Después de algunos años publicando en mi blog acerca de diversos temas bíblicos – algunas veces con tintes psicológicos y filosóficos – reconozco que algunos temas han hecho eco en varias personas lectoras, y que de sus experiencias y testimonios he aprendido más de lo que he enseñado. Entonces puedo decir que hemos crecido juntos.
Cuando pienso en crecimiento no lo relaciono solamente con lo positivo; más bien hago un balance entre lo positivo y lo negativo, y cómo esa dinámica de contrastes han ido rediseñando mi alma y pensamientos, bajo la poderosa gracia de Dios y su Espíritu.
De esa retroalimentación que algunos me han provisto con sus mensajes, o sus preguntas y hasta sus gritos de dolor en busca de una palabra de consuelo y consejo; soy más consciente que nunca de nuestra frágil naturaleza, y profunda afectación “psicosomatoespiritual” (lease como neologismo o palabra nueva con significado especial). Hemos sido dañados severamente en nuestro espíritu al hacernos alejar de la gloria de Dios; esa gloria que en romanos 3:23 se refiere al disfrute pleno de la presencia de Dios, que no ofendía a la naturaleza humana (recordemos que la humanidad hoy se ofende por la existencia de Dios, sin darse cuenta o aceptar que el ofendido es Dios mismo, por nuestro pecado) por cuanto el humano era digno por diseño divino de tal presencia.
También, el ser humano fue dañado en su inteligencia, pues ahora su primera elección en el huerto, pesa sobre las otras elecciones que debe o quiere tomar. Ahí radica la incapacidad de ser salvo por sus medios, pues no hay acto de auto redención. Por el contrario, en su incapacidad inteligible a nivel espiritual, se rebela cada vez más a la bondad eterna de Dios, y sus elecciones constantes son privarse más de Dios, alejarse más y acercarse más a una eternidad sin Dios.
Finalmente, toda la estructura psíquica ha sido destruida. El trauma de la pérdida más cuantiosa que ha tenido la humanidad, está presente y latente en cada encadenamiento de padecimiento psicológico y traumas recurrentes durante el ciclo de vida de las personas. Soy de los que cree que un alto porcentaje de los males psicológicos y psiquiátricos, van más allá de causas demoniacas (ámbito espiritual) y más allá de causas biológicas (ámbito del psicosoma) para anidarse en causas del alma dolida por el desapego divino, o lo que en psicología llamaríamos apegos insanos a la paternidad de Dios. Tome nota que no estoy siendo absolutista en estos delicados temas, ya que está más que evidenciado que hay trastornos y dolencias mentales que son genéticos y orgánicos.
No son poca cosa aquellas expresiones en la Biblia que reflejan la impotencia y la incapacidad del ser humano:
Pablo refiriéndose al ser humano caído, dice: “Quebranto y desventura hay en sus caminos” (Romanos 3:16).
Job en su incomprendida crisis dijo: “Maldito el día en que nací y la noche en que fui concebido” (Job 3:2-3).
Cómo olvidar uno de los llantos más dolorosos, el de Ismael; a quien su madre con el corazón partido decidió dejar morir en la encrucijada del abandono cruel. Un clamor al que Dios no cerró su oído. (Gén. 21).
Usted y yo podemos unir nuestro clamor de dolor a esos clamores, con la esperanza de las promesas de Dios y su respuesta a Job, a Agar e Ismael, y a la humanidad entera a través de Cristo.
La historia de desesperanza termina precisamente en Cristo, en su obra y en su sacrificio. Pero no debemos demeritar lo que sentimos o lo que otras personas sienten como consecuencia de la caída.
Quisiera cerrar esta reflexión con el salmo 143:10:
“Enseñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; tu espíritu me guíe a tierra de rectitud”.
Para los hijos de Dios, el dolor por el pecado debe ser un recuerdo aleccionador, pero no una causa abierta. Debemos orar como el salmista, suplicante y penitente al reconocer el peligro de defender sus causas apelando a la justicia de Dios, antes que a su carácter misericordioso. De hecho, David invoca la misericordia de Dios al decirle: “no me ocultes tu rostro…” (salmo 143:7).
Hay dos acciones que debemos elegir para ser consolados, una es ser enseñados por Dios para hacer lo que a Él agrada (su voluntad) y la otra, pedir a Dios que nos lleve a la tierra de rectitud y justicia donde todo será acorde a su propósito.
Sea Dios en todo glorificado, y nuestras fuerzas renovadas.
«Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles». Romanos 1:22-23
En la era de la postverdad, todo es posible e imaginable, pues ha crecido el relativismo. Nada puede ser verdad, aunque lo sea. Es una buena ocasión para justificar lo malo, y censurar lo bueno. Les animo a leer más acerca del concepto de postverdad y de la llamada era postcristiana.
La reflexión de hoy es más una prosa de ironía, pero que retrata bien el texto en cuestión donde Pablo reflexiona acerca de la naturaleza humana. Vamos allá:
«Es un ego penetrante que invade cuerpo y alma, contaminando la sociedad«
Una sociedad que se premia a sí misma por ser científica, educada y refinada. Una sociedad de hitos en los campos de la tecnología, la ciencia, los satélites, las comunicaciones y todo conocimiento duro.
Una sociedad más preparada en habilidades blandas; merced de la psicología, sociología, antropología y lingüística.
Una sociedad que superó el conocimiento básico presocrático, y el mito medieval. Llegando a la modernidad con esperanza; inteligentes, adaptativos y llenos de avances, que la condujeron a dos guerras mundiales devastadoras a principio y mediados del siglo de la madurez de la conciencia de la mano de la filosofía mas ilustrada.
Volvimos a levantarnos de las cenizas, de la peste, del hambre y la miseria del ego alfa de líderes cuasi locos. Entrando a la postmodernidad, donde empezamos a ver a la otredad con ojos de inclusión en un mundo donde todos cabemos, y si no, habrá otra vez guerra.
Finalmente, hemos hecho una parada más en la era de la postverdad, donde el negacionismo es antojadizo, pero necesario para la subsistencia de otras sociedades que necesitan empezar de cero. En esta era hemos en teoría superado el mito de la era cristiana, y algunos ya se atreven a denominar, una nueva era “postcristiana”.
De era en era, de un movimiento social a otro, hemos vivido valores y antivalores humanos, pretendiendo desplazar a Dios, presente, pero ignorado. Y eso es en esencia, el ego humano, contaminando sociedades que se suceden unas a otras.
Al cerrar mi reflexión, el mundo se aproxima una vez más a una guerra de egos, en el mismo epicentro donde convergen occidente y oriente.
¡Qué más da si es occidente o si es oriente! El humano es uno solo, su casa una sola. Su ego de la misma materia: fuerzas yoicas desequilibradas que enmudecen la inteligencia, y llenan de harapos la sabiduría.
Aquella noche mientras uno lloraba lágrimas lúgubres por su vil traición, otro lloraba por su débil alma empobrecida por su deseo humano insuficiente para alcanzar la aprobación del cielo.
El gallo cantó tres veces como un veredicto angustiante sobre el penitente que ahora busca donde refugiar su dolor. Es interesante que el gallo cantó por naturaleza en los albores de la mañana, pero a los oídos del advertido; aquel canto fue una voz interior.
Sí, hablo de Judas Iscariote y de Pedro el pescador. Judas ya preparaba su ignominiosa decisión, porque el peso de su yerro le sería insuperable.
Pedro el pescador, aquí es solamente ese hombre tosco de carácter hecho para lidiar con las olas bravas, la sal quemante y el olor peculiar del fruto marino. No es para nada el “apóstol” corazón de roca que tomaría el desafío de ser tierra sólida y fructífera para que Dios se placiera en su fe y dureza, dar inicios a su Iglesia radiante – aunque los grupos evangélicos no creemos dogmáticamente que pedro es la roca sobre la que Dios levanta su Iglesia, sí creemos que Pedro fue la primera piedra viva (1 Pedro 2:5), siendo la piedra angular Jesucristo mismo – lo que quiero dejar establecido en orden de ideas, es que hasta esa madrugada, Pedro era un obrero labriego y sencillo sin dotes extraordinarios para ser el “apóstol” que fue (esos dotes que solo da el Espíritu Santo).
Esta es la historia que se traslada del huerto de Getsemaní al pretorio del gobernador de Judea; Poncio Pilatos. Es tan real la historia del juicio de Jesús ante este gobernador, que pocos o quizá ninguno de los gobernadores de provincia alcanzó tanta fama, solo Pilato, y fue debido a este importante hecho.
Escritores extrabíblicos como el historiador Flavio Josefo y el filósofo Filón de Alejandría mencionan a líder romano. J.M Sadurní (marzo, 2024). Por lo tanto, al ser una historia verídica podemos aplicar una metodología de estudio deductiva a través de alegorizar (simbolizar un poco desde hechos reales).
Les explico rápidamente. Cuando leemos una historia ficticia como un cuento, una leyenda, o cualquier obra literaria producto de la imaginación del autor, solemos concluir una vez que hemos leído, aquellos valores que despiertan nuestro interés y conciencia. Siempre hay un hilo temático que conduce al lector a llegar a una conclusión explícita, o a definir sus propias moralejas. Pero cuando el relato es histórico y verificable, terminamos de leer y tenemos solo datos de lo que pasó y es poco lo que podríamos sintetizar como aprendizajes. No obstante, eso no significa que no haya riqueza de aprendizaje, pues es la historia la principal maestra de vida. Pero podríamos quedarnos lejos al sentir la historia que leemos como muy impersonal. Por eso mi consejo es que alegoricemos un poco, dándole simbolismo en el presente que se conecte con nuestra realidad.
Justamente, esta historia es muy rica en lecciones para el cristiano, y vamos a ver la cita:
“Y cuando hubieron cantado el himno (Salmos 113 al 118), salieron al monte de los Olivos. Entonces Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas. Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea. Respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré. Jesús le dijo: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Pedro le dijo: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo” Mateo 26:30-35 (RVR1960).
De Judas sabemos, que tomó la decisión de acabar con su propia vida por causa de su pecado. Ya que su voluntad siempre estuvo involucrada en su acto de traición.
Pero en el caso de Pedro, a quien los cristianos conocemos como apóstol y padre de la Iglesia primitiva; resulta que, en esa madrugada violenta de lágrimas, miedo y soledad, también termina fallando de manera escandalosa.
Sin embargo, ambos personajes fueron un instrumento en los planes de Dios. Y en este punto es donde podemos alegorizar (interpretar una enseñanza desde un hecho con otros tintes). Ya que esto nos hace reflexionar acerca del lugar que tu y yo ocupamos en los planes de Dios. ¿Cuál es ese lugar?
En el caso de Pedro en su bochornoso proceder, lloró lágrimas de dolor al reconocer su bajeza por su medroso carácter. El canto del gallo le activó su conciencia al mejor modo de condicionamiento clásico, al exponer al pescador a un estímulo de constricción por un comportamiento involuntario. Pedro no quería traicionar a su maestro, pues en verdad lo amaba. Solo piense en todo lo que Jesús llegó a representar para Pedro, en una época dura, y una vida dura poco esperanzadora.
En este caminar agreste para la humanidad, donde la conducta termina siendo a veces parecida entre las personas de fe y los que no tienen fe, la gran diferencia es el grado volitivo de la conducta. Para Pedro su acción volitiva fue constreñida por una naturaleza no transformada para las batallas espirituales en el valle de la moral. Para Judas Iscariote su acto volitivo fue una acción refleja de su naturaleza igualmente dañada pero aparte de eso, sin arrepentimiento, solo cargo de conciencia que lo atormentó espiritualmente hasta la muerte.
Pedro pecó y lloró su pecado sintiendo más que remordimiento, arrepentimiento. Ya Jesús le había advertido, y le había prometido que Él oraría para que su fe no faltara en el momento de la prueba. Y semanas después de la resurrección de Jesús su fe estaba intacta al recibir a su maestro y comprender a golpe de realidad, lo que siempre negó mientras Jesús estuvo con ellos. Recordemos que Pedro al menos en dos ocasiones niega que la muerte fuera para Jesús la única opción.
En los relatos del Nuevo Testamento, vemos a un Pedro como pescador, y luego de Hechos capítulo dos; vemos a otro Pedro, como el ferviente predicador de la Salvación para los primeros convertidos de la Iglesia. En el plan de Dios, todos tenemos un pasado que debe ser sanado y del cual debemos ser rescatados.
Una vez más… ¿De qué lado del plan de Dios estás tu? La diferencia para el hombre no radica en su condición, pues todos hemos pecado y caído de su gracia. La diferencia está en ser rescatados de ese pasado de muerte y caminar en el lado correcto del plan de Dios.
El Canto del gallo entonces, es una historia conmovedora que nos permite alegorizar hoy sobre nuestras propias vidas. Para todos hay esa voz interna que nos avisa cual gallo en la madrugada, que el frio y la oscuridad de la noche va pasando y se acerca la luz del día que nos ha de mostrar claramente a Cristo y su propósito.
Jesús les advirtió a sus discípulos que esa noche, todos se escandalizarían por Él. Observe este fragmento del texto que perdemos de vista y solo se lo achacamos a Pedro: “…Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas”. A Pedro, por ser un líder innato y por ser el más atrevido en sus afirmaciones; Jesús le deja la mejor parte:
“Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos”. Lucas 22:31-32 (RVR 1960).
Que amor tan profundo del Señor, que advierte a Pedro que su dispersión o desconexión emocional sería temporal, y debía regresar como pastor para sus hermanos (los otros discípulos). Sí, Pedro al igual que Judas fue afectado con la muerte de Jesús. Pero uno regresó y el otro se perdió en la oscuridad del alma tan negra como aquella fatídica noche.
Después del canto del gallo, Pedro empezó un peregrinar hacia la cruz, aquella que él pensó asumir literalmente al lado de Jesús al decirle que estaba dispuesto a morir con él. Pero su viacrucis personal fue toda su vida hasta morir irónicamente en un madero muchos años más tarde.
Al igual que Pedro, cada uno de nosotros está llamado a peregrinar muriendo cada día un poco más, para vivir abundante y eternamente.
«El hombre por su parte tiene un llamado primordial a amar a la esposa primero y sin mezquindad. No hacerlo es aborrecer su propio cuerpo, e irrespetar a Cristo, su Cabeza espiritual«
Del Editor
Volvamos a un texto muy predicado, pero altamente discrepante entre los hermanos. Me refiero a Efesios capítulo cinco.
Los versículos a los que quiero hacer referencia son (21 al 28), pero el contexto es mucho más amplio y debemos entender las recomendaciones y mandamientos de Pablo a los hermanos en Éfeso.
“Someteos unos a otros, por respeto a Dios. Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Por tanto, como la Iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, del mismo modo que Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella. Lo hizo para santificarla, después de haberla purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo como una Iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e intachable. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.” EFESIOS5:21–28RV2020.
Para hablar de la manera más cercana a la postura paulina sobre el controversial mandato a las mujeres; de someterse al esposo, debemos estudiar el principio rector de este mandamiento bíblico y apostólico, además de considerar el contexto.
Primero veamos un poco el contexto: Pablo en el capítulo cuatro empieza el tema de la unidad espiritual de las personas que han pasado a ser nuevas criaturas en su nueva vivencia en Cristo, y además les expone una lista de principios de vida cristiana, luego resella el discurso con el compromiso de los nuevos creyentes para andar como “hijos de luz”. Hasta aquí nada que sea complejo de comprender ni bíblica, ni culturalmente. En Efesios 5:1-2 Pablo ya siembra una idea en forma de alegoría o comparación, para ir montando el argumento que desarrollará en los versículos 21 hasta el final del capítulo 5. Este es el centro del contexto del discurso:
“Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y vivid en amor, como también Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros, como ofrenda y sacrificio de olor agradable a Dios” Efesios 5: 1-2 (RV2020).
El contexto entonces es una relación tan perfecta como sacrificial. Y es que, en esta realidad presente del ser humano, una relación perfecta demandaría dos cosas imposibles por ahora para nosotros: 1Darnos por las otras personas de manera sacrificialmente inhumana y 2 Ser seres absolutamente perfectos sin errores ni mezquindades. Por lo tanto, el argumento de Pablo empieza con: “sean pues imitadores”. El fonema “pues” es un conector de cohesión entre el capítulo 4 y el capítulo 5. La unidad en amor de la nueva vida en Cristo ha de ser posible solamente por imitación de quien es perfecto. No es un llamado a la perfección moral, sino a la perfección espiritual. ¿Qué significa? Que no somos capaces moralmente de alcanzar perfección aquí y ahora. Pero somos capaces de seguir una orden, una instrucción. Y la orden es vivir en sujeción y sometimiento entre cónyuges y entre los hermanos. Ya con esto establecemos de manera resumida un contexto.
Ahora vamos a leer y asimilar el principio rector del argumento de Pablo: “Someteos unos a otros, por respeto a Dios” Efesios 5:21 (RV2020). Por cierto, tomen nota que aquí hay una mala traducción del griego al español de, a quién se debe respetar, o se irrespetaría si no se obedece este principio. No es por temor a Dios, es por temor a Cristo. Y aunque teológicamente Cristo es en toda su extensión moral, igual a Dios, para efectos esenciales de la doctrina de Pablo sobre el sometimiento de los hijos de Dios; en la Iglesia, el hogar y la sociedad, Cristo es la figura referente única como ya lo veremos adelante. Y por ahora, solo quería hacer ver este detalle a los lectores. Vamos a usar una versión más textual en ese sentido:
“Sométanse unos a otros por respeto a Cristo.” Efesios 5:21 (NBV).
En cuestión este principio es vital porque como tal rige la vida del creyente dentro y fuera del contexto de congregación y del compromiso espiritual. Debe regirle en todo.
Como vimos al inicio en el contexto, el llamado de Pablo es a imitar a Dios como hijos, no como teóricos de la fe, ni como teólogos; sino como hijos amados, y completa la idea con el mandato: “Vivid en amor, como también Cristo nos amó…”.
Luego fácilmente puede abordar el tema del respeto en amor entre los hermanos y esto involucra el primer escenario del respeto amoroso desde el hogar, con los esposos. De tal manera que toda la argumentación del sometimiento se convierte en principio básico de la fe cristiana: “Someteos unos a otros por respeto a Cristo”. Pero ¿Por qué por respeto a Cristo? Porque Cristo es la cabeza de la comunidad de fe, la Iglesia. Quien no quiera someterse irrespeta a Cristo porque Él está liderando y modelando la perfecta voluntad del Padre.
El principio rector es un mutuo sometimiento, no un sometimiento unilateral, ni tampoco subordinado (como eslabones). Luego, Pablo es específico en decirle a la mujer que se sujete a su marido, en el entendido del sometimiento mutuo. El hombre puede aducir que él es la cabeza (que no significa señorío o poder) de la mujer, en tanto provee amor, protección y provisión. ¿Por qué? Porque es así como Cristo amó a su Iglesia y se entregó sacrificialmente por ella para “santificarla”. Cristo lo hizo por la Iglesia, y Pablo usa este hecho como una comparación de cuán poderoso, firme y redentor debe ser el amor de un esposo por su esposa, indudablemente que una mujer así de respaldada liberará todo su potencial de correspondencia como solo una mujer sabe hacerlo. No será sumisa o no mostrará sujeción por un concepto cultural de supremacía machista, lo hará por un sentido de gratitud a Dios por amarla de manera tan real a través de su esposo e hijos.
Culturalmente, la mujer es y debe ser libre de prejuicios, libre de violencia, libre de acoso, libre de trabajar y ser la profesional que tiene el potencial de ser. Y espiritualmente ser una mujer que sabe someterse a un esposo que se somete a ella por amor.
El hombre por su parte tiene un llamado primordial a amar a la esposa primero y sin mezquindad. No hacerlo es aborrecer su propio cuerpo, e irrespetar a Cristo, su Cabeza espiritual.
Pablo de ninguna manera entonces, hizo un llamado que Dios no le inspirase hacer. Por un lado, mantuvo el criterio de génesis capítulo dos del hombre y la mujer como una sola carne al mandar un sometimiento recíproco y, por otro lado, conservó el respeto por lo cultural. No obstante, sabemos que lo cultural evoluciona a nuevos retos sociales, pero se mantiene el mandato bíblico de someteos los unos a los otros.
A modo de una resumida lectura político-ideológica de textos bíblicos como estos en la actualidad, solo quiero advertir sobre el cuidado que debemos tener respecto a los movimientos humanistas, que ignoran o censuran la verdad bíblica alrededor de la dinámica de la pareja en el hogar cristiano. Siendo el movimiento feminista, por ejemplo, del cual hay algunas luchas que debemos respetar y celebrar; uno de esos movimientos humanistas que también se ha equivocado en muchas otras formas e interpretaciones. El problema está, cuando esos yerros permean en la Iglesia en forma de irrespeto a Cristo. Si el feminismo es un movimiento histórico que avanza y evoluciona, por otro lado, la hegemonía masculina que subyuga a la mujer, la agrede y la mata; pasa por ser un vicio inmoral y repugnante que también irrespeta a Cristo. Y aunque no es un movimiento orquestado, la sociedad le ha dado el calificativo de machismo, misoginia y patriarcado, y tristemente también crece en las esferas de la Iglesia mayormente entre los líderes.
Bajo estos claroscuros de la interpretación de Efesios capítulo 5, concluiremos que, de no tomar en serio el principio del “sometimiento mutuo” y el mandato de sujeción de la mujer a un marido que la ama, y de un marido quien ama a su esposa como a su propio cuerpo, y juntos amando a Cristo, el caos seguirá reinando y corrompiendo la santidad del matrimonio. Cada vez más veremos una lucha de sexos que fueron creados para la complementariedad, siendo adversativos maldiciéndose unos a otros.
Cristo dice Pablo, redimió a la Iglesia por amor de manera sacrificial, y deja ver en su argumentación que el hombre debe hacer lo mismo con la mujer y el matrimonio en la sociedad y en la Iglesia.
En la fórmula de Dios que es la que los creyentes debemos validar, la mujer no es una inferencia en el escenario humano-familiar. Tampoco es una propiedad de nadie. Es un complemento tanto, como lo es el hombre; y ambos dependen de Dios en Cristo.