• Dios, ordena mi caos!

    En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Génesis 1:1-2 (RV60)

    El libro de los orígenes como su nombre lo explica, es la génesis de algo nuevo. En sus dos primeros versículos hay posiblemente más historia, de la que contienen las páginas siguientes de la Biblia; y si tomamos en cuenta que desde Génesis hasta Apocalipsis se calculan 4.228 años (https://www.biblia.work/) entonces esos dos versículos contienen grandes eventos de los cuales el hombre no fue testigo.

    El versículo uno de Génesis (Gén. 1:1) lo que nos explica es que Dios creó la totalidad (los cielos y la tierra). Pero en el versículo dos (Gén.1:2) describe la tierra en su estado cataclísmico.

    Hay algunas posturas y conjeturas respecto a los eventos relacionados entre estos dos versículos. No podemos asegurar nada de lo que pasó en esos lapsos. Pero lo que sí podemos es comprender de manera deductiva y práctica; la relación de Dios con el caos y el trato de Dios al caos.

    Indudablemente al leer el relato de la creación; nos damos cuenta de que Dios no se relaciona armoniosamente con el caos. Dice que su Espíritu se movía sobre la faz o la expansión de las masas estériles de agua entre oscuridad. Esta idea de la tierra “desordenada y vacía”, son la expresión hebrea: “Tohu y Bohu”. Estas palabras cuando aparecen juntas significan algo desierto y vacío, y más que desorden, es esterilidad y vanidad. ¿Será por esa misma razón que a Juan en especial se le revela que la identidad más distintiva de Dios es ser luz?

    A partir de génesis 1: 2 – 31, encontramos el trato de Dios al caos, es radical y quirúrgico. Dios restaura la tierra, ordenándola, dándole propósito y haciéndola fructífera. El resultado de su trabajo es la gloria misma de sus pensamientos, de sus ideas y de sus acciones. Y esto queda plasmado en el versículo 31 de este capítulo primero:

    Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto. Génesis 1:31 (RV60).

    Ahora, quisiera que me permitan darle a esta profunda verdad cosmológica, un giro alegórico (una aplicación por comparación). Si observamos a Dios en este capítulo uno de Génesis; podemos concluir que después de Génesis capítulo tres cuando la tierra y todo lo creado vuelve a caer en el caos, entonces Dios responderá una vez más en desacuerdo con ese caos y a la vez, responderá de manera radical y quirúrgica nuevamente.

    Por eso la Biblia dice que un día todo lo creado será destruido por fuego; siendo el fuego un elemento purificador por excelencia:

    Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! 2 Pedro 3:10-12 (RV60).

    Respecto al ser humano, Dios ha dispuesto también, actuar radicalmente para eliminar el pecado y la maldad. Lo hizo en tiempos pasados con Sodoma y Gomorra, lo hizo con la generación de Noé en el diluvio, y también con los juicios sobre Babel. Lo hará en el fin de los tiempos cuando someta a cada persona a su juicio, ya sea para recompensa en los salvos; o para condenación en los perdidos.

    Pero la noticia más importante en este aspecto es que los seres humanos tenemos la oportunidad de recibir un corazón nuevo por medio de la regeneración (lo que llamamos el nuevo nacimiento). Esta regeneración es solo a través de Cristo, ya que es Cristo quien pagó el precio de nuestra nueva naturaleza.

    Es necesario que comprendamos, que no solo hay caos cosmológico y ecológico; sino que también había  caos en nuestras vidas, que a veces persiste. Al igual que la esterilidad caótica del cosmos en el principio; el ser humano es estéril, seco y vacío sin Dios:

    “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,” Efesios 2:1 (RVR1960).

    Es necesario que Dios ponga orden en nuestro caos, y nos provea de propósito; para que lleguemos a ser personas fructíferas y ya no más vacíos y estériles.

    “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.” Efesios 2:4-7 (RVR1960).

    Dios sigue ordenando nuestras vidas, y no debemos retroceder. Traigamos a Dios aquello que desordena nuestro mundo emocional y moral (Filp. 1:6).

  • Dios quiere que conozcamos Su sabiduría

    Este es un articulo exacto y publicado por Coalicionporelevangelio.org. Basado en el libro Haz algo: Descubre la voluntad de Dios(Poiema Publicaciones, 2020), por Kevin DeYoung.

    El Editor

    Lo que los creyentes necesitamos para vivir una vida piadosa es sabiduría. Dios no nos dice el futuro, ni espera que lo adivinemos. Cuando no sabemos hacia dónde ir y tenemos que enfrentar decisiones difíciles en la vida, Dios no espera que andemos a tientas en la oscuridad tratando de encontrar Su voluntad en Su dirección. Él espera que confiemos en Él y seamos sabios.

    Dios quiere que conozcamos Su sabiduría

    La Palabra de Dios es viva y eficaz. Cuando leemos la Biblia, escuchamos a Dios con una seguridad que no encontramos en ningún otro libro y en ninguna otra voz. Podemos leer las Escrituras sabiendo que esto es lo que dice el Espíritu Santo. Y a medida que las leemos, las releemos, las meditamos y las digerimos, llegaremos a tener «la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús» (2 Ti 3:15).

    Pero la Biblia no es un libro de casos. No nos da información explícita sobre el noviazgo o las carreras, o sobre cuándo empezar una iglesia o comprar una casa. Todos hemos deseado que la Biblia fuera ese tipo de libro, pero no lo es, porque Dios está más interesado en algo más que el hecho de que podamos cumplir con Su listado de tareas: Él quiere nuestra transformación.

    Dios quiere que lo conozcamos íntimamente

    Dios no solo quiere que obedezcamos Sus mandamientos de manera externa. Él quiere que lo conozcamos tan íntimamente que Sus pensamientos se conviertan en nuestros pensamientos, Sus caminos en nuestros caminos, Sus deseos en nuestros deseos. Dios quiere que bebamos tan profundamente de las Escrituras que nuestras mentes y corazones sean transformados para que podamos amar lo que Él ama y odiar lo que Él odia. Romanos 12:1-2es el texto clásico sobre este tipo de transformación espiritual:

    Por tanto, hermanos, les ruego por las misericordias de Dios que presenten sus cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es el culto racional de ustedes. Y no se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno y aceptable y perfecto.

    Aquí hay tres mandamientos: (1) Ofrecer nuestros cuerpos como sacrificios vivos, (2) no amoldarnos al mundo actual, (3) ser transformados mediante la renovación de nuestras mentes. Si hacemos estas tres cosas, podremos discernir cuál es la voluntad de Dios. Así funciona la vida cristiana. No hay atajos. Dios quiere que nos ofrezcamos a Él por completo, que nos apartemos de los caminos del mundo y así seamos transformados. Solo entonces tendremos algo mejor que revelaciones especiales sobre el futuro. Tendremos sabiduría.

    Dios quiere que desarrollemos un gusto por la piedad

    Mi esposa, Trisha, no aprecia mi —¿cómo decirlo?— paladar sensible. La verdad: soy difícil para comer. Hay demasiadas comidas que no me gustan, y puedo detectar muy fácilmente cuando hay algún ingrediente nuevo en una receta que ya es familiar. Así debiéramos ser con la Palabra de Dios. Debemos ingerirla y digerirla con tanta regularidad que lleguemos a desarrollar un gusto por la piedad. Eso es sabiduría.

    La sabiduría es la diferencia entre conocer a un biólogo de clase mundial que pueda escribir tus ensayos por ti y aprender de un biólogo de clase mundial para poder escribir ensayos como él.

    Muchos de nosotros queremos que Dios sea un académico de clase mundial que escriba nuestros ensayos y viva nuestras vidas, pero Dios quiere que nos sentemos a Sus pies y leamos Su Palabra para poder vivir una vida que refleje a Su Hijo. Dios no quiere revelarnos el futuro por una sencilla pero profunda razón: nos convertimos en aquello que contemplamos. Dios quiere que le contemplemos en Su gloria para ser transformados a Su semejanza (2 Co 3:18). Si Dios nos resolviera todo, no tendríamos que confiar en Él ni aprender a deleitarnos en Su gloria. Dios dice: «No te voy a dar una bola de cristal. Te voy a dar mi Palabra. Medita en ella; contémplame en ella; sé como yo».

    Busca la sabiduría de Dios en comunidad

    Los sabios leen y memorizan la Escritura. Les encanta escuchar a otros leerla, predicarla y cantarla. Pero los sabios también saben que necesitan leer la Biblia en comunidad. Necesitamos escuchar lo que dicen los demás cristianos que leen sus Biblias. Si queremos tomar decisiones sabias, debemos buscar el consejo de los demás. Esto es particularmente importante al tomar decisiones amorales o decisiones sobre asuntos que no se tratan claramente en las Escrituras. Esto no quiere decir que tenemos que hacer lo que crea la mayoría, ni que las decisiones que tomemos tienen que agradarle a todo el mundo, ni que debemos consultar a todo cristiano que tengamos cerca. Pero cuando la Palabra de Dios no habla decisivamente, o cuando el tema que tienes por delante ni siquiera es mencionado en la Escritura, es sabio escuchar a otros cristianos.

    Considera estas palabras de Proverbios:

    El sabio oirá y crecerá en conocimiento,
    Y el inteligente adquirirá habilidad (1:5).

    El camino del necio es recto a sus propios ojos, Pero el que escucha consejos es sabio (12:15).

    Sin consulta, los planes se frustran,
    Pero con muchos consejeros, triunfan (15:22).

    Escucha el consejo y acepta la corrección,
    Para que seas sabio el resto de tus días (19:20).

    Una de las virtudes que más aprecio en los demás, y una que espero reflejar, es el ser enseñable. ¿Estás dispuesto a cambiar tu parecer cuando el argumento de otro tiene más peso que el tuyo? ¿Estás dispuesto a escuchar un buen consejo de otros labios que no sean los tuyos, y que tal vez contradiga tus ideas preconcebidas? ¿Estás dispuesto a decir: «Eso no se me había ocurrido» o «Puedo ver tu punto»? Si nadie te ha escuchado cambiar de opinión acerca de algo, o eres un dios o te crees que lo eres. Puedo decir sin temor a equivocarme que tomo mejores decisiones cuando las consulto con mi esposa. Tomo mejores decisiones cuando lo hago junto con los demás pastores de mi iglesia. Soy más sabio cuando escucho primero a mis amigos.

    Por supuesto, muchas veces tienes que decidir las cosas por ti mismo. En ocasiones tendrás que ir contra la corriente porque sabes que es lo correcto. Pero para la mayoría de nuestras decisiones, haría mucho bien el simplemente preguntar a otro: «¿Qué piensas?». Nos la pasamos preguntándole a Dios: «¿Cuál es tu voluntad?», cuando Él probablemente está pensando: «Pues, consíguete un amigo. Ve y habla con alguien. Por algo redimí a tantas personas: cometen menos errores cuando hablan entre ustedes. Pide consejo».

    Artículo completo: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/dios-quiere-conozcamos-sabiduria-vida-piadosa/

    Kevin DeYoung (MDiv, Seminario Teológico Gordon-Conwell) es pastor principal de la Iglesia Christ Covenant en Matthews, Carolina del Norte, presidente de la junta de The Gospel Coalition, profesor asistente de teología sistemática en el Seminario Teológico Reformado(Charlotte) y candidato a doctorado en la Universidad de Leicester. Es autor de numerosos libros, incluyendo Just Do Something. Kevin y su esposa, Trisha, tienen siete hijos.

  • Dios intenta matar a Moisés

    “En su camino a Egipto, Moisés se detuvo en un sitio para pasar la noche. El SEÑOR se encontró con Moisés en ese lugar e intentó matarlo.” Éxodo 4:24 (PDT).

    El anterior es sin duda un texto de difícil comprensión, y de sentido oscuro en cuanto a su interpretación. De hecho, de las varias explicaciones que hay; ninguna llenaría por completo la expectativa de casi nadie.

    En este artículo pretendo dar mi punto de vista, pero sobretodo encontrar aplicación práctica para nuestro caminar cristiano.

    Para ponernos en perspectiva; la postura más popular es que en este hecho, Dios demanda a Moisés el cumplimiento ritual de la circuncisión, y evidentemente su hijo no estaba circuncidado. Incluso algunos también argumentan que Moisés mismo no estaba circuncidado; pero es bastante improbable siendo que a Moisés lo crío su propia madre para la hija de Faraón.

    Por esas razones; esta postura es algo débil; porque posiblemente el incumplimiento de una ley ceremonial debía tener en primer lugar una advertencia  de parte de Dios, y en segundo lugar;  una consecuencia a una falta grave como esta, caería en la persona directamente transgresora; en este caso el no circuncidado (el niño). Recordar en este aspecto que, los que no se circuncidaban quedaban fuera del pueblo de Dios. En este relato, el ataque no es en contra del incircunciso, sino de Moisés.

    Así que, en mi análisis lo que veo a priori es la significación (imagen retórica) de la  forma en que Dios modela  lo que pasará con los primogénitos de Egipto y de aquellos de Israel que no estuvieran  bajo la protección del pacto de sangre – la  circuncisión desde Abraham, fue un pacto de Dios con los patriarcas y sus descendientes los israelitas – por lo tanto, todo Israel estaba bajo pacto.

    Si hacemos una tarea responsable, debemos empezar por respetar el contexto; o sea, lo que tratan los versos anteriores y posteriores al versículo 24 que es el polémico. En los versículos 22 y 23 el tema central, es el primogénito y su primogenitura (primogenitura como categoría legal que otorgaba derechos, deberes y privilegios al primogenito).

    Luego, en el contexto posterior el versículo 25, la referencia a la circuncisión es una respuesta de fe, relacionada con el pacto de sangre (Séfora le dijo a Moisés: tu eres mi esposo de sangre) esto significa; esposo  bajo el pacto de la circuncisión, y no fue un cumplimiento meramente ritual.

    Por lo tanto, vemos en contexto anterior el tema de primogenitura o propiedad de Dios. Y vemos además, en el contexto posterior; el concepto de pacto de Dios con Moises y con Israel para protección.

    Por eso Dios dice: ““Luego le dirás al faraón: “El SEÑOR dice: Israel es mi hijo mayor,” Éxodo 4:22 PDT.

    Si Israel es para Dios el hijo mayor; entonces es el primogénito, y como tal es su pertenencia, y heredero de las promesas de Dios. Por ejemplo, la promesa de llevarlos a Canaán. Luego, también implicaba que Israel era propiedad de Dios pero Faraón los tenía esclavizados y no les permitía ir a adorar a Dios, su padre y dueño. Es aquí donde se genera un correlato en la historia (relación de similitudes y contrastes) entre los primogénitos egipcios en libertad y supremacía; contra los primogénitos de Israel que estaban esclavizados y subyugados a la humillación constante. Hay también otros correlatos con lo que llamamos una teología sistemática que se va desarrollando en los escritos de los profetas, y en los escritos del Nuevo Testamento. Me refiero, a que toda la tipología en los primeros cinco libros de la Biblia, son a la vez, referencias del cumplimiento en tiempo y forma; de los planes de salvación en Cristo. Es por esto, que Pablo señala que Cristo es el primogénito de todo en el sentido de ostentar todos los derechos y privilegios de heredero; con quien los creyentes somos coherederos.

    Cómo podemos ver, Dios esta en disputa directa con Faraón quien se ve a sí mismo a la altura de Dios. Veamos:

    “insisto en que liberes a mi hijo para que venga a adorarme. Si te niegas a librarlo, mataré a tu hijo mayor”. Éxodo 4:23 PDT.

    De antemano, Faraón y Moisés sabían de la amenaza que se cernía sobre los primogénitos de Egipto; pues Dios ya lo había anunciado. Así las cosas, el tema central es; “si no me devuelves a mi primogénito Israel; tus primogénitos morirán”.

    Luego entonces, entendemos el simbolismo propio de la tipología Bíblica del Antiguo Testamento, y vamos comprendiendo con la ayuda del Espíritu Santo; las enseñanzas enraizadas. Por eso cuando Séfora circuncida a su hijo, y con el prepucio toca a su esposo en los pies, ella actúa bajo convicción y concluye que aquel acto no solamente es una ceremonia, sino que también es un sometimiento a Dios. De esta manera se va corriendo el velo de la revelación de Dios en estos actos, y aquí comprendemos que Dios  guardará a los primogénitos de Israel en el día del juicio sobre Egipto; por mediación de sangre. Recordemos la sangre en las puertas de las casas judías durante la peste que mató a los primogénitos Egipcios.

    Aquí hay lecciones para Moisés y su familia, como aplicaciones prácticas para nosotros los creyentes.

    Para Moisés y su familia, y para el mismo Israel; era un sello del llamamiento serio que Dios estaba haciéndole a Moisés, así como serio era el compromiso de hacer las cosas de acuerdo a las reglas ya establecidas por Dios para Israel, a través de los diferentes pactos que Dios desarrolló con ese pueblo desde los patriarcas; por ejemplo la circuncisión.

    Para nosotros, es importante destacar que fuera del pacto (en nuestro caso es el nuevo pacto en Cristo) no tenemos protección ni seguridad. Ciertamente, más adelante los profetas empiezan a hablar del cordero y del siervo sufriente en esa alusión expiatoria.

    También Pablo nos habla acerca de la circuncisión del corazón, no ya del prepucio. O sea, el compromiso del nuevo pacto en Cristo; deja de ser externo (rito ceremonial de cortar prepucio) y se centra en el interior (el corazón).

    “Uno es verdaderamente judío cuando lo es en su interior. La verdadera circuncisión está en el corazón y se hace por el Espíritu, y no por lo que está escrito. El que tiene la circuncisión de corazón, por el Espíritu recibe la aprobación de Dios y no la de los demás.” Romanos 2:29 PDT.

    Podemos hacer algunas conclusiones a este texto:

    1. Para Moisés, la experiencia era vital para vitalizar su confianza en Dios, pues será la voz de Dios mismo ante faraón.
    2. Para Séfora, una mujer que no ignoraba el tema de la circuncisión; fue clave para obedecer y preparar a su familia para integrarse a una nación extraña para todos.
    3. Para nosotros los creyentes de hoy; sabemos por la Biblia, que Dios es un Dios de pactos. Y esos pactos siempre fueron diseñados para bendecir y proteger al pueblo suyo.

    Moisés y Séfora, ahora estaban preparados para el día en que las tinieblas de la angustia, penetrarían Egipto. Y también nosotros, sólo podremos estar preparados para obedecer y adorar a Dios, si somos libres de todo lo que esclaviza nuestra vida y que nos propicia más servidumbre. Esta libertad tiene un costo que ya fue pagado por Cristo en la cruz, pero demanda una disposición y actitud que depende solo de nosotros y es disposición a la fe. Como el escritor de hebreos 11:6 escribiera: “sin fe es imposible agradar a Dios”.

  • El momento preciso

    “Acerquémonos, pues, llenos de confianza a ese trono de gracia, seguros de encontrar la misericordia y el favor divino en el momento preciso”. (LPH).

    Gracia. (gr. Járis): Merecer aprobación inmerecida. Bondad inmerecida. Favor no merecido. (como gratificante), de manera o acción (abstracto o concreto; literalmente, figuradamente o espiritual; específicamente la influencia divina sobre el corazón, y su reflejo en la vida; inclusivamente gratitud).

    Misericordia. (gr. Éleos): Misericordia, compasión activa, ya sea divina (o humana). La implicación es entonces, una compasión que actúa en favor del menesteroso otorgándole un bienestar que no merece.

    Prerrogativa: Facultad, privilegio o concesión atribuida.

    I.          La gracia de Dios como punto de partida: ¿Qué es?

    La gracia es una prerrogativa divina y no un requisito divino. Dios no debe nada a nadie, y cuando Él otorga un beneficio es esencialmente gracia. Si se demanda algo a Dios, ya no es gracia, es justicia. Por lo tanto, la gracia es un favor inmerecido o no adquirido. Recibimos lo que no merecemos.

    Distinguiremos la gracia en dos dimensiones operativas: gracia común y gracia especial.

    i.          GRACIA COMÚN: Es el favor de Dios para toda la humanidad y la creación.

    ii.         GRACIA ESPECIAL: La gracia especial define entonces, la obra salvífica de Dios, en la cual Dios se involucra de manera activa en salvar.

    “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; …”. Efesios 2:8 (RV60).

    “aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)”. Efesios 2:5 (RV60).

    La gracia pregona libertad adquirida por confiar en Cristo, depositando nuestra fe en que es Cristo quien nos acerca al Padre (sentado en el trono de gracia). Poner la esperanza de santidad y salvación en otro medio, o esfuerzos propios, es desligarnos de Cristo.

    “Si ustedes quieren estar bien con Dios por la ley, entonces se habrán apartado de Cristo, se habrán alejado del generoso amor de Dios” Gálatas 5:4 (PDT).

    El punto de partida es la Gracia divina, que nos permite “acercarnos” a su trono de bondad.

    II.         La misericordia de Dios como causa de la Gracia divina

    La misericordia como un acto compasivo de Dios, es en esencia cuando NO recibimos el trato o castigo que merecemos:

    Misericordioso y clemente es Jehová; Lento para la ira, y grande en misericordia. No contenderá para siempre, Ni para siempre guardará el enojo. No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, Ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados. Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, Engrandeció su misericordia sobre los que le temen. Salmos 103:8-11 (RV60)

    i.          Nótese que esta misericordia impartida, es para con los que le temen.

    ii.         Hemos manejado la idea que Dios es misericordioso para con todos, y no es bíblica y teológicamente correcto pensar así. Dios es misericordioso, o sea, no dará el pago que merece quien teme a Dios, pero al rebelde le dará su pago completo en justicia.

    iii.        Los impíos recibirán justicia de Dios, los salvos recibirán misericordia; y todo como un acto de bondad divina llamado “GRACIA”.

    La misericordia es entonces, un atributo moral de Dios. Aunque los humanos reflejamos algunos atributos morales de Dios, no somos en esencia eso que reflejamos. Dios sí lo es.

    i.          Podemos tener misericordia, pero no somos en esencia misericordiosos. Dios sí.

    ii.         Podemos amar, pero no somos en esencia amor. Dios sí lo es.

    III.        La santidad como efecto de la Gracia divina

    “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”. 2 corintios 7:1 (RV60).

    Pablo habla de perfeccionar la santidad. No se perfecciona algo que no existe. Lo que en teología se llama: el estado de la santidad, o sea, cuando Cristo nos limpia y nos purifica en santidad para Dios.

    La expresión de Pablo, “limpiémonos”; es un verbo especial que indica algo ya completado. Pero una acción que, aunque completada; se convierte en un anhelo (verbo aoristo).

    La expresión de Pablo, “perfeccionando”; es un verbo activo en presente, o sea, una tarea hoy, más tarde, y mañana (constante).

    Concluimos que, todo empieza por la gracia de Dios, para llegar a alcanzar misericordia, ambas acciones de Dios. Y esa misericordia será en el momento oportuno. Ese momento oportuno está relacionado con la salvación. Y la salvación como fin divino, se refleja en nueva vida y santidad hoy y hasta la eternidad.