Por Elías Lara
Me impresiona mucho el tiempo que estamos viviendo, y cómo la sociedad es obstinadamente rebelde a la existencia, presencia y mención de Dios. Este impacto, es además doble; si evaluamos a la iglesia contemporánea y su amor empobrecido por la frialdad. Pero no perdamos el hilo de esta reflexión, y pensemos en la frase: “si alguno tiene oídos para oír, oiga”.
Pero antes, revisemos a Ezequiel, usando una expresión parecida pero no igual en significado.
“Hijo de hombre, tú habitas en medio de casa rebelde, los cuales tienen ojos para ver y no ven, tienen oídos para oír y no oyen, porque son casa rebelde.” Ezequiel 12:2 (RVR1960).
Tanto Ezequiel como Isaías y Jeremías, usan esta expresión como una poderosa retórica del estado espiritual de Israel. Ellos habían endurecido tanto el corazón contra Dios, y los profetas enviados por Dios, que Dios los juzga por rebeldes. Aquí estamos ante una actitud propia de la humanidad caída representada en Adán. Esa generación de actitud rebelde no tiene más, que oídos y ojos físicos; pero no espirituales. Es un asunto de actitud.
Mientras tanto, en los Evangelios y en Apocalipsis; la expresión es más bien un llamado de atención a la Iglesia, gente que ya no está bajo la naturaleza rebelde del primer Adán, sino bajo la agudeza espiritual del segundo Adán.
Las siete veces que aparece en los Evangelios la expresión: “si alguno tiene oídos para oír, oiga”; lo hace desde una referencia a la Palabra de Dios. Y esto nos debe llevar a la reflexión, del por qué Jesús hace este llamado vehemente. Y de inmediato la primera conclusión que me viene al corazón, es que la Palabra de Dios ha de ser oída en el espíritu con tal discernimiento que podamos ver a Dios y a Jesús en ella. De lo contrario, con nuestros medios naturales nunca llegaremos a comprender esta bendita Palabra de vida. De ahí que la conexión de la frase en cuestión, está relacionada con siete parábolas que hablan del misterio de la Palabra de Dios y su crecimiento en la vida de unos, y el marchitarse en la vida de otros. Y la clave está en “oídos para oír”; o sea, solo crecerá la Palabra de Dios trayendo vida eterna, en aquellos que oyen y ven desde el corazón y no desde el bullicio del mundo y las apariencias humanas.
En Apocalipsis, la expresión es lapidaria para aquellos que ya están en tiempos de cumplimiento escatológico. Es una advertencia final, como llamada de media noche.
Pero en cada uso que le da Jesús, el llamado es a despertar de un peligroso adormecimiento espiritual por la dureza del corazón. Así pasó con Israel, pero escuchen:
“Y él me dijo: «Anda y dile a este pueblo lo siguiente: “Por más que escuchen, no entenderán; por más que miren, no comprenderán.” Entorpece la mente de este pueblo; tápales los oídos y cúbreles los ojos para que no puedan ver ni oír, ni puedan entender, para que no se vuelvan a mí y yo no los sane.»” Isaías 6:9-10 (DHH94I).
Eran tiempos de juicio, igual que la expresión que se usa en Apocalipsis. Pero en la boca de Jesús es un llamado a la iglesia, para que atienda con discernimiento la Palabra de Dios, y no solo con la emoción. Como hemos leído a Isaías, la sordera espiritual es una mente reprobada que no entiende el Evangelio para lograr salvación. Así que, el que tiene oídos para oír, es una distinción entre aquellos a quienes les ha sido abierto el entendimiento para la verdad eterna, y aquellos a los que no.
Les dejo las citas de los textos en los Evangelios, donde Jesús expresa este llamado vehemente para nosotros los creyentes.
Mateo 11:15, 13:9, 13:43. Marcos 4:9, 4:23. Lucas 8:8 y 14:35.
Luego en apocalipsis tenemos: Apoc. 2:7, 2:29, 3:6, 3:13, 3: 22 y 13:9.
Yo debo recordar este día, y de paso recordarle a cada lector y lectora, que la dureza de corazón aparte de ser un pecado obstinado y difícil de vencer; termina siendo también un síntoma de la generación del fin de los tiempos. Donde el amor de muchos se enfriará. Y es el pecado al cual Jesús nos exhorta vencer, usando los oídos espirituales, que nos permiten el necesario discernimiento de la Palabra de Dios, viva y eficaz.
La dureza de corazón se relaciona con los siguientes escenarios: enfriamiento del amor cristiano, religiosidad superficial, indiferencia a la ley de Dios, indiferencia a la obra de Dios, y normalización del pecado.
Que Dios te dé hoy, oídos para oír.



