Conocer el bien, supone conocer el mal. La comprensión de lo que es bueno, o lo que significa el bien, ha sido una tarea primordial en la filosofía. Del compuesto Filo = amor, y Sofía = sabiduría, la filosofía busca como objetivo, “amar la sabiduría”. Y para ello, los pensadores más renombrados y que dieron muchos conceptos al entendimiento humano y a su existencia; nos dejaron importantes razonamientos acerca del bien.
Claro está, en este Blog analizamos tales argumentos en comparación con la Biblia, que es nuestra fuente de mayor conocimiento y entendimiento de la vida, del bien y del mal.
Antes de Cristo, había un apogeo de filosofía en la antigua Grecia, e incluso daba inicio la era filosófica de Roma. Cuando Jesús nace en Judea, aquella tierra estaba inmersa en ese simposio de ideas que adoctrinaban en algunos casos el pensamiento de la época.
Por un lado estaban los sofistas, quienes creían que no valía la pena tratar de encontrar una razón absoluta de verdades, o de los significados, incluyendo el bien, ya que las respuestas serían relativas a cada experiencia personal. No obstante, esto inquietaba a Sócrates, ya que para este pensador, el bien era una meta perseguible. Su discípulo Platón, años más tarde nos daría una postura contundente de aquellas teorías socráticas. Y, ¿cómo puedo plantearlo en pocas líneas? Aquí cito:
“Platón propone la teoría de la inmortalidad del alma, poniendo en labios de Sócrates que esta vida es la oportunidad de prepararse para la eternidad, ya que el alma es eterna y podrá vivir en el más allá de acuerdo a como haya sido la conducta en este mundo. Sólo el hombre sabio podrá liberarse del ciclo de reencarnaciones mientras el necio se precipitará en el Tártaro (el lugar más oscuro del Hades donde irán después de muertos los enemigos de los dioses y los terribles criminales)”
Si bien, esta idea no es ciento por ciento aceptable para un cristiano, no es una idea del todo ajena a lo que muchos cristianos creen. La única manera de afinar estos conceptos para un cristiano, sería por medio de la doctrina bíblica.
El Señor Dios hizo que crecieran del suelo toda clase de árboles: árboles hermosos y que daban frutos deliciosos. En medio del huerto puso el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal. Génesis 2:9
Las alusiones de la Biblia a un árbol, es una tipología de un concepto. En el mundo de las ideas, Dios se muestra al hombre a través de las ideas. Platón, justo plantea en sus teorías filosóficas, el EIDOS o las ideas. Planteaba que hay dos dimensiones de las ideas, por un lado el mundo sensible o ininteligible y luego el mundo inteligible (que se puede conocer por los sentidos). Platón entonces plantea que el Bien, está en el ámbito sensible o ininteligible, por lo tanto no se puede definir desde lo que se hace, sino desde lo que ES. Tanto Sócrates como Platón, pensaban en el bien como una idea ininteligible, o sea, que no se aprende, se trae impresa en el alma, se puede desarrollar por medio del recuerdo. El ser humano nace sin poder definir lo bueno y lo malo, pero conforme crece va descubriendo en su consciencia el bien y el mal. Teológicamente los cristianos entendemos bien esos conceptos de la filosofía socrática.
Ahora vamos al texto: Dios puso un árbol de la vida, y uno del conocimiento del bien y del mal. Ambas tipologías, representan ideas. La idea, de dónde radica la vida, y la idea intangible de lo que es el bien y el mal.
Si ponemos atención a la idea del bien, nos damos cuenta que, la definimos sin querer, como algo relativo, porque en la práctica cuando pienso en hacer algo bueno, lo pienso en razón de que sea bueno para mí. No pensamos ni en el prójimo, mucho menos en Dios. Ejemplo:
“No matarás”: es un mandamiento en la Biblia, y yo no lo hago porque, y aquí agrego mis objeciones:
- Dios me castiga con el infierno
- La ley me castiga con la cárcel
- Pierdo todo lo que he logrado, reputación y patrimonio
- Soy cobarde y no lo puedo hacer
Ninguna de esas objeciones deja de poner el sentido y el peso de la decisión, en mí mismo. O sea, ese mandamiento que es bueno, no deja de ser relativo para nosotros, porque si yo pudiera quitar esas objeciones que enumeré, posiblemente mataría. Así que, es una idea del bien, relativa.
En el huerto, lugar que es también una tipología teológica del bienestar perfecto, ahí en ese lugar, el hombre y la mujer no pensaban en el mal. Ellos no conocían el mal. El árbol de la Vida, no es más que la perfección del Dios creador, extendida más allá de la imperfección de la creación excomulgada de la presencia de Dios.
El árbol del conocimiento del bien y del mal, no es más que la elección de un camino, que el cristianismo plantea de manera clara y absolutamente alcanzable, por medio de Cristo, camino encarnado. Por lo tanto, el bien como la plantea la Biblia, es más que querer o hacer algo, es comprender que hacemos aquello, con una intención suprema. Pablo lo planteaba diciendo:
12 No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. 14 Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Filipenses 3:12 y 14
El bien, es una meta, no son cosas tangibles o materiales por hacer. Porque en la medida que hacemos una buena obra, ese bien solo se podrá medir por el beneficio limitado que tenga en otras personas, y siempre una gran parte de esas buenas obras, buscan el beneficio personal. Pero el bien de Génesis, que se contrapone al mal, es un intangible superior, supremo, eterno, anclado en la buena voluntad que parte primeramente de Dios mismo, y nos invita a esa buena voluntad a nosotros. No es por nada, que cuando el Ángel anuncia el advenimiento de Cristo, dice: “¡Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” Lucas 2:14
Sócrates, luego Platón, lanzaron la teoría del EIDOS (ideas) como una forma de contrarrestar la mala influencia del pensamiento de los sofistas (otra escuela de filosofía), en la búsqueda de una vida honorable, buena y de bien. A ellos les podemos dar el crédito de sus ideas, que no pudieron verter sobre la vida y obra de Jesús, a quien ni siquiera pudieron conocer. No estaban equivocados en su planteamiento de que el bien está en la consciencia, ya Pablo lo decía, la consciencia nos acusa o nos libera de responsabilidad. Sin embargo, a la luz de la Biblia, sus teoremas fallaron en la conclusión final de la vida. Lo que ellos llamaron un ciclo de reencarnaciones en búsqueda de un sentido, nosotros lo hemos conocido como “regeneración, para terminar con esos ciclos sinsentido de la vida humana.
Concluimos entonces, que el bien existió siempre en la consciencia, desde la figura del árbol del conocimiento (del bien y del mal), o sea, necesitamos conocer el bien, ya que la implicación de haber traspasado el límite de la deidad, nos empujó hacia el mal, y lo que antes era por defecto parte de la consciencia humana, “el bien”, ahora será por laboriosidad, hay que trabajar por esa meta del bien. En otras palabras, todos los cristianos, tendremos que, como Pablo, decir:
14 Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Filipenses 3:14
7 He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. 2 Timoteo 4:7