«Cuando Juan exhorta a los hermanos a “no creer a todo espíritu, no se refiere a espíritus inmundos; sino al pensamiento o intención humana«
Me sorprende el nivel de superstición que seguimos viviendo entre los creyentes. Debemos reconocer que en la Edad Media el mayor problema que enfrentó la humanidad fue la superstición que anulaba la razón. Luego vinieron esos movimientos humanistas emancipadores (acciones liberadoras) de la religión, que buscaban volver a la sociedad a la razón. Hemos criticado estos movimientos porque no nacieron de Dios sino en contra de Dios mismo; como si Dios fuera responsable de estos fenómenos. No obstante, debemos concederles a estos movimientos sociales, un sentido razonable, ya que Dios no nos llama a esclavitud, sino a la libertad. La superstición es una cárcel.
Pero regresando al tema, ¿Por qué expreso esta idea de la solapada superstición dentro de la Iglesia? Primeramente, porque es normal que tengamos por herencia ancestral y componentes psíquicos; esta clase de comportamiento supersticioso. Pero es justo decir también, que la exposición a la luz de la Palabra de Dios debería contribuir a que seamos cada vez menos supersticiosos, y más responsables con las cosas que suceden a nuestro alrededor.
Una de las razones que encuentro para esta disposición fenomenológica o supersticiosa del ser, siendo creyente; es una errada lectura de la Biblia respecto a los espíritus. Pero la más temida razón que encuentro es la negación de nuestra responsabilidad moral y racional en todo acto que arroje consecuencias sobre nosotros, la familia y la Iglesia.
Hace poco conocí a unas personas que culpaban a una “sacerdotisa” de satanás (no sé a ciencia cierta el método para tal identificación) por los problemas de pecado en la congregación, donde al menos dos pastores y un líder fue aparentemente sorprendido en faltas morales que dañaron la credibilidad de los feligreses. Para estos hermanos que me compartían esta experiencia, no solo era la acción misma de una actividad demoniaca directa contra la congregación; sino también en el templo empezaron las apariciones (fantasmales y espectros) debido a la misma influencia. Esta cosmovisión espiritista, ha hecho que los líderes no sean tenidos como responsables morales, sino como vidas manipuladas por satanás.
Debo indicarles a mis lectores, que el tema aquí no es creer o dejar de creer en un mundo espiritual real que la Biblia, y no la experiencia; me dictan existente. El tema trata entonces, de la falta de profundidad Bíblica para asumir la responsabilidad moral y espiritual que como a hijos de Dios se nos imputa. A la vez, la capacidad en el Espíritu de “discernir” los espíritus. Pero déjenme explicar este concepto a la luz de la Biblia:
“Amados, no crean a todo espíritu, sino prueben si los espíritus son de Dios. Porque muchos falsos profetas han salido al mundo”. 1 Juan 4:1 (RVA).
Evidentemente, la palabra griega para espíritu es la misma, algo así como el aliento o viento que se respira, en sentido de “estar vivo”. En clara alusión a vida, sentido, pensamiento e intención. No obstante, el contexto y las palabras que acompañen la expresión; por ejemplo, “espíritu inmundo”, definen de qué clase de espíritu se está hablando. Así que debemos leer con atención del contexto.
Cuando Juan exhorta a los hermanos a “no creer a todo espíritu, no se refiere a espíritus inmundos; sino al pensamiento o intención humana. El consejo del apóstol es probar los espíritus, o sea, someter esas intenciones visibles en las actitudes humanas a un filtro predeterminado en la Palabra de Dios. Una vez más, el asunto se aclarará a la luz de las Sagradas Escrituras. El creyente maduro y el líder en la Iglesia, se reconoce porque toma en serio la Palabra de Dios y la usa para pesar los espíritus. ¿Por qué? Porque hay muchos maestros o líderes falsos que están entre nosotros. Juan les indica el punto crucial para probar la intención del que se llama creyente: debe ser Cristocéntrico.
En esto conozcan el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne procede de Dios, y todo espíritu que no confiesa a Jesús no procede de Dios. Este es el espíritu del anticristo, del cual han oído que había de venir y que ahora ya está en el mundo. 1 Juan 4:2-3 (RVA).
Pareciera que en este punto hasta los falsos profetas están de acuerdo con nosotros los cristianos, sería difícil solo por medio de esta evidencia reconocer un espíritu (humano) malo. Pero si terminamos de leer el capítulo 4 de 1 de Juan; nos empezamos a encontrar con el agujero negro del cristianismo: la correcta práctica del amor.
Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios. Y todo aquel que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. 1 Juan 4:7 (RVA).
El que ama ha nacido de Dios. Así que no es cualquier clase de amor, ya que muchos aman de manera emocional y lo hacen profundamente y con evidencias, pero si no aman a la manera de la instrucción Bíblica, no han conocido a Dios, y dicho en otra dirección, quien no ha nacido de Dios, no puede amar así.
La manera más sencilla e inequívoca de reconocer un espíritu anticristiano en una persona que se hace llamar hermano o hermana es por medio del amor que pregona y da. Aquí en este punto debemos ser cuidadosamente objetivos, porque estamos tentados a confundir las carencias en la personalidad de nuestros congéneres como una falta de amor. Pero debemos reconocer que también nuestra personalidad o forma de ser a veces es teñida de desamor. Entonces, es más profundo que solo ver un mal gesto, o una actitud indiferente en alguien; tiene que ver con la capacidad de menospreciar y hacer daño deliberadamente a los hermanos. Un pseudo líder que usa artimañas y mentiras para destruirte, solo porque no le caes bien, es un anticristo según Juan. Puede que alguien te haga daño o que tu le causes daño indirecto a alguien, pero eso no es un indicador de desamor, es solo indicador de que te falta o nos falta ser moldeados un poco más. Pero Juan insiste en la evidencia del amor al prójimo como meta de madurez cristiana:
“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo en expiación por nuestros pecados. Amados, ya que Dios nos amó así, también nosotros debemos amarnos unos a otros”. 1 Juan 4:10-11 (RVA).
La conclusión de Juan es que, si Dios nos amó así, entonces así debemos amarnos unos a otros.
Si bien es verdad que los espíritus inmundos existen, es verdad que existen bajo el gobierno soberano de Dios y no pueden hacer lo que les place, mucho menos cuando se trata de la Iglesia. Si analizáramos caso por caso los problemas en las congregaciones; nos daríamos cuenta de que son causados por debilidades del carácter humano, desobediencia, orgullo, poder, y falta de integridad. Y casi en ningún caso, excepto que Dios de permisos especiales, satanás tocaría de manera directa a la Iglesia.
No debemos olvidar que Dios es el primero en pesar los espíritus humanos, veamos el versículo en dos versiones:
“Todo camino del hombre es limpio en su propia opinión, pero el SEÑOR es el que examina los espíritus”. Proverbios 16:2 (RVA).
“Al hombre le parece bueno todo lo que hace, pero el Señor es quien juzga las intenciones”. Proverbios 16:2 (DHH).
Entonces, parte del trabajo del creyente es juzgar las intenciones, pero a la luz de la Biblia y no a la luz de la subjetividad o, dicho de otro modo, por sospechas carnales. Luego, el creyente maduro bíblicamente no debe culpar a satanás por sus debilidades de carácter y pecados. Ya Santiago decía que el hombre da a luz el pecado, de su propia concupiscencia. Es decir, de sus maquinaciones carnales.
Debemos orar y consagrarnos al Señor en espíritu, alma y cuerpo.


