• Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. Juan 4:20

    22 Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. 23 Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. 24 Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. Juan 4:22-24

    Junto al pozo de la esperanza, aquel que quita la sed y llena el ego de todo un pueblo, el pozo de Jacob, antepasado venerado;  ahí sucede aquel encuentro.

    Para ella, inesperado, irreverente y peligroso. Para Él, un lugar que estaba en su agenda de vida, y que era parte de su propósito eterno.

    Ella reclama, Él exclama, ella resiste, Él la asiste; la pena de aquella mujer rechazada por sus pares, y de poca valía, ahora es la principal de aquella abadía.

    De ella una cosa hemos de aprender: “Cristo llega a nosotros con total intención y propósito, para tratar con nuestro despropósito”.

    Porque la vida no puede girar alrededor de lo exterior, y darnos por satisfechos.

    Miramos el entorno, modelos mundanales por doquier, que nos dictan lo que deberíamos de hacer y ¡que desfachatez! ¿Anularemos nuestra propia identidad para tomar la de aquellos?

    El diseño original está claro, junto al pozo no solo aprendemos de aquella mujer, sino que asumiremos del sencillo Mesías, que sin parafernalia (alarde de medios), llega certero en tiempo, al punto de encuentro. Aquel punto donde la vida se mira en perspectiva: el pozo, la montaña, el pueblo, mi gente y mis enemigos a la vez.

    Jesús le dice: “Mujer, no mires al monte, ni al pozo invoques por tu fe, pues yo hoy te daré, del agua que saciará tu sed”.

    Amigos y amigas, así he querido relatar el momento cumbre, el clímax de la salvación. Jesús, nos manda a no mirar montes, ni pozos, ni lugar alguno. Él nos manda a mirar nuestro corazón, y despertar a la verdadera adoración al único y sabio Dios. A Él sea la Gloria y el Poder eternamente.

    Incluso algunas mentes brillantes, que no necesariamente reconocieron a Dios en sus eruditos pensamientos, nos relatan con avidez esta hermosa verdad, y aquí cito a Carl Gustav Jung, Médico-Psiquiatra y Psicólogo Suizo:

    “Tu visión devendrá más clara solamente cuando mires dentro de tu corazón… Aquel que mira afuera, sueña. Quién mira en su interior, despierta”.

    ¿No es lo que Jesús ya le decía siglos antes a la mujer junto al pozo? Mujer, la hora viene, y ya ha llegado, cuando los verdaderos adoradores adoraran al Padre en “Espíritu y Verdad”, o sea, desde adentro, desde sus entrañas, desde sus corazones, y nunca mirando alrededor: montañas, ríos, edificios y humanos, porque todo ello solo es un sueño religioso.

    Miremos dentro de nosotros. ¿Está Cristo ahí? Y si está Cristo, adoremos desde adentro al Dios todo poderoso. Solamente necesitamos creer en Cristo, pedir su perdón, y darle nuestro corazón por morada.

  • Immanuel Kant fue un filósofo y científico del siglo XVIII, era una época de cambios sociales vertiginosos durante la Ilustración. Es considerado como uno de los pensadores más influyentes de la Europa moderna y de la filosofía universal (1724 – 1804). Su filosofar estuvo centrado en tres grandes preguntas: ¿Qué puedo conocer? ¿Qué debo hacer” y ¿Qué puedo esperar?

    Desde donde desarrolló, entre otras doctrinas del saber,  un amplio concepto respecto a la moral llamada: ética kantiana, que afirma que existe una ley moral a priori (conocimientos que no requieren de experiencia previa) y autoimpuesta por un sujeto racional que se deriva del deber y la buena voluntad, a la que llamó «imperativo categórico».

    Dentro de su teorización de la ética, Kant sostiene que el valor moral está determinado por las consideraciones que él llama, “formales”, y con este término lo que quiere decir, es que son legales o legítimas.

    Consideraba que, los aspectos “materiales” de un acto, o sea, lo que es visible, es aquello que se hace y sus consecuencias. Pero interiormente, subyacen los aspectos formales que son la ley e intención del agente (persona que realiza el acto). Dicho de otro modo, lo que vemos hacer a las personas y las consecuencias de esos actos, no son la razón del acto mismo, sino que muy en el interior del hombre, descansan las verdaderas intenciones.

    Todo este discurso de Kant, es sobre la moral, y la responsabilidad del hombre ante sus actos. Y me alegra saber que la iluminación que Dios le dio a los hombres, no está ajena a la verdad expresada en la revelación de Dios más fehaciente y poderosa; las Sagradas Escrituras.

    Para  Kant por ejemplo, nada puede ser concebido como un bien absoluto, excepto una buena voluntad. O sea, una buena voluntad que intuye e incluye la intención del acto. Y debemos reconocer que esto es especialmente verdad, desde la óptica de las Sagradas Escrituras.

    Jesús nos dice:

    “Porque si solamente aman a los que los aman, ¿cuál es el mérito de ustedes? ¡También los malos se comportan así! Y si solamente se portan bien con quienes se portan bien con ustedes, ¿cuál es el mérito de ustedes? ¡Eso también lo hacen los malos! Y si solamente prestan a aquellos de quienes esperan recibir algo a cambio, ¿cuál es el mérito de ustedes? ¡También los malos prestan a los malos con la esperanza de recibir de ellos otro tanto! Ustedes, por el contrario, amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio. De este modo tendrán una gran recompensa y serán hijos del Dios Altísimo, que es bondadoso incluso con los desagradecidos y los malos. Sean compasivos, como también el Padre de ustedes es compasivo.” LUCAS 6:32-36 BHTI

    En este sermón, Jesús está apelando al mérito humano y personal (la intención). En tres ocasiones pregunta, ¿cuál es el mérito de ustedes? Eso es lo que llamamos buscar esa “buena voluntad” o intención. Jesús juzga la intención y no el acto mismo.

    Es en la disposición de la voluntad, si es “buena voluntad”, o “mala voluntad”, que estriba la diferencia que desnuda la intención de nuestros actos.

    ¿Cuál es el alcance espiritual de esta doctrina bíblica y filosófica? (¿Qué puedo esperar?) Veamos:

    “Ustedes, por el contrario, amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio. De este modo tendrán una gran recompensa y serán hijos del Dios Altísimo, que es bondadoso incluso con los desagradecidos y los malos. Sean compasivos, como también el Padre de ustedes es compasivo.” LUCAS 6:35-36 BHTI

    JESÚS

    El resultado es, un humano más humano, una sociedad más humana, que tiene la capacidad de razonar sus actos, y hacer uso de su buena voluntad, para el bien hacer. Y que esta bondad, funcionará como catalizador (vehículo de transformación) para una sociedad más equitativa. Desde el punto de vista teológico-filosófico, somos ese hombre-agente, que como agente, tiene la función de transformar su entorno. Pero mejor aún, desde el punto de vista bíblico, no podremos hacer méritos para una transformación positiva, sin ser nosotros mismos transformados, y es aquí donde el mensaje del Evangelio es único, es trascendente a la sociedad.

    La filosofía y las ciencias, no contraviene la verdad de la Biblia, quienes lo han hecho a través de la historia, han sido hombres y mujeres muy inteligentes, pero poco sabios.

    Seamos sabios usted y yo, y atendamos con inteligencia y sabiduría,  la Palabra de Dios, que es la única que puede transformarnos y depurar nuestras intenciones, esas que subyacen en nuestra alma.

  • Todos los creyentes asentimos cuando se nos pregunta si creemos que Dios es soberano. Pero lo interesante es cuando nos vemos presionados a detallar ese concepto de soberanía, y nuestra lógica nos plantea cuestionamientos éticos (el porqué de la conducta de Dios) acerca de esa soberanía.

    Creemos que Dios es soberano, pero que no actúa libremente en algunos aspectos, solo tomemos tiempo y escuchémonos, cuando argumentamos o explicamos acerca de acciones de Dios, y nos atrevemos a interpretar constantemente esas acciones divinas, y no es que sea incorrecto interpretar, de hecho, necesitamos hacerlo. Pero el cuidado debe centrarse en la conclusión a la que llegamos acerca de Dios. En todos los temas, cualquiera sea; Dios es soberano.

    Basado en la soberanía de Dios, leeremos  algunos pasajes bíblicos, y trataremos de comprender el tema de la “elección” o predestinación.

    Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.

    14 ¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera. 15 pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. 16 así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. Romanos 9:13-16

    Pablo nos introduce este tema, mismo que nos amplía en otras de sus cartas. Pero Pablo lo hace con naturalidad. No interpreta, sino que parte de una verdad incuestionable para él, alegorizando a Israel. No obstante, las preguntas existen, y Pablo se toma la atribución de adelantarse a las dudas del lector, y plantea por medio de la retórica, el debate que muchos de nosotros tenemos a lo interno: ¿Es Dios injusto al aborrecer a unos y amar a otros?

    Debemos partir desde otra ventana del conocimiento para procesar esta doctrina de la elección, y es, el carácter santo, perfecto y justo de Dios. La respuesta inmediata a esa pregunta es: Dios no es injusto jamás. Y comprender que, “…Por cuanto todos pecaron, fueron destituidos de la gloria de Dios”. O sea, toda la humanidad está justificadamente condenada a una eternidad alejada de Dios.

    Por lo tanto, si Dios condena a alguien está siendo justo, y si no condenara la rebelión de la criatura, sería realmente injusto. Pero cuando Dios “decide” soberanamente proveer salvación al hombre, no lo hace sobre la base de la injusticia antes mencionada, sino sobre la base de la bondad, o la misericordia.

    La misericordia es un acto de “no justicia”, pero un acto que parte de su voluntad soberana, por lo tanto nunca llega a ser “injusticia”. Ya que la injusticia es toda acción que contradiga la voluntad de Dios. Y bueno, Dios no se contradice a sí mismo al otorgar misericordia.

     29 Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. 30 Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó. 31 ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? Romanos 8: 29-31

    Pablo, apóstol

    Una vez más, vemos la seguridad del apóstol Pablo respecto a la obra omnímoda (plena) y soberana de Dios. No hay duda, y no omite sus preguntas de raciocinio. Él se confronta consigo mismo con preguntas difíciles cuando toca temas difíciles.

    Mi consejo es: “no interpretemos, donde hay una explicación no anclada a lo cultural y ceremonial, o donde haya una metáfora”. Cuando no hay elementos culturales de peso, o cuando hay una metáfora que arroja una conclusión definitiva, no requerimos decir otra cosa diferente a lo que dice el texto. Y este es el caso del tema de la elección divina, donde Pablo explica el tema, a través de un modelo preexistente al cristianismo, poniendo a Israel como ese modelo de elección. Así como Dios amó a Jacob, y a Esaú aborreció o descartó. Hoy al igual que con la estirpe de Isaac, Dios elige a personas desde su presciencia o pre conocimiento. Sabe Él, y solamente Él, que responderán a su esencia divina, con fe.

    Nosotros no sabemos esos misterios y no los sabremos, porque la Salvación y todas sus acciones asociados, son exclusivos de Dios, nada ni nadie intervendrá en ese proceso.

    Esta doctrina de la elección, enfoca en la pregunta: ¿Cuál es el propósito de Dios al enviar a su hijo a la cruz?

    Entonces, Dios trazó un plan salvífico, para salvar a su pueblo. Y es así que Dios diseñó una Redención o Expiación definitiva. Y esto no quita que la sangre de Cristo sea suficiente para todo el mundo, sin embargo, su sacrificio es efectivo para la Salvación solamente de su pueblo elegido.

    8 Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. 9 El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.  2 Pedro 3:8-9

    Pedro, apóstol

    Analicemos el texto de 2 Pedro:

    1. La primera clave es: Dios no quiere que ninguno perezca, porque es paciente para con nosotros.

    Voluntad: “Dios no quiere que nadie se pierda…” habla de la voluntad de Dios, lo que Él desea. Y Dios tiene una voluntad; que los estudiosos nos ayudan a comprender en tres dimensiones:

    1. La voluntad decretada: Son las acciones soberanas de Dios, incambiables e inviolables. La creación, el devenir de la historia, las leyes de la física, la disposición de los tiempos y estaciones, etc.
    2. La voluntad preceptiva: Los preceptos o mandamientos dados por Dios a las personas. Y esta voluntad no siempre se cumple, porque el hombre tiene libertad moral para acatarlos o no.
    3. La voluntad de la disposición divina: Son aquellas acciones o deseos, que trastocan “las emociones de Dios” (características antropomorfas de Dios)
    • La segunda clave es la palabra “ninguno”. ¿Ninguno, quién o quiénes? Hay más sentido en leer este texto con esta óptica. Pedro habla en primera persona: “es paciente para con nosotros”. Nosotros, es el sujeto de la oración de esta idea esbozada en estos versículos de 2 Pedro 3. Entonces para Pedro, “nosotros” es una comunidad específica, un pueblo escogido por Dios, que reúne a todos los salvos.

    Así podemos ir concluyendo, que Dios desde el principio está enfocado en un pueblo de toda lengua, tribu y nación; que serán salvos por su soberana elección, y bajo los méritos únicos de Cristo, sin la intervención del humano.

  • La frágil condición humana. La casi extinta esperanza de una vida abundante. Esa fue desde génesis 3 la realidad del hombre; de todo el género humano.

    Había en tierras de palestina, en los lugares pantanosos y húmedos, una caña criolla que entre sus usos estaba servir para hacer una especie de flauta. Aquel singular sonido de la flauta era símbolo de alegria. De celebración. De vida. Pero si alguna caña estaba golpeada y rota no podía ser usada para sacar melodías; por lo tanto era desechada. Simplemente no servía.

    Había también un objeto tan útil en las casas que se llamaban lámparas. Consistía en un recipiente en el cual se ponía aceite y dentro de éste receptáculo de aceite se ponía una mecha de lino, que al estar impregnada con aquel aceite del olivo, mantenía una llama que daba luz y calor. Una vez que la lámpara agotaba el aceite, la llama se iba extinguiendo, y cuando la llama se extingue y deja de consumir oxígeno, produce una cantidad de humo más densa que la misma llama. Por eso humeaba.

    Estos dos elementos tan didácticos en su contexto, usa Mateo para describir a Cristo el Mesías y su carácter. Allá en Cafarnaum, en tierra de Galileos, la misma tierra que lo viera crecer a Jesús. Donde hizo poderosos milagros. Desde ahí el Mesías emprende su viaje a Jerusalén para culminar el cumplimiento de una de las profecías de Isaías respecto al Siervo de Jehová.

    Leamos a Mateo:

    “He aquí mi siervo, a quien he escogido; Mi Amado, en quien se agrada mi alma; Pondré mi Espíritu sobre él, Y a los gentiles anunciará juicio. No contenderá, ni voceará, Ni nadie oirá en las calles su voz. La caña cascada no quebrará, Y el pábilo que humea no apagará, Hasta que saque a victoria el juicio.” Mateo‬ ‭12:18-20‬ ‭RVR1960‬‬‬‬‬‬

    ¿Pero, que implicaciones tiene esta profecía?

    Nada menor. Es la profecía que describe el carácter particular de Cristo. La centralidad de su obra. Y la bendición específica para nuestra vida.

    El carácter del Siervo de Jehová:

    1) No contenderá: Su misión estaría basada en la concienciación de las personas. No en la invasión violenta de las voluntades. Cristo fue vehemente y firme con la verdad, pero no tirano de la verdad.

    Él sabía no solo la verdad, sino que él era la verdad encarnada y lo es hoy y lo será mañana. Pero no contenderá con la humanidad.

    2) No gritará o Voceará por las calles

    Su verdad se oiría en las calles, pero no su voz. Cuando le vieron venir, entre las multitudes la gente por más pecadora que fuera; no se escondía. Los que si se escondían, o le vieron secretamente entre la penumbra, fueron algunos religiosos.

    Si Cristo hubiera vociferado, primeramente no habría cumplido la profecía de Isaías. Pero segundo, hubiera demostrado que su mensaje no era tan creíble.

    ¿Acaso no vemos hoy en día una actitud algo sospechosa en algunos púlpitos? No siempre, pero algunas veces los predicadores gritan para ser oídos, ya que sus actos les hacen tanto ruido que cuesta escucharlos.

    Ciertamente, esta característica única de Cristo, es ya una marca de su divinidad.

    3) No quebrará la caña cascada: metafóricamente, vidas destruidas. Tenemos un adagio popular que lo explica mejor: “no hará leña del árbol caído”

    4) No apagará el pábilo que humea: Hay esperanza mientras Cristo este presente, somos como una vela humeante.

    Estas dos expresiones metafóricas representan la misericordia, la gracia redentora.

    Cristo no vino para desechar la caña cascada o doblegada por las inclemencias del pecado. Cualquier otro líder religioso lo hubiese hecho. Cristo no. Pero Cristo no lo hizo porque su misión estaba marcada por su vocación salvadora.

    Tampoco Cristo apagaría la casi extinta llama del pábilo. Esa llama que estaba apagándose por la imposición de la ley sin la gracia.

    Nuestras vidas fueron antes de Cristo caña cascada o quebrada y pábilo humeando. Estábamos inservibles. Desechados. Cristo nos restauró y puso más aceite en nuestro depósito para que la llama fuera avivada.

    Pero no solo antes de que él viniera a nuestras vidas. Algunos hemos experimentado pecado aún siendo sus hijos. Y cuando nadie ve cañas útiles para tonos melodiosos, Cristo saca la mejor música de nosotros. Cuando nadie apuesta por ver nuestra llama encendida, Cristo pone aceite nuevo y nos hace alumbrar con fuerza.

    Cristo es el Siervo de Jehová. El Salvador. Isaías lo visualizó y lo proclamó. Cristo se lo apropió.

    Leamos la profecía originalmente:

    “He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones. No gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las calles. No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia. No se cansará ni desmayará, hasta que establezca en la tierra justicia; y las costas esperarán su ley.” Isaías‬ ‭42:1-4‬ ‭RVR1960‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬

    Puede que tú al igual que yo seamos como una caña cascada o doblada y rota. Los problemas en la familia. Los problemas en los estudios, el trabajo, los vicios y las consecuencias de los pecados pasados, pueden dejarnos muy quebrados y sin melodía. O pueden lograr que la llama del Espíritu se vaya apagando.

    Cristo no quebrará la caña cascada ni apagará el pábilo que humea. Él hará el milagro para no desecharnos para siempre.

    Tengamos confianza en Él y vengamos a Él.