Primera distinción: El incrédulo o ateo práctico. Si dices creer en Dios, y te basas en la tradición religiosa de tu familia, pero no has aceptado a Cristo como único Salvador y Señor en tu vida; viviendo en tu propia prudencia, y en tu pecado; entonces eres un incrédulo o ateo práctico.
Juan explica claramente lo que significa “creer”; ya que ha habido mucha confusión al respecto en nuestras iglesias. Creer en la mayoría de los contextos bíblicos referidos a la obra de Cristo, se refiere a una acción concreta hacia la obediencia por la fe, y no meramente a un aspecto intelectual. Veamos:
“Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas.” Juan 12. 46 (RVR 60).
“No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal”. Proverbios 3. 7
Hay miles de personas que van a una iglesia, pero se mantienen en la oscuridad de sus actos desobedientes contra Dios. Se escudan en la misericordia de Dios (su gran amor), pero pierden de vista que Dios demanda de sus crédulos genuinos; una actitud convencida. A estas personas Jesús las llamó “insensatas”.
“Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena;” Mateo 7. 26 (RVR 60).
Segunda distinción: El ateo. Si dices no creer en Dios, tal como lo enseña la Biblia; increado, Espíritu y creador de todo cuanto existe; que se hizo carne en la persona de Jesús; para venir a morir y resucitar y así vencer a la muerte, y darte salvación; entonces eres ateo.
“Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, e hicieron abominable maldad; No hay quien haga bien.” Salmos 53. 1 (RVR 60).
¿Cuál es la consecuencia del ateísmo? Corrupción aumentada y en aumento; según lo que nos enseña la Biblia.
Tercera distinción: El descarriado o la oveja perdida: Si conoces acerca de la Biblia, y un día aceptaste su mensaje, y tomaste la decisión de recibir a Jesús como único Salvador y mediador entre Dios y los hombres; creyendo que la Biblia es la Palabra de Dios, y a pesar de eso sigues en una vida de caprichoso pecado; viviendo como lo dicta tu débil humanidad, y no como manda la Biblia; entonces eres un “descarriado” o hijo pródigo.
“18 Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. 19 Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. 20 Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó” Lucas 15. 18-20 (RVR 60).
La misericordia es solo dispensada a los hijos de Dios por medio de Jesucristo, para salvación. Recordemos que la gracia de Dios es esa bondad que recibimos, pero no merecemos de parte de Dios; está sobre toda la creación y sus criaturas. Gracia, en la revelación general de Dios, es su disposición de bondad sobre todos. La gracia en la revelación salvadora es el don inmerecido a los que son salvos. Recibimos lo que no merecemos.
Mientras tanto, la misericordia de Dios es cuando no recibimos el justo trato que merecemos por nuestro pecado. En el contexto de la revelación general de Dios, la misericordia no le paga al hombre de acuerdo con su pecado mientras está en vida. Pero esa misericordia no será efectiva sobre los incrédulos y ateos, en el día de la redención; o el gran día del Señor.
Así las cosas, los hijos e hijas descarriados pueden obtener la restitución ante Dios, para participar de la mesa de Dios, como hijos. Sí y solo sí, estos hijos descarriados “se levantan de su postración”. La parábola del hijo pródigo ciertamente no es un tratado doctrinal o soteriológico (respecto a la salvación); no obstante, nos deja ver claramente que el Padre amoroso espera por su hijo o hija descarriado. Y es concluyente pensar, que el amor del Padre estará como atalaya en la conciencia de los descarriados. Esto aplica solo para hijos de Dios, ya que los simpatizantes que se han confundido pensando que eran hijos y no lo eran en realidad, no tienen esa misma oportunidad. Una vez más, Juan nos lo aclara:
“Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros”. 1 Juan 2:19 (RVR 60).
Cuarta distinción: los apóstatas. Si conociendo y aceptando el mensaje de la Biblia, llegaste a la decisión de recibir a Jesús como único Salvador y Señor de tu vida; y único mediador entre Dios y los hombres, y a pesar de ello te alejaste paulatinamente; al punto que HOY no crees en Dios, ni en la Biblia como su Palabra inspirada por su Espíritu, ni en la fe como medio de gracia salvadora, entonces eres un apóstata.
El autor de hebreos dibuja con claridad la dureza de nuestra comprensión de las cosas espirituales, respecto a este tema y otros:
“Quisiera decirles mucho más sobre este asunto (la apostasía), pero sé que, como no quieren entender (tardos para oír), me va a ser difícil explicarlo”. Hebreos 5:11 (NBV).
La apostasía no puede nacer de un corazón incrédulo, ni se trata del aumento de la maldad en el mundo. Es una enfermedad del alma, propia de los creyentes en Cristo, donde la causa o amenaza es interna; no externa. Es la inmadurez y la pereza espiritual. (leer capítulo 6 de hebreos).
“pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal”. Hebreos 5:14 (RVR 60).
Recuerde… quien vive apático o con pereza, no se ejercita. (Heb. 5:14).
Por eso, sigamos aprendiendo más y más, hasta que lleguemos a ser cristianos maduros. Dejemos de ocuparnos de las primeras enseñanzas que se nos dieron acerca de Cristo, y no sigamos hablando de cosas simples. Dejemos de hacer lo malo, sigamos a Cristo, y dejemos de pecar para no morir. Ya sabemos que debemos confiar en Dios, 2 y que debemos bautizarnos; también sabemos que los que creen en Cristo reciben el Espíritu Santo, que los muertos volverán a vivir, y que habrá un juicio final. Hebreos 6:1-3 (TLA).
Note que la madurez a la que alude el escritor de hebreos; es respecto a crecer en la comprensión del mensaje de la Biblia. Hay que profundizar y dejar de estar anclados en las doctrinas básicas de la fe.
Luego el escritor de esta epístola define lo que realmente es la apostasía, y debemos tener clara esta definición literalmente como aparece en este texto:
“Pero los que dejan de creer en Cristo ya no pueden volver a ser amigos de Dios, aunque alguna vez hayan creído que el mensaje de Dios es la verdad, y con gusto lo hayan recibido como un regalo. Si dejan de creer en Cristo, lo que habrán hecho será volver a clavarlo en la cruz y burlarse de él ante todo el mundo. No importa que hayan recibido el Espíritu Santo junto con los demás, ni que hayan sabido lo bueno que es el mensaje de Dios, ni lo poderoso que Dios será en el nuevo mundo, si dejan de creer en Cristo ya no podrán volver a él”. Hebreos 6:4-6 (TLA).
Dejar de creer en Cristo tiene una implicación que parte de haber creído. Por lo tanto, un ateo no puede apostatar de Cristo. Se apostata al menos en tres direcciones: 1. La manera de apostasía intelectual, o sea, los que dicen seguir creyendo en Cristo; pero se alinean con quienes piensan que La Biblia es un libro de mitos y que Jesús es un ser meramente histórico (aunque lo es, es más que un hombre histórico) pero no divino. Esta postura se da mucho en los círculos científicos y filosóficos. 2. Los que creyendo alguna vez en Jesús de manera bíblicamente correcta; por la pereza y la inmadurez espiritual caen en el engaño del mundo respecto a Cristo, y dejan de dar crédito a la obra de Cristo, y dejan de creer por tanto en la gracia efectiva de su obra. 3. Los que se rebelan contra Dios de manera tajante y dicen que ya no creen, aunque una vez profesaron la fe.
¿Cuál es la situación de los apóstatas? Hebreos dice que es imposible que los que apostatan, sean renovados para arrepentimiento. Incluye una metáfora que nos explica mejor este aspecto lapidario:
“En esto la gente es como un terreno. Los que creen en Cristo son como el terreno que recibe mucha lluvia y produce una buena cosecha para el sembrador, y Dios lo bendice. 8 Pero los que dejan de creer son como un terreno que sólo produce plantas con espinas: no sirve para nada, y Dios lo maldice. Al final, se le prende fuego”. Hebreos 6:7-8 (TLA).
Con este artículo, espero poder ayudarle a comprender y estar mejor preparados para la manifestación de la gran apostasía que ha de venir en poco tiempo sobre la tierra.