• Las obras en la doctrina de la gracia

    Lo que debemos comprender de la gracia, es que al ser salvos por esa cualidad exclusivamente divina, no se nos toman en cuenta las obras muertas (muertos en delitos y pecados), pero se nos abre la puerta para que caminemos en buenas obras preparadas por Dios mismo de antemano para que caminemos en ellas.

    No somos salvos por obras, pero somos salvos de las obras de muerte (contrarias a la voluntad de Dios) para renacer en hacer buenas obras (que obedecen el deseo de Dios), y este aspecto de la fe ha sido ignorado en la enseñanza de la gracia.

    Por lo tanto, lo que hacemos en Cristo tiene un impacto en nuestro presente y en nuestra eternidad. Tales obras a las que somos llamados en Cristo, no son iguales ni parecidas a las que hacíamos en nuestra vida antigua.

    Hay dos corrientes extremas en esta doctrina, aquellos que no valoran la santidad argumentando gracia incondicional que no repara en un cambio de vida, y aquellos que nunca se sienten limpios ni perdonados; devaluando la suficiencia de la gracia salvífica.

    Este análisis bíblico nos lleva a conclusiones que quisiera compartir:

    1. La salvación como acto absoluto de Dios, no nos demanda pagar un precio que no podríamos. Por lo tanto, en primera instancia la gracia divina es como bien se ha dicho por muchos reconocidos escritores; un favor otorgado de manera inmerecida.
    2. Esta gracia como vehículo de acercamiento de Dios al hombre natural muerto en su pecado, no exime al hombre del arrepentimiento y de un cambio radical de vida y de propósito. Es lo que llamamos regeneración o nuevo nacimiento. Y en esta nueva vida, hay nuevos planes y una nueva forma comportamental que es el fin y no un medio. O sea, nos empezamos a comportar diferente no para ser salvos sino porque ya hemos sido salvos, y de esta nueva vida surge el propósito principal: “adorar, glorificar y agradecer a Dios”.
    3. El pecado ha sido extirpado, no es parte de nuestra nueva naturaleza.

    Hay al menos dos enfoques cuando analizamos el tema del pecado:

    Primeramente, está el pecado por inclinación natural. Es aquel pecado que aflora de un cuerpo viciado y que no ha sido glorificado (morir en Cristo para resucitar en Él). Todos los creyentes lo sufrimos y nos sentimos vulnerables ante este instinto de la carne (naturaleza humana):

    “Así que he aprendido esta regla: aunque quiero hacer el bien, el mal está ahí conmigo. En mi interior yo estoy de acuerdo con la ley de Dios. Pero veo que, aunque mi mente la acepta, en mi cuerpo hay otra ley que lucha contra la ley de Dios. Esa otra ley es la ley que impone el pecado. Esa ley vive en mi cuerpo y me hace prisionero del pecado.” Romanos 7:2123 PDT.

    Por ejemplo, cuando usted tiene un mal pensamiento, o cuando dice algo indebido, o cuando pervierte un bien a su favor, o cuando deja de hacer lo correcto, aunque no haga lo malo en una determinada situación, etc. Todos esos ejemplos son pecados por inclinación natural, siendo subestimados estos pecados clasificados en la mente humana y carnal como pequeños. Pero no nos engañemos; ya que la Biblia es clara en determinar que todo aquello que sale del corazón tiene la capacidad de contaminar toda nuestra vida. Así que no hay pecados espiritualmente pequeños, medianos ni grandes; lo que sí es claro es que los pecados afectan de maneras diferentes cuantitativa y cualitativamente. Por ejemplo, no es lo mismo asesinar a una persona en un arranque de ira, que pasar por una propiedad privada y tomar una fruta sin permiso. Ambas acciones son incorrectas e inmorales; pero las consecuencias de ambas acciones son distintas la una de la otra.

    Luego está el pecado deliberado, que se manifiesta por una condición obstinada de ir contra los mandamientos divinos. Dentro de este grupo estarían todos aquellos que por incredulidad no se someten a Dios y sus preceptos, no obstante, la Biblia hace hincapié en los creyentes que se obstinan en vivir en pecado. El autor de hebreos lo describe como apostasía:

    “Porque si después de haber conocido la verdad continuamos pecando intencionadamente, ¿qué otro sacrificio podrá perdonar los pecados? Sólo queda la temible espera del juicio y del fuego ardiente que está presto a devorar a los rebeldes”. Hebreos 10:26-27 (BHTI).

    En este contexto de hebreos, se hace eco con la postura de Juan en su primera epístola: “Hijos míos, estamos en la última hora, la hora del anticristo, según ya oyeron. Efectivamente, esta debe ser la hora final, porque son muchos los anticristos que están en acción. Han salido de entre nosotros, aunque no eran de los nuestros. De haber sido de los nuestros, se habrían mantenido con nosotros. Pero así queda claro que no todos son de los nuestros”.1 Juan 2: 18-19 (BHTI).

    También, se deja oír esta postura en Pablo a los Tesalonicenses (2 Tes. 2:3). Y no olvidemos al padre de la iglesia neotestamentaria, el apóstol Pedro según 2 Pedro capitulo 2.

    Vamos concluyendo, que el pecado no debe enseñorearse de un verdadero creyente, y Juan en su primera carta nos dice que debemos ser conscientes que no debemos pecar, “pero” si pecamos debemos confesar el pecado y recibir el perdón de Dios quien será amplio en perdonar y limpiarnos.

    La gracia sigue siendo un favor divino que nada tiene que ver con la conducta humana, pero mucho con la misericordia de Dios. Por gracia somos salvos, y esto no de nosotros, pues es don de Dios.

    La conducta es un patrón marcado de nuestras costumbres, mientras que el comportamiento son reacciones a estímulos. Es por eso que, podemos comportarnos a veces fuera de la norma Bíblica y pecar, pero sin que eso llegue a ser una conducta o patrón de vida. Lo cual sería normal. Así que Cristo viene a transformar por el Espíritu y la Palabra; nuestra conducta.

    Sin esa evidencia de conducta alineada a la Biblia, muy posiblemente la luz de Cristo no ha llegado a tu vida.

  • Domingo de Resurrección




    Resuenan las palabras de los ángeles: “…no está aquí, ha resucitado”.

    La Biblia

    La mayoría tiene en la retina, la histriónica imagen de las producciones hollywoodenses de Jesús entrando a Jerusalén montado en un burro (pollino de asna).

    Así lo registran los evangelistas Mateo, Marcos y Lucas; plasmando aquel momento histórico en que Jesús desafió al sistema imperial romano que aplicaba muerte al que se atreviera a contradecir sus contenidos sociopolíticos, desafió al sistema religioso de su propio pueblo judío, y desafió a los pueblos gentiles supersticiosos con una idea revolucionaria acerca de la vida encontrada en la muerte. Su propia muerte.

    Entonces la historia continúa el siguiente domingo en la absoluta incertidumbre de sus pocos adeptos, la desolación de un fin de semana violento en el Gólgota y el milagro de una tumba vacía. Hablamos del domingo de resurrección, pasada la “Pesaj” judía o la pascua, y la noticia es que el cordero pascual a diferencia de los corderitos sacrificados; ha resucitado y su cuerpo no aparece. Resuenan las palabras de los ángeles: “…no está aquí, ha resucitado”.

    “No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor”. Mateo 28:6 (RV60).

    El sentido del domingo de resurrección está sustentado en aquella evidencia de una tumba vacía porque la muerte no le pudo retener.

    La primera entrada a Jerusalén un domingo, nos dejó una imagen desafiante a todos los sistemas humanos, y el domingo siguiente; el de la resurrección, fue una acción contundente y aplastante al imperio de la muerte y a los poderes en las regiones celestes (satanás y sus demonios).

    Para los que creen, esto ha sido una victoria inapelable contra nuestra imposibilidad de ser salvos. Porque cuando estábamos muertos en delitos y pecados, Cristo murió por nosotros:

    “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados…”. Efesios 2:1 (RV60).

    Mirada desde cualquier ángulo, la historia de la cruz y la resurrección, es incomprensible a la razón humana. Por eso es un asunto de fe.

    Siendo así, somos los más privilegiados al contar con esta fe salvadora, aún cuando no la comprendamos por completo.

    Jesús pasó de la aclamación al vituperio de miles de personas en pocas horas. Porque el Salvador del mundo no podía salvarnos mediante la diplomacia, la política o el voto de confianza de los pecadores. Su obra trascendía y sigue trascendiendo al humano.

  • Este Evangelio del Reino

    El Evangelio ha resultado tan sublime, que no lo pudimos comprender. Aún a quienes nos ha sido revelado se nos nubla en sentido muchas veces respecto a este Evangelio: “arrepentíos porque el Reino de los Cielos se ha acercado”.

    Esta frase la introdujo primeramente Juan el que bautizaba en el río Jordán, y luego Jesús; de quien Juan hablaba.

    “En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.” Mateo 3:1-2 RVR1960.

    “Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.” Mateo 4:17 RVR1960

    Era un llamado simple pero incomprensible para quienes se sentían cómodos con su vida lejana. Y esta es la otra clave del mensaje, notar que estaban lejos de Dios. Una condición lleva a la otra. Vivir sin pensar lo lejos que estamos de Dios nos lleva a errar al blanco respecto a nuestra vida y a nuestra dirección de vida. De ahí que el mensaje contenga claves como: “arrepentíos” y “se ha acercado”.

    Primeramente, un llamado al arrepentimiento era innecesario para los judíos, ellos tenían su propia justicia que según ellos los acercaba a Dios. Sabían que no eran infalibles; pero se creían ya justificados ante Dios de toda maldad. Mucho cuidado con la justicia propia, porque nos arrebata la posibilidad de obtener gracia y misericordia; elementos clave para ser perdonados y aceptos por Dios. Quien pide justicia recibirá justicia de Dios y esa justicia es implacable. Pero quien pide perdón accede a la misericordia divina.

    Luego, el mensaje al arrepentimiento era una oportunidad para los no judíos (gentiles) quienes ya contaban con muchas ofertas en la época de Juan el Bautista y Jesús. Eran muchas las filosofías que dictaban formas para luchar contra la culpa. No obstante, aquellas ofertas equivocadas; nace en esta intrincada historia la Iglesia; que sería y es pregonera del Evangelio.

    Finalmente, si el Reino de los Cielos se ha acercado, no tendríamos por qué estar lejos de Dios. Hay al menos dos implicaciones que quiero destacar de esta segunda frase del texto: una es que la humanidad estaba lejos en sentido espiritual. No olvidamos que Dios nos hizo botar en Adán y Eva; del huerto de Edén (Gén. 3). La otra es que Dios toma la iniciativa de acercarse a la humanidad; porque solo Él podía hacerlo, y esto es en teología una base inexpugnable de definición salvífica. La salvación es una iniciativa y obra de Dios.

    El contenido del Evangelio comprimido es: “que nosotros nos arrepintamos de este alejamiento de Dios, que fue imputado desde Adán y Eva a nuestras generaciones, y nos encontremos en este acercamiento de Dios, con la absolución en Cristo de tal imputación del pecado Adámico.

    Por cierto, así como se nos imputó el pecado de rebelión y desobediencia Edénico, en Cristo se nos imputa inocencia. Y si Dios puede perdonarnos y justificarnos del pecado original, ¿Cómo no podrá perdonar nuestros pecados hoy si nos arrepentimos?

    El contenido central del mensaje debe ser la oportunidad de ser absueltos, no la posibilidad de ser condenados. Y si el enfoque es la absolución, ello implica que ya todos de previo habíamos sido condenados.

    Entonces, ¿Por qué la mayoría de las veces el mensaje es: arrepiéntanse para que no sea condenado? Son pequeños detalles de semántica que pueden enviar un mensaje confuso no solo acerca del mensaje, sino del centro del mensaje mismo, que es Cristo. Porque Cristo vino al mundo para salvar a un mundo ya condenado:

    “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.” Juan 3:17 RVR1960

    El mundo ya condenado, cuenta ahora con el único Salvador posible: Cristo Jesús.

  • Afinados o aguzados cara a cara

    “El hierro se aguza con hierro; la persona, en contacto con su prójimo.”PROVERBIOS 27:17 BHTI

    El ser humano cual metal, debe limar o aguzar sus asperezas.

    Las relaciones de pareja, las relaciones familiares, las amistades y los hermanos y hermanas de la fe; requerimos ser mejores personas y solo a través de ese contacto con aleaciones humanas diferentes; lograremos integrar valor a nuestra vida. Sí, el hierro afila hierro, pero se requiere que las aleaciones de cada pieza sean diferente una de la otra para tal resultado.

    En este proverbio, dependiendo de la versión a veces da la idea del consejo señalando a la otra persona, y en otros casos señala al hablante. No obstante, lo central de esta proverbial frase es: la ganancia de las partes en una relación honesta, que confronta a dos o más personas. Es una convivencia constante, en la que tenemos la ocasión de crecer como seres humanos. Y al final todo se resume en personalidades e inteligencia en el manejo de nuestras emociones, y por ende de nuestras relaciones.

    Siguiendo la metáfora, si un hierro como el cuchillo no se afila con otro fierro como la lima, su capacidad de hacer un corte está muy limitada y su función es deficiente. ¿Alguna vez ha experimentado cortes con cuchillos sin filo? Hay que poner mucha fuerza, y para cortes perfectos no son útiles.

    Las relaciones desafiladas tienden a ser cansadas, dolorosas y con cero inteligencia emocional.

    Por cierto, en una era en que se  habla de inteligencias diversas, debemos enfatizar en este consejo; la inteligencia emocional. Aunque cuando el proverbista escribe no se usaba el concepto; desde siempre la inteligencia emocional ha existido, y es que no es más que el manejo adecuado de lo que sentimos y el cuidado de cómo lo expresamos. La fórmula que yo daría es: identificar, analizar, gestionar y cerrar; los ciclos de las emociones y sentimientos.

    Pero también se habla de inteligencia artificial en los aparatos electrónicos con autonomía. Los smartphone, las pantallas smart, los smart tv, etc.

    No obstante, entre más trasladamos la inteligencia a los aparatos, más pareciera que la perdemos nosotros. Esto me recuerda aquel aforismo bíblico: ““Profesando ser sabios, se hicieron necios,” Romanos 1:22 (RVR1960)

    Esta sabiduría humana carente del consejo de Dios; ha llegado a afectar nuestras relaciones, y en ello hemos perdido contacto social y eso nos volvió necios. Es por eso que en lo personal insisto mucho en las relaciones interpersonales y además, que sean relaciones sanas. Y en el contexto de la vida cristiana, es indudable e irrefutable la necesidad de congregarnos y aguzarnos los unos a los otros.

    A menudo, la queja principal de creyentes con poco compromiso; es que prefieren no congregarse por razones de paz emocional, aducen con esto lo que es bien sabido por todos: la convivencia entre humanos es más compleja de lo que solemos pensar.

    Este texto nos habla de aguzar personas, y esto significa que nuestras relaciones deben contribuir a nuestra personalidad, y a la personalidad de los otros. Y es que estamos urgidos de trabajar nuestra personalidad (temperamento más carácter). Contribuyendo de esta forma con aquellos a quienes tenemos cerca. Sin olvidar que mientras aguzamos, somos aguzados o refinados.

    La pregunta es: ¿Por qué padecemos tanta fobia a las relaciones y la convivencia? Las respuestas pueden ser variadas. Pero sin duda es una enfermedad multifactorial de nuestra época. La Biblia nos manda a adquirir sabiduría del cielo, y este texto es sabiduría del cielo para la vida y para nuestras relaciones interpersonales.

    ¿Que harás con esta información? Eso ha de marcar tu índice de inteligencia emocional y social. Sobre todo en las congregaciones, es menester trabajar más nuestras relaciones, porque en el entorno de la Iglesia; las relaciones no son egocéntricas sino bibliocéntricas.