• «Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo…” Filipenses 3:8

    La fuerza de este texto bíblico no podría venir de otra persona más que de Pablo, el apóstol a los gentiles, llamado de manera sobrenatural a un ministerio sobrenatural.

    Consideremos un poco acerca de Pablo, un hombre formado estrictamente para ser misionero.

    Los cristianos empezaron a llamar “judaización” al proselitismo judío, y a quienes lo ejercían, llamaron judaizantes; casi de manera peyorativa. No obstante, debemos reconocer que los judíos enseñaban su fe a los gentiles, con igual pasión que lo hacían los cristianos de antaño con su fe.

    Y Pablo pertenecía a esta clase de judío, relacionado a una facción, secta o división dentro de los judíos devotos, conocidos como fariseos. Eran los más apasionados proselitistas de todos. Jesús en algunas de sus exhortaciones furibundas contra ellos, les reconocía esa virtud proselitista.

    !!Ay de vosotros, escribas y fariseos, ¡hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros. Mateo 23:15

    Este grupo de religiosos judíos se remonta a los años de la cautividad babilónica de Israel. Un grupo de ellos que querían distanciarse de los que no querían nada con Dios ni con la ley de Moisés. Aunque si tuviésemos que señalar una fecha importante, podríamos decir que entre los años 167 a 165 a.C se constituyen como una secta religiosa propiamente reconocida, y ganan fuerza con la revuelta macabea en contra de los Seléucidas. Es evidente entonces el tinte político de los fariseos. También, es notable que desde que éstos nacen como gremio social durante el cautiverio, se van distanciando de “los otros”, de ahí su espíritu separatista basado en la superioridad moral que ellos creían tener. Con los años y el favor del pueblo, ellos se fueron asentando como una secta rectora de la vida religiosa dentro de los judíos. Para cuando Jesús irrumpe en la agenda de ellos, la mayor preocupación de los fariseos y los escribas; era que lo que ellos habían cuidado y guardado por siglos, se viniera abajo por las atrevidas enseñanzas de un humilde hijo de carpintero, de las montañas de Galilea. Si se quiere, pongámonos en los zapatos de los fariseos y pensemos por un momento ¿qué hubiésemos hecho nosotros?, no lo sé, pero fácil no la tenían. Este camino es un camino de verdadera fe.

    Los fariseos entonces tenían de qué gloriarse en cuanto a su historia y piadoso propósito. Ellos creían prácticamente como creemos los cristianos, pero, además ayunaban dos veces a la semana, daban el diezmo fielmente, guardaban el sábado y daban limosnas. Su gran pecado, ignorar las señales bíblicas acerca del mesías, y rechazarlo sin retorno.

    Basado en estos detalles históricos, ahora podemos comprender mejor las palabras de Pablo a los hermanos de Filipo:

    “Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo…” Filipenses 3:8

    Con algo de ironía, Pablo está esbozando una clara alabanza a Dios, por haber finalmente encontrado el camino. Estoy casi seguro que Pablo no ha perdido su pasión por las almas, de hecho, es mayor pasión la que ahora tiene al saber que la verdad salvífica va más allá que los rudimentos de una religión altamente legalista y moralista. Se requiere algo más que solamente guardar la ley y sus rituales, y él lo ha encontrado en Cristo, al punto de estar dispuesto a estimar todo lo que sabe y lo que siente y lo que ha hecho en su ministerio farisaico; como basura.

    La palabra “basura” que usa Pablo aquí se refiere a: “Los desechos que se tiraban a los perros”. Y sabemos que los perros son una figura en la mente de los judíos, muy indigna y sucia. O sea, todo cuanto Pablo aprendió a los pies de Gamaliel fue valioso en su ministerio, pero cuando Pablo encontró a Cristo, a quien perseguía en su celo judaizante, todo ese valiosísimo conocimiento era menos que un perro inmundo.

    Al leer Filipenses 3 vemos la huella de la “grandeza” de Pablo, pero para él la joya de todo es Cristo. Pablo reconoce en su vida; lo que Jesús nos enseña en sus parábolas acerca del Reino de los Cielos; al compararlo con una piedra preciosa, o una moneda de gran precio, o un campo con un tesoro. Así que de esto trata filipenses capítulo 3, de actitud y gratitud.

    15 así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios. 16 pero en aquello a que hemos llegado, sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa. Filipenses 3:15-16.

    “Los que somos perfectos”. Es una expresión irónica del apóstol, en la que nos compele a que por lo menos pensemos lo mismo, con la misma humildad con que Dios lo ha obligado a él, pensar de sí mismo.

    Tendríais que leer todo el capítulo 3 para que encontréis el pensamiento de sencillez que Pablo pregona aquí. Y tomar el contexto del capítulo 2 donde Pablo pone como ejemplo a Cristo en su humillación. Por eso él llega a la conclusión:

    “Si Cristo se humilló a sí mismo haciéndose uno como yo, y aún más, se dispuso llegar hasta la cruz y la implicación de bajeza que representaba la muerte en el madero; entonces qué me queda en mi haber, que sea más preciado que la misma vida de Dios. ¡NADA!

    La basura de Pablo entonces, es la arrogancia de siglos de un fariseísmo que no le permitió ver al mesías de Israel, y Salvador del mundo; sino hasta que Dios en su misericordia y elección le bota de su caballo victorioso y lo humilla para salvación.

    A la sazón, todo es o puede llegar a ser como la basura más apestosa en mi vida, si no tengo a Cristo, y si no lo valoro a Él, más de lo que tengo, sé o hago.

    Cristo es todo

  • Perseverancia: La última llamada

    Hacia el ocaso de nuestra vida terrenal, más atención debemos poner a las cosas del espíritu, como escribiera Pablo: “Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” Colosenses 3:2.

    Cuando Dios creó el cosmos, partió de la nada. De la nada hizo lo que es, lo que existe. Todo apunta que una hecatombe cósmica alteró aquella majestuosa obra. Génesis relata que todo era un caos en la oscuridad, y luego la Palabra de Dios, en un acto llamado teológicamente el imperativo divino, hizo que el caos diera lugar al orden divino y a la majestuosidad nuevamente.

    La luz apartó la densa tiniebla que mantenía fría e inerte la tierra y el universo. Juan dice, que las tinieblas no prevalecieron conta la luz. También leemos, que la expansión separó las aguas arriba de las aguas abajo, y las separó de tal manera que apareciera la tierra seca. Y entonces, todo estaba debidamente equilibrado para que la tierra, el agua y la atmósfera fueran fructíferas. La vida comenzó, y todo ello era la gloria misma de Dios.

    Pero una vez más, la simiente de maldad que ya estaba en medio manifestaba su antagónica agenda. La imperfección al asecho de la perfección, la inmundicia al asecho de la pureza, la estupidez al asecho de la virtud, la pequeñez al asecho de la grandeza, lo burdo al asecho de la majestuosidad, la maldición al asecho de la bendición, la muerte al asecho de la vida; y todo parecía volver al caos, un caos que se muestra hasta nuestros días.

    Es un ciclo de decadencia moral, cuyo círculo vicioso nos atropella inmisericorde, y la única esperanza se plasma en el Evangelio. Única pero efectiva esperanza, que nos lleva a cerrar el círculo maldito. Dios, una vez más nos ha dejado promesa que un día el caos y la oscuridad del alma, la oscuridad moral, la oscuridad intelectual, la oscuridad de perversidad; será destruida junto con los cielos y la tierra, convirtiendo la tierra en otro caos mayor que el primero. Pero la gloria postrera, será mayor que la primera.

    Los salvos gozarán de aquella majestuosidad de Dios y su nueva creación. Cielos nuevos y tierra nueva. Los ciclos son entonces: Perfección, destrucción – destrucción, nueva perfección.

    Pero entre la destrucción del principio en el Edén, hasta la destrucción de este mundo de muerte en el día postrero, los creyentes viviremos igualmente ciclos de violencia, desaprobación y hostilidad, cada vez más crudos hacia el final de todas las cosas.

    ¿Ha leído alguna vez el capítulo 11 de la carta a los hebreos? Es un capítulo que no debería ser llamado los héroes de la fe, sino, los que murieron en la fe y por la fe. El escritor no tenía la menor intención de señalar héroes; sino de recordarnos la importancia de la perseverancia de los santos, más allá de las aflicciones y del martirio. El poder de estos relatos en hebreos 11 es la resiliencia – esa capacidad del creyente para superar las aflicciones y el miedo a la muerte, por su Salvador – y esta virtud se basa únicamente en la “confianza” en las promesas de Dios. El mundo nunca ha sido digno; ni lo será, de esta clase de creyentes.

    “A estos, que anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas, el mundo no los merecía”. Hebreos 11:38 (NBV)

    Pero hay claras advertencias en la Biblia acerca de estos tiempos finales: hostilidad en todo sentido:

    1. Hostilidad política, biológica y ecológica: “Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares” Mateo 24:7.

    Minimizamos estos hechos como si no es con nosotros. Craso error del mundo, pero         pecado de omisión por parte de la iglesia. Esta hostilidad no es parte de una evolución           social, ni ecológica; es cumplimento escatológico (los eventos del fin descritos en la          Biblia).

    La ideología política oportunista, que no tiene rumbo predicando un socialismo mal vivido y por tanto inexistente, pesca en río revuelto. Las ideologías de género que contradicen de manera frontal la verdad de Dios, y la cambian por argumentos de odio sexista, toman fuerza. El hambre que parecía ser combatido por una sociedad más culta, científica y humana; crece por la soberbia del poder. Las pestes incrementan evolucionando en ambientes propiciados por la sobrepoblación, malos hábitos alimenticios y de higiene; y quizá por manipulación genética; algo no comprobado, pero ampliamente sospechado. ¿Y qué de la ecología? ¿Es el calentamiento global una mentira? o es como dijera el otrora candidato presidencial estadounidense, señor Al Gore, ¿una verdad incómoda? La Biblia dice:

     “Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas”. 2 Pedro 3:10.

    La pregunta que surge es: ¿Debemos preocuparnos por el planeta o por nuestras almas? Para los científicos proteccionistas es una pregunta odiosa, pero ciertamente es nuestro cometido; pensar en salvar nuestras almas, ya que irremediablemente el cosmos no tiene futuro, pero usted y yo sí. Ahora, este no es un llamado a la irresponsabilidad respecto a cuidar nuestro ecosistema. Es un llamado a cuidar del planeta, sin descuidar nuestra eternidad.

    Y todo esto será principio de dolores” Mateo 24:8

    2. Hostilidad ideológica: “Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre”. Mateo 24:9.

    Lo que vemos hoy en día en cada rincón del mundo, esos que no creen, nos amedrentan con sus discursos de odio, con sus acusaciones falsas y con las ideologías teñidas de política, humanismo carente de valores y religiosidad ecumenista. Créanme, que esa tendencia creciente llegará al punto que normalizará la violencia y los asesinatos en contra de los que “trastornan el mundo”, en contra de los que ellos suelen llamar intolerantes, en contra de los fanáticos, todo en pro de una sociedad inclusiva y permisiva. La frase clave de Mateo 24:9 es: “…y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre”.

    Es para pensar seriamente, ¿ser o no ser?, y aquí no hay dilema. Está claro que, solo “ser” es válido en este camino a la eternidad con Dios y su Cristo. Pero sí que debemos pensárnoslo bien, si queremos realmente caminar esta milla de aflicción. A los matrimonios nuevos les toca pensar también, en el futuro que tendrán sus hijos e hijas, vendrán para vivir en la peor hostilidad y persecución. Mal han hecho algunos miles enseñando otro evangelio, y claro está, Pablo explica: “…no es que haya otro”. Pero este evangelio apócrifo (ficticio) no advirtió estas cosas, aunque sí prometió prosperidad sin sufrimiento, bienestar sin precio.

    3. La Apostasía: Señalada por Jesús en este capítulo 24 de Mateo, y anunciada por Pablo, Pedro y Juan en sus escritos. “…y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará”. Mateo 24:12

    He visto algunas de mis amistades creyentes, incluso que sirvieron conmigo en el ministerio años atrás, deslizarse sutilmente tras ideologías que contradicen la verdad de la Palabra de Dios, y eso es apostasía pura.

    He visto a las jóvenes dentro de nuestras congregaciones, deslizarse en pensamientos humanistas que le dicen a Dios que Él está equivocado y que Él es el culpable; mientras siguen en las iglesias aparentemente adorando a ese Dios, para ellas culpable. Me refiero a jóvenes que apoyan movimientos feministas aberrantes; que no tienen ninguna intención de defender a la mujer de sus verdaderos enemigos: el machismo enseñado en los hogares, la ignorancia y la vida libertina que las expone. El aborto es la bandera de estos movimientos, pero la más extrema y peligrosa de sus armas, es sexualizar el odio, e institucionalizar ese odio en complicidad con los gobiernos.

    He visto el fin de una generación de hombres valientes, honorables y varoniles; que criaron familias, que trabajaron duro y pusieron fundamentos. Pereciera que los jóvenes hoy solo van tras el placer, y los atrapa la droga, el desenfreno sexual y el despropósito.

    Es la gran apostasía, pues a quienes estoy describiendo son generaciones hijos e hijas de creyentes, que se sintieron engañados por las generaciones pasadas, en cuanto a la fe, sin que ello les excuse. La apostasía no tiene que ver con los incrédulos, ni con los que se denominan agnósticos y ateos. Tiene que ver con los que profesan o profesaron fe en Dios, y peor aun cuando muchos de ellos fueron practicantes de algún mover espiritual histórico. El poder opresor de las fuerzas de oscuridad será cada vez más fuerte, dando a luz más apostasía.

    Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá (El Señor Jesús) sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición…” 2 Tesalonicenses 2:3

    Esta apostasía traerá al hombre de pecado, hijo de perdición, el anticristo. Un personaje que le dará a la humanidad lo que ha pedido por siglos, libertad de la fe en el Dios verdadero, para su propia perdición.

    Los creyentes tenemos que despertar, no para marchar por las calles pidiendo derecho a la libertad de expresión, de culto o de igualdades con nada ni con nadie, pues no somos como ellos. Debemos despertar a la Salvación.

    “Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo. Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” Mateo 24:13-14.

    La perseverancia de los santos es la victoria definitiva. Nadie podrá ser salvo sino persevera en la fe, hasta el último día. Y más importante aún, es que la perseverancia está íntimamente ligada o asociada a la predicación del evangelio.

    La fe se define en términos más prácticos, como confianza. Cuanto más confiamos en Dios y su provisión divina para la vida, menos nos aferramos a nuestra propia justicia. Pero confiar en Dios demanda hacer lo que Dios manda y como Él manda. Por eso el padre de la fe en la Biblia es llamado Abraham, porque él estuvo dispuesto hasta las últimas consecuencias a hacer lo que Dios le mandó hacer; aun cuando aquello suponía su peor trauma. En el camino Abraham fue tan imperfecto al principio de su vida, como lo somos nosotros. Pero en el ocaso de su vida Abraham fue un gran ejemplo de justicia y piedad. Todos podemos leer eso en la narrativa de Génesis acerca de la vida de Abraham y Sara, Isaac, Agar e Ismael. Entretejida en la historia encontramos la propiciación divina (Isaac es sustituido por un carnero provisto por Dios), en el clímax de la fe, y cuando Abraham requiere cumplir la justicia de Dios, no le queda más que entregar su único bien irreemplazable y preciado, su propio hijo, del cual también dependían las promesas de Dios hechas para él y su posteridad. Sin Isaac, no habría nada de lo que Dios le había prometido, o sea, todo habría sido una tragedia y un juego cruel, pues no habría ni hijo ni herencia. Mas por la fe, Abraham pensó que Dios tenía un plan y no se aferró a Isaac como el hijo prometido. Eso nos dice hebreos:

    17 por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, 18 habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; 19 pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir. Hebreos 11:17-19.

    Dios ha provisto una Salvación poderosa, eterna, y que nadie nos puede quitar. Su plan proveyó a Cristo como propiciación (sacrificio sustitutivo). Nosotros tenemos que confiar en su sacrificio, y perseverar, porque esa es nuestra tarea. Al igual que Abraham, que recorrió un largo camino hacia el monte Moriah en obediencia y plena certidumbre, nosotros debemos ir camino hacia ese monte donde Dios nos pide confianza total. ¿Se dan cuenta que no se trata de nosotros, o de lo que somos capaces de dejar por Él? Se trata de Dios y de su provisión, que nos da la confianza para enfrentar nuestro último día en esta tierra, con la esperanza de que Dios ha provisto un sacrificio suficiente y eficaz, y que podemos irnos en paz, dejando atrás nuestras imperfecciones y nuestras luchas.

    Así quiero yo, un día morir aferrado a esa gran Salvación provista por Dios.

  • «Pelea la buena batalla por la fe verdadera. Aférrate a la vida eterna a la que Dios te llamó y que declaraste tan bien delante de muchos testigos.” 1Timoteo‬ ‭6:12‬ ‭NTV‬‬‬‬‬‬

    Pablo a Timoteo, su hijo espiritual y compañero de ministerio. Por lo tanto, el consejo está cargado de emotivo propósito y afirma dos aspectos claves:

    1. La batalla de la fe: La frase “Pelea la buena batalla de la fe”, refiere a dos ideas apostólicas generales:

    Primero, a la necesidad de luchar contra las falsas doctrinas y propósitos insanos en la iglesia. En el contexto anterior, Pablo previene a Timoteo acerca de los falsos ministros de la fe; que van tras propósitos perversos.

    Segundo, es un llamado a Timoteo para cuidarse de sí mismo. En otras partes de sus cartas a Timoteo, Pablo le exhorta de problema morales. Así que el concepto del apóstol acerca de pelear la batalla de la fe, es un llamado al compromiso con los valores del Reino, que se contrapone a los valores de este mundo. Y esos valores son relevantes tanto a la vida moral o privada, como a la vida colectiva o la ética.

    2. Los alcances de la fe: La frase “aférrate a la vida eterna”, es un apropiarse y gozar de los beneficios de la salvación.

    La fe no es solamente una batalla. Es por sobre todas las definiciones, un regalo de Dios, por la cual debemos pelear.

    El consejo a Timoteo es aferrarse o apropiarse de lo que Dios ha provisto. Por eso Pablo le dice: “aférrate a la vida eterna a la que Dios te llamó, y que tú has confesado ante muchos testigos”

    Es indudable que Pablo una vez más le dice a Timoteo y a nosotros indirectamente; que la salvación es una decisión divina, y que no depende de poder humano, pero requiere de un compromiso humano. Y ese compromiso es la confesión de fe aludida en el pasaje: un compromiso o un pacto de Timoteo con Dios.

    Entonces, los creyentes todos, estamos ahora bajo este mismo aspecto teológico de la fe.

    Es una batalla, que vale la pena librar contra la perversidad de la carne y el mundo. Porque si es un regalo de Dios, bien vale la pena luchar por apropiarnos de sus beneficios.

    ¿A qué te aferras tú? El consejo bíblico en este testimonio es: aférrate a la vida eterna. Una vida que no depende de ti sino de Dios, pero que requiere de una decisión personal al compromiso.

  • «Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas, que nuestros padres nos han contado, diciendo: ¿No nos sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado, y nos ha entregado en mano de los madianitas.” Jueces‬ ‭6:13‬ ‭RVR1960‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬

    El periodo de los jueces, fue una época en la que las tribus o clanes de la joven nación de Israel se dispersa, no solo por clanes, pero ideológicamente también. Y su antecedente es el abandono de la religión o fe de sus padres. Ya Josué les había dicho:

    “Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.” Josué‬ ‭24:15‬ ‭RVR1960‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬

    A la muerte de Josué, leemos:

    “Y toda aquella generación también fue reunida a sus padres. Y se levantó después de ellos otra generación que no conocía a Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel.” Jueces‬ ‭2:10‬ ‭RVR1960‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬

    Y este es el panorama anterior al periodo de los jueces. Y vemos aquí que la decisión del pueblo fue, alejarse de Dios.

    La frase recurrente del libro es: “Hicieron, pues, los hijos de Israel lo malo ante los ojos de Jehová, y olvidaron a Jehová su Dios…”

    Aquel hacer lo malo era básicamente ir tras dioses falsos (Los profetas denuncian la infidelidad espiritual y la llaman: adulterio). Ir tras los ídolos de las naciones vecinas los llenó de adulterio y fornicación espiritual. Y es entonces cuando leemos épicas acciones de hombres y mujeres a quienes Dios inspiró para que actuaran de manera sobrenatural defendiendo a su pueblo rebelde.

    Pero el abandono divino es la sensación más fuerte que nos refleja el libro, y es una reflexión importante para nosotros hoy. Por eso el reclamo de Gedeón: “Y ahora Jehová nos ha desamparado”.

    Hay una promesa poderosa de parte de Dios para su pueblo y lo es para su iglesia: «yo estaré con vosotros siempre»

    Pero es una promesa como cada promesa bíblica, condicionada por Dios. A Israel Dios les mandó ser fieles, ellos serían su pueblo y Él sería su Dios. Pero si lo abandonaban (la apostasía), entonces él los abandonaría a la suerte de sus pecados. Esta promesa resuena con fuerza en los evangelios:

    “enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” Mateo‬ ‭28:20‬ ‭RVR1960‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬

    En el Nuevo Testamento, una vez más la promesa de Dios está ligada a la obediencia a su voluntad. Si bien, es verdad que Dios no abandonó a Israel para siempre, el costo de sus infidelidades fue muy caro para la nación. Un reflejo en tiempo real de lo que nos sucede cuando abandonamos a Dios, en nuestra empecinada rebeldía. Sabemos por experiencia propia que las consecuencias de pecar, no son la voluntad de Dios para nosotros, pero sí su veredicto justo.

    El circulo vicioso del pecado es la causa de que Dios nos abandone a la suerte de nuestras decisiones. A Dios debemos dar gracias porque en la Cruz, Cristo cargó el abandono más crudo de parte de Dios el Padre. Quitando literalmente su rostro de su hijo, y abandonándolo en medio de la oscuridad de los poderes de maldad. Aquel escenario de la cruz, revela además el deambular de las almas lejos de Dios, y un lugar del cual Dios nos ha eximido en su justicia satisfecha por medio de Cristo.

    Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Mateo 27:46

    Es por medio del castigo sobre Cristo; recibido en total abandono, que Dios no nos abandonará a los que hemos creído en su hijo amado. Ya Dios no tiene que levantar héroes o jueces humanos para salvarnos o liberarnos, porque Cristo consumó en la cruz una liberación definitiva para su pueblo.

    Abandonar al Señor que nos liberó de la muerte eterna, es salirnos del marco de su cuidado protector, y exponernos a la oscuridad del abandono. Recuerda que Dios no te abandonará; porque Él es fiel. La pregunta es: ¿Lo abandonarás tu?