«La justicia guarda al de perfecto camino; Mas la impiedad trastornará al pecador.” Proverbios‬ ‭13:6‬ ‭RVR1960‬‬

¿Quién es el perfecto en el contexto Bíblico?

La pregunta es válida, ya que desde la perspectiva humana la perfección pareciera imposible .

¿Quizá usted ha escuchado el estribillo: “yo no soy perfecto” o “nadie es perfecto”? Creo que no solo lo hemos escuchado, también lo hemos usado. Es por esa definición y expectativa que tenemos acerca de la perfección. Pero en la Palabra de Dios, esta cualidad no es intrínseca al ser humano. El ser humano es más bien objeto de la perfección. Es un valor alcanzable. Partiendo de esta reflexión podemos saborear más, el sabio decreto divino que está en este texto. Sí, es un decreto divino porque Dios ha determinado que un día el resultado final será igual para unos y otros:

Para unos justicia protectora

Para otros ruina o muerte que trastornará eternamente.

El término hebreo “Tom” para perfecto implica “inocencia”. Donde se le imputa a una persona la inocencia respecto de lo que se le acusa. Es todo un concepto legal. Pues dice el texto que la justicia es su protección. Y en los términos celestiales; la justicia es siempre garante del que es inocente.

¿Y quién es inocente? Sigue el mismo dilema.

El complemento de este texto y muchos otros de la toráh; es el evangelio. Los únicos inocentes ante las cortes celestiales son y serán aquellos que han aceptado a Cristo Jesús como el ungido. Y por ende le han obedecido; siguiendo sus pasos.

La justicia es garante de los justificados en la sangre de Cristo. Y los lavados en la sangre de Cristo, no practican el pecado. Pues sus pecados son perdonados como resultado de un arrepentimiento constante.

El resultado de toda esta bendición en Cristo a veces en esta vida terrenal pareciera pasar desapercibida. Pero es tan real como nuestra fe en que Cristo es real. En la eternidad, esta justicia será literalmente evidente en un nuevo mundo sin pecado y como consecuencia sin dolor.

Para los pecadores no arrepentidos y sin Cristo, la impiedad (falta de bondad y fe) los trastornará.

Los perfectos entonces somos todos los pecadores arrepentidos. Los impíos hechos píos o purificados. Los salvos en Cristo y por su solo mérito. Los que hoy somos piadosos por la fe.

Tratemos si estamos seguros de nuestra regeneración y salvación, de no usar el estribillo: “yo no soy perfecto”.

Y un consejo final; tampoco diga a la gente común: “yo soy perfecto”, porque esa es una cualidad espiritual que solo se entiende en las cortes celestiales.

Shalom

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