El desencanto humano tiene una sola fuente: “la falta de confianza”. A su vez, la falta de confianza es un resultado de esa inseguridad endógena (cuyo desarrollo es interno). Ciertamente el ambiente exterior nos inclina muchas veces a esa actitud de sospecha paralizante. Pero lo que nosotros hagamos con esa inclinación incapacitante, es nuestra responsabilidad absoluta (tenemos el control si Dios lo tiene de nosotros).
El tiempo que estamos viviendo es complejo para nuestra salud mental y emocional, más que ninguna otra época. Pero la esperanza de un creyente fiel a su Señor y a su Palabra, es la misma de tiempos antiguos; con el ingrediente agregado de que hoy por hoy la espera es y debe ser más consciente y valuada. Miremos a la luz de la Biblia, estas valoraciones que hacen las personas desde una óptica u otra. Tomaremos a Isaías y su mensaje contextual, en lo que conocemos como el segundo Isaías. En esta sección hay una parte del pueblo judío que estaba cautivo ya por varias décadas en Babilonia, pero se abre la puerta para el regreso a sus tierras; mismas que no estaban del todo vacías, pues habían sido ocupadas por algunos extranjeros y una pequeña parte de judíos que lograron quedarse en las montañas convivían también. ¿Cómo reaccionaron y cuál es la predicación del profeta?
¡Qué necios son quienes se fabrican ídolos para tenerlos como sus dioses! Sus esperanzas quedan sin cumplir. Ellos mismos son testigos de eso, porque sus ídolos ni oyen ni conocen. Con razón se avergüenzan quienes los adoran. Isaías 44: 9 (NBV).
¿Por qué sigue en boca del profeta el odioso tema de la idolatría? Esa fue la razón del cautiverio, pero sigue pareciendo un problema. Bueno, la razón es que los habitantes de aquellas tierras, seguían siendo extraños para Dios, yendo tras religiones paganas de fe estéril. Por eso la advertencia contra lo que Dios llama una actitud “estúpida” o necia de seguir en la idolatría. Ahora pensemos… quizá no tenemos un ídolo como Moloc, o Baal, o Astarot; famosos dioses mencionados en la Biblia, pero nuestra voluntad muchas veces responde a otros estímulos y prioridades antes que a Dios mismo, y esa actitud es la que entrama nuestra idolatría moderna. Por lo tanto, la palabra profética dada a Israel tocante a la idolatría, es una palabra dinámica que nos confronta también a nosotros. Somos necios en la medida que no logremos establecer nuestras prioridades en favor de reconocer a Dios en nuestras vidas en cada decisión, por insignificante que ellas parecen. Y esto es grave porque los ídolos ni oyen, ni ven, ni hablan; Isaías en el versículo anterior lo resume al decir que los ídolos “no conocen”, o sea, no pueden conocer a través de los sentidos, que es por medio de los cuales nos conocemos, nos reconocemos y somos conocidos. ¿Qué va a generar esta desconexión entre un ídolo y su esclavo? Un enorme vacío que terminará en desesperanza, frustración, enojo y escepticismo (Existencialismo).
Pero por otra parte estaban aquellos fieles de un remanente que regresaba, de hecho no todos los que regresaban, eran crédulos. Pero por aquel remanente fiel, bien valió el profetismo de Isaías:
No tengan ningún temor. ¿Acaso no he proclamado yo desde épocas antiguas que los salvaría? Ustedes son mis testigos. ¿Hay acaso algún otro Dios? ¡No! ¡Ninguno que yo sepa! ¡No hay ninguna otra Roca! Isaías 44:8 (NBV).
La confianza es clave para vivir mirando las promesas de Dios, muchas veces sin verlas plasmadas en el plano dimensional de nuestra existencia. Y es que la clave es mirar más al cielo, menos a la tierra y a nuestros logros, a no ser que esos logros se convaliden con la eternidad. Dios a Israel les dice: “¿Acaso no he proclamado yo desde épocas antiguas que los salvaría?”. Esa es la promesa, pero la espera y convalidación de aquella promesa le pertenecía a Israel. Por eso agrega: “Ustedes son mis testigos”, y con ello los involucra en su plan a fuerza de la confianza. Luego confronta a quienes dudan y anima a los que luchan contra sus dudas: “¿Hay acaso algún otro Dios? ¡No! ¡Ninguno que yo sepa! ¡No hay ninguna otra Roca!”.
El desencanto suyo, su falta de combatividad ante las adversidades tienen un motor; se llama desconfianza en Dios y sus promesas. Este estudio no va de positivismo, va de fe. Estamos viviendo, viendo y siendo actores y actrices del tiempo final, lleno de grandes desafíos sociales en la política, la economía, la salud somática, la salud mental y sobre todo, una crisis de identidad en el género humano. ¿Cómo responderemos? Si respondemos con estrategias puras, sin aplomo teológico y sin una espiritualidad aprobada por las páginas de las Sagradas Escrituras, estaremos mirando nuestros ídolos. Los cristianos debemos tener estrategias, pero sobre todo brújula (la Palabra de Dios), porque una estrategia sin brújula, es como un navío en las turbulentas aguas del océano sin puerto seguro, cuyo destino será terminar en las profundidades del océano. Terminemos esta lectura devocional, con la poderosa expresión divina en boca de Isaías: “¡No hay ninguna otra roca!
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