«Señor, abre mis labios y mi boca pregonará tu alabanza.”
SALMOS 51:17 BHTI
Este es un salmo penitente. El más destacado de David luego que confrontado por Dios a través de Natán el profeta, reconoce sus perversos pecados de adulterio con Betsabé y asesinato contra Urías.
Pienso, ¡cuánto daño nos hace el pecado! pero el más profundo es amordazarnos. David clama al Señor que literalmente le abra los labios, o sea, no le salían palabras para alabar a Dios.
¿Imaginan un compositor musical como David, sin argumentos para componer más poemas?
El pecado nos amordaza, para que nuestros dones espirituales sean reprimidos. Solo salen lagrimas, rencor, resentimientos, enojo y vergüenza, no salen cantos ni palabras de gratitud. Esto es grave, pues nuestras bocas proclaman alabanzas que edifican nuestro interior, pero a la vez edificamos a otros.
¿Cuánto hace que no expresas una alabanza a Dios? Quizá estés amordazado o amordazada por el pecado. Si no alabas a Dios, ¿Qué sale de tu interior?
Los hijos y las hijas de Dios le alabamos en medio de cualquier circunstancia, excepto en el pecado.
La alabanza puede salir de una boca imperfecta, pero no de una abandonada al pecado.
“Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos. Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado.” Isaías 6:5-7 RVR1960
Deja un comentario