• La vejez

    De las reflexiones de la escuela sapiencial hebrea, podemos y debemos partir hacia nuestras propias reflexiones. Cohélet o el predicador; es la figura de un filósofo y maestro cuya tarea ha sido indagar, al mejor estilo del método científico. Este predicador, plasma sus experiencias buenas y no tan buenas; en un libro con diversidad literaria (prosa, poesía, anécdota, parábolas, ensayo).

    Cohélet, además de ser un sabio, también instruyó al pueblo; investigó, estudió y compuso muchos proverbios. Cohélet procuró encontrar palabras adecuadas para escribir con acierto sentencias veraces.” ECLESIASTÉS 12:9-10 BHTI

    Los lectores debemos preguntarnos ¿qué enseñanzas nos dejan estos ensayos poéticos? Desde luego, y sin la intención de generalizar; hay muchas valiosas moralejas de vida, pero quiero ir al último capítulo y ver algunas de estas enseñanzas y recomendaciones tocantes a la prudencia, dignidad humana y fe.

    “Ten en cuenta a tu creador en tus días de juventud, antes de que lleguen los días malos y se acerquen los años en que digas: “no siento ningún placer”;” ECLESIASTÉS 12:1 BHTI

    La juventud es la etapa de las oportunidades ilimitadas. Y es por eso el momento preciso para lograr alcanzar las metas más relevantes de la vida presente y eterna. La advertencia del discurso final de Eclesiastés (heb. Cohélet) es: “Acuérdate o ten en cuenta”. Una expresión concluyente que indica condición. ¿Cuál es la condición? Acordarse o tomar en cuenta a Dios en la juventud, esa etapa de oportunidades; donde la principal meta del hombre inteligente y sabio ha de ser “su creador”.

    Llegarán los días malos, sin placer (infelices quizás) en los cuales no podremos apreciar del todo el disfrute de la vida, ya sea por dolor crónico, ya sea por pérdidas perceptivas, ya sea por demencias asociadas a la edad, o a otros padecimientos, ya sea por pérdida de sentido, ya sea por dependencia de otras personas y con el agravante de malos tratos muchas veces. Las razones a enumerar son variadas. Pero los días malos, son parte de morir. La persona no solo muere fisiológicamente; muere cada día de su vida desde que nace. Pero tener firme convicción de Dios y de la eternidad, definitivamente será una medicina paliativa para la vejez.

    Desde el versículo 2 hasta el versículo 6 es un poema pintoresco a modo de símil (modo literario de comparaciones) que describe la ancianidad y los padecimientos más agudos de dicha etapa, hasta la muerte.

    Muchos le dan un sentido a cada expresión, y quizás los tenga; pero lo importante en esta oportunidad es ver la generalidad de tal condición. En la ancianidad se pierde un poco de todo, y desde la perspectiva del adulto maduro que soy, al escribir este artículo, pienso que la vejez senil es indeseada. No obstante, el anciano que en su juventud tomó en cuenta a Dios (su creador) ha de ser honrado por su fe. Aunque esto no signifique que no tenga que pasar por el crepúsculo de su vejez y sus vejaciones.

    Desde la visión de pueblos muy antiguos de oriente, y desde este prisma hebreo; así es la vida de pasajera. Llena de goces, pero tan pronto como una ilusión: los goces dan camino a los años gravosos. Lo más importante entonces, es tener en cuenta a Dios y temerle (esto no es tenerle miedo sino tomarlo en cuenta en todo cuanto somos y hacemos).

    Ahora bien, ¿qué enseñanza se puede sacar de este libro cuando todo ya está dicho? Que lo mejor que un ser humano puede hacer es tener temor de Dios y obedecer sus mandatos.” Eclesiastés 12:13 PDT.

    Mi esposa (quien también ahora participa de cuidar a su anciana madre) y yo, a veces hemos platicado de lo que quisiéramos para nuestro final. Y estamos de acuerdo que deseamos no pasar por el trauma de una vejez incapacitante. No obstante, estamos convencidos de que no está en nuestro poder decidir eso, y que lo más inteligente es amar y servir a Dios ahora que estamos fuertes y congruentes. Si algún día perdemos el juicio por senilidad, ya habremos entregado la vida al único que la puede sellar para una eternidad con Cristo.

    Así que, nada es para siempre en este cuerpo mortal que tenemos. No construyamos castillos de vanidad; disfrutemos de la vida con absoluta libertad y responsabilidad. Y eso sin Dios no es posible. No es posible decir que somos responsables cuando no estamos seguros de nuestra eternidad al lado de Dios. Ni es responsable criar hijos que no conocen de Dios, porque decir que los amamos, guiándolos a una condenación eterna, es una total contradicción.

    Les voy a dejar los versículos que describen la vejez a modo de símiles de la vitalidad y funcionalidad del cuerpo:

    “antes de que se oscurezca el sol, y no den luz la luna y las estrellas, y retornen las nubes tras la lluvia; cuando tiemblen los guardianes de la casa y se encorven los valientes; cuando se paren las que muelen, por ser pocas, y queden a oscuras las que miran por las ventanas; cuando se cierren las puertas de la calle y se apague el ruido del molino; cuando se extinga el canto del pájaro y enmudezcan todas las canciones; cuando den miedo las alturas y haya sobresaltos en el camino; cuando no se aprecie el almendro, se haga pesada la langosta y sea ineficaz la alcaparra; porque va el ser humano a su morada eterna y merodean por la calle las plañideras. Antes de que se rompa el hilo de plata, y se quiebre la copa de oro; antes de que se haga añicos el cántaro en la fuente y se precipite la polea en el pozo;” ECLESIASTÉS 12:2-6 BHTI

    El poema, parece describir serias dificultades incapacitantes; que han llevado al hombre moderno a valorar una nueva concepcion de “dignidad”, a través de la llamada muerte asistida. Pero la verdadera indignidad ante la vida, está en no cuidar responsablemente a los seres queridos en esas etapas de mayor fragilidad. Hablamos de niños, ancianos y personas con capacidades reducidas.

    Nota: Al escribir esta reflexión, mención especial a mis hermanas, Elena, Ángela y Marina: quienes han dedicado el tiempo para cuidar a nuestro anciano padre. También a Chela, cuidadora y parte de nuestra familia. Finalmente, otros de los hermanos y hermanas, y me incluyo; y también sobrinas, que lo hemos hecho en menor cantidad de tiempo. Y en mi caso después de un par de semanas cuidando de mi padre junto a mis hermanas, estos conceptos bíblicos agrandan su sentido, sobre los cuales discurro proyectándome un poco en los años futuros.

  • Acercarse a Dios sin demora, ni excusas

    “El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.” 1 Juan 3:8 (RVR1960).

    Estoy muy interesado en el trasfondo de este texto. Es un espacio de revelación y hermenéutica (interpretación) cristiana, clave para comprender la diferencia entre obras de la carne, y pecado.

    Veamos de manera diligente el sentido de cada palabra en el griego.

    Pecado (gr. Jamartía): Jamartía es una palabra compuesta por una partícula negativa y un sustantivo. La composición sería como un modismo griego que significa: “sin parte”; dando el sentido de privación de un premio por errar en la “Diana” con el dardo. Por eso, los maestros de teología resumen la palabra pecado como: “errar al blanco”. No obstante, quiero que tomemos el sentido más profundo y entendamos que, pecado significa quedarnos “sin parte”, por no dar con la meta o en la Diana. Eso significa, que una persona pecadora o viviendo en el pecado, vive en un constante error o errando al blanco. La pregunta es, ¿Cuál es la Diana o meta? Y ¿Cuál es la parte o premio al que acierta la Diana).

    Para el creyente, la meta o el blanco es Cristo. Y el premio o la parte que le corresponde por acertar; es la comunión con Dios, que va más allá de la vida eterna, es la vida abundante y limpia aquí y ahora.

    Entonces, la forma de definir la palabra “pecado”, es errar en ir a la meta, o fallar su alcance; perdiendo el premio de comunión con Dios.

    La siguiente palabra clave es: Obra (gr. Egrón) que significa: Labor, ocupación y  acción. Es un contexto gramatical activo, o sea, un trabajo que nos ocupa en el presente. La palabra “egrón”, en este caso se circunscribe a las acciones de satanás.

    Ya con estos conceptos en mente, podemos establecer un sentido bíblico y teológico del pecado y sus frutos. Cuando el cristiano falla en poner su mirada (cual dardo) en la meta (cual Diana), que es Cristo; entonces se aleja de Cristo mismo.

    Por eso el otro sentido teológico de pecado, es “separación de Dios”. Y justo eso es lo que Pablo atinadamente nos explica en Romanos 3:23.

    “puesto que todos pecaron y todos están privados de la gloria divina.” ROMANOS 3:23 (BHTI).

    Como se lee nuevamente, el concepto es una privación. Como cuando leímos en 1 de Juan, que pecado significa ser privados de un premio. En este caso ser privados de la Gloria de Dios, significa no poder participar de su santidad y gloria presente y futura.

    En conclusión, el pecado es estar alejados de Dios, y las obras “malas” o hechos que contradicen a Dios, son solamente consecuencias de no atender el bondadoso llamado de Dios para santificación.

    Estimados (as), el pecado más aterrador es fallar al blanco. O sea, rechazar a Cristo. Lo he dicho y lo repito vehementemente; porque sigo escuchando personas creyentes y otras moralistas, que condenan las obras de carnalidad que son naturales y normales en los hombres y mujeres naturales (no espirituales). Pero no condenan la apatía espiritual, ni vivir alejados de una vida piadosa (de fe práctica).

    No vamos a llamar bueno a lo que Dios llama malo, pero debemos recordar que sin Dios, nada bueno podríamos pensar o hacer. Es tan pecado robar, como no congregarse. Es tan pecado cometer fornicación, como murmurar o hablar mal del hermano. Es tan pecado vivir una vida inmoral, como vivir una vida indiferente al Señor y sus propósitos eternos.

    El llamado es entonces, para que nos acerquemos a Dios sin demora, sin excusas, sin mezquindad.

  • Fidelidad de Dios en la batalla

    Lo que desafía nuestros valores y hace tambalear nuestras normas de conducta; se vuelve nuestra batalla más cruel y temeraria. Nunca nos sentimos tan debilitados, como cuando nos sorprenden esas batallas de la mente.

     

    Para los creyentes, el arma espiritual más efectiva es la seguridad de lo que Dios ha hecho en nuestras vidas, y la seguridad de nuestro destino. Al fin de cuentas, el enemigo (satanás) hace uso de nuestra débil naturaleza y el poder de la atracción humana hacia el mundo y sus placeres; para debilitar nuestra conducta. Pero la promesa de Dios como leeremos a Pablo más adelante; es que “ninguna” prueba puede o está hecha con el material suficiente para destruirnos. Pero antes de leer a Pablo, veamos lo que Juan nos aporta:

     

    “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.” 1 Juan 2:16 RVR1960.

    Juan por eso nos exhorta a desmarcarnos del mundo y sus encantos; con los que ataca  nuestra carne.

    Hay aquel tipo de pruebas con un propósito divino, que son muy diferentes a las pruebas que nacen de nuestros deseos. Pero en ambas circunstancias de prueba, los humanos somos vulnerables e incapaces de hacer lo correcto sin la luz del Evangelio, y la ayuda del Espíritu Santo.

    Juan nos da una clave, y no parece fácil tampoco para nuestra carne viciada:

    “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.” 1 Juan 2:15 RVR1960

    La clave es “no amar al mundo, ni las cosas que están en el mundo”. Y resulta una tarea titánica, porque las “cosas” del mundo son emocionalmente vinculantes al ser humano. Eso significa que nos mueve lo que vemos, olemos, degustamos, tocamos, percibimos y soñamos.

    Pero sabiendo esto, podemos ejercitarnos para neutralizar con la ayuda de Dios; estos estímulos.

    Mientras escribo estas líneas, me invaden tantas luchas, que me es preciso compartir este mensaje de esperanza, para todos aquellos que también están sufriendo; al intentar  hacer lo correcto.

    Pablo nos alienta de esta manera:

    “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.” 1 Corintios 10:13 RVR1960.

    Nos alienta con la fidelidad de Dios. Para el creyente, toda su verdad y fortaleza; dependen de la fidelidad divina. No tenemos ninguna oportunidad fuera de este marco de su fidelidad.

  • Detalles acerca de la fe

    La esencia de la fe es vivir plenos, sin haber llegado a la plenitud”

    Este estudio va a ser un poco extenso; pero le pido que se sobreponga a la desidia si es que le provoca tal efecto una lectura extensa. La razón de que el tema se nos alargue; precisamente es porque vamos a analizar algunos detalles sobre la fe, por ejemplo; esencia, alcances y medidas de la fe, desde una perspectiva bíblica. Entonces sin más preámbulos, vamos al tema:

    “Tener fe es tener la plena seguridad de recibir lo que se espera; es estar convencidos de la realidad de cosas que no vemos.” Hebreos 11:1 DHH94I.

    1. La esencia de la fe bíblica: Empezando, debemos poner el fundamento del tema. Hebreos nos explica dos aspectos fundamentales: la seguridad y el estar convencidos o persuadidos.

    El escritor de la carta a los hebreos parte de una verdad incuestionable para todo creyente, la fe es “la plena seguridad” de que recibiremos lo prometido por Dios. Después de todo, es el autor y consumador de la fe, a través de Jesucristo; por quien hizo posible nuestra salvación. Y como dice Pablo: “¿cómo no nos dará con Él todas las cosas?” (Romanos 8:32).

    Luego de esa seguridad eterna, la fe consta de convencimiento o persuasión. Y es que todos los días los creyentes tenemos que convencernos de lo que la Palabra de Dios nos dice acerca de nuestra nueva vida en Cristo, y acerca del futuro con Cristo. ¿Por qué? Porque en nuestra humana debilidad caemos en vacíos de fe y en desesperanza. Y aunque la idea de convencimiento planteada gramaticalmente aquí es un presente (un hecho en el ahora mismo); a la vez es un pasivo (un hecho que se repite constantemente). De tal manera, que la idea es una acción constante en la que cada creyente debe persuadirse o convencerse constantemente. Pero recordemos que Juan en su Evangelio homónimo, nos dice que el Espíritu Santo es quien nos lleva a toda verdad. Entiéndase entonces que contamos con la ayuda del Espíritu Santo para mantenernos no solo en la fe, sino creciendo en ella.

    Pero si nos adelantamos unos versículos en hebreos once, comprenderemos mejor este concepto de la fe:

    “Por fe, Abraham, cuando Dios lo llamó, obedeció y salió para ir al lugar que él le iba a dar como herencia. Salió de su tierra sin saber a dónde iba, y por la fe que tenía vivió como extranjero en la tierra que Dios le había prometido. Vivió en tiendas de campaña, lo mismo que Isaac y Jacob, que también recibieron esa promesa. Porque Abraham esperaba aquella ciudad que tiene bases firmes, de la cual Dios es arquitecto y constructor.” Hebreos 11:8-10 DHH.

    Dice que el patriarca de la fe vivió como un extranjero en la tierra que Dios le había prometido. ¿Por qué razón? Ciertamente aquella tierra prometida por Dios era de Abraham y de los suyos, pero el hecho de que la tierra aún estaba en manos de sus enemigos, y el control no era en su totalidad de Abraham; no le quitó la esperanza acerca de la fidelidad de quien prometía, aunque no viera plasmado todo el plan. Recordemos que pasaron siglos para que Israel se estableciera en la tierra y la poseyera. Pero la clave para que Abraham no desmayara ni se amargara como pasa con muchos de nosotros cuando no vemos lo que esperamos en oración, se describe textualmente en esta cita: “Porque Abraham esperaba aquella ciudad que tiene bases firmes, de la cual Dios es arquitecto y constructor” (heb. 11:10). ¿Cuál fue la actitud de Abraham? Se describe literalmente también: “…Vivió en tiendas de campaña, lo mismo que Isaac y Jacob, que también recibieron esa promesa” (heb. 11:9).

    Tenemos aquí, dos visiones totalmente válidas. Una es lo tangible y que demanda nuestra atención, la tierra física. Dios le dijo a Abraham: “sal de tu tierra, algo que es tuyo, y ve a la tierra que yo te mostraré”. Hasta ahí una promesa. Pero cuando Abraham llegó a las tierras que deberían ser suyas y de sus hijos; resulta que estaban habitadas. Abraham entonces vive como extranjero entre las otras naciones. Pero cuando leemos la vida de Abraham nos percatamos que era un hombre pleno siendo extranjero (riquezas, familia y honra). Vivía en tiendas y no en palacios, como los vecinos. No obstante, hebreos nos hace ver que Abraham había comprendido que había una tierra mejor que aquella a la vista. Aquí entonces, tenemos la visión espiritual y alude a la morada eterna de Dios para él y su descendencia. Más allá de las pruebas a las que fue sometido, y más allá de los errores que llevaron a Abraham a pecar algunas veces, él vivió con seguridad.

    La esencia de la fe es vivir plenos, sin haber llegado a la plenitud.

    ¿No es la clase de vida que deberíamos vivir? Creo que estamos de acuerdo que es así, pero eso no quita la aflicción del camino, ni la debilidad que nos asedia. Por lo tanto, fe no es sinónimo de ausencia de aflicciones y hasta de pecados. Pero es en esencia; la seguridad que nos convence de la fidelidad de Dios.

    2. Los alcances de la fe

    El primer alcance de la fe; es la Salvación. Es bíblica y teológicamente el alcance más pronunciado y evidente. El ser humano puede tener cualquier tipo de fe; ya sea una fe intelectual, o una fe humanista que cree en la bondad del hombre, o una fe positivista que se sustenta en frases insustanciales (la substancia de la Salvación es Cristo), pero sin Salvación o vida eterna, el hombre ha fracasado en la fe.

    Otros alcances de la fe son las promesas de Dios para sus hijos e hijas. Todas las promesas de Dios descansan en la obediencia; y la obediencia descansa en la fe. Es por esta razón que Jesús dijo: “busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas las otras cosas (que tienen que ver con nuestras necesidades) os serán añadidas” (Lucas 12:31).

    Debemos tener claro que el incrédulo, aquel que no tiene confianza en Dios y sus promesas, es una persona de la que Dios no se agrada. Pero Dios se complace en los que le buscan con total credulidad.

    “Pero no es posible agradar a Dios sin tener fe, porque para acercarse a Dios, uno tiene que creer que existe y que recompensa a los que lo buscan.” Hebreos 11:6 DHH.

    La clave en este aspecto de la fe es saber que somos salvos no por méritos propios. Pero que también la fe da para alcanzar promesas que no están endosadas a la Salvación de nuestras almas, sino que están disponibles para incentivarnos a la madurez.

    En una ocasión, cuando Jesús bajaba del monte de la transfiguración con Pedro y Juan; encontró una multitud en la calle; resulta que algunos de sus discípulos no habían podido expulsar un demonio, y Jesús les cuestionó la fe. Pero después de pasado el evento; aquellos le preguntaron aparte a Jesús; la razón por la que no habían logrado expulsar al demonio de aquella joven. Jesús les dijo: “por vuestra poca fe”. De tal manera, Jesús deja la puerta claramente abierta al tema de la medida de la fe, que es el punto siguiente.

    3. La medida de fe

    Ya vimos el registro de Mateo 17:14-21, cuando los discípulos no pudieron echar fuera un demonio. Algunos manuscritos añadieron la expresión: “este género no sale si no con ayuno y oración”, y eso ha desviado la atención del tema de la madurez de fe en esta lectura, hacia un sensacionalismo encausado hacia el envanecimiento.

    En este mismo relato, Jesús hace una comparación respecto a tener fe como un grano de mostaza. Bueno, la idea metafóricamente expuesta por el Maestro respecto a la fe es la posibilidad natural de que la fe debe crecer y madurar; tal como lo hace una semilla tan pequeña como la de mostaza. Pequeña en su inicio, pero capaz de crecer como un arbusto que será la hortaliza más grande del huerto. Por lo tanto, la fe tiene medida creciendo de una pequeña semillita, a un arbusto muy útil dentro del huerto. Pero su medida no dimensiona importancia o rango, sino poder para hacer la obra de Dios, y provee de madurez al carácter del creyente.

    Respecto a la medida de la fe, encontramos algunas referencias bíblicas importantes, veamos:

    Pablo a los romanos les escribe que usen el don de profecía “de acuerdo a la medida de la fe”, y eso significa que, la profecía no debe apartarse de lo que las Buenas Nuevas de las Escrituras dicen. La idea de medida en el contexto del Nuevo Testamento; es comparar el don recibido y su acción, con las Escrituras. O sea, la medida de comparación de la fe son las Sagradas Escrituras. Fuera de las Escrituras todo es mera especulación (Romanos 12).

    Otra referencia es la que habíamos revisado anteriormente, cuando Jesús reprocha falta de fe en los discípulos en Mateo capitulo 17. El dicho: “si dijeres a esta montaña; pásate de aquí para allá, se pasará y nada os será imposible”, era un dicho que refería a la idea de hacer obras extremadamente difíciles o imposibles. Jesús aprovechando el conocido refrán se apropia para indicarles que es así mismo como trabaja la fe, logrando imposibles. Él les dice que solo requieren una fe como un grano de mostaza, que es de hecho muy pequeño, pero con el potencial de germinar y crecer mucho.

    En muchas otras ocasiones, vemos a Jesús decirle a quienes venían por sanidad: “tu fe te ha salvado”, o “grande es tu fe”. Es interesante como algunos tenían fe para ver los milagros y muchos otros no. Jesús atribuía estos actos portentosos de su ministerio a dos razones: La gloria del Padre y la fe de los receptores de sus milagros.

    Concluimos sin temor a equivocarnos en este punto, que la fe es dinamia y crece, madura y da fruto.

    De lo que hemos expuesto acerca de la fe, debo sintetizar a modo de conclusiones las siguientes ideas, que espero nos apoyen en madurar en la fe:

    1. La fe para salvación es simple, nada impositiva y siempre al alcance. Recordemos la escena de la cruz; ahí está Jesús muriendo por la humanidad al lado de dos malhechores; uno que le recrimina y se burla, y el otro que le reconoce como Salvador, pues su solicitud es contundente: “acuérdate de mí cuando vengas en tu Reino”. Aquel desventurado moribundo y pecador, había aceptado el sencillo mensaje de Jesús acerca de su regreso como Rey. ¿Dónde había escuchado el mensaje? No hay detalle de ello, pudo haberlo escuchado en la ciudad mientras delinquía, o pudo ser Jesús quien les predicase en la misma cruz. Esta fe nos hace aceptos en Cristo El Señor. Es por gracia y no por obras o méritos propios. Aquel pecador moribundo de la cruz fue salvo por creer que Jesús regresaría como Rey, y no porque hizo algo para que Jesús se fijara en él y lo salvara.
    2. La fe, además, nos da acceso a las promesas que hay en la Palabra de Dios, para los hijos de Dios. Juan nos recuerda en el Evangelio de Juan, que a los que creen en su nombre; les ha dado potestad de ser hechos hijos de Dios. Luego Pablo a los romanos (en 8:17) nos dice; que si somos hijos entonces somos coherederos con Cristo de las promesas de Dios el Padre. Usted se preguntará: ¿a cuáles promesas tengo derecho? Pues a todas, pero es importante recordar que la Biblia nos enseña que las promesas de Dios son siempre condicionales a demandas propias al carácter de lo prometido. Todas las promesas demandan obediencia. La única promesa que demanda fe sin obediencia previa es la Salvación, pues es una promesa hecha a quienes están muertos y destituidos de la gloria de Dios. Estos muertos reciben por la fe, no por obediencia; el sacrificio de Cristo en la Cruz. Ya debes entender esto si eres creyente. Un muerto no tiene la capacidad de obedecer a Dios. Por lo tanto, la única manera que usted y yo pudimos obedecer los preceptos de Dios, fue siendo rescatados por Dios mismo para salvación, justificación y santificación, y hasta entonces pudimos llegar a tener la capacidad con la ayuda del Espíritu Santo de la Promesa; de obedecerlo en todo.
    3. La fe es la puerta para todo aquel que cree, al judío y al no judío: Jesús le dijo en una ocasión a una mujer no creyente, no perteneciente al linaje del Señor: “no está bien quitarles el pan a los hijos y dárselo a los perros”. Una escena cruda y controversial que Jesús no rehusó enfrentar, ni tampoco decidió usar un lenguaje políticamente correcto. La intención pedagógica y espiritual del Maestro era confrontar los pecados cultuales y sociales de sus discípulos, quienes como judíos seguían creyendo que los demás eran como perros despreciables. Ellos le habían pedido a Jesús que callara aquella mujer cananea que los avergonzaba gritando ayuda al Maestro para que liberara a su hija de la posesión demoniaca. Una petición que ella obtuvo de Jesús por su fe contracultural. Jesús le dijo: “mujer grande es tu fe”, y recibió la gracia salvadora de Dios ese día.
    4. La fe debe ser alimentada para que crezca: debemos ser analíticos al leer la Biblia, para comprender cómo es que nuestra fe crece y madura:

    A. La Palabra de Dios: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”. Romanos 10:17 (RVR60).

    La fuente primaria para que nuestra fe sea sana y creciente, es lo que La Biblia dice. No es primero la interpretación de alguien más, ni son los sermones. Es la lectura que usted y yo hacemos desde el texto sagrado. Claro, que no menospreciamos las enseñanzas y las predicaciones en la Iglesia, la radio u otro medio de proclamación; pero hago hincapié en que debemos leer la Palabra de Dios. Eso aumentará la fe, nos ayudará a comprender la fe y nos mostrará la dinámica de la fe práctica.

    B. La oración: Santiago dice que la oración eficaz puede mucho, y esa eficacia él la relaciona con la confesión de pecados, confesión de ofensas y del perdón entre los hermanos. Además, dice que la oración de fe, esta misma oración eficaz, podrá lograr sanidades y salvación (Santiago 5:15-16). Pablo a los colosenses les manda a perseverar en la oración con una actitud agradecida (Col. 4:2). ¿Podremos ser agradecidos sin confiar en Dios? (fe = Confianza). Entonces orar aportará crecimiento a la fe personal y colectiva.

    C. La Piedad: Pedro y Pablo en diversos escritos en sus cartas nos alientan a la piedad. Piedad es “devoción” y “Conducta” en el texto bíblico. Su sentido es ser y permanecer aptos para honrar y adorar a Dios. La fe produce en nosotros la piedad, pero el ser piadosos fortalece nuestra fe. Pablo a Timoteo (en 4:7) le pide que se ejercite en la piedad, o sea, que practique el bien hacer, y las obras de su pastorado en santidad y devoción. Ejercitarse tiene el sentido de poner en práctica algo, con el fin de no atrofiarse en eso. Y este ejercitarse para la piedad, conlleva todas las disciplinas espirituales para una vida consagrada a Dios: la oración, el ayuno, las buenas obras, la adoración, el servicio, etc.

    De manera resumida he tratado este tema, buscando apoyarle en el fortalecimiento de su fe. Espero que usted ponga por obra estos consejos en la búsqueda de que su fe sea sana, robusta y enfocada en lo esencial, antes que en lo sensacional (grandes obras, milagros y actos que le den fama y nombre). En todo sea Dios glorificado.