado, que al Dios santo que habitó aquella casa alguna vez.
Ahora me pregunto: ¿Es este mensaje solamente un registro de historia? ¿No es este un mensaje propio para mi vida en este mismo momento en que escribo?
¡Claro que lo es! Es un mensaje que me incomoda para llevarme al compromiso serio con la santidad de Dios. El Dios de mi salvación, que mi boca proclama, que mi corazón confía para salvación. Y, sin embargo, con estos labios que proclaman y este corazón que confía, también me desvío de su propósito y llamado. Y otra vez el mensaje toma validez en mi vida personal, pero también toma validez en la vida de la iglesia.
Isaías vio la visión de un futuro esperanzador, vio el día del Señor grande y temible y advirtió a su gente para que estuvieran a cuentas con Dios. Jeremías selló aquella advertencia de Isaías y la vivió en carne y sangre, sufrió el oprobio de corazones endurecidos contra Dios y su ley. Pablo abatido en el polvo de su vergüenza religiosa temblando y temeroso, pregunta: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?”. Y en la respuesta divina se le endosa llevar el evangelio a tierras lejanas, hasta alcanzarnos a nosotros.
No debemos dejar que la mentira religiosa sistematizada de un evangelio adulterado e insípido, que busca el menor esfuerzo; nos ministre. Porque de seguro nos llevará a la apostasía lúgubre.
El pecado denunciado por Jeremías sobre Judá y Jerusalén; fue la apostasía. Un alejamiento sutil de Dios, tras mentiras paganas y dioses ajenos, que corrompieron sus corazones.
El Evangelio nos ha llegado por gracia para salvación, y para advertirnos acerca de la necesidad de mejorar nuestras obras y nuestros caminos. Mismo mensaje de Jeremías.