• Confesión y adoración

    Por Elías Lara

    “Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró.” Juan 9:35-38 RVR1960

    La historia detrás de estos textos bíblicos es la de un hombre que nació ciego, pero recibió la vista en su edad adulta por la pura misericordia del Señor.

    La pregunta de los principales religiosos de la época, administradores del Templo de Dios; fue, ¿quién lo hizo? Ya que había sido un día de reposo, y se quebrantó la regla que regulaba la ley del Sabat. Entonces aquella pregunta fue de juicio.

    La pregunta de Jesus fue, ¿Crees tú en el hijo de Dios? Esta fue una pregunta de vida, de oportunidad, y no de juicio. Jesús sabía que aquel era el momento para darle la vista espiritual a quien había recibido la vista física.

    Aquel hombre solo respondió, “creo, Señor, y le adoró”. Hay mucho detrás de esta historia que no podemos abarcarlo en un estudio. Pero quisiera en esta ocasión enfocarme en la adoración. La mayoría de las veces para los creyentes, la adoración es un concepto difícil y difuso. No obstante, es la primicia del fruto de la salvación, que ha de permanecer durante la vida cristiana.

    No adorar es síntoma de una “descristianización”. En otras palabras, no adorar es perder las raíces de la fe cristiana, arraigadas en la esencia del Evangelio, la cultura fuente del cristianismo y la conversión.

    Aquel hombre está en el ojo del huracán acusado de pecador por los hombres sagrados de la época, y cree y adora a Jesús como el hijo de Dios. Una ofensa digna de muerte en aquel clímax religioso de la época. Pero la adoración salta como agua en el corazón agradecido.

    Si esperas un milagro físico, financiero, laboral, etcétera; está bien, sólo Dios en su misericordia y conocimiento infinito, podrá responderte. Pero la adoración no se condiciona en la espera; ni por la respuesta de Dios a tu espera, cualquiera que sea.

    Cuando Dios nos da la vista espiritual (todos nacimos ciegos espirituales), nos confiere bienestar general que no está enmarcado en cosas ni bienes. Nos da una paz inexplicable, esa que el mundo no da y no puede dar. Las respuestas de aquel hombre y de sus padres, a los líderes del templo, fueron respuestas de paz y no de culpa. Pero los fariseos querían obligarlos a la culpa, mientras que Jesús les daba libertad de la culpa.

    Si eres un creyente que carga con la culpa, necesitas creer y adorar a Dios. Si eres una persona cargando tus pecados, necesitas encontrarte con Jesús en tu camino, para recibir la vista y ver la realidad de tu vida y tu necesidad espiritual.

  • Un lugar para Jesús

    Cualquiera hubiera perdido su tiempo buscando un lugar para Jesús. El designio divino era que sucediera tal cual, Jesús en un pesebre sencillo. El pequeño niño nació sin arraigo material, para significar que su vida no estaría supeditada a cosa humana, sino a la voluntad perfecta del Padre. Ahora, Jesús que no encontró un lugar para nacer, busca un lugar para morar.

    Celebramos hoy, el nacimiento de Jesús. Y todo lo que sucede en la persona de Jesús, y alrededor de Él, es sin duda, profético. Y sí, Juan nos recuerda que Jesús es “la Palabra” o “el logos”.

    Entonces, el contexto de su nacimiento; los acontecimientos, los involucrados, todos son símbolos del desarrollo del acto mismo de su encarnación humana, y a la vez un mensaje más que subliminal de lo que significará para el mundo, la existencia de Dios, y en especial del Dios encarnado. Leamos:

    “Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.” Lucas 2:7 (RVR1960).

    La expresión: “…no había lugar para ellos en el mesón”, es más que un poderoso presagio; es el veredicto divino del destino de la humanidad, que debía elegir entre la indiferencia, y la adoración.

    Pero, la mayoría de personas contemporáneas a Jesús, estaban muy ocupados de sí mismos. Las posadas estaban llenas, y el único lugar para que naciera el Rey de Reyes, fue al lado de los animales del establo. Un lugar donde es posible había más gratitud y generosidad que en cualquier hogar.

    No obstante, unos pastores sencillos del campo, y unos intelectuales de la época llamados “sabios” de oriente; dispusieron de fe y tiempo para adorar al recién nacido “mesías”.

    Y es aquí donde es necesario reflexionar acerca del lugar que ocupa en este momento el Rey y Señor en nuestras vidas. ¿Lo hemos dejado entrar a casa?

    ¿Cuál ha sido nuestra respuesta? ¿Indiferencia o adoración?

    Con esas interrogantes, les invito reflexionar en esta nueva noche buena. Pues no es poca cosa nuestra histórica celebración. Acerca de este Jesús al que celebramos, pero sobre todo a quien damos la vida, dice el evangelista:

    “Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;” Lucas 1:32 RVR1960.

    Feliz Navidad

     

  • La Amistad con Dios:Más que un Like

    Nos damos cuenta entonces, que ser amigos del Señor genera un vínculo de lealtad y compromiso.

    Por Elías Lara

  • Conocimiento y discernimiento espiritual.

    Por Elías Lara

    La pequeña epístola de Pablo a los hermanos de Filipos en la provincia Romana de Macedonia es muy emotiva y personal.

    Fue una comunidad fructífera y fiel al Señor y a su enviado (el apóstol). Es considerada desde el contexto del Nuevo Testamento y la obra misionera de Pablo, la primera Iglesia fundada en tierras europeas.

    Escrita posiblemente desde la prisión, está cargada de sentimientos profundos del apóstol por sus amigos en Filipos. Profunda gratitud expresada para ellos por el servicio que le prestaron con gran generosidad en tiempos de angustia. Y resalta la madurez de la fe de ellos que, sin embargo, no es la que les dará la perfección; más bien esa madurez es resultado de la obra directa de Dios en ellos.

    “Lo que pido en mis oraciones es que el amor de ustedes sea cada vez más grande y que su conocimiento y buen juicio crezcan, 10 para que sepan elegir lo que es mejor y para que vivan de una manera limpia y sin reproche hasta el día cuando Cristo regrese; 11 también para que estén llenos del fruto de justicia que se produce por medio de Jesucristo, para que le den la gloria y la alabanza a Dios”. Filipenses 1:9-11 (NBV).

    La oración de Pablo muestra la actitud que un creyente maduro y mayor en la fe, debe tener. No es solo una actitud pastoral sino general de los hermanos en la Iglesia, los unos para con los otros. Debemos no solo crecer en amor, sino también en conocimiento y buen juicio (discernimiento).

    ¿Para qué? Para saber elegir lo que es mejor, y para dar frutos de justicia por medio de Cristo. Con el único propósito de dar gloria y alabanza a Dios.

    ¿Ha experimentado dificultad para elegir lo mejor? Hay que evaluar si hemos dejado de crecer en conocimiento y discernimiento.

    ¿Le cuesta identificar los frutos de justicia? ¿Cuál es ese fruto? Pablo dice claramente en el texto, que ese fruto es por medio de Jesucristo. O sea, es el efecto de Cristo como causa en nosotros. Juan el Bautista lo llamó arrepentimiento, al llamar a su generación a mostrar evidencia de que estaban reconociendo su pecado e impotencia para deshacerse de ese pecado por sí mismos:

    “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras.” Mateo 3:8-9 RVR1960.

    Juan Les dijo, “no piensen siquiera decir, que ustedes pueden lograrlo en su linaje (a Abraham tenemos por padre)” luego les dice, “el hacha está lista para cortarlos de ese linaje”.

    No pretendo darles un estudio condenatorio, por el contrario, es un estudio liberador. Pues no deberías basar tu fe y conocimiento de salvación en ti mismo; pensando que tan bueno eres para llegar al Padre sólo por el linaje “cristiano”, o que tan malo eres. Pon la mirada en la obra de Cristo Jesús. Se trata de Él.

    Pablo ora con deseo intencional, que sus hijos espirituales crezcan, pero no se envanezcan. Por lo tanto, este conocimiento (epígnosis) tiene que ver con documentarse, informarse, saber y comprender acerca de la fe. Es literalmente un conocimiento preciso alcanzado por la búsqueda esmerada de pruebas. Es una documentación desde la razón. No obstante, el conocimiento bíblico sin propósito redentor (fe), envanece y entorpece a cualquiera.

    Luego Pablo los anima a crecer en discernimiento (aísdsesis). Y noten que este discernimiento no es una habilidad mística o de vidente. Más bien está vinculada a dos ideas: una es el conocimiento y la otra es la decisión o elección de una acción entre varias.

    Entonces es reconocer entre lo que conviene y lo que no conviene desde los sentidos (aísdsesis). Aquí no se prioriza la búsqueda del conocimiento, sino la comprensión “subjetiva” del conocimiento (desde los sentidos). En otras palabras, es una capacidad espiritual de percepción ante situaciones específicas, que logramos por medio de la intermediación del Espíritu Santo, y el conocimiento bíblico. A más conocimiento bíblico, mayor capacidad de discernir.

    Los creyentes debemos experimentar crecimiento en el conocimiento de La Palabra de Dios, comprender nuestra salvación, y con esos conocimientos ser capaces de tener buen juicio (comprensión o discernimiento del peligro y de las bendiciones alrededor de nuestras acciones).

    Pablo interesantemente nunca llegó a relacionar estas características de madurez, con una moral inquebrantable, pues sabía las luchas que tanto él como sus hermanos, tenían que solventar en su caminar. Por eso, deja un texto hermoso en su contenido, significado y resultado.

    “Cada vez que me acuerdo de ustedes doy gracias a mi Dios; 4 siempre que oro por ustedes lo hago con alegría, 5 porque ustedes se han solidarizado con el evangelio desde el primer día hasta ahora. 6 El que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día en que Jesucristo regrese. De esto estoy seguro”. Filipenses 1: 3-6 (NBV).

    Y es que la fe descansa en la confianza en Dios para nuestra perfección. Pablo esta seguro o persuadido, que aquel que comenzó ese proceso de transformación, irá perfeccionando a cada uno hasta el día mismo de su regreso.

    Es necesario que, si usted es un creyente ocupado de su salvación, comprenda que la obra plasmada sobre su vida para perfección es tarea exclusiva del Señor por sus propios méritos en la cruz. Usted y yo somos perfectibles y llamados para ser transformados para Dios en el día de su venida. Mientras tanto, debemos ser capacitados o entrenados por la Palabra de Dios en nuestras iglesias; para distinguir lo que es mejor para nuestra vida y nuestra familia, y hacerlo.

    Hay gente que tiene buen juicio, sabe distinguir lo mejor. Pero son pésimos haciendo lo correcto. Eso es otro tipo de problema vinculado con la falta de sabiduría. Y Santiago dice que este problema se resuelva orando y pidiéndola al Señor. El efecto de la oración no es magia, es compromiso a nosotros mismos con ese deseo orado.

    Los Filipenses, fueron una Iglesia visible y solidaria. Precisamente el secreto a voces de los hermanos en Filipos fue identificarse con el Evangelio desde el principio. Por eso crecieron y fueron generosos.

    Por lo tanto, anímese a visitar una congregación donde se predique la Palabra de Dios, donde pueda crecer en conocimiento de la verdad salvadora, y se le exhorte, invite y exponga a vivir para Dios.