• «Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por medio de un hombre, y por medio del pecado la muerte, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron.” Romanos‬ ‭5:12‬ ‭NBLA‬‬‬‬

    En teología el pecado original tiene que ver con las consecuencias de la transgresión de Adán y Eva. Para el teólogo y el erudito, el hablar del pecado original, es hablar de los efectos o resultados; más que la causa, aunque tampoco ignoran la causa.

    Por el contrario, comúnmente nosotros los creyentes al hablar del pecado original nos referimos a la primera transgresión humana. Y esa no es toda la verdad bíblica.

    Entender el tema del pecado original, nos ayudará a comprender todo lo demás de la doctrina salvífica. Definir el pecado preciso en el huerto, no es más importante que comprender el estado final de la humanidad después de aquella transgresión.

    Lo cierto es que Pablo se ocupa en ayudarnos a entender esto en su carta a los Romanos, explicando lo que hemos aprendido y que los teólogos llaman: “la imputación del pecado original a toda la humanidad” por transferencia.

    De tal manera en Romanos 5:12 Pablo claramente dice que por un hombre, refiérese a Adán, el pecado entro en escena y con veredicto incluido: “la muerte”. Pero luego al final del texto agrega: “así la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron”. Eso explica la transferencia de las consecuencias de la transgresión de Adán, al resto de la humanidad, y nos convierte en incapaces morales para vencer el pecado sin la intervención divina.

    El hombre, o mejor sea dicho en contexto actual; el género humano es pecador. Hombres y mujeres somos por imputación, pecadores. La imputación es un concepto judicial que se refiere a la responsabilidad y culpabilidad delictiva de alguien.

    Más aún, aunque no pecamos con igual transgresión que Adán, la Biblia señala que hemos pecado de manera personal y asumiremos el veredicto de tal responsabilidad personal; a menos que seamos justificados o declarados inocentes por Dios el Juez Justo, por medio de los méritos de Cristo.

    “Tampoco sucede con el don como con lo que vino por medio de aquel que pecó; porque ciertamente el juicio surgió a causa de una transgresión, resultando en condenación; pero la dádiva surgió a causa de muchas transgresiones resultando en justificación.” Romanos‬ ‭5:16‬ ‭NBLA‬‬‬‬

    Es interesante esta afirmación de la Biblia: “pero la dádiva surgió a causa de muchas transgresiones resultando en justificación.”

    La dádiva, o el don de la salvación vino a causa de “muchas” transgresiones. ¿Cuáles? Las que todos los humanos hemos cometido después de Adán. El veredicto de muerte, vino por una sola transgresión, la de Adán. La justificación por gracia, vino por las muchas transgresiones nuestras, a través de un hombre Justo, Cristo.

    Así que somos responsables de muchos pecados. Pero es aquí donde el capítulo 5 de Romanos que estamos estudiando, nos revela el plan de Dios. Que por la desobediencia de un solo hombre entró el pecado y la muerte, pero por la obediencia de un solo hombre, Jesús el Cristo, obtenemos la vida eterna.

    “Porque si por la transgresión de un hombre, por este reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por medio de un Hombre, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.” Romanos‬ ‭5:17‬ ‭NBLA‬‬‬‬

    Basado en este panorama bíblico y teológico, hay un importante postulado:

    “El hombre peca porque es pecador, y no es pecador porque peca”.

    ¿Parece muy insípido este postulado? Déjeme decir que es fundamental en cuanto a su alcance práctico del evangelio.

    Hay creyentes, y no pocos, que defienden la teoría de que el hombre tiene algo de luz moral en su interior a pesar de haber caído del favor de Dios. Piensan que el hombre es capaz de buscar la bondad y todo bien moral, sin que sea necesaria la intervención divina. A esta posición evangélica se la llama semi pelagianismo. Fue Pelagio, en el siglo tercero quien se desvió de la verdad al considerar que “La Gracia divina no era necesaria para que el hombre busque de Dios y sea moralmente Perfecto”. Su pugna fue contra uno de los padres de la iglesia, Agustín de Hipona. Quien defendía la soberanía de Dios y la absoluta incapacidad humana para buscar de Dios, ya que su naturaleza había sido corrompida por completo en la caída.

    Claro está, que esta doctrina no implica que la humanidad no tenga bondad, o que todos los hombres sean proclives a la perversidad. No obstante, el peso de esta doctrina es que el hombre necesita de la intervención de Dios para querer y alcanzar una relación con Él, y ser reconciliado con Dios. Eso no es nada nuevo, entendemos que la Biblia enseña que Dios toma la iniciativa y el control en esta reconciliación, ya que en Cristo estaba reconciliando al hombre consigo mismo.

    Juan también enseña en su evangelio, que Jesús dijo: “nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede”. Luego también dijo: “nadie puede venir al Padre sino es por mí”. Luego también Jesús le dijo a Nicodemo: “es necesario que nazcas del agua y del Espíritu (El Espíritu Santo que regenera).

    Hay una solo fórmula, la perfecta trinidad divina, trayendo salvación y vida eterna.

    El ser humano aunque puede tener actos de bondad, no es bueno por naturaleza. Se le ha imputado toda clase de maldad al pretender una vida ajena a Dios. Eso se llama soberbia. Y la soberbia por lo general echa mano de altos valores morales e independencia. Y es por ello, que los hombres moralmente buenos deciden vivir sin Dios y elegir un destino diferente al que Dios ha preparado. No han comprendido que se trata de cauterizar los efectos del pecado en sus corazones, y que solo Cristo lo puede hacer.

    Por eso el hombre peca porque por naturaleza es pecador, caído de la gloria de Dios.

    Por lo tanto, no es verdad que el hombre es pecador solo cuando comete un pecado. Ese es un pensamiento peligroso porque supone que alguien podría con esfuerzo alejarse de cometer pecados activamente y ser justificado ante Dios. Pero no es así según la Biblia.

    La justificación es por la fe, en Cristo Jesús. Y la fe es por la Palabra de Dios.

    Gracias a Dios por su don de gracia que sobrepasó la transgresión de Adán y también nuestros pecados personales.

  • Hay una frase que hemos usado con frecuencia, extraída de un texto profético del Antiguo Testamento: “diga el débil fuerte soy”. Esta consigna está en Joel.

    “Forjad espadas de vuestros azadones, lanzas de vuestras hoces; diga el débil: Fuerte soy.” Joel‬ ‭3:10‬ ‭RVR1960‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬

    ¿Cuándo ser fuertes, siendo débiles? En este texto y su posible contexto postexílico, hay que ser fuertes de cara a los grandes desafíos que casi han llevado a la desaparición de la nación del pacto. Israel ahora está recogiendo pedazos de su historia, de su esencia y, sobre todo de su fe cultica seriamente dañada. Esa realidad hace que el profeta pronuncie un oráculo de juicio contra las naciones enemigas que gozaron del infortunio de su pueblo, y las exhorta a cambiar las herramientas de trabajo; símbolo de la prosperidad y buenos tiempos, porque ahora juicio vienen. Será tiempo de rendir cuentas ante Dios.

    No es una guerra física, es más bien una metáfora, un llamado a las naciones para que se preparen para el juicio de Dios. Hay algunas añoranzas del profeta, con destellos del juicio final y universal y la salvación de su pueblo en términos finales y definitivos.

    A su pueblo Dios mismo lo salvará. No será necesario que empuñen armas, porque “Jehová será la esperanza de su pueblo, y la fortaleza de Israel”.

    “Y Jehová rugirá desde Sion, y dará su voz desde Jerusalén, y temblarán los cielos y la tierra; pero Jehová será la esperanza de su pueblo, y la fortaleza de los hijos de Israel.”

    ‭‭Joel‬ ‭3:16‬ ‭RVR1960‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬

    Joel levanta un clamor en contra de la bonanza de las naciones vecinas de Israel, que disfrutaron a lo grande la desgracia de aquellos.

    Esta visión de Joel contrasta pero enfoca el mismo fin, de la visión de Isaías 2:4 y de Miqueas 4:3. Ahora estos profetas le dicen a la nación del pacto, al pueblo de Dios, lo contrario que Joel le dice a las naciones paganas. La visión de estos otros profetas anuncian el fin próspero de Israel, donde las espadas, símbolo de la guerra y la hostilidad humana, serán convertidas en herramientas de trabajo, de sustento, de prosperidad en La Paz del reinado universal del Rey Justo.

    “Y él juzgará entre muchos pueblos, y corregirá a naciones poderosas hasta muy lejos; y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra.” Miqueas‬ ‭4:3‬ ‭RVR1960‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬

    Usar esta frase: “diga el débil fuerte soy” es a la vez un llamado a comprender el mensaje. El mismo mensaje que preparó a las naciones para rendirse a la mirada soberana de Dios, y al pueblo suyo; confiar su futuro a Dios en el valle de la decisión.

    Somos débiles en nuestra esencia, pero llamados a ser fuertes y prevalecer en el valle de la decisión, ahí donde solo Dios en su poder, gloria y misericordia, decidirá nuestro destino.

    Joel entonces llama a los pueblos paganos de su época a confiar en sus propias fuerzas y convertir sus herramientas en armas para su defensa, pero a Judá, nación del pacto; la llama a ser fuerte en la esperanza del SEÑOR.

    Quizá sea un buen momento en nuestra vida para proclamar la fuerza del débil, la esperanza en Jehová y su salvación.

    ¡Cuánto más si sabemos reconocer que esa persona débil está dentro de nosotros!

    Entonces le invito a confiar en Dios en el valle de la decisión y decir: “aunque débil, fuerte soy”.

    Cuando creemos ser fuertes y capaces, es tiempo de ser débiles. Y cuando creemos ser débiles e incapaces; es tiempo de pensar que somos más que vencedores. Es la paradoja del evangelio que nos predica Pablo y el resto del Nuevo Testamento.

  • Apocalipsis es el libro del dramaturgo ideal. Una obra que encierra misterios, revelaciones y epopeyas; con las cuales nos relata drama, sueños y emociones humanas profundas que van desde el asombro, la esperanza y la quietud, hasta el terror más oscuro imaginado. No por nada es el libro del desenlace cuyo significado principal es: La revelación final.

    Como epílogo de la vida en la tierra, es ideal. Como prólogo a la eternidad futura es esperanzador para unos y lapidario para otros.

    En el capítulo uno leemos acerca de la revelación de Cristo, a quien Dios le concede toda la revelación, para que se la cuente a sus fieles servidores, y es quien se revela a Juan. Capítulos dos y tres son mensajes pertinentes para nosotros los hijos de su reino. Somos la iglesia de ayer, de hoy y para siempre en la eternidad su pueblo.

    Pero en los capítulos cuatro y cinco, hay una transición de espacio tiempo, del presente a las cosas que están por sucederse una tras otra. Es así que en el capítulo cuatro vemos la adoración celestial cernirse sobre Dios todopoderoso. El creador de todas las cosas que hace posible la existencia presente y futura.

    “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.” Apocalipsis 4:11 RVR1960

    Aquí la escena es el trono de Dios. Y en ese trono, la Gloria es solo para Dios. La adoración de los seres alrededor resalta esa grandeza y poder absolutos. Me hace recordar una frase de la oración que Jesús nos enseñara: “sea hecha tu voluntad en la tierra, como es hecha en los cielos”.

    Luego la escena en el capítulo cinco se vuelve dramáticamente desesperada:

    “Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?” Apocalipsis 5:2 RVR1960

    Ha llegado el momento de rendición de cuentas al todopoderoso sentado en el trono. Un trono siempre evoca un veredicto. Y estamos listos para escuchar el veredicto universal más importante. ¿Quién es digno ante Dios el juez justo? Pero ¿qué dice el texto siguiente? Por supuesto que en su género literario dramático y exagerado, la revelación es dada con expectación.

    “Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo. Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo.” Apocalipsis 5:3-4 RVR1960

    Juan termina llorando y la escena se llena de lágrimas de esperanza acongojada. La misma clase de lágrimas que hemos derramado muchas veces en diversas circunstancias, esperando ver o escuchar sin claridad. La pregunta busca a uno digno de abrir los misterios de la eternidad pasada, presente y futura. Las credenciales para abrir los sellos, son atributos morales y no fuerza sobrenatural que Cristo la tendría, pero también bendito Dios; tiene los atributos morales requeridos. Por tal motivo, las figuras en este capítulo para Cristo; son el León y el Cordero. Uno que muestra su eterno poderío digno de un rey y su naturaleza mansa y humilde del cordero inmolado.

    “Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.” Apocalipsis 5:5 RVR1960

    “Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.” Apocalipsis 5:6 RVR1960

    Juan, sabía quién era Jesús, pero aquella escena desborda sus emociones y su teología. Y tiene que ser consolado por uno de los ancianos, para darle la buena noticia de uno digno que enjugará sus lágrimas. Juan estaba a la expectativa de quién sería el misterioso personaje digno ante Dios todopoderoso de irrumpir en la historia y cambiar el rumbo de las cosas pasando, hacia las cosas prontas por suceder. De pronto, un cordero con su metafórica esencia indefensa, y tras de indefenso, Juan lo ve “como inmolado”. Pero aquella imagen de debilidad solo muestra nuestra debilidad. Porque como dice Pablo a los Filipenses, Cristo se hizo esclavo despojándose de su gloria, para morir como un malhechor en nuestro lugar. Es entonces más bien la imagen de la victoria de Cristo, y en Cristo nuestra victoria contundente. Por ese motivo la adoración sigue ahora centrada en Jesucristo:

    “y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra. Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones, que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.” Apocalipsis 5:9-12 RVR1960

    Ahora la adoración se enfoca en aquel cordero como inmolado, pero vencedor. Su victoria es su dignidad moral. Y su dignidad la nuestra. Somos dignos, no de abrir los sellos, pero si de estar a su lado en el desenlace descrito en el libro. El desenlace de Dios.

    Si terminamos de leer el capítulo cinco nos percatamos que la adoración del culto dominical del apóstol Juan en Patmos, termina siendo una adoración al que está sentado en el trono y al cordero como inmolado. Dios creador y Jesucristo redentor, están presentes en la visión de Juan, quien es sostenido por el Espíritu Santo durante toda la visión. Así se involucra a la trinidad divina en esta revelación.

    Apocalipsis es una obra magistral de Dios entregada a su hijo Jesucristo, y revelada a sus siervos a través de Juan. En el libro se nos promete un final victorioso de la mano de Cristo nuestro redentor.

  • Dentro de la teología reformada, esa forma de razonar acerca de la Biblia que la mayoría de evangélicos tenemos, aunque no sepamos la historia de su desarrollo, está un postulado que se conoce como: “la depravación total de la humanidad”. Y este concepto no habla de una naturaleza humana absolutamente y perdida por la eternidad. Pero nos explica de la afectación total de la voluntad humana respecto a buscar de Dios.

    Romanos capítulo tres nos ayudaría mucho con este tema, al leer este artículo asegúrese en leer Romanos 3, ya que solo usaré unos versículos clave del capítulo.

    “¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado. Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios.” Romanos‬ ‭3:9-11‬ ‭RVR1960‬‬

    Pablo es quien está desarrollando esta teología a los gentiles o no judíos. Lo hace para que comprendan la gravedad de la situación. Los griegos y los romanos entre otros, tenían otra forma de pensar respecto a Dios, quizá pensaban en dioses. Y por eso Pablo les explica que no hay diferencia espiritual en la humanidad, simplemente “no hay quien busque a Dios” al menos al Dios único y verdadero.

    “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,” Romanos‬ ‭3:23‬ ‭RVR1960‬‬

    A eso es a lo que en teología reformada llama: “depravación total” o corrupción radical del alma. La incapacidad humana de buscar por sí misma a Dios. En otras palabras, nadie es tan bueno como para amar hacer el bien siempre (a veces pensamos el mal). Y esto es el resultado de haber sido destituidos de la gloria de Dios, desde el huerto de Edén.

    La palabra “destituidos” en este texto no es exacta con la definición en castellano. En griego el sentido de la palabra es: “empobrecidos”. En otras palabras, la Gloria de Dios en el ser humano, esa que le fue impresa en su creación: “a imagen y semejanza de Dios”, fue empobrecida. Aun hay más, también el sentido de la palabra es: “dejar de último”. Y debemos recordar que toda la creación habla de Dios y de su carácter. Y en la imagen del hombre originalmente estaba la imagen misma de Dios. Pero ahora dentro de toda la creación, el hombre es el último en respresentar la imagen de Dios. Tanto es así, que comprendemos a la luz de la teología de Pablo, que la imagen de Dios en nosotros es solo posible por medio de Cristo.

    En resumen, esta enfermedad espiritual es total por cuando afectó todo nuestro ser desde el centro del ser hacia afuera, esto es desde el corazón; hacia todas las áreas de la voluntad. Incluso afectó el cuerpo, trayendo enfermedad y muerte. Lo que Pablo llama desgaste del cuerpo.

    Pero a Dios gracias, La depravación no es absoluta por cuanto hay esperanza para la humanidad a través de la ley de Dios y de Cristo.

    “Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas;

    la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia,

    siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,” Romanos‬ ‭3:21-22, 24‬ ‭RVR1960‬‬

    Hoy tenemos una oportunidad única para ser sanados de esta enfermedad espiritual llamada: depravación o corrupción total.

    La medicina es creer por la fe, que aunque el pecado nos empobreció moralmente hasta la muerte, Cristo en su resurrección nos levanta de esa muerte moral y espiritual.

    “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,” Efesios‬ ‭2:1‬ ‭RVR1960‬‬