• Domingo de Resurrección




    Resuenan las palabras de los ángeles: “…no está aquí, ha resucitado”.

    La Biblia

    La mayoría tiene en la retina, la histriónica imagen de las producciones hollywoodenses de Jesús entrando a Jerusalén montado en un burro (pollino de asna).

    Así lo registran los evangelistas Mateo, Marcos y Lucas; plasmando aquel momento histórico en que Jesús desafió al sistema imperial romano que aplicaba muerte al que se atreviera a contradecir sus contenidos sociopolíticos, desafió al sistema religioso de su propio pueblo judío, y desafió a los pueblos gentiles supersticiosos con una idea revolucionaria acerca de la vida encontrada en la muerte. Su propia muerte.

    Entonces la historia continúa el siguiente domingo en la absoluta incertidumbre de sus pocos adeptos, la desolación de un fin de semana violento en el Gólgota y el milagro de una tumba vacía. Hablamos del domingo de resurrección, pasada la “Pesaj” judía o la pascua, y la noticia es que el cordero pascual a diferencia de los corderitos sacrificados; ha resucitado y su cuerpo no aparece. Resuenan las palabras de los ángeles: “…no está aquí, ha resucitado”.

    “No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor”. Mateo 28:6 (RV60).

    El sentido del domingo de resurrección está sustentado en aquella evidencia de una tumba vacía porque la muerte no le pudo retener.

    La primera entrada a Jerusalén un domingo, nos dejó una imagen desafiante a todos los sistemas humanos, y el domingo siguiente; el de la resurrección, fue una acción contundente y aplastante al imperio de la muerte y a los poderes en las regiones celestes (satanás y sus demonios).

    Para los que creen, esto ha sido una victoria inapelable contra nuestra imposibilidad de ser salvos. Porque cuando estábamos muertos en delitos y pecados, Cristo murió por nosotros:

    “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados…”. Efesios 2:1 (RV60).

    Mirada desde cualquier ángulo, la historia de la cruz y la resurrección, es incomprensible a la razón humana. Por eso es un asunto de fe.

    Siendo así, somos los más privilegiados al contar con esta fe salvadora, aún cuando no la comprendamos por completo.

    Jesús pasó de la aclamación al vituperio de miles de personas en pocas horas. Porque el Salvador del mundo no podía salvarnos mediante la diplomacia, la política o el voto de confianza de los pecadores. Su obra trascendía y sigue trascendiendo al humano.

  • Este Evangelio del Reino

    El Evangelio ha resultado tan sublime, que no lo pudimos comprender. Aún a quienes nos ha sido revelado se nos nubla en sentido muchas veces respecto a este Evangelio: “arrepentíos porque el Reino de los Cielos se ha acercado”.

    Esta frase la introdujo primeramente Juan el que bautizaba en el río Jordán, y luego Jesús; de quien Juan hablaba.

    “En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.” Mateo 3:1-2 RVR1960.

    “Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.” Mateo 4:17 RVR1960

    Era un llamado simple pero incomprensible para quienes se sentían cómodos con su vida lejana. Y esta es la otra clave del mensaje, notar que estaban lejos de Dios. Una condición lleva a la otra. Vivir sin pensar lo lejos que estamos de Dios nos lleva a errar al blanco respecto a nuestra vida y a nuestra dirección de vida. De ahí que el mensaje contenga claves como: “arrepentíos” y “se ha acercado”.

    Primeramente, un llamado al arrepentimiento era innecesario para los judíos, ellos tenían su propia justicia que según ellos los acercaba a Dios. Sabían que no eran infalibles; pero se creían ya justificados ante Dios de toda maldad. Mucho cuidado con la justicia propia, porque nos arrebata la posibilidad de obtener gracia y misericordia; elementos clave para ser perdonados y aceptos por Dios. Quien pide justicia recibirá justicia de Dios y esa justicia es implacable. Pero quien pide perdón accede a la misericordia divina.

    Luego, el mensaje al arrepentimiento era una oportunidad para los no judíos (gentiles) quienes ya contaban con muchas ofertas en la época de Juan el Bautista y Jesús. Eran muchas las filosofías que dictaban formas para luchar contra la culpa. No obstante, aquellas ofertas equivocadas; nace en esta intrincada historia la Iglesia; que sería y es pregonera del Evangelio.

    Finalmente, si el Reino de los Cielos se ha acercado, no tendríamos por qué estar lejos de Dios. Hay al menos dos implicaciones que quiero destacar de esta segunda frase del texto: una es que la humanidad estaba lejos en sentido espiritual. No olvidamos que Dios nos hizo botar en Adán y Eva; del huerto de Edén (Gén. 3). La otra es que Dios toma la iniciativa de acercarse a la humanidad; porque solo Él podía hacerlo, y esto es en teología una base inexpugnable de definición salvífica. La salvación es una iniciativa y obra de Dios.

    El contenido del Evangelio comprimido es: “que nosotros nos arrepintamos de este alejamiento de Dios, que fue imputado desde Adán y Eva a nuestras generaciones, y nos encontremos en este acercamiento de Dios, con la absolución en Cristo de tal imputación del pecado Adámico.

    Por cierto, así como se nos imputó el pecado de rebelión y desobediencia Edénico, en Cristo se nos imputa inocencia. Y si Dios puede perdonarnos y justificarnos del pecado original, ¿Cómo no podrá perdonar nuestros pecados hoy si nos arrepentimos?

    El contenido central del mensaje debe ser la oportunidad de ser absueltos, no la posibilidad de ser condenados. Y si el enfoque es la absolución, ello implica que ya todos de previo habíamos sido condenados.

    Entonces, ¿Por qué la mayoría de las veces el mensaje es: arrepiéntanse para que no sea condenado? Son pequeños detalles de semántica que pueden enviar un mensaje confuso no solo acerca del mensaje, sino del centro del mensaje mismo, que es Cristo. Porque Cristo vino al mundo para salvar a un mundo ya condenado:

    “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.” Juan 3:17 RVR1960

    El mundo ya condenado, cuenta ahora con el único Salvador posible: Cristo Jesús.

  • Afinados o aguzados cara a cara

    “El hierro se aguza con hierro; la persona, en contacto con su prójimo.”PROVERBIOS 27:17 BHTI

    El ser humano cual metal, debe limar o aguzar sus asperezas.

    Las relaciones de pareja, las relaciones familiares, las amistades y los hermanos y hermanas de la fe; requerimos ser mejores personas y solo a través de ese contacto con aleaciones humanas diferentes; lograremos integrar valor a nuestra vida. Sí, el hierro afila hierro, pero se requiere que las aleaciones de cada pieza sean diferente una de la otra para tal resultado.

    En este proverbio, dependiendo de la versión a veces da la idea del consejo señalando a la otra persona, y en otros casos señala al hablante. No obstante, lo central de esta proverbial frase es: la ganancia de las partes en una relación honesta, que confronta a dos o más personas. Es una convivencia constante, en la que tenemos la ocasión de crecer como seres humanos. Y al final todo se resume en personalidades e inteligencia en el manejo de nuestras emociones, y por ende de nuestras relaciones.

    Siguiendo la metáfora, si un hierro como el cuchillo no se afila con otro fierro como la lima, su capacidad de hacer un corte está muy limitada y su función es deficiente. ¿Alguna vez ha experimentado cortes con cuchillos sin filo? Hay que poner mucha fuerza, y para cortes perfectos no son útiles.

    Las relaciones desafiladas tienden a ser cansadas, dolorosas y con cero inteligencia emocional.

    Por cierto, en una era en que se  habla de inteligencias diversas, debemos enfatizar en este consejo; la inteligencia emocional. Aunque cuando el proverbista escribe no se usaba el concepto; desde siempre la inteligencia emocional ha existido, y es que no es más que el manejo adecuado de lo que sentimos y el cuidado de cómo lo expresamos. La fórmula que yo daría es: identificar, analizar, gestionar y cerrar; los ciclos de las emociones y sentimientos.

    Pero también se habla de inteligencia artificial en los aparatos electrónicos con autonomía. Los smartphone, las pantallas smart, los smart tv, etc.

    No obstante, entre más trasladamos la inteligencia a los aparatos, más pareciera que la perdemos nosotros. Esto me recuerda aquel aforismo bíblico: ““Profesando ser sabios, se hicieron necios,” Romanos 1:22 (RVR1960)

    Esta sabiduría humana carente del consejo de Dios; ha llegado a afectar nuestras relaciones, y en ello hemos perdido contacto social y eso nos volvió necios. Es por eso que en lo personal insisto mucho en las relaciones interpersonales y además, que sean relaciones sanas. Y en el contexto de la vida cristiana, es indudable e irrefutable la necesidad de congregarnos y aguzarnos los unos a los otros.

    A menudo, la queja principal de creyentes con poco compromiso; es que prefieren no congregarse por razones de paz emocional, aducen con esto lo que es bien sabido por todos: la convivencia entre humanos es más compleja de lo que solemos pensar.

    Este texto nos habla de aguzar personas, y esto significa que nuestras relaciones deben contribuir a nuestra personalidad, y a la personalidad de los otros. Y es que estamos urgidos de trabajar nuestra personalidad (temperamento más carácter). Contribuyendo de esta forma con aquellos a quienes tenemos cerca. Sin olvidar que mientras aguzamos, somos aguzados o refinados.

    La pregunta es: ¿Por qué padecemos tanta fobia a las relaciones y la convivencia? Las respuestas pueden ser variadas. Pero sin duda es una enfermedad multifactorial de nuestra época. La Biblia nos manda a adquirir sabiduría del cielo, y este texto es sabiduría del cielo para la vida y para nuestras relaciones interpersonales.

    ¿Que harás con esta información? Eso ha de marcar tu índice de inteligencia emocional y social. Sobre todo en las congregaciones, es menester trabajar más nuestras relaciones, porque en el entorno de la Iglesia; las relaciones no son egocéntricas sino bibliocéntricas.

  • Gracia divina, gratitud humana

    R.C Sproul citando a su profesor el Dr. Berkouwer (Gerrit Cornelis Berkouwer) dice: “la esencia misma de la teología es la gracia, y la esencia de la ética es la gratitud”. En palabras simples, una persona que no vive con gratitud; se arroga que merece todo lo bueno, aunque sus actos no sean buenos. Ahora, ¿que son actos buenos? Para la comunidad de creyentes en Cristo, hay una ética y una moral. O sea, hay una forma de relacionarnos con el mundo, y una forma de ser y relacionarnos con nosotros mismos. Es claro que desde las ciencias sociales como la antropología, la sociología y la psicología; la moral esta determinada por el contexto cultural solamente, y esto es así porque se valora solamente la experiencia humana y su entorno; sopesando lo aprendido y lo que permite al ser humano su supervivencia; no obstante, si el ser humano quiere una relación con Dios, o por ejemplo con alguna otra divinidad; debe someterse a las demandas morales de esa divinidad, y diríamos entonces que la moral de estas personas no solo es afectada por el contexto social y cultural sino también por su fe y creencias.

    Así es como funciona para los creyentes en Dios; somos compelidos por lo que creemos acerca de Dios y sus demandas, y la esencia de esta fe es que somos finalmente salvos por la sola gracia. Dios no tiene por qué perdonar y salvar, pero lo hace por su esencia, pero no olvidemos que aunque su esencia es amor, su perdón se dará en sus condiciones. Al leer las Escrituras llegamos a diferentes conocimientos y comprensión, por ejemplo, que la principal condición de Dios para otorgar perdón salvífico es:

    “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”. Hebreos 11:6 (RVR 60).

    Primeramente es necesario que el que se acerca a Dios “crea que Él existe”. Y este acercamiento a Dios no es otra cosa que la pulsión (energía vital) de la fe. Luego dice que el penitente necesita creer que Dios es bueno; o sea, que es “galardonador” (premiador, incentivador) de los que le buscan.

    Hay dos extremos perniciosos en el mundo respecto a Dios: 1. Creer que Dios es malo e injusto puesto que va a condenar al mundo, 2. Creer que Dios no condenará al pecador por su pecado no arrepentido y no confesado, porque él es amor. Repetimos entonces que Dios no es injusto al condenar al pecador no arrepentido puesto que, la paga del pecado es muerte, o sea ya hay una sentencia dictada en un juicio moral que advierte y previene, proveyendo un salvoconducto en Cristo Jesús. Pablo a los romanos dice:

    “…por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, …” Romanos 3:23 (RVR 60)

    “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”. Romanos 6:23 (RVR 60).

    El ser humano que cree en la “injusticia” de Dios, falta a la ética porque no reconoce la moral del Reino de Dios. Pero igualmente, quienes esgrimen un Dios complaciente del pecado, antes que del pecador; yerra en sus convicciones por desconocer la verdad bíblica.

    R.C Sproul en su clase de teología tocante a la soteriología (estudio de la naturaleza de la salvación) nos habla de dos distinciones respecto a la gracia divina: la gracia común y la gracia especial (R.C. Sproul. [2021, 9 de agosto] https://es.ligonier.org/RTM/gracia-comun/).

    La gracia común es la que todos experimentamos mientras estamos vivos, cualquiera sea la condición, sanos o enfermos, con poco o con mucho; lo que cuenta en esta gracia común es que tenemos los elementos de la naturaleza vitales para la vida y la supervivencia.

    La gracia especial, es aquella que Dios otorga de manera especial y diferente a unas y otras personas; pero al final el factor común de esta gracia especial es la salvación eterna del alma. Dios provee salvación para la humanidad, pero no todos serán salvos. Su gracia es suficiente para todos, pero eficaz para algunos. Pablo a los efesios, les dice:

    “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; …” Efesios 2:8 (RVR 60).

    Entonces, “gracia” como el bien no merecido, pero recibido; es la esencia de la teología, y de nuestra fe. Si no es por gracia, sería por obras y no nos alcanzaría para poder acceder al cielo y sus tesoros ni temporalmente, mucho menos eternamente.

    La gracia es otorgada por Dios, en una respuesta a la respuesta de fe del humano que se acerca a Dios con fe (cree que Dios existe y que es Dios bueno en contraposición de su propia maldad humana). Esta es la ética de la fe y por ende de la teología.

    Dios es bueno, es galardonador de los que le buscan.