Haz bien todo lo que emprendas, porque en la muerte, a la cual vas, no hay trabajo, planes, saber ni entendimiento. Eclesiastés 9:10 NBV
Tenemos una oportunidad única en tiempo y espacio para ser excelentes, y dejar la indolencia de lado. La literatura sapiencial es muy general en sus máximas, no pretende ser una exposición doctrinal, sino más bien moral. De tal manera que son exposiciones que pretenden mejorar la moral y la conducta de la sociedad en términos integrales.
Sin embrago, a la luz de la moral del reino de Dios, debemos completar el sentido espiritual de esta exposición; tratando el tema de la indolencia (pereza) espiritual desde la voluntad expresa de Dios. Por ejemplo Pablo nos llama la atención a comportarnos diligentemente:
“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios…”. Efesios 5:15 (RVR60)
Y nos llama a ser diligentes en lo que hacemos y que requiere ferviente determinación en la iglesia:
“En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor…”. Romanos 12:11 (RVR60)
Pero el versículo más incisivo de esta categoría exhortativa, lo encontramos en las Palabras de Jesús; dichas a la iglesia de Laodicea, en su revelación de Apocalipsis.
15 Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. !!Ojalá fueses frío o caliente! 16 Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Apocalipsis 3:15-16.
Jesús le advierte a los hermanos de Laodicea, que la falta de amor y compromiso apasionado en la fe de ellos, le produce náuseas. Claramente es una expresión de rechazo a tal actitud.
Entonces concluimos que Eclesiastés, es sabiduría aplicada a la bondad. Aplicado a la fe. Aunque el predicador expresa una máxima de positivismo que es de múltiples usos, aún en entornos de negocios; para el creyente no puede haber claroscuros en su compromiso.
En todo caso, si nosotros somos diligentes en la vida cristiana, lo seremos en los otros ámbitos de la vida. El mensaje de Eclesiastés es que seamos diligentes en todo.
«acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo».
1 Tesalonicenses 1:3
Pablo a la Iglesia en Corinto, en su primera epístola capítulo 13, vuelve a hablar de esas tres características invariables del creyente: “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” 1 Corintios 13:13.
El amor subordina todas las cosas, es decir; bajo el amor se ordenan todas las cosas. Porque es al final, el motor que hace que “hagamos” la tarea, es el amor. Es el amor que nos empuja a usar las manos para hacer, para dar, para impulsar. Mientras que la fe, es la que nos lleva a convicciones personales, y a tener una esperanza que va más allá de una idea vaga.
El apóstol le designa al amor no solo cualidad, sino que cantidad (cualifica y cuantifica). Recordemos que en cuanto a la fe, Pablo habla de cualidades y no de cantidades. Pero respecto al amor, se cualifica y cuantifica a la vez. Se dice que es mayor qué…algo más, ejemplo: «…pero el mayor de ellos es el amor»
Me adelantaré a la idea que algunos puedan estar maquinando respecto a la fe. Muchos creen que la fe es una medida de cantidad. Hay dos textos que traeré a mención, se usan para demostrar que hay medida, y yo los usaré para aclarar que no es una medida, la fe es un don de Dios necesario para salvación. Veamos:
CASO #1 “Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe. Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro (árbol): Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería.” Lucas 17:5-6 RVR1960
En este texto los discípulos y Jesús están en una de sus habituales clases, ellos escuchan acerca del servicio entre ellos, y no ser tropiezo para nadie, cuidándose también de no caer en los tropiezos de otros. Y entonces, al comprender la fragilidad del humano para cumplir aquellas demandas, piden: “auméntanos la fe”. ¿Para qué? Para poder ser los siervos que Jesús está buscando entre ellos. El contexto de esta ocasión es la vida cristiana y el servicio, no los milagros. La respuesta es: “Si tuvierais fe como un grano de mostaza”. Una expresión que puede significar varias cosas, 1. No necesitan más fe, solo necesitan fe. 2. Ustedes no tienen fe, entonces no pidan más, de algo que no tienen. 3. La fe no viene por cantidad y caducidad, es una cualidad propia del creyente, necesaria para hacer lo imposible (la metáfora que usa es mover un árbol de un lugar a otro con solo dar la orden, algo que se vuelve figurado, para representar las cosas imposibles de la fe)
En conclusión, los creyentes necesitamos fe no en cantidad, sino en calidad; como hijos de Dios.
CASO #2. “De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe…” Romanos 12:6
Solo usaré el texto como una referencia, no voy a referirme a los dones, sino a una palabra que está en este texto y que muchas personas usan como cantidad, pero en realidad tiene otra connotación (relación de significado). La palabra medida en este texto nos llega del griego: “ἀναλογία = analogía”. Es una palabra compuesta por: Aná = preposición que significa en, entre, a través de. + Logos = algo dicho (implica el mensaje y el sujeto), palabra o verbo, la noticia (se refiere al evangelio) y hay una implicación directa en la Biblia, a Jesús.
La definición entonces puede ser: La medida de fe, es hacer o decir algo en concordancia o a través de lo que dice el Evangelio y el sujeto del Evangelio, que es Cristo. O sea, es pensar, actuar y hacer conforme al Evangelio.
Desde esa óptica, todos los creyentes debemos tener fe, para pensar, actuar y hacer conforme al Evangelio que nos ha sido entregado. Por lo tanto no está hablando de cantidad, sino de cualidad.
Según hebreos 11:1 define la fe como: “Certeza o certidumbre de algo que se nos ha prometido, la convicción de eso que esperamos aunque no lo vemos todavía”. Lo que debemos notar, es que no son obras meramente hechas por las manos humanas, es una actitud.
El amor, sí que son obras hechas con nuestras manos, como resultado de la fe. El texto que estamos leyendo en 1 Tesalonicenses extrae esta frase: “…del trabajo de vuestro amor”. Trabajo aquí no es lo mismo que obras de fe. Es laboriosidad o acciones concretas que estamos llamados a hacer. Por eso la Biblia a través de Pablo nos insta al amor, o sea, a la acción. Pero con fe y esperanza. 1 Corintios 13:13.
Éstos son los dichos del Predicador, hijo de David, que reinó en Jerusalén:
¡Vana ilusión, vana ilusión! ¡Todo es vana ilusión!
Eclesiastés 1:1-2 (DHH)
¡Qué tal están todos! En esta ocasión les quiero dejar una reflexión sobre Eclesiastés, y la visión de «Cohélet», o bien «El Predicador». Para mi gusto, usaré mejor, «el Sabio». Mi aporte en esta ocasión va en estrofas en las que uso metáforas y símiles, con las cuales se resume la visión, del sin sentido del Sabio. Sus expresiones están alineadas a una serie de experiencias. Es posible incluso que no todo el libro sea de autoría Salomónica. Al menos estamos seguros que, la conclusión en el capítulo 12: 9-14, fue un agregado de la sabiduría hebrea, para darle sentido a la vida.
Vanidad, es una palabra que nos llega del latín, pero en el hebreo es «el Hebel», que significa: «aliento, soplo o viento». El significado nos lleva a la idea de vaciamiento o quedar vacío. Y después de ahí nos lleva a los sinónimos de contexto: efímero, fugaz, transitorio, etc. Esa es la base del libro de Eclesiastés. La vida del humano, vista desde el humano. Por eso la conclusión en el capítulo 12 nos lleva de retorno a Dios, para que podamos anclar la esperanza en la sólida existencia del sentido (Dios) para el sin sentido de la vida. Les dejo entonces las estrofas alegóricas al libro. Estrofas que escribí para ustedes:
“Te agradezco porque me hiciste de una manera maravillosa; sé muy bien que tus obras son maravillosas.” Salmos139:14PDT
El Salmo 139 es una joya no solo literaria, lo es también psicológica; ya que nos impone una autovaloración alejada del estándar humanista. Sintonizando nuestra vida a una concepción adecuada de Dios, que ni nos anula, ni nos eleva a las alturas.
Pero el tema es delicado porque si Dios no está en en la ecuación, o, si es un dios impersonal; entonces corre el humano un peligro de extremos: o es una valoración de autoestima incompatiblemente baja, o es incompatiblemente alta.
Constantemente escuchamos a las personas quejarse de su propia imagen, e inconformes con quienes son. Lo cual es incompatible con la visión de Dios en el huerto: “y vio Dios (lo que había creado) que era bueno”.
Por otra parte, escuchamos el otro extremo; personas fanfarronas de ego inflado que caen en narcisismo, valorando sus vidas de manera enfermiza. También incompatible con el evangelio apostólico, Pablo a los Romanos, capítulo 12 nos lo dice: “ninguno tenga el más alto concepto de sí que el que debe tener, sino piense de sí con cordura”
En ambos casos, Dios no está presente, y persisten las consecuencias de la caída. Las personas sin excepción podemos llegar a padecer de neurosis y/o perversión. La personalidad neurótica genera baja autoestima, la personalidad perversa genera una tendencia a la súper estima y la desinhibición.
Y aún siendo creyentes, la factura moral de Génesis 3 nos sobrecoge y nos afecta, y tenemos que luchar para estar en equilibrio. La única manera es por medio de la Palabra de Dios. Ser fortalecidos en su Palabra.
“La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.” Colosenses3:16RVR1960