Porque el creyente tibio cree tener todo y no busca las riquezas espirituales del Señor. Porque el tibio no se compromete con una visión y misión de cuerpo (la Iglesia). Porque el tibio cree que su tarea es supervisar la de los demás (en la iglesia son criticones, contenciosos y poco o nada colaboradores). El tibio estorba el avance del Evangelio con su conducta.
En apocalipsis capítulo tres, versículos catorce al veintidós, leemos una exhortación a la Iglesia de Laodicea. Un mensaje que si bien es verdad que se le endosa a una comunidad de creyentes; no debemos pasar por alto que su mensaje debe ser individualmente más relevante. Es peligroso quitar la mirada del llamado personal cuando leemos la Biblia. Y en este caso, la exhortación es primeramente a nuestra propia vida. En tal caso si yo soy obediente, y otros hermanos son obedientes, estaremos construyendo una comunidad afianzada en la fe obediente.
La exhortación general de esta carta es una búsqueda genuina de Dios. Es una carta para creyentes comprometidos, y para creyentes a los que por otro lado Pablo llamó “carnales”.
Si de veras quieres enriquecerte, harías bien en comprarme oro pasado por el crisol, vestidos blancos con que cubrir tu vergonzosa desnudez y colirio con que ungir tus ojos para que puedas ver. APOCALIPSIS 3:18 BHTI.
Este llamado es una particular alusión al poder económico de la ciudad de Laodicea. Era una ciudad rica por su comercio textil, su oro y su fama en medicina ocular. Por esa razón, se menciona oro como riqueza material, vestidos blancos como el poder económico del comercio textil, y colirio como alusión a la cura de enfermedades de la vista.
El giro que le da nuestro Señor en la visión es que, a los hermanos de aquella comunidad, ahora se les demanda tales riquezas, pero a nivel espiritual, pues la conducta de ellos refleja mucha pobreza. La pobreza espiritual es además convalidada con tibieza. Algo que Dios no tolera.
“— Conozco tu comportamiento; no eres ni frío ni caliente, y más te valiera ser una cosa o la otra. ¡Pero sólo eres tibio! No eres ni frío ni caliente, y por eso voy a vomitarte de mi boca.” APOCALIPSIS 3:15-16 BHTI.
El mal de nuestra época es la falta de compromiso e indiferencia respecto a la santidad. Y eso es tibieza.
El frío no estorba ni se interesa por la obra de Dios, suelen ser muy dependientes del cuidado de los demás en la congregación. Y por defecto terminan siendo deficientes y desobedientes a las demandas del Rey y de su reino.
El caliente, es un creyente comprometido y trabajador, que tiene claro la tarea, y cuyo enfoque es la misión.
En cuanto al tibio, es el creyente que no termina de involucrarse en algo y estorba los planes de Dios, pues confía mucho en la riqueza de sus propias habilidades. Se inmiscuye negativamente en el trabajo de los hermanos, y en ocasiones compromete el testimonio en la comunidad, por su inestabilidad.
La característica del creyente tibio es la conflictividad. Ya que su enfoque es el protagonismo. No hay una visión de reino, ni hay una misión.
Ahora, es tiempo de evaluar nuestras propias vidas. Como lo mencioné antes, el error de muchos creyentes es hacer un análisis histórico, teológico y escatológico (implicación del fin de los tiempos) del texto, sin evaluar la propia vida a la luz del texto bíblico.
¿Es nuestra vida familiar y nuestra vida en comunidad, una vida que se ocupa de glorificar a Dios?
Lo que Dios demanda de usted y de mi, es compartir el Evangelio, “Cristo vino al mundo para salvarnos de nuestros pecados”. Hay que ser creativos para hacer que nuestras familias comprendan esta verdad. Trabajemos con nuestros niños para que ellos asimilen el mensaje, y no lleguen a ser adultos sin fe en un mundo cada día más escéptico.
La otra dimensión de esta tarea misional es contar cuán grandes cosas ha hecho Dios en nosotros, y si resulta que nada está sucediendo en nosotros, estaremos mudos ante el mundo.
Pensemos entonces en dos dimensiones del Evangelio:
El mensaje: El Evangelio es una expresión divina, arropada por lengua y cultura, con los preceptos de Dios que modelan su voluntad y determinan sus designios.
La Conducta: El Evangelio es en efecto, una conducta modelada por los valores de Cristo. El Evangelio encarnado.
La pregunta de rigor es: ¿Soy frío, caliente o tibio? La respuesta debe estar ligada a nuestra forma de vida dentro de la comunidad creyente, llámese Iglesia y familia.


