Algunos fueron apedreados, cortados con una sierra por la mitad, asesinados con espada. Otros anduvieron fugitivos de un lugar a otro, vestidos con pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados. Hebreos 11:37 NBV

¿Existe la muerte digna? Había en la antigua Grecia un pensamiento que rezaba: “Una mala vida, no es digna de ser vivida”. Y desde esa incipiente premisa filosófica, los médicos de la época ayudaban a las personas a morir. No obstante, un connotado médico y científico de la época llamado Hipócrates; el padre de la medicina y del juramento hipocrático, ese mismo juramento que hacen los médicos al graduarse, se opuso a tal práctica y obligó a los médicos a dejar de utilizar la eutanasia y el suicidio asistido.

En nuestro tiempo, el tema ha vuelto a tomar fuerza, ahora desde el humanismo secular. El ser humano, cuando ya siente haber cumplido un propósito y se siente inservible o muy enfermo, busca la asistencia para morir, sin mediar una reflexión de la trascendencia de la vida misma, como criatura. No es para nada un proceso natural, sino adulterado.

¿Es la muerte indigna? Desde la ética, y siendo respetuosos de la ley natural; todo proceso tiene un principio, luego un desarrollo con sus etapas, hasta llegar a la maduración y culminación. La vida entonces es un proceso que incluye la muerte, por lo que, cortar ese proceso de vida es antinatural, y la Biblia condena toda práctica antinatural, ya que Dios diseñó el qué, el cómo y hasta cuándo, en la esencia de la naturaleza misma. Siendo eso lo que llamamos proceso natural inviolable.

Como cristianos debemos analizar el concepto de dignidad o indignidad de la muerte. Mi esposa y yo hemos hablado a veces del anhelo de tener una muerte digna. Pero la pregunta es: ¿Cuál es esa muerte digna?

  • Aquí integro una consideración de mi esposa Elizabeth, de su mente, puño y letra: “Algunas veces, y, a pesar de nuestras convicciones, la corriente del mundo en cuanto a «morir dignamente», nos atrapa y, si nos descuidamos caemos en el error de justificar la muerte asistida, el suicidio y la eutanasia, quizás porque nos sentimos identificados con la persona que sufre una larga agonía, o tenemos un ser querido en condición crítica, o quizás nosotros mismos estamos pasando por un tiempo de dolor y sufrimiento, físico y/o emocional, pero, al final nuestra consideración debe ser: «si llega la muerte, sea como sea, Dios va a ser honrado al pasar ese umbral»

Leamos lo que nos dicen estos textos de hebreos 11, acerca del concepto de dignidad para morir, usando dos versiones diferentes de la Biblia:

“de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra.” Hebreos 11:38 RVR1960

“A estos, que anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas, el mundo no los merecía.” Hebreos 11:38 NBV

El autor de hebreos aquí se refiere a los hombres y mujeres que Dios llamó para su servicio, desde Abel hasta los profetas. Cuando dice que anduvieron sin rumbo, no se refiere a desorientados o sin propósito, sino que anduvieron por otros rumbos que no eran los del mundo (sistema humanista secular), por lo tanto, el mundo no los merecía. La Biblia en su versión castellana Reina Valera dice: “de los cuales el mundo no era digno”. Ellos murieron dignamente, pero de manera catastrófica. La indignidad recayó sobre el mundo que no los merecía, y aun así no los apreció y los persiguió inmisericorde y los mató. La misma indignación del mundo contra Cristo a quien odiaron y mataron. De estos hechos argüidos por el escritor de hebreos, deducimos que la muerte es digna, sí y solo sí, nuestra vida es indigna de este mundo y cumple el propósito del cielo. Mientras que, lo que el mundo llama “muerte digna”, termina siendo indigna en el tanto que se abandona el propósito de la existencia y se asume que Dios no tiene propósito, ni voz, ni voto para esa persona.

El dolor es parte de nuestra existencia y es difícil ver a un ser querido sufrir. Tanto es así, que pasa por nuestras mentes esas ideas de muerte anticipada en expresiones como: ¡por favor que termine ya! Pero saber esperar mejorará nuestra fe y nuestra comprensión de Dios y su propósito.

Finalmente, no debemos ser jueces del que sufre una agonía, y debemos tener un acercamiento prudente, piadoso y empático; no sea que nos pase la de los amigos de Job. El dolor a veces desborda y sobrepasa la razón, y debemos ser agentes de consolación en todos aquellos casos de agonía.

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