Mientras viajaba en autobús desde el centro de San José a mi casa en un barrio de Cartago, transitando por una calle muy reconocida que entronca dos cantones de los más desarrollados de la capital; observaba atento los cambios nada halagadores del entorno. Muchos locales comerciales cerrados, abandonados y llenos de grafitis. Algunos de aquellos locales visité alguna vez para tertuliar y degustar alguna comida con mi esposa y con amigos.
Aquel panorama que observé a lo largo de unos 5 kilómetros de zonas vivas, lo conecté con noticias actuales de nuestra realidad nacional, regional y un panorama algo más global. La crisis política y la nada desapercibida debacle financiera generalizada, me hicieron pensar de manera especial en lo que tenemos a cuestas, y lo que falta por venir. Fueron 30 minutos de viaje que debo confesar me angustiaron no solo por el país que dejamos ir poco a poco, sino por lo poco o nada que heredaremos a nuestros hoy pequeños que mañana tendrán el doble de los desafíos que tenemos nosotros hoy.
El Señor me llevó entonces a una historia suya allá en Galilea:
24 Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario.
25 Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar.
26 Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: !!Un fantasma! Y dieron voces de miedo.
27 Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: !!Tened ánimo; yo soy, no temáis!
28 Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.
29 Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús.
30 Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: !!Señor, sálvame!
31 Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: !!Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?
32 Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento. Mateo 14:24-32 RVR 1960
Podemos hacer una alegoría con este pasaje de la Biblia, sin temor a equivocar su aplicación a nuestra vida hoy. El Señor me llevó a mirar aquel panorama con el que empecé esta reflexión, como una preocupación válida para un simple mortal como yo. Sentir angustia y disminuida mi esperanza temporal es normal en un mundo en crisis. Posiblemente mientras usted sabiamente decida leer este artículo, podrá identificar que otras cosas en su vida y entorno minan su fe.
Antes de escribir esta reflexión; yo me había despertado y levantado con la motivación de un nuevo empleo, me parecía a Pedro caminando sobre las olas y viendo lo imposible hacerse realidad con Jesús al lado. Pero luego me parecía a Pedro hundiéndome, en las circunstancias de mi alrededor y la situación del mundo. Bastó con que quitara mi mirada de lo eterno y la pusiera en lo temporal, para sentir nostalgia, añoranza y angustia. ¿Ha sentido o siente actualmente esas emociones tan fuertes en su vida? Déjeme compartir lo que el Señor me hizo ver en su historia: Las tempestades son reales, los vientos contrarios o adversidad es real, caminar sobre las circunstancias difíciles sin que te afecten; es imposible. Pero para ti un hijo de Dios, Yo Jesús, haré lo imposible; posible. ¡Pero no dudes! No dude de mí. Pero hay más, aún cuando dudares solo clama a mí, yo te extenderé la mano que Salva.
Le animo a leer esta historia completa. Mira la circunstancia de aquellos simples mortales, mira al intrépido Pedro y mira la mano del Señor salvando a tiempo. Luego compara todo eso con tu propia vida. Tus arrebatos de valor y tus momentos de debilidad. ¿Realmente has clamado al Señor por ayuda? Si al igual que yo fácilmente dudas, debemos ambos comprender entonces que lo más importante no es caminar sobre las olas tempestuosas de nuestra vida y entorno, sino saber pedir ayuda al maestro para que nos extienda la mano y nos salve oportunamente. Si por la duda o falta de fe empiezas a hundirte en la angustia y los problemas; no dejes de clamar a Jesús.
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