• A veces hago recuento de mi experiencia de padre, y concluyo cuántos errores cometí en ese caminar, tratando de educar y dar un buen ejemplo a mi hija. Sin embargo, al ver el resultado final concluyo que es bueno, viéndola independiente, tomando el control de su vida.

    Esto es lo que podemos llamar un legado, el legado que toda madre y todo padre debe dejar a sus hijos. No es opcional, siempre vamos a dejar una huella en ellos, queramos o no. Así que es mejor ser intencionales en lo que les heredamos a nivel de vida: valores, educación y propósito.

    La realización y felicidad de nuestros hijos, no dependen siempre de nuestro legado, pero al menos sabemos que la influencia es importante. Busquemos el consejo bíblico y tratemos de comprenderlo:

    “El justo lleva una vida recta y honrada; ¡felices los hijos que vienen detrás de él!” (NBV)

    Proverbios 20:7

    El mejor legado, es un buen ejemplo. Y no es que los padres no nos equivocamos, pero dejamos patentado nuestro mejor esfuerzo en la crianza de los hijos, y eso es ya una cátedra de amor y buena voluntad que ellos deben apreciar y agradecer.

    No todos los hijos seguirán el buen camino, o el buen ejemplo, pero de seguro que todos sabrán distinguirlo.

    Padres y madres, llevemos una vida recta en honradez indiscutible, y quizá después, podremos pensar en otros regalos y herencia para ellos. No hay mayor honra para un hijo que un legado de buen nombre. Y no hay mayor satisfacción para los padres, que hijos felices, dotados de bondad y hechos para el bien dentro de la sociedad.

  • Ataraxia

    Ataraxia: Bienestar corporal y espiritual, estar bien.

    En el siglo IV aC, aún se estaba viviendo el traslape de dos grandes escuelas del pensamiento: la griega y la romana. Y se da sentido, o al menos se acuña en el argot de la filosofía el concepto de “ataraxia”.

    Escuelas influyentes, se destacaron. La Academia de Sócrates y El Liceo de Aristóteles. Por otro lado, la escuela de Epicuro de Samos, se llamó El Jardín. Solo el nombre nos indica su filosofía o pensamiento. Llevándonos desde la mente, al escenario del desarrollo de un constructo social, o forma de vida.

    ¿Qué evoca en nosotros al escuchar acerca de un jardín? ¡Ataraxia!

    ¿Cómo lo definió y defendió la filosofía Epicureísta? Aquí les dejo una definición de Epicuro, su fundador:

    “Defendió una doctrina basada en la búsqueda de la felicidad, para lo cual el individuo debería llevar una existencia dirigida por la prudencia, la sobriedad y la amistad. El fin de la vida humana es procurar el placer y evadir el dolor; siempre de una manera racional para evitar los excesos, pues estos provocan un sufrimiento posterior. Los placeres del espíritu son superiores a los del cuerpo, y ambos deben satisfacerse con inteligencia, procurando llegar a un estado de bienestar corporal y espiritual al que denominó ataraxia (ἀταραξία). Criticaba tanto el desenfreno como la renuncia a los placeres de la carne, y argüía que debería buscarse un término medio y que los goces carnales deberían satisfacerse, siempre y cuando no conllevaran un dolor en el futuro”

    Ahora, veamos nuestro texto en el Sermón del Monte. Jesus, irrumpe en una sociedad ávida de conocer, y por ende llena de filósofos. De hecho, Jesús entra en una etapa crucial entre el ayer de la filosofía griega, y el presente de la filosofía romana o latina. Y nos habla con solvencia acerca de “las cosas de la vida”, que no es otra cosa más, que el objetivo de la filosofía.

    Jesus, llama a sus seguidores, a que “no se afanen”, o sea, una forma de definir esa “ataraxia” humana. ¿Pero como lo plantea?

     “Por lo tanto les digo: No anden preocupados pensando qué van a comer o qué van a beber para poder vivir, o con qué ropa van a cubrir su cuerpo. ¿Es que no vale la vida más que la comida, y el cuerpo más que la ropa?”MATEO 6:25 BHTI

    El llamado de Jesús una vez más es a la prudencia, y no a la indiferencia de las cosas que necesitamos para vivir. Si leemos con atención, Jesús usa algo de retórica propia de las escuelas de la época, preguntarse y responderse en sus clases, esas preguntas e ir trasluciendo la verdad central.

    Si tuvieras que responder qué vale más, ¿la comida o la vida? La respuesta afloraría fácilmente. O que vale más, ¿el cuerpo o la ropa? Otra vez, es fácil de responder.

    Lo que no es fácil, es equilibrar el pensamiento entre ambos bienes, unos que son espirituales y otros materiales, unos que son eternos, y otros que son temporales. Pero todos importantes en nuestra vida. Entonces… ¿a cual de ellos le debemos poner más atención?

    Definitivamente el contexto de Mateo al darnos estas enseñanzas de Jesús, se refieren a la búsqueda prudente de todos esos bienes. Porque Jesus dice en sus respuestas a sus retóricas, que si Dios cuida de los pajaritos que no se afanan en lo que nosotros si; ¿cuanto más deberíamos esperar nosotros del cuidado de Dios en cualquier circunstancia? Sean tiempos buenos o tiempos malos, nos llama primero a ser hijos más que criaturas, y luego a confiar. Y la confianza en Dios es la clave de una verdadera y eficaz ataraxia.

    ¿Sabía Jesus de todas estas ideas que pululaban en su época? Claro que sí. Por eso Él nos acercó a la verdad eterna del Dios no conocido de los filósofos de la época.

    Me gusta la filosofía y admiro a los grandes filósofos de la historia, que incluso algunos murieron por sus ideales.

    Pero hablar de Jesús, es otro nivel de compromiso. Y aunque no fue el único que murió a causa de sus ideas, si fue el único que resucitó. Porque su poder estaba por encima aún de la muerte.

    Jesús es el conocimiento encarnado, la verdad única y omnímoda (Absoluta). Si Él nos manda a no pre-ocuparnos por los bienes terrenales, que siendo importantes no lo son más que la misma eternidad, entonces nos está llamando a ver primero lo esencial: “Nuestra eternidad”. En lo demás, nos asegura provisión suficiente hasta nuestra próxima estación que es la “Eternidad”.

  • Levantémonos hoy con la disposición de no presumir.

    Sin darnos cuenta, somos presumidos, o asumimos sin razón ontológica o de compresión superior, la mayoría de las cosas.

    Pero cuando se trata de la eternidad, mejor no asumamos nada, y sí, aseguremos todo. Solo lo vamos a lograr disponiendo nuestra voluntad e intelecto; en Cristo como Señor y como Salvador. Pablo nos lo explica:

    “No es, pues, cuestión de obras humanas, para que nadie pueda presumir.” EFESIOS‬ ‭2:9‬ ‭BHTI‬‬

    Cuando Pablo dice que no es cuestión de obras, no menosprecia lo que hacemos; sino que aclara, que la eternidad no puede estar anclada a la temporalidad. Pues es evidente que un bien esta por encima del otro y, uno subordina al otro.

    Así que, si tu eterna salvación ya no depende de ti, no te quedan razones para presumir. Si aún presumes de una vida con Cristo más allá de la temporalidad de la vida; te recomiendo analizar y corregir, hay grave peligro de un autoengaño. Mira el contexto del texto que hemos estudiado:

    “En efecto, ustedes han sido salvados gratuitamente mediante la fe. Y eso no es algo que provenga de ustedes; es un don de Dios.

    Lo que somos, a Dios se lo debemos. Él nos ha creado por medio de Cristo Jesús, para que hagamos el bien que Dios mismo nos señaló de antemano como norma de conducta.” EFESIOS‬ ‭2:8, 10‬ ‭BHTI‬‬

    No quepa duda, lo que eres para Dios, si hijo o hija, lo eres por Cristo.

    Si no haces el bien, al que estás llamado, llamada, es un problema de obediencia y no de fe. Y afectará seriamente tu salud mental y física aquí y ahora; y las recompensas en la eternidad.

  • Las promesas de Dios están claramente documentadas y explicadas en la Biblia. Todo beneficio de sus promesas comienza con la obediencia.

    La fe, es la que nos vincula con la confianza en lo que Cristo ha hecho, y lo que Dios sigue haciendo; y nos conecta también con la obediencia. Esto es lo que yo llamo la cadena vital para la vida abundante del cristiano. La Biblia dice acerca de Abraham:

    1 ¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne? 2 Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios. 3 Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia. 4 Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; 5 mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia. Romanos 4:1-5

    El vehículo de la obediencia es la fe, creer nos lleva a la obediencia. La expresión: “Abraham creyó… y le fue contado por justicia”, connota una relación subordinada. Creer igual a fe, fe son acciones concretas (obediencia), resultado; justicia de Dios aplicada de manera favorable.

    Pablo agrega para que no nos quede duda alguna, que al que obra, o sea, al que solo se enfoca en hacer para ser justo o justificado, sus obras o acciones le son tomadas como “deuda” no como justicia. Eso significa que, si te riges por lo que eres capaz de hacer, deberás seguir haciéndolo para estar en paz con Dios y ser declarado justo ante Dios. Y sabemos que esa fórmula no funciona ni siquiera a corto plazo.

    Bien, visto este fundamento bíblico y teológico, volvamos a las promesas. Es necesario que seamos obedientes para alcanzar sus promesas; ya sean de bienestar, de salud, prosperidad, sabiduría, etc. Siempre hay una o más condiciones que requieren nuestra atención para alcanzar sus beneficios.

    El cristiano promedio erra en su comprensión, por una de dos razones: Ignorancia o indiferencia. Lo cierto es que, sea cualquiera la causa, el resultado es el mismo: Se vive una ilusión alrededor de las promesas de la Biblia. Te costará aceptarlo, pero las promesas no son necesariamente ciertas para el creyente, en cualquier situación. Debe darse la condición divina para que sea activa. Por ejemplo, la promesa del perdón de Dios no se circunscribe a su amor, como los ignorantes creen, se circunscribe a: Creer, arrepentirse y pedir perdón. Tu puedes creer o no creer, y el amor de Dios queda intacto. Él sigue siendo un Dios de amor. Pero para ti y para mí, creer o no creer marcará una gran diferencia, la vida o la muerte.

    La ignorancia se combate con conocimiento aplicado. Debemos esforzarnos por escuchar la Palabra de Dios todos los días, y aplicar sus conocimientos a nuestra vida. Ignoramos primeramente por desidia, o esa apatía de leer la Biblia y profundizar en ella, y luego también por falta de oportunidades, ineficacia de nuestros pastores y líderes, etc.

    La indiferencia, es la falta de voluntad para hacer cambios en nuestro sistema de valores, a la luz de la Biblia. Es una decisión personal, sobre qué hacer con lo que conocemos. No obstante, ambas causas son mejorables, justamente a través de la obediencia.

    Pero la indiferencia es más compleja, puesto que es una acción consciente en la que hemos decidido no cambiar algo de nosotros, a pesar de que la Biblia dice que debemos hacerlo.

    Por ejemplo, una de las promesas más frecuentes a la que estamos casi obligados a echar mano, es la promesa bíblica de que “Dios estará con nosotros todos los días hasta el fin”.

    Veamos las condiciones de esa promesa:

    1. Ser hijos de Dios. Juan 15:5:
    2. Hacer lo encomendado por Jesús mientras lo esperamos. Mateo 28: 19-20
    3. Aplicarnos a la virtud de la pureza del cristiano. Filipenses 4:8-9
    4. Permanecer y no ser apóstatas 1 Timoteo 4:1

    Así como hemos hecho este breve ejercicio con la promesa poderosa de la presencia de Dios en nuestras vidas y asuntos, podemos mirar las otras promesas de Dios para nosotros.

    Espero que usted pueda vivir una vida abundante, siguiendo el consejo de la Palabra de Dios; leyéndola y estudiándola con genuino interés.