• Decisiones con consecuencias imputables

    Por Elías Lara

    3 Dijo también Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa. 4 Luego vino a él palabra de Jehová, diciendo: No te heredará este, sino un hijo tuyo será el que te heredará. Génesis 15:3-4 (RVR1960).

    Dios había llamado a un hombre de Ur de los Caldeos, de una tribu semítica nómada, donde obtener riquezas y cuidarlas, pasaban como validación de la hombría. El patrimonio lo era todo. Dios quiere darle un significado diferente a esta familia, y al mundo. Si somos cuidadosos al leer génesis del capítulo 1 al 45; vemos que Dios trata con la humanidad universalmente. Pero a partir del capítulo 45, Dios trabaja con la familia de Jacob en Egipto, y empieza a tratar en el transcurrir de años y siglos; con una nación en particular.

    Mientras Dios trató con las primeras civilizaciones, la dinámica familiar nos presenta a una familia traumatizada y llena de culpa cosmológica en Adán y Eva (llegando incluso al primer homicidio), luego a una dinámica de familias patriarcales que se centraban en la protección, el pastoreo y la agricultura para la economía familiar. Pero cuando Dios llama a Abraham, le ordena dejar su tierra y su parentela, justo todo su patrimonio. Y luego le va enseñando a confiar en Él, a través de diferentes pruebas. Y es por medio de Abraham; llamado para servir a los planes de Dios, donde el planteamiento divino es volver a una familia moldeada por Dios mismo, a las tierras elegidas por el mismo Dios (Canaán). Y siendo de esta manera con Abraham, una constelación familiar universal, sus decisiones tendrán una imputación igualmente universal.

    Hoy voy a caminar sobre la cuerda floja respecto a la hermenéutica bíblica, y la búsqueda de respuestas escatológicas. Y digo escatológicas; en tanto que, ya estamos viviendo eventos preparatorios al desenlace de la humanidad desde la perspectiva bíblica.

    ¿Cuál era el hijo “propio” de Abraham? Si usted responde que era Isaac porque lo tuvo con Sara, podría invalidar la dinámica y costumbre de esa era patriarcal, donde para ellos todo cuanto salía de sus lomos era de su propiedad; esposa, concubinas, hijos e hijas, y nietos, esclavos y animales. Por eso Jacob bendijo a sus hijos, tanto de su amada Raquel, como los que tuvo con Lea, Bilha y Zilpa. Todos fueron sus hijos legítimos y de su propiedad. Bueno, pues con Abraham fue el mismo caso. Tan legítimo era Ismael con Agar, como Isaac con Sara. Pero, ¿cuál es la diferencia entre el patriarca de la fe, con respecto a su nieto Jacob? Que Dios determinó en Isaac cumplir la promesa hecha a Abraham y Sara, determinando que Isaac era el heredero del llamado divino. En aquella decisión el poder de Dios fue exaltado, pues para Sara y su marido aquello de concebir y dar a luz, era posible solo por provisión divina. Si ustedes notan, Isaac es el único de los tres patriarcas principales, que no tuvo concubinas, y el mensaje que me deja es que las promesas de Dios son exactas, puras y sin añadidos. Pero Abraham y Sara añadieron su “mejor idea”, de la forma en que pensaban que se podría cumplir la promesa de Dios en sus vidas.

    En este contexto, quiero anclar mi argumento para tratar de explicar bíblicamente, lo que está pasando en el mundo en estos últimos años, donde hay constantes sobresaltos político militares con los hijos de Ismael (el supuesto hijo ilegítimo de Abraham), fruto de una decisión humana, que pretendió ayudar al cumplimiento de la promesa de Dios. Y es que los cristianos debemos mirar con la lente correcta todos estos acontecimientos, sin tomar una postura política, religiosa e ideológica, pero sí con claridad del contexto histórico del texto. Ya que, desde aquella situación familiar, el mundo quedó a la espera del desarrollo de multitudes incontables de descendientes del patriarca, que estarían hasta el fin en discordias, como producto del peso emocional generacional; por la conducta de Sara hacia Agar y su hijo Ismael, quienes fueron afligidos y humillados por ella. Los planes de ambos, tan humanos como inservibles empezaron a generar la consecuencia que la humanidad sufre hasta hoy. Leamos:

    8 Y le dijo: Agar, sierva de Sarai, ¿de dónde vienes tú, y a dónde vas? Y ella respondió: Huyo de delante de Sarai mi señora. 9 Y le dijo el ángel de Jehová: Vuélvete a tu señora, y ponte sumisa bajo su mano. 10 Le dijo también el ángel de Jehová: Multiplicaré tanto tu descendencia, que no podrá ser contada a causa de la multitud. 11 Además le dijo el ángel de Jehová: He aquí que has concebido, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Ismael, porque Jehová ha oído tu aflicción. 12 Y él será hombre fiero; su mano será contra todos, y la mano de todos contra él, y delante de todos sus hermanos habitará. Génesis 15:8-11 (RVR1960).

    Y este texto es uno entre otros varios, que fueron decisiones universales, con consecuencias imputables a la humanidad entera. Hasta este día hay muchas crisis en el mundo; bajo líderes de otras naciones, pero estas crisis de larga data entre la misma familia semítica (pleito de hermanos), es la más enconada, llena de odio y escatológica. Dios marca tiempos y señales alrededor de estas naciones fraternas y enemigas a la vez. Son las naciones árabes, y la nación de Israel. Ancestralmente emparentadas, pero con los siglos se han ido separando y desmarcando. 

    Por supuesto, ahora se suman otras naciones sin historia ni abolengo bíblico. Pero todas confabulan contra Israel. Una tierra que yo en lo personal no descarto de los planes y acontecimientos del desenlace del fin. Teniendo claro que la Iglesia es el pueblo de Dios, y no Israel como país, pero aclarando también, que hay cumplimientos y valores cuyo significado solo se pueden extraer de Israel. En una ocasión, por ejemplo; Jesús respondió a una samaritana: “la salvación viene de los judíos”. Una expresión de profundidad espiritual, e implicaciones culturales no pequeñas, cuyo valor solo se explica en la nación judía.

    La humanidad hoy opina con puntos de vista de igualdad, derecho y humanidad, pero el cristiano debe pensar como Cristo. Ver esto con la mente de Cristo.

    Hay dos vertientes del pensamiento humano; o paradigmas en los cuales podemos acuñar diferentes ideas e ideologías respecto a lo que está experimentando la sociedad actual a nivel político, económico, ecológico y cultural. Uno es el paradigma del pensamiento cristiano nutrido en la fe practicante de las verdades bíblicas, y la otra; es el pensamiento humanista nihilista (Nihilismo es un pensamiento filosófico pesimista, en envoltura progresista). Desde esta perspectiva, podemos entonces interpretar, y hasta juzgar los acontecimientos que están sucediendo en nuestra sociedad bajo uno de los dos enfoques; o en su defecto, bajo un enfoque más ecléctico (combinación de ambos puntos de vista).

    Nuestra postura cristiana, no debe estar basada en ideologías anticristianas como las que se promueven en la ONU, o en países anárquicos, y en movimientos de anarquía. Tampoco debe estar apoyada en romanticismos bíblico históricos hacia Israel. Debe ser acorde al carácter pacificador de Cristo, y la denuncia valiente del pecado, tan contundente como nuestro Señor lo hiciera (lo hizo tantas veces contra líderes religiosos y sus falacias contra su humanidad divina).

    Los cristianos no acuerpamos la muerte de nadie en manos de su vecino. Mas creemos que, serán los seguidores del islam (sean árabes o sean prosélitos del islam) quienes desencadenarán un férreo espíritu anti cristiano – que siempre lo han tenido – pero esta vez será público, intencional y apoyado por la comunidad política internacional.

    Cederles espacios en países de fe cristiana, es solo apoyar la agenda del anticristo, cuyo rostro no necesitamos ver para entender que ya opera.

    Hay muchos creyentes, algunos muy cercanos, que se están confundiendo y pretendiendo que esta batalla es cultural e ideológica, y defienden a estas poblaciones con afanes humanitarios, mientras que ellos se devuelven contra quienes les han abierto su país, como ya pasa en Europa.

    Estos cristianos no miden la dimensión espiritual, y olvidan figuras retóricas tan potentes del apocalipsis; como la mujer y el dragón que la persigue; cuyo amplio significado es acerca de la persecución liderada por satanás contra los hijos de Abraham (por la fe), con intermediación de los hijos de Ismael.

    Los creyentes que han puesto interés en conocer la Palabra de Dios, advierten fácilmente los tiempos que estamos viviendo, y saben que ya ni el voto en urnas puede cambiar la tendencia anticristiana, de antivalores y de anarquismo al que nos están llevando los heraldos de satanás (líderes globalizantes).

    Finalmente, ustedes deben saber, que hoy será cada vez más; un tiempo de mucha violencia a todo nivel, en tiempos donde paradójicamente se habla del hombre más humano (humanismo) y más inteligente, termina siendo el hombre más primitivo. Ya Pablo lo advierte en 2 Timoteo 3:5 al explicar que será una era de hombres y mujeres con apariencia de piedad, pero sin frutos de ella.

    “…que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a estos evita”

    Pablo a Timoteo

  • Algo de divino, mucho de humano

    Por Elías Lara

    Elías fue un profeta de fama reconocida en su entorno, no solo en Samaria, sino incluso ejerció brevemente en Siria al ungir un rey por mandato divino (1 Reyes 19:15). Pero sin duda, su mayor impacto fue en el reino del norte (Samaria).

    Grandes proezas se cuentan en la Biblia, entre las más importantes; la proclamación de la sequía en Israel, y la muerte de los profetas de Baal y Asera. No obstante, se lo encuentra un día de tantos en una cueva, a la que le podemos llamar por analogía, la cueva de la desesperación. Sin embargo, anteriormente había tenido un ministerio muy prolífero y de mucho reconocimiento, al punto que la gente le temía como a “un dios”. Pero Santiago nos recuerda que, Elías era un hombre común; sujeto a pasiones como cualquiera de nosotros (Santiago 5: 17), y a pesar de esa naturaleza frágil, llegó a ver el poder de Dios de manera portentosa.

    “Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres. 5 Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come. 6 Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse. 7 Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta. 8 Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios. 9 Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías?”. 1 Reyes 19:4-9 (RVR1960).

    Reconocido y famoso, pero resalto estos textos que nos muestran al Elías vulnerable. Al hombre sujeto a pasiones, al que le podía dar un ataque de angustia al punto de desear morir y esconder su luz a las naciones, todo por miedo. Por eso el ángel le pregunta: ¿Qué haces aquí Elías? Y es que Dios quería recordarle al profeta, que él tenía algo de divino; al Espíritu Santo, y mucho de humano; su esencia, y con esa naturaleza única también tenía una misión. Y lo resalto para hablar de nosotros también. Podemos vivir y sobrevivir esos momentos angustiosos, cuando la desesperación causada por la maldad y la violencia en la tierra, se vuelve una Jezabel en nuestras vidas. Recuerde cuán humanos somos, pero sobre todo que tenemos la naturaleza de Dios al haber nacido de nuevo, y morar el Espíritu Santo en nuestras vidas.

    No hay muchos detalles de cómo fue el llamado de Elías, pues aparece en escena en 1 de Reyes 17 prediciendo una sequía devastadora para Israel. No obstante, por su carácter y los hechos que lo respaldaron; concluiríamos fácilmente que fue un hombre dispuesto y disponible para Dios, sin excusa.

    No se puede estar dispuesto y disponible para Dios, sin creer que merece la pena, y sin creer que hará lo que dice. Esa es la clave de la obediencia a Dios, la fe. Recordamos como relata génesis la disposición de Abraham, padre de la fe; quien caminaba sobre la Palabra de Dios, inclusive hacia aquello que parecía irracional. De alguna manera, esa vida comprometida de antaño; sustenta el contraste con el cristianismo de hoy, en muchas ocasiones lleno de nosotros mismos, y vacío de Dios. También hace eco en la pregunta retórica del Señor Jesús; ¿Pero cuando venga el hijo del hombre, hallará fe en la tierra? (Lucas 18:8).

    Si bien, el contexto histórico y el medio de revelación dista de época a época, la fe trasciende la historia y no puede ser diferente a la fe de Elías. Por lo tanto, Dios todavía debería asombrarnos con sus respuestas, algo que no pasa muy a menudo hoy. Todavía deberíamos confiar en el sustento divino, como Elías fue alimentado por cuervos en el arroyo de Querit. Todavía deberíamos confiar en nuestras oraciones en situaciones de incertidumbre, como cuando Elías oró para que no lloviera, y después para que lloviera, o como cuando oró para que fuego consumiera el sacrificio del altar a Jehová frente a los idólatras seguidores de Baal.

    Seamos honestos, ¿Cuántas veces hemos soñado algunos, en poseer esa clase de poder para enfrentar nuestros miedos, y a personas que creemos enemigas de la fe? Sí, creo que varios hemos pensado así. Pero no es así como funciona. Sí, tenemos el poder del Espíritu Santo, mismo que tenía Elías, pero su función es para ser testigos según Hechos. No es tan diferente a lo que fue Elías como testigo del poder de Dios, ante los 850 sacerdotes de las deidades fenicias. En ese caso Dios proclamó y ejecutó su juicio. En nuestro tiempo, Dios ya enjuició a la humanidad y determinó un veredicto contra los idólatras de nuestra era, pero su ejecución está en espera del juicio público y final.

    Para concluir, debo reconocer que he usado alegoría, como herramienta hermenéutica (de interpretación). Normalmente, prefiero no hacerlo, para no caer en abusos de semántica y aplicación. Pero hacer el paralelismo entre épocas, personajes y cosmovisiones; permiten comprender mejor nuestro rol en la época actual.

    Nuestro monte Carmelo, es el mundo hoy; una generación soberbia que busca denigrar la fe del pueblo de Dios, así como lo hizo Acab y Jezabel llevando a una parte de Israel a esa clase de abominación. Tenemos el poder, somos testigos ante el mundo, tal como lo fue Elías ante los enemigos de Dios.

    Época de Elías, fue para Israel la época de división entre el pueblo, de una caída libre en la idolatría, y la confrontación entre hermanos por un asunto de fe. La época actual, es una degeneración de la Iglesia Cristiana, llevando al cisma entre hermanos, unos que se diluyen entre la idolatría del mundo moderno, y otros que luchan por mantener la fe intacta.

    Los personajes del momento en esta historia bíblica, indudablemente fueron Elías, contra Jezabel, Acab y los profetas falsos. En nuestra época, somos la Iglesia del Señor, contra el sistema del mundo que presiona al mundo y a la iglesia, para adorarle (Sistema humanista, centrado en el hombre como preminente y no Dios).

    En cuanto a la cosmovisión, en el tiempo de Elías el pueblo de Israel, fiel a su solicitud años atrás a Samuel, querían parecer más a las otras naciones. Sus modelos eran naciones tan pecadoras y sanguinarias como Fenicia, Siria, Sidón, Filistea, etc. Su forma de ver el mundo para entonces era hacia el “progreso”. El progreso en la mente del hombre, siempre es alejarse más de Dios. Hoy no es casualidad que, al movimiento vanguardista en derechos humanos, política y ciencia; se le llame movimiento “progre”, como también a sus seguidores.

    Si analizamos bien esta alegoría entre nuestro mundo y el mundo de Elías, hay claros patrones comportamentales y filosóficos que nos permiten leer con mayor exactitud; los tiempos que estamos viviendo, y hacia dónde apunta la efervescencia de la sociedad actual en temas de progreso humano, derechos, religión y política. Hoy en día los valores no son más importantes que los deseos y la llamada autopercepción.

    Es tiempo entonces de marcar una diferencia con respecto al progresismo humanista. Para el creyente, progreso es una vida consagrada a Dios y su plan (consagración es ser apartado para). Ser cada vez más santos, como concluye apocalipsis:

    “El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía”. Apocalipsis 22:11 (RVR1960).

  • Maldad: la estratagema prevalente

    Por Elías Lara

    Si somos acuciosos nos daremos cuenta en nuestras lecturas de la Biblia, todas las estratagemas usadas contra la obra de Dios, y que buscan la extinción de la humanidad, y la destrucción del cosmos.

    La primera fue la soberbia, que impulsó al querubín protector mencionado en Ezequiel 28. Todos los estudiosos de la Biblia están de acuerdo; en que ese querubín protector, es satanás. Y este fue el principio del fin, de un ser creado para gobernar con esplendor en las cortes celestiales. La soberbia le llevó a la rebelión avariciosa.

    La segunda fue la avaricia, que llevó al hombre y a la mujer a la rebelión según Génesis 3; quiénes fueron fácilmente seducidos, cuando escucharon a quien ya había fracasado con el mismo pecado. La avaricia ha llevado a la humanidad, a la soberbia, y fisuró la relación de la pareja; afectando a los hijos.

    La tercera que quiero resaltar es la envidia, que llevó al primer asesinato registrado según Génesis 4. Caín, envidiando la aprobación divina de Abel, lo atacó y le mató. Una fractura que llenó de enemistad a muchas generaciones.

    La siguiente estratagema es la maldad. Está referida directamente como fuera de control en Génesis 6, donde Dios “vio” que la maldad de los hombres era “mucha”, y que todo designio del corazón de los hombres era continuamente la maldad. Este pecado trajo la consecuencia más fuerte hasta entonces; la muerte de toda la especie viviente, por medio del diluvio. La maldad definida en su contexto bíblico del génesis; refiere a la acción de generar adversidad o llevar la contraria de manera premeditada. La maldad es perversa y por consiguiente, la humanidad lo es de continuo.

    Otro episodio social animado por la soberbia, fue la torre de Babel, según Génesis 11. La cual generó un correctivo por parte de Dios, al esparcirlos y generar caos entre ellos, afectando la comunicación.

    Pero si somos minuciosos nos daremos cuenta pronto, que la soberbia, la avaricia y la maldad o perversidad; son los dominantes. Siendo la perversidad la que genera los juicios más severos; como el exilio de satanás, el diluvio y la confusión de las lenguas.

    Y es precisamente la perversidad o maldad desbordante, la que terminará llevando al mundo y sus habitantes, a la desolación del juicio de Dios. Y es aquí donde los creyentes debemos valorar la fe; a la cual podemos echar mano por gracia divina. Pues por la fe, es que podemos agradar a Dios, y ser salvos.

    No obstante, la maldad o perversión del corazón, es hostil, violenta y asesina. Y no me refiero solamente a los mártires por predicar en lugares hostiles, sino también a la exclusión social de los creyentes en contextos cristianos; solo por su fe.

    Es vital entender el concepto de maldad y su dinámica. El sentido de maldad es: dañino, malicioso y enfermo. La implicación de maldad es la de un arma forjada específicamente para su fin. El ser humano cayó de la gracia de Dios, pero su desvío ha sido paulatino, al punto de esta clase de maldad.

    ¿Qué vemos hoy? Una creciente curva de violencia discursiva, política, ideológica y fáctica en contra de los cristianos, solo por su fe.

    Para los creyentes, significa aflicción tal como la predijo Jesús en Juan 16:33, y a la vez significa fortaleza en la esperanza, de que estamos cerca de su venida. Pues la maldad, al igual que ayer, rebasará la paciencia de Dios.

    “Absteneos de toda especie de mal.” 1 Tesalonicenses 5:22 (RVR1960).

     

     

     

  • ¿Cómo enfrentar este tiempo de apostasía y blasfemias contra Dios y su Iglesia?

    Por Elias Lara

    Hay dos conceptos en esta pregunta, que son diferentes, pero coexisten y se potencian entre sí. Por un lado, la apostasía que afecta directamente a la Iglesia, y por el otro; el espíritu blasfemo de la actual generación que nos acontece. El punto es, cómo enfrentarlo y salir bien librados. No hay respuesta fácil para esta cuestión, y sabemos que debemos enfrentar este tiempo con el poder y la gracia divina, pero en el plano práctico los creyentes vivimos muchos peligros, tanto físicos como emocionales, y espirituales.

    Vamos a partir de un principio edénico pre mortem, ahí donde el proyecto de Dios era estéril y dependía en lo absoluto de Dios, y su relacionamiento con el ser humano y los otros seres creados. Este es “el principio del gobierno absoluto de Dios”.

    “Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos.” 1 samuel 8:7 (RVR1969).

    Aquel momento histórico para la nación de Israel, fue cuando el liderazgo de Samuel, quien era profeta y juez de la nación; empezaba a envejecer. Los hijos de Samuel no respondieron a la expectativa de los ancianos de Israel para su continuidad; por lo tanto, le pidieron a Samuel un rey. Un acto que podría Samuel haber interpretado como rechazo a su investidura, pero no, Dios le aclara a Samuel que no era a él a quien desechaban, sino a Dios mismo. Fue un periodo de teocracia legítima, y no requirió de un pueblo perfecto moralmente, sino de un pueblo cuyos líderes eran responsables ante Dios; de impartir la ley de Dios y mantener la justicia de la ley de Dios en sus territorios. Por eso existían los jueces, aquellos hombres y aquella mujer, que juzgaron sus causas personales, nacionales e internacionales.

    Walter Cuadra, citando el Nuevo Diccionario Bíblico Certeza, define el periodo de los jueces de Israel de la siguiente manera: «Jueces es la continuación cronológica del Pentateuco y de Josué, y describe la historia de Israel desde la muerte de Josué hasta la aparición de Samuel”. (párr. 2).

    También, Cuadra agrega: “Por tanto, podríamos definir el período de los jueces como aquella parte de la historia de Israel que nos habla de sus primeros años de asentamiento en la tierra de la cual recientemente habían tomado posesión, un periodo de caos político y espiritual que abarca alrededor de 300 años, desde la muerte de Josué hasta el inicio de la monarquía, entre los siglos XII al XI a.C. Algunos consideran este período como la historia de la teocracia de Israel, considerando el hecho de que no existían reyes que gobernaran a las 12 tribus y, por lo tanto, tenían que regirse por sus leyes divinas y confiar en la fidelidad de Dios para que sus promesas se cumpliesen en ellos, afirmándolos en la tierra que se les había prometido y sometiendo a las naciones que los rodeaban. Ahora, el cumplimiento de estas promesas dependía de la obediencia de Israel a su palabra: “Te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo, si obedecieres los mandamientos de Jehová tu Dios, que yo te ordeno hoy, para que los guardes y cumplas”. Deuteronomio 28:13.

    Por consiguiente, cuando Israel desecha a Dios y pide un rey, lo hace con alevosía; ya que agregan en su petición, que ellos quieren ser como las demás naciones.

    Y clamaréis aquel día a causa de vuestro rey que os habréis elegido, mas Jehová no os responderá en aquel día. Pero el pueblo no quiso oír la voz de Samuel, y dijo: No, sino que habrá rey sobre nosotros; y nosotros seremos también como todas las naciones, y nuestro rey nos gobernará, y saldrá delante de nosotros, y hará nuestras guerras. 1 samuel 8:18-20 (RVR1969).

    Este pensamiento no tiene que ver solo con Israel, atañe a la Iglesia en un sentido figurado, porque pone nuestro corazón al espejo de esta actitud. No hay forma que podamos sobrevivir a las naciones de hoy y a sus ideologías y hostilidad, sin el gobierno de Dios en nosotros. Desde que Israel desechó a Dios, fue perdiendo paulatinamente su herencia y sus conquistas en Canaán.

    En Cristo, Dios formó de judíos y no judíos un solo pueblo para él. Es una forma de teocracia en los corazones de los llamados, salvos y comisionados. Las condiciones son las mismas que tenían Adán y Eva en el huerto e Israel durante la teocracia de los jueces: simplemente obediencia. La obediencia es una distinción del cristiano, porque al obedecer confía en Dios y su soberanía en medio de cualquier circunstancia.  

    ¿Cómo enfrentar este tiempo de apostasía y blasfemias contra Dios y su Iglesia?

    Debemos enfrentarlo con obediencia y confianza en lo que Dios está haciendo, en lo que hará, pero sobre todo en lo que Dios está permitiendo en el mundo de hoy; lleno de hostilidad blasfema. También, debemos estar preparados para no ser seducidos dentro de la Iglesia, hacia una tolerancia participativa de las nuevas convenciones sociales respecto a todo; pero en especial, respecto a la familia, la vida y la sexualidad.  

    Dios debe ser Rey sin excusas, no necesitamos ser inmaculados (algo imposible per se) para aceptar su gobierno, solo confiar de verdad en Él. Si confiamos, obedecemos; si desobedecemos, podemos arrepentirnos para perdón, y seguir confiando. Pero sin Dios gobernando en nuestro corazón, no llegaremos muy lejos en este tiempo, y menos aún en tiempos venideros. Porque la hostilidad directa y de confrontación hacia Dios; va creciendo a tal punto, que el ateísmo no tendrá lugar; ya que tendrán que creer en Dios para poder atacarlo e intentar destruirlo. ¿Lo que digo es fábula? No, para nada. Es escatología bíblica (apocalipsis 20).

    ¿Signos de que Dios no está gobernarnando?

    1. Normalizar la conducta humana, tal como el mundo lo normaliza, aún en contra de lo que la Biblia diga acerca de esas conductas. Esa normalización; es el equivalente al rechazo de Dios por parte de Israel, para proponer un rey humano que los guiara.

    2. Tibieza espiritual, es otro signo, y quienes viven esos estados espirituales; es por falta de fe y disciplinas espirituales.

    3. Activismo estéril, refiere a la participación activa del cristiano, en activismos enfermizas, hostiles y “hates” (actitudes y pensamientos de odio).

    ¿Acaso se puede concebir como sano y natural la vida de creyentes que tienen como meta principal o única, las luchas humanistas sin propósito en Cristo?

    Hay luchas sociales, luchas ideológicas, luchas animalistas, luchas pro étnicas, sin mediar una meta espiritual de reino.

    Sin transformación de vida, sin salvación y sin vida eterna, toda lucha humana es estéril para el cristiano.

    Podemos ser ciudadanos ejemplares y servir a nuestra sociedad, es lo idóneo, pero nunca olvidar nuestra responsabilidad y oportunidad de compartir la vida en Cristo. Y la sociedad que nos sostiene ahora, cada vez más, nos exigirá no llevar a Cristo con nosotros.

    Hemos llegado al tiempo decisivo, donde los creyentes nos enfrentaremos a ceder o morir; quizá no literalmente moriremos, pero moriremos socialmente en las manos de la exclusión ideológica, hostilidad política, marginación intelectual y burla religiosa.

    ¿Dejarás a Dios reinar? Si tu respuesta es positiva, es casi seguro que el peregrinar cristiano en adelante sea a cuestas. Porque tu opinión no será tan valorada, pero sí es necesaria. Nuestra tarea es ser sal entre la desabrida sociedad que nos toca vivir. Y ser luz en la tiniebla más densa de la humanidad, la que estamos viviendo, y que se complicará mucho más.

    Al ejército de Dios en todos los rincones de la tierra, y hasta donde estamos llegando a través de este blog, les recuerdo que están muriendo cristianos en occidente por compartir la verdad y los valores bíblicos. Así que no retrocedamos, y seamos valientes en la hora de la prueba. ¿Cómo? Viviendo dignamente como conviene a los santos, y proclamando el Evangelio. Defender la verdad que creemos, es parte de ser una familia de fe.

    “sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros…” 1 Pedro 3:15 (RVR1969).

    Referencias

    Cuadra, Walter (s.f) El período de los Jueces de Israel., párr. 2. https://lassagradasescriturasestudio.blogspot.com/2024/09/el-periodo-de-los-jueces-de-israel.html#:~:text=Por%20tanto%2C%20podr%C3%ADamos%20definir%20el%20per%C3%ADodo%20de%20los,y%20sometiendo%20a%20las%20naciones%20que%20los%20rodeaban.