• Detalles acerca de la fe

    La esencia de la fe es vivir plenos, sin haber llegado a la plenitud”

    Este estudio va a ser un poco extenso; pero le pido que se sobreponga a la desidia si es que le provoca tal efecto una lectura extensa. La razón de que el tema se nos alargue; precisamente es porque vamos a analizar algunos detalles sobre la fe, por ejemplo; esencia, alcances y medidas de la fe, desde una perspectiva bíblica. Entonces sin más preámbulos, vamos al tema:

    “Tener fe es tener la plena seguridad de recibir lo que se espera; es estar convencidos de la realidad de cosas que no vemos.” Hebreos 11:1 DHH94I.

    1. La esencia de la fe bíblica: Empezando, debemos poner el fundamento del tema. Hebreos nos explica dos aspectos fundamentales: la seguridad y el estar convencidos o persuadidos.

    El escritor de la carta a los hebreos parte de una verdad incuestionable para todo creyente, la fe es “la plena seguridad” de que recibiremos lo prometido por Dios. Después de todo, es el autor y consumador de la fe, a través de Jesucristo; por quien hizo posible nuestra salvación. Y como dice Pablo: “¿cómo no nos dará con Él todas las cosas?” (Romanos 8:32).

    Luego de esa seguridad eterna, la fe consta de convencimiento o persuasión. Y es que todos los días los creyentes tenemos que convencernos de lo que la Palabra de Dios nos dice acerca de nuestra nueva vida en Cristo, y acerca del futuro con Cristo. ¿Por qué? Porque en nuestra humana debilidad caemos en vacíos de fe y en desesperanza. Y aunque la idea de convencimiento planteada gramaticalmente aquí es un presente (un hecho en el ahora mismo); a la vez es un pasivo (un hecho que se repite constantemente). De tal manera, que la idea es una acción constante en la que cada creyente debe persuadirse o convencerse constantemente. Pero recordemos que Juan en su Evangelio homónimo, nos dice que el Espíritu Santo es quien nos lleva a toda verdad. Entiéndase entonces que contamos con la ayuda del Espíritu Santo para mantenernos no solo en la fe, sino creciendo en ella.

    Pero si nos adelantamos unos versículos en hebreos once, comprenderemos mejor este concepto de la fe:

    “Por fe, Abraham, cuando Dios lo llamó, obedeció y salió para ir al lugar que él le iba a dar como herencia. Salió de su tierra sin saber a dónde iba, y por la fe que tenía vivió como extranjero en la tierra que Dios le había prometido. Vivió en tiendas de campaña, lo mismo que Isaac y Jacob, que también recibieron esa promesa. Porque Abraham esperaba aquella ciudad que tiene bases firmes, de la cual Dios es arquitecto y constructor.” Hebreos 11:8-10 DHH.

    Dice que el patriarca de la fe vivió como un extranjero en la tierra que Dios le había prometido. ¿Por qué razón? Ciertamente aquella tierra prometida por Dios era de Abraham y de los suyos, pero el hecho de que la tierra aún estaba en manos de sus enemigos, y el control no era en su totalidad de Abraham; no le quitó la esperanza acerca de la fidelidad de quien prometía, aunque no viera plasmado todo el plan. Recordemos que pasaron siglos para que Israel se estableciera en la tierra y la poseyera. Pero la clave para que Abraham no desmayara ni se amargara como pasa con muchos de nosotros cuando no vemos lo que esperamos en oración, se describe textualmente en esta cita: “Porque Abraham esperaba aquella ciudad que tiene bases firmes, de la cual Dios es arquitecto y constructor” (heb. 11:10). ¿Cuál fue la actitud de Abraham? Se describe literalmente también: “…Vivió en tiendas de campaña, lo mismo que Isaac y Jacob, que también recibieron esa promesa” (heb. 11:9).

    Tenemos aquí, dos visiones totalmente válidas. Una es lo tangible y que demanda nuestra atención, la tierra física. Dios le dijo a Abraham: “sal de tu tierra, algo que es tuyo, y ve a la tierra que yo te mostraré”. Hasta ahí una promesa. Pero cuando Abraham llegó a las tierras que deberían ser suyas y de sus hijos; resulta que estaban habitadas. Abraham entonces vive como extranjero entre las otras naciones. Pero cuando leemos la vida de Abraham nos percatamos que era un hombre pleno siendo extranjero (riquezas, familia y honra). Vivía en tiendas y no en palacios, como los vecinos. No obstante, hebreos nos hace ver que Abraham había comprendido que había una tierra mejor que aquella a la vista. Aquí entonces, tenemos la visión espiritual y alude a la morada eterna de Dios para él y su descendencia. Más allá de las pruebas a las que fue sometido, y más allá de los errores que llevaron a Abraham a pecar algunas veces, él vivió con seguridad.

    La esencia de la fe es vivir plenos, sin haber llegado a la plenitud.

    ¿No es la clase de vida que deberíamos vivir? Creo que estamos de acuerdo que es así, pero eso no quita la aflicción del camino, ni la debilidad que nos asedia. Por lo tanto, fe no es sinónimo de ausencia de aflicciones y hasta de pecados. Pero es en esencia; la seguridad que nos convence de la fidelidad de Dios.

    2. Los alcances de la fe

    El primer alcance de la fe; es la Salvación. Es bíblica y teológicamente el alcance más pronunciado y evidente. El ser humano puede tener cualquier tipo de fe; ya sea una fe intelectual, o una fe humanista que cree en la bondad del hombre, o una fe positivista que se sustenta en frases insustanciales (la substancia de la Salvación es Cristo), pero sin Salvación o vida eterna, el hombre ha fracasado en la fe.

    Otros alcances de la fe son las promesas de Dios para sus hijos e hijas. Todas las promesas de Dios descansan en la obediencia; y la obediencia descansa en la fe. Es por esta razón que Jesús dijo: “busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas las otras cosas (que tienen que ver con nuestras necesidades) os serán añadidas” (Lucas 12:31).

    Debemos tener claro que el incrédulo, aquel que no tiene confianza en Dios y sus promesas, es una persona de la que Dios no se agrada. Pero Dios se complace en los que le buscan con total credulidad.

    “Pero no es posible agradar a Dios sin tener fe, porque para acercarse a Dios, uno tiene que creer que existe y que recompensa a los que lo buscan.” Hebreos 11:6 DHH.

    La clave en este aspecto de la fe es saber que somos salvos no por méritos propios. Pero que también la fe da para alcanzar promesas que no están endosadas a la Salvación de nuestras almas, sino que están disponibles para incentivarnos a la madurez.

    En una ocasión, cuando Jesús bajaba del monte de la transfiguración con Pedro y Juan; encontró una multitud en la calle; resulta que algunos de sus discípulos no habían podido expulsar un demonio, y Jesús les cuestionó la fe. Pero después de pasado el evento; aquellos le preguntaron aparte a Jesús; la razón por la que no habían logrado expulsar al demonio de aquella joven. Jesús les dijo: “por vuestra poca fe”. De tal manera, Jesús deja la puerta claramente abierta al tema de la medida de la fe, que es el punto siguiente.

    3. La medida de fe

    Ya vimos el registro de Mateo 17:14-21, cuando los discípulos no pudieron echar fuera un demonio. Algunos manuscritos añadieron la expresión: “este género no sale si no con ayuno y oración”, y eso ha desviado la atención del tema de la madurez de fe en esta lectura, hacia un sensacionalismo encausado hacia el envanecimiento.

    En este mismo relato, Jesús hace una comparación respecto a tener fe como un grano de mostaza. Bueno, la idea metafóricamente expuesta por el Maestro respecto a la fe es la posibilidad natural de que la fe debe crecer y madurar; tal como lo hace una semilla tan pequeña como la de mostaza. Pequeña en su inicio, pero capaz de crecer como un arbusto que será la hortaliza más grande del huerto. Por lo tanto, la fe tiene medida creciendo de una pequeña semillita, a un arbusto muy útil dentro del huerto. Pero su medida no dimensiona importancia o rango, sino poder para hacer la obra de Dios, y provee de madurez al carácter del creyente.

    Respecto a la medida de la fe, encontramos algunas referencias bíblicas importantes, veamos:

    Pablo a los romanos les escribe que usen el don de profecía “de acuerdo a la medida de la fe”, y eso significa que, la profecía no debe apartarse de lo que las Buenas Nuevas de las Escrituras dicen. La idea de medida en el contexto del Nuevo Testamento; es comparar el don recibido y su acción, con las Escrituras. O sea, la medida de comparación de la fe son las Sagradas Escrituras. Fuera de las Escrituras todo es mera especulación (Romanos 12).

    Otra referencia es la que habíamos revisado anteriormente, cuando Jesús reprocha falta de fe en los discípulos en Mateo capitulo 17. El dicho: “si dijeres a esta montaña; pásate de aquí para allá, se pasará y nada os será imposible”, era un dicho que refería a la idea de hacer obras extremadamente difíciles o imposibles. Jesús aprovechando el conocido refrán se apropia para indicarles que es así mismo como trabaja la fe, logrando imposibles. Él les dice que solo requieren una fe como un grano de mostaza, que es de hecho muy pequeño, pero con el potencial de germinar y crecer mucho.

    En muchas otras ocasiones, vemos a Jesús decirle a quienes venían por sanidad: “tu fe te ha salvado”, o “grande es tu fe”. Es interesante como algunos tenían fe para ver los milagros y muchos otros no. Jesús atribuía estos actos portentosos de su ministerio a dos razones: La gloria del Padre y la fe de los receptores de sus milagros.

    Concluimos sin temor a equivocarnos en este punto, que la fe es dinamia y crece, madura y da fruto.

    De lo que hemos expuesto acerca de la fe, debo sintetizar a modo de conclusiones las siguientes ideas, que espero nos apoyen en madurar en la fe:

    1. La fe para salvación es simple, nada impositiva y siempre al alcance. Recordemos la escena de la cruz; ahí está Jesús muriendo por la humanidad al lado de dos malhechores; uno que le recrimina y se burla, y el otro que le reconoce como Salvador, pues su solicitud es contundente: “acuérdate de mí cuando vengas en tu Reino”. Aquel desventurado moribundo y pecador, había aceptado el sencillo mensaje de Jesús acerca de su regreso como Rey. ¿Dónde había escuchado el mensaje? No hay detalle de ello, pudo haberlo escuchado en la ciudad mientras delinquía, o pudo ser Jesús quien les predicase en la misma cruz. Esta fe nos hace aceptos en Cristo El Señor. Es por gracia y no por obras o méritos propios. Aquel pecador moribundo de la cruz fue salvo por creer que Jesús regresaría como Rey, y no porque hizo algo para que Jesús se fijara en él y lo salvara.
    2. La fe, además, nos da acceso a las promesas que hay en la Palabra de Dios, para los hijos de Dios. Juan nos recuerda en el Evangelio de Juan, que a los que creen en su nombre; les ha dado potestad de ser hechos hijos de Dios. Luego Pablo a los romanos (en 8:17) nos dice; que si somos hijos entonces somos coherederos con Cristo de las promesas de Dios el Padre. Usted se preguntará: ¿a cuáles promesas tengo derecho? Pues a todas, pero es importante recordar que la Biblia nos enseña que las promesas de Dios son siempre condicionales a demandas propias al carácter de lo prometido. Todas las promesas demandan obediencia. La única promesa que demanda fe sin obediencia previa es la Salvación, pues es una promesa hecha a quienes están muertos y destituidos de la gloria de Dios. Estos muertos reciben por la fe, no por obediencia; el sacrificio de Cristo en la Cruz. Ya debes entender esto si eres creyente. Un muerto no tiene la capacidad de obedecer a Dios. Por lo tanto, la única manera que usted y yo pudimos obedecer los preceptos de Dios, fue siendo rescatados por Dios mismo para salvación, justificación y santificación, y hasta entonces pudimos llegar a tener la capacidad con la ayuda del Espíritu Santo de la Promesa; de obedecerlo en todo.
    3. La fe es la puerta para todo aquel que cree, al judío y al no judío: Jesús le dijo en una ocasión a una mujer no creyente, no perteneciente al linaje del Señor: “no está bien quitarles el pan a los hijos y dárselo a los perros”. Una escena cruda y controversial que Jesús no rehusó enfrentar, ni tampoco decidió usar un lenguaje políticamente correcto. La intención pedagógica y espiritual del Maestro era confrontar los pecados cultuales y sociales de sus discípulos, quienes como judíos seguían creyendo que los demás eran como perros despreciables. Ellos le habían pedido a Jesús que callara aquella mujer cananea que los avergonzaba gritando ayuda al Maestro para que liberara a su hija de la posesión demoniaca. Una petición que ella obtuvo de Jesús por su fe contracultural. Jesús le dijo: “mujer grande es tu fe”, y recibió la gracia salvadora de Dios ese día.
    4. La fe debe ser alimentada para que crezca: debemos ser analíticos al leer la Biblia, para comprender cómo es que nuestra fe crece y madura:

    A. La Palabra de Dios: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”. Romanos 10:17 (RVR60).

    La fuente primaria para que nuestra fe sea sana y creciente, es lo que La Biblia dice. No es primero la interpretación de alguien más, ni son los sermones. Es la lectura que usted y yo hacemos desde el texto sagrado. Claro, que no menospreciamos las enseñanzas y las predicaciones en la Iglesia, la radio u otro medio de proclamación; pero hago hincapié en que debemos leer la Palabra de Dios. Eso aumentará la fe, nos ayudará a comprender la fe y nos mostrará la dinámica de la fe práctica.

    B. La oración: Santiago dice que la oración eficaz puede mucho, y esa eficacia él la relaciona con la confesión de pecados, confesión de ofensas y del perdón entre los hermanos. Además, dice que la oración de fe, esta misma oración eficaz, podrá lograr sanidades y salvación (Santiago 5:15-16). Pablo a los colosenses les manda a perseverar en la oración con una actitud agradecida (Col. 4:2). ¿Podremos ser agradecidos sin confiar en Dios? (fe = Confianza). Entonces orar aportará crecimiento a la fe personal y colectiva.

    C. La Piedad: Pedro y Pablo en diversos escritos en sus cartas nos alientan a la piedad. Piedad es “devoción” y “Conducta” en el texto bíblico. Su sentido es ser y permanecer aptos para honrar y adorar a Dios. La fe produce en nosotros la piedad, pero el ser piadosos fortalece nuestra fe. Pablo a Timoteo (en 4:7) le pide que se ejercite en la piedad, o sea, que practique el bien hacer, y las obras de su pastorado en santidad y devoción. Ejercitarse tiene el sentido de poner en práctica algo, con el fin de no atrofiarse en eso. Y este ejercitarse para la piedad, conlleva todas las disciplinas espirituales para una vida consagrada a Dios: la oración, el ayuno, las buenas obras, la adoración, el servicio, etc.

    De manera resumida he tratado este tema, buscando apoyarle en el fortalecimiento de su fe. Espero que usted ponga por obra estos consejos en la búsqueda de que su fe sea sana, robusta y enfocada en lo esencial, antes que en lo sensacional (grandes obras, milagros y actos que le den fama y nombre). En todo sea Dios glorificado.

  • De Lodebar a la casa del rey

    El segundo libro de Samuel capitulo nueve, nos narra una de las historias más sensibles y ejemplares acerca de la lealtad y la bondad. Además de ser una historia alegórica, que nos permite identificarnos en diferentes momentos con sus personajes. (Leer 2 Samuel 9).

    Los personajes presentes son: el rey David, Mefi-boset hijo lisiado de Jonatán y Siba el siervo de Mefi-boset. Los personajes póstumos eran: el difunto rey Saúl y Jonatan su hijo. Los lugares que fueron testigos de aquella gesta de bondad fueron; Jerusalén ciudad real del trono de David, y Lodebar en tierras de Galaad al sur del mar de Galilea, en la ribera este del Jordán.

    Siendo un niño, Mefi-boset sufrió una caída que le dejó lisiado; mientras su nodriza huía con él para salvarle de los filisteos luego de la muerte de Saúl y de Jonatán. Tiempo después cuando David había asegurado todo el reino de Israel, preguntó por si alguna persona del linaje de Saúl quedaba con vida. Entonces David se da cuenta que el hijo de su gran amigo Jonatán estaba con vida en Lodebar.

    Se sabe que la palabra “Lodebar” significa: “no pastos” y otro posible significado es “no palabra”. La etimología misma de la palabra hebrea indica que era una tierra agreste, inhóspita, árida y poco deseable.

    En un aspecto interpretativo o alegórico, era un pueblo que representaba el dolor y la desesperanza humana. Ciertamente la idea de no pasturas reflejaba su poca idoneidad para pastar animales, y por lo árido y rocoso del terreno, tampoco era apto para la siembra. Tomando en cuenta que habitaban ahí familias pobres, desintegradas de la sociedad y con otras dificultades; pues es de pensar que de alguna manera se las ingeniaban para sobrevivir, pero a costo mayor que la normalidad.

    Fácilmente podemos relacionar esta inferencia con la vida de Mefi-boset. A pesar de que no tenemos mayores detalles en la Biblia acerca de la vida en esos días posteriores a su trágica caída y a la pérdida de su padre y de su abuelo; podemos imaginar la desolación de aquel niño quien pasó como mínimo un par de años en Lodebar, hasta que las revueltas divisionistas tras la muerte de Saúl se fueron disipando y David se hizo con todo el reino con ayuda del general Abner, también muerto para entonces. Y ¿qué sabemos de Rizpa la madre de Mefi-boset? A estas alturas del relato nada, no se menciona. El niño entonces estaba al cuidado de su nodriza.

    ¿Qué impulsó a David para ofrecer misericordia al linaje del rey que intentó en vida matarlo? Hay dos aspectos del carácter de David que resaltan en este capítulo:

    1. La lealtad: Una cualidad vinculada con la fidelidad. David y Jonatán se habían comprometido en una amistad y amor a prueba de odio. Muy a pesar de las asechanzas de Saúl contra David, Jonatán nunca fue desleal a David; ni David lo sería con Jonatán. La fidelidad no repara en circunstancias, se determina por amistad y amor genuinos. Valores muy escasos en nuestro tiempo.

    “Dijo David: ¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia por amor de Jonatán?” 2 Samuel 9:1

    2. La misericordia: Aparte de ser una cualidad alcanzable para el ser humano, es un atributo moral de Dios. David lo entendía muy bien y por esa razón relaciona la misericordia con Dios mismo. Es imposible para cualquiera de nosotros ser misericordiosos sin la ayuda de Dios. Las personas muchas veces alardean de ser buenos o misericordiosos, pero sin Dios es simplemente imposible. Es más, aún los creyentes adolecemos de misericordia si no sometemos nuestra voluntad a Dios. Hacer bien o sentir lástima, no es lo mismo que misericordia. La misericordia es la cualidad sobrenatural de no pagar a otros como ellos lo merecen por sus actos. Es la misma dosis que recibimos de parte de Dios; quien no nos ha pagado, ni nos paga de acuerdo a nuestra rebelión.

    “El rey le dijo: ¿No ha quedado nadie de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia de Dios?” 2 Samuel 9:3.

    Fue por estas cualidades del carácter de David, que Mefi-boset fue restituido a su posición de príncipe. David, siendo un rey comprendía muy bien este linaje real, pero pudo haber actuado como muchos otros malos reyes, que temerosos de su reino; eliminaron a sus coherederos. No obstante, la seguridad de David respecto al llamado de Dios para que fuera rey sobre todo Israel, le bastó para tener seguridad y una autoestima lo suficientemente fuerte como para ofrecer su benevolencia a un príncipe desdichado.

    David prefigura de manera completa el carácter perfecto, amoroso y misericordioso del Mesías. El hombre conforme al corazón de Dios, siendo imperfecto fue instrumento de la perfección del carácter santo de Dios.

    Nosotros los creyentes, hemos sido llamados al igual que Mefi-boset, a sentarnos a la mesa del Rey de Reyes. Lodebar sigue siendo una prefigura del desierto espiritual y del dolor humano. Merecíamos la muerte, pero Cristo nos ha dado la vida.

    Mefi-boset una vez más, se dio cuenta de esa condición de orfandad cuando la ingratitud de Siba su siervo, lo quiso poner en mal con el rey David, leemos así:

    “También Mefi-boset hijo de Saúl descendió a recibir al rey; no había lavado sus pies, ni había cortado su barba, ni tampoco había lavado sus vestidos, desde el día en que el rey salió hasta el día en que volvió en paz. Y luego que vino él a Jerusalén a recibir al rey, el rey le dijo: Mefi-boset, ¿por qué no fuiste conmigo? Y él respondió: Rey señor mío, mi siervo me engañó; pues tu siervo había dicho: Enalbárdame un asno, y montaré en él, e iré al rey; porque tu siervo es cojo. Pero él ha calumniado a tu siervo delante de mi señor el rey; mas mi señor el rey es como un ángel de Dios; haz, pues, lo que bien te parezca. Porque toda la casa de mi padre era digna de muerte delante de mi señor el rey, y tú pusiste a tu siervo entre los convidados a tu mesa. ¿Qué derecho, pues, tengo aún para clamar más al rey? 2 Samuel 19:24-28.

    He aquí la maldad al otro extremo, alguien que no conocía de lealtad ni bondad, ese era Siba el criado de la casa de Saúl. Pero una vez más David usó de misericordia y aceptó las disculpas de Mefi-boset; pero no solo eso, tampoco arremetió contra Siba por su pecado. David había experimentado el perdón de Dios de manera poderosa, y sabia que su responsabilidad era amar con lealtad y misericordia divina.

    Cuando nosotros los creyentes lo entendamos, muchas cosas cambiarán dentro de nosotros y a nuestro alrededor. Hemos sido perdonados y amados con fidelidad y misericordia. Fuimos repatriados de tierras sin pastos (agrestes para cosechar), y sin palabra (agrestes para el alma). De Lodebar a la casa del Rey.

  • Consideraciones bíblicas acerca de la Voluntad de Dios

    No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Romanos 12:2 (RVR 60).

    No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto. Romanos 12:2 (DHH).

    Introducción: Trabajemos un ejemplo actual. Permítame traer el tema de: Sexo y género, y comparemos los criterios de este tiempo versus la Palabra de Dios.

    Criterio del tiempo presente acerca de lo que es el sexo y el género: Las personas pueden auto-percibir su género, indistintamente de su sexo biológico y de su orientación sexual. Como consecuencia, una persona cuyo sexo biológico es masculino o femenino, puede percibirse a sí mismo dentro de diferentes géneros de la gama principal de los cuatro géneros, que se han promovido (Cisgénero, transgénero, transexual y no binario) y de donde se derivan otros géneros.

    ¿Qué piensa usted? Asimilación o rechazo

    ¿Qué dice la Biblia?

    Decreto: Varón y mujer los creó (Gén. 1:27)

    Precepto: Hombre y mujer se unirán y serán una sola carne (Gén. 2:24)

    Permisividad: Los seres humanos hacen como quieren y por el momento Dios no lo impide.

    Debemos considerar la voluntad de Dios, como un deseo supremo que afecta positivamente la dinámica del cosmos y de nuestras vidas. Según el Dr. R. C. Sproul, podemos distinguir en la Biblia tres formas de la voluntad de Dios; la voluntad decretiva, la voluntad preceptiva y la voluntad permisiva; las cuales vamos a analizar para comprender mejor:

    La voluntad decretiva de Dios

    1. En este nivel, Dios tiene absoluto control de las decisiones para la subsistencia del cosmos.
    2. Lo que significa; es que Dios decreta o determina sin ninguna objeción. Determina el qué, el cómo, el por qué, el para qué, y el cuándo. En ese sentido, ninguna persona aunque se haga llamar cristiano, pastor, apóstol o profeta; tiene las cualidades para decretar algo. Los decretos sólo pertenecen al Rey y Supremo Señor.
    3. Decreta lo que ha sido y lo que será:

    “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. 2 Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. 3 Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. 4 Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. 5 Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas”. Apocalipsis 21:1-5 (RVR 60).

    La voluntad preceptiva de Dios

    1. En este nivel, Dios demanda obediencia a sus preceptos, los cuales nos han sido confiados en la Palabra de Dios.
    2. Bajo esta voluntad es a la que Pablo nos exhorta vivir, porque es buena, agradable y perfecta.
    3. Ejemplos de preceptos: Los dos grandes mandamientos: “Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.” Mateo‬ ‭22‬:‭37‬-‭40‬ ‭RVR1960‬‬.

    La Voluntad permisiva de Dios

    1. En este nivel, Dios parece callar ante las decisiones que toman los hombres, y a menudo se le conoce como el libre albedrío o libertad moral.
    2. El mundo sin Dios, vive esta clase de voluntad divina; se mueven bajo los criterios del mundo actual. Con permiso de Dios pero sin su aprobación.
    3. Muchas veces los creyentes también vivimos en este nivel de permisividad; creyendo que lo que hacemos está bien, aunque no se compagina con lo que la Biblia nos demanda. Si hacemos las cosas sin tomar en cuenta el consejo bíblico, Dios no nos aprobará.

    Conclusión

    Dios espera que los creyentes vivamos en su voluntad preceptiva. Por esa razón es que nos ha dejado un registro de su voluntad escrita en la Santa Palabra de Dios. De lo contrario, usted nunca podrá dar testimonio de la obra de Dios en su vida. Quizá usted piense que puede testificar de una circunstancia por aquí, y otra por allá; pero su vida será como las olas del mar de aquí para allá.

    No estoy hablando de perfección moral hermanos, estoy hablando de perfección de la fe. Pablo dice, que la única manera de alcanzar esta clase de perfección de fe o perfección espiritual; es “no conformándonos a este siglo, o a los criterios de la sociedad actual”.

     

     

  • La mies es mucha, y poco los obreros

    “Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.” Mateo 9:37-38 (RVR60)

    Aquel fue un canto lema de los pocos misioneros que salían a los campos de misión. Era un canto bien intencionado pero sobre todo bíblico; quizá por eso tocaba las fibras de nuestros corazones y las lágrimas rodaban por nuestras mejillas mientras lo entonábamos.  

    Era entonces medianamente joven, e iba con otros jóvenes de la época, de un congreso a otro tratando de capacitarme a los pies de misioneros de carrera. Las iglesias locales eran a nuestro parecer, espacios limitados y asfixiantes para aquellas metas transculturales. Vimos salir algunos pocos amigos al campo, y luego estuvimos orando, animando y capacitando a otros, durante algunos años más. Hasta que un día dejamos de orar y cantar el canto, y creo que dejamos de leer el texto con atención.

    Me pregunto si hemos envejecido o enmudecido, pero también hemos dejado de mirar obreros saliendo a la mies. Incluso hemos mirado muchas iglesias locales adolecer de un pastor. Y es posible que hemos dejado de mirar multitudes sin pastor. La desobediencia galopa y pagamos el precio de nuestro atrevimiento.

    Ese es mi testimonio acerca del canto; “la mies es mucha”, que nos animó a muchos al servicio misionero. Pero hoy quiero reflexionar acerca de no olvidar, que antes que un canto; es un texto bíblico que salió de la boca de Jesús para sus discípulos. Mientras Jesús recorría las ciudades y aldeas, predicando, enseñando, sanando y liberando a los que estaban endemoniados; miró aquellas multitudes y tuvo compasión de ellos; y dijo: “a la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies”.

    Cuando la Iglesia pierde la sensibilidad que tuvo Jesús, ya no mira multitudes en necesidad. Empezamos a obviar mandatos tan primarios y básicos como orar (pedir o rogar según Jesús)  para que Dios envíe obreros. Ya el canto pasó a ser un canto viejito, como pasado de moda. Y descubrimos el verdadero problema, aquello pudo ser una moda y no un compromiso al llamado de Jesús para todos los tiempos: “rogad al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies”.

    Este texto nos deja enseñanzas muy sencillas pero poderosas en el quehacer misionero de la Iglesia:

    1. Las multitudes sin Dios, donde sea que estén; son la mies o la cosecha.
    2. Esas multitudes son como ovejas sin pastor. O sea, en peligro de muerte y sin un aprisco o corral, adonde volver cada noche. Es una imagen de desprotección.
    3. La única manera de ver las multitudes, es salir a predicar.
    4. La tarea primordial del creyente, comienza por la oración para que Dios proveea los obreros para ir a la cosecha.
    5. Es posible que mientras oramos, seamos llamados a ir. No debemos tener temor, y tampoco pensar que ir implica dejar nuestra casa; no en todos los casos será así. Aunque es posible que algunos serán llamados a ir lejos.

    En conclusión, esta reflexión nos lleva al ABC de la fe. Fuimos encontrados en el camino infructuoso de nuestras propias agendas; al igual que Jesús encontró a Pablo y a los demás apóstoles. Y estoy seguro, que al igual que ellos, también fuimos encontrados, salvados y llamados a ir por la cosecha.

    Querido hermano y hermana, no permitamos que los afanes de este tiempo nos roben la compasión por aquellos que vagan como ovejas sin pastor.