• Hijos como saetas en manos del valiente

     Cuando leo el salmo 127 me pregunto…¿Dónde está la clave de esta expresión sapiencial? Los versículos 1 al 2 del Salmo son una especie de introducción al tema de la provisión que viene de Dios, versus, aquella afanosa tarea por el bienestar que termina siendo una aflicción de espíritu.

    Acto seguido, los versículos 3-5 nos terminan de plantear el argumento del salmo; el cual está centrado en la importancia de la familia, por encima de las metas económicas y bienestar material.

    “He aquí, herencia de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre. Como saetas en mano del valiente, Así son los hijos habidos en la juventud. Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos; No será avergonzado Cuando hablare con los enemigos en la puerta.” Salmos 127:3-5 RVR1960

    Empieza diciendo que, cuando los hijos son herencia de Dios; son tratados con estima, y son como saetas o lanzas en manos del valiente. En una pintoresca metáfora; Salomón describe a los hijos de la juventud como un arma poderosa que representa seguridad familiar.

    ¿Dónde estamos fallando, para ver cada vez más unas familias disfuncionales que no están generando seguridad; por el contrario mucho pesar?

    Es posible que estamos ignorando la primera parte del poema sapiencial, los versículos 1 y 2:

    “Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican; Si Jehová no guardare la ciudad, En vano vela la guardia. Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, Y que comáis pan de dolores; Pues que a su amado dará Dios el sueño.” Salmos 127:1-2 RVR1960

    Si Dios está fuera de la vida familiar, todo se vuelve vano. Vano es edificar, vano es trabajar afanosamente por mejores condiciones, vano es madrugar para trabajar y acostarse tarde trabajando, para mejorar; si Dios está ausente. De seguro comeremos pan de dolores, si Dios no es parte de nuestra casa.

    Hemos fallado tanto y tan grave, que por trabajar para asegurar a los hijos, los hemos alejado. Ellos y ellas (hijos) no son malagradecidos, solamente no comprenden por qué papá y mamá los “abandonaron”. Lo que para papá y mamá era trabajo duro para comida, vestido y educación; para ellos es “abandono”.

    Estas posiciones no deben ser irreconciliables, si atendemos a tiempo el consejo de vida de la Palabra de Dios: no dejar de proveer para los nuestros, pero que esta provisión sea integral y no solo material, llenando a los hijos de regalos que ocupen el vacío de nuestra ausencia.

    Pero, ¿Se refiere este poema a una aseguranza para la vejez como he escuchado algunos sermones? Me atrevo a decir que no. Este pensamiento utilitarista no es el enfoque del salmo. Es más bien la honra que los hijos e hijas dan cuando propician no solo cuidado sino buen nombre.

    Hace poco asistí a una reunión junto a mi esposa, en la que una pareja de amigos; misioneros en África, nos invitaron. Ellos tienen dos hijos naturales o de sangre ya crecidos e independientes. Pero en su llamado misionero, adoptaron diez niños, que después de 17 años en el campo, estos diez se han quintuplicado en otros más que en el proceso adoptaron como parte del llamado de Dios. Al ver los videos documentales entendí este salmo mucho mejor. Aquellos muchachos ya grandes les llaman papá y mamá, y honran a Dios y a estos misioneros por el amor y el tiempo que ellos les han dedicado. ¡Que verdad tan poderosa este salmo, vista desde esta perspectiva!

    Los hijos e hijas, siendo niños requieren la Palabra de Dios, la disciplina, los límites y el buen ejemplo; y en eso los creyentes hemos fallado estrepitosamente. ¿Cuánto más habrán fallado los no creyentes? El resultado es la sociedad que tenemos hoy.

    Si los niños no son educados con respeto, amor y protección como vehículos disciplinares (la disciplina no son castigos indiscriminados, sino educación, corrección y límites), la adolescencia no solo será aquella que adolece de parámetros fisiológicos causados por la transición etaria (relativo a la edad) sino que adolecerá de herramientas prácticas para superar esa transición.

    Necesitamos más que nunca volver a la esencia de la voluntad de Dios para los hijos y para la familia. Y creo que la Biblia es el manual que no debemos desechar en la educación y corrección de nuestros hijos e hijas.

    Por favor, sea amoroso, comunicativo y esté lo más disponible posible para sus hijos, y lo demás será más y mejor comprendido por ellos.

  • Silencios

    “El grito se ahoga en culpable silencio; de quienes lo abandonaron camino al Gólgota, y de aquellos que lo torturaron, uniéndose también aquel que no encontró pecado en Él, y sin embargo, lo entregó lavándose las manos con el agua contaminada de la indiferencia”

    El pasaje que el etíope eunuco leía era este: “Como oveja a la muerte fue llevado; Y como cordero mudo delante del que lo trasquila, Así no abrió su boca.” Hechos 8:32 RVR1960

    El silencio de Jesús quien no abrió su boca para defenderse camino a la cruz, contrasta con el grito frenético de la multitud que decía: “Crucifícale”.

    Luego, el viernes y el sábado el grito se ahoga en culpable silencio; de quienes lo abandonaron camino al Gólgota, y aquellos que lo torturaron, uniéndose también aquel que no encontró pecado en Él, y sin embargo, lo entregó lavándose las manos con el agua contaminada de la indiferencia. Al final ¿quién es libre de tan cruel pecado?

    El silencio de Jesús fue sanidad para la humanidad. El silencio de la humanidad fue la culpa, aunque no necesariamente en arrepentimiento.

    El silencio en la tierra fue un grito de autoridad divina en las cortes celestiales, en los lugares celestes y en las profundidades del abismo. La victoria de Cristo no es una negociación es una reconquista.

    En esta semana, más que tradición; celebramos la épica victoria de Jesús El Cristo; que hemos hecho nuestra victoria por la Gracia divina.

     “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.” Isaías 53:5 RVR1960.

    Jesús fue molido en sacrificio por nuestro pecado, y fue nuestra ofrenda de paz. Por sus llagas además, fuimos curados. Esta sanidad más que ser sanos de enfermedades físicas; es la sanidad del alma, que estaba desahuciada a muerte eterna.

    Venir a Cristo con esta clase de convicción y esperanza, es la vida eterna del alma. No sigamos en el silencio perturbador de la culpa, y unámonos al grito de victoria de Cristo: ¡Sorbida es la muerte en victoria!

  • Matías: ¿Llamado o Nombrado Apóstol?

    En la asamblea de Jerusalén no sólo tuvieron un cabildo político, ellos instalaron a un hombre llamado y destinado para aquella tarea.

    Si nos preguntan los nombres de los doce apóstoles titubeamos en recordar algunos nombres. Pero no es para preocuparse, ya que solemos tratar con solo algunos de esos nombres como Pedro, Jacobo y Juan. Los demás parece que pasan desapercibidos; a pesar de que cada uno de ellos cumplió una labor en la misión de Dios.

    Hoy, sin embargo, hay un nombre más desapercibido para nosotros en la Iglesia respecto a los apóstoles, me refiero a Matías. Pero este hombre tiene mucho que enseñarnos respecto al significado del llamamiento santo. Este discípulo entró entre los doce; en sustitución de Judas Iscariote. ¿Cómo fue? A la suerte como medio de elección muy a la usanza de la época. A esto llamaría yo un llamado ordinario, con compromiso extraordinario.

    En este articulo quisiera destacar dos requisitos de esta elección:

    1. Fue un discípulo de Jesús, fiel y testigo de su resurrección. Hechos 1: 21-22

    “Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección.” Hechos 1:21-22 RVR1960

    En el libro de hechos se narran detalles de esta importante elección, y lo primero a considerar es que fuese alguno de los que entre ellos anduvieron con Jesús, siguiéndole por fe. Debemos recordar que multitudes seguían a Jesús por los caminos de Palestina, pero pocos le creyeron y se comprometieron. Y a este tipo de compromiso se refiere Pedro, cuando propone la elección.

    Los creyentes o cristianos en el mundo sumamos poco más de 2 mil millones estadísticamente. Pero ¿Dónde queda el compromiso? Eso es realmente lo que define nuestro llamamiento. El ministerio no es tarea fácil ni para almas débiles, y el llamamiento al servicio aparte de ser un privilegio es una responsabilidad que no todo creyente estará en condiciones de llevar. Esto no clasifica a los creyentes en mejores y peores; solo califica a quienes deben aceptar el desafío de Cristo: “Sígueme” …

    2. Dios validó su elección entre los hermanos (en la asamblea). Hechos 1:24-25.

    “Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido, para que tome la parte de este ministerio y apostolado, de que cayó Judas por transgresión, para irse a su propio lugar.” Hechos 1:24-25 RVR1960

    Los apóstoles tomaron el tiempo para orar y pedir dirección en aquella elección, tomando en cuenta que el lugar que debían sustituir sería el de un desertor y no querían correr el riesgo nuevamente. No obstante, la experiencia con Judas fue una clase magistral de Jesús para ellos y para nosotros hoy, aparte de ser uno de esos misterios de Dios que no comprendemos del todo. Siempre podemos correr el riesgo de personas que abandonarán la causa, e incluso nosotros mismos corremos el riesgo de abandonarla. Esta es la razón por la cual debemos orar por nuestras vidas y compromiso, y por el compromiso de aquellos que van uniéndose en el camino. Entonces, ahora entendemos del porqué de aquella reunión de oración para la elección de Matías.

    Orar es un acto de fe, donde reconocemos que Dios es real, que escucha y que actúa escuchándonos. Es un momento para comprender la grandeza de Dios.

    ¿Qué sabemos de Matías? Quizá muy poco. Sin embargo, hay referencias en anales históricos extrabíblicos que nos dan cierta información. Y es que el apóstol Matías, cuyo nombre significa regalo de Dios; ejerció su ministerio y no solo rellenó un lugar como solemos hacerlo muchas veces en el día de hoy. Una vez más el compromiso es lo que distingue el verdadero llamamiento en nuestras congregaciones.

    Matías es posible que haya servido en Macedonia o en el norte de África, propiamente Etiopía, no hay consenso en ello; pero lo que sí se sabe es que murió martirizado por su fe y compromiso. Hay versiones que indican que fue decapitado, otras que quizá crucificado y una menos posible es que haya muerto en la hoguera. Lo cierto es que pagó con su vida como premio a su llamamiento santo.

    Si hoy en día el ministerio se relaciona con nombre, fama, buena salud y mucho dinero; es solamente porque el mundo que vivimos eso es lo que nos ofrece para ser tenidos por exitosos. Aclaro que el estatus socioeconómico e intelectual no es un pecado en sí mismo; pero en el ministerio cristiano una persona que se inclina por estos indicadores de éxito deja de ser siervo para convertirse en “asalariado”. La oferta de Cristo para sus siervos sigue siendo la misma de ayer:

    “Jesús le contestó: — Las zorras tienen guaridas y los pájaros nidos, pero el Hijo del hombre ni siquiera tiene dónde recostar la cabeza.” LUCAS 9:58 BHTI.

    ¿Era pobre Jesús? No, pero su prioridad no eran las posesiones. No estaba interesado en una propiedad para Él, y podía recostar su cabeza en donde la noche se lo demandara. Esta mística la hemos leído en la biografía de algunos de los siervos suyos; como Juan el Bautista y el mismo Pablo. Pero no era un voto de pobreza, sino un voto de compromiso con lo itinerante del ministerio. Una verdad que se ha tergiversado a un extremo y otro.

    Volviendo a Matías apóstol, hemos aprendido de él que la fama no es para nada un requisito para hacer la tarea encomendada de manera exitosa. Solo requerimos fe, obediencia y compromiso. Y es ahí donde radica la clave para diferenciar entre el que es llamado y el que es nombrado. En la asamblea de Jerusalén no sólo tuvieron un cabildo político, ellos instalaron a un hombre llamado y destinado para aquella tarea.

    Matías entonces, fue llamado y no simplemente nombrado en su ministerio.

    La Iglesia, las organizaciones eclesiales, y cada creyente comprometido debemos leer más la historia de la Iglesia en sus orígenes para honrar el privilegio del ministerio.

  • Las obras en la doctrina de la gracia

    Lo que debemos comprender de la gracia, es que al ser salvos por esa cualidad exclusivamente divina, no se nos toman en cuenta las obras muertas (muertos en delitos y pecados), pero se nos abre la puerta para que caminemos en buenas obras preparadas por Dios mismo de antemano para que caminemos en ellas.

    No somos salvos por obras, pero somos salvos de las obras de muerte (contrarias a la voluntad de Dios) para renacer en hacer buenas obras (que obedecen el deseo de Dios), y este aspecto de la fe ha sido ignorado en la enseñanza de la gracia.

    Por lo tanto, lo que hacemos en Cristo tiene un impacto en nuestro presente y en nuestra eternidad. Tales obras a las que somos llamados en Cristo, no son iguales ni parecidas a las que hacíamos en nuestra vida antigua.

    Hay dos corrientes extremas en esta doctrina, aquellos que no valoran la santidad argumentando gracia incondicional que no repara en un cambio de vida, y aquellos que nunca se sienten limpios ni perdonados; devaluando la suficiencia de la gracia salvífica.

    Este análisis bíblico nos lleva a conclusiones que quisiera compartir:

    1. La salvación como acto absoluto de Dios, no nos demanda pagar un precio que no podríamos. Por lo tanto, en primera instancia la gracia divina es como bien se ha dicho por muchos reconocidos escritores; un favor otorgado de manera inmerecida.
    2. Esta gracia como vehículo de acercamiento de Dios al hombre natural muerto en su pecado, no exime al hombre del arrepentimiento y de un cambio radical de vida y de propósito. Es lo que llamamos regeneración o nuevo nacimiento. Y en esta nueva vida, hay nuevos planes y una nueva forma comportamental que es el fin y no un medio. O sea, nos empezamos a comportar diferente no para ser salvos sino porque ya hemos sido salvos, y de esta nueva vida surge el propósito principal: “adorar, glorificar y agradecer a Dios”.
    3. El pecado ha sido extirpado, no es parte de nuestra nueva naturaleza.

    Hay al menos dos enfoques cuando analizamos el tema del pecado:

    Primeramente, está el pecado por inclinación natural. Es aquel pecado que aflora de un cuerpo viciado y que no ha sido glorificado (morir en Cristo para resucitar en Él). Todos los creyentes lo sufrimos y nos sentimos vulnerables ante este instinto de la carne (naturaleza humana):

    “Así que he aprendido esta regla: aunque quiero hacer el bien, el mal está ahí conmigo. En mi interior yo estoy de acuerdo con la ley de Dios. Pero veo que, aunque mi mente la acepta, en mi cuerpo hay otra ley que lucha contra la ley de Dios. Esa otra ley es la ley que impone el pecado. Esa ley vive en mi cuerpo y me hace prisionero del pecado.” Romanos 7:2123 PDT.

    Por ejemplo, cuando usted tiene un mal pensamiento, o cuando dice algo indebido, o cuando pervierte un bien a su favor, o cuando deja de hacer lo correcto, aunque no haga lo malo en una determinada situación, etc. Todos esos ejemplos son pecados por inclinación natural, siendo subestimados estos pecados clasificados en la mente humana y carnal como pequeños. Pero no nos engañemos; ya que la Biblia es clara en determinar que todo aquello que sale del corazón tiene la capacidad de contaminar toda nuestra vida. Así que no hay pecados espiritualmente pequeños, medianos ni grandes; lo que sí es claro es que los pecados afectan de maneras diferentes cuantitativa y cualitativamente. Por ejemplo, no es lo mismo asesinar a una persona en un arranque de ira, que pasar por una propiedad privada y tomar una fruta sin permiso. Ambas acciones son incorrectas e inmorales; pero las consecuencias de ambas acciones son distintas la una de la otra.

    Luego está el pecado deliberado, que se manifiesta por una condición obstinada de ir contra los mandamientos divinos. Dentro de este grupo estarían todos aquellos que por incredulidad no se someten a Dios y sus preceptos, no obstante, la Biblia hace hincapié en los creyentes que se obstinan en vivir en pecado. El autor de hebreos lo describe como apostasía:

    “Porque si después de haber conocido la verdad continuamos pecando intencionadamente, ¿qué otro sacrificio podrá perdonar los pecados? Sólo queda la temible espera del juicio y del fuego ardiente que está presto a devorar a los rebeldes”. Hebreos 10:26-27 (BHTI).

    En este contexto de hebreos, se hace eco con la postura de Juan en su primera epístola: “Hijos míos, estamos en la última hora, la hora del anticristo, según ya oyeron. Efectivamente, esta debe ser la hora final, porque son muchos los anticristos que están en acción. Han salido de entre nosotros, aunque no eran de los nuestros. De haber sido de los nuestros, se habrían mantenido con nosotros. Pero así queda claro que no todos son de los nuestros”.1 Juan 2: 18-19 (BHTI).

    También, se deja oír esta postura en Pablo a los Tesalonicenses (2 Tes. 2:3). Y no olvidemos al padre de la iglesia neotestamentaria, el apóstol Pedro según 2 Pedro capitulo 2.

    Vamos concluyendo, que el pecado no debe enseñorearse de un verdadero creyente, y Juan en su primera carta nos dice que debemos ser conscientes que no debemos pecar, “pero” si pecamos debemos confesar el pecado y recibir el perdón de Dios quien será amplio en perdonar y limpiarnos.

    La gracia sigue siendo un favor divino que nada tiene que ver con la conducta humana, pero mucho con la misericordia de Dios. Por gracia somos salvos, y esto no de nosotros, pues es don de Dios.

    La conducta es un patrón marcado de nuestras costumbres, mientras que el comportamiento son reacciones a estímulos. Es por eso que, podemos comportarnos a veces fuera de la norma Bíblica y pecar, pero sin que eso llegue a ser una conducta o patrón de vida. Lo cual sería normal. Así que Cristo viene a transformar por el Espíritu y la Palabra; nuestra conducta.

    Sin esa evidencia de conducta alineada a la Biblia, muy posiblemente la luz de Cristo no ha llegado a tu vida.