• “Yo, respondiendo al don que Dios me ha concedido, he puesto los cimientos como buen arquitecto; otro es el que levanta el edificio. Mire, sin embargo, cada uno cómo lo hace.”

    1 Corintios 3:10

    La metáfora del fundamento, el edificio y las partes. Pablo usa tal metáfora para defender una vez más ante los corintios, su trabajo apostólico, y corregir el problema de lo que él llamó; inmadurez de los corintios o carnalidad. En su metáfora, el dispone tres sencillas verdades:

    1. El fundamento como base de un edificio, es la clave estructural del todo.

    Si bien, en construcción el fundamento es la base para un edificio seguro respecto al terreno y a las condiciones externas, en la fe, el fundamento es el sello de seguridad de la permanencia de lo que es hoy el cristianismo. Pablo entonces deja claro que el fundamento es Cristo. Y nada más.

    “Desde luego, el único cimiento válido es Jesucristo, y nadie puede poner otro distinto.”

    1 Corintios 3:11 (BHTI)

    2. Su apostolado como perito arquitecto, es fundamental en esta metáfora.

    Pablo se describe ante los hermanos de Corinto como el arquitecto o el capacitado para poner las bases de la fe de ellos. Estoy seguro que, Pablo no solo cubre su erudito trabajo con esta idea, sino que atribuye a los demás apóstoles esta tarea. El libro de Hechos hace mención de este concepto, al hablar de “la doctrina de los apóstoles”.

    3. Las partes: sobreedificar.

    En esta parte de la metáfora entramos nosotros. ¿Cómo estamos poniendo nuestra parte del edificio?

    “Pero sobre ese cimiento puede construirse con oro, plata y piedras preciosas, o bien con madera, paja y cañas.” 1 CORINTIOS 3:12 BHTI

    La referencia es a la calidad y cualidades de la obra que estamos desarrollando como parte de este edificio. Debo mencionar lo que es obvio, no se refiere a obras de materia gris como los edificios, ni a las cosas que se ven a priori. Sino a aquellas obras que se verán plasmadas a posteriori. 

    Como cristianos, edificamos sobre bases firmes, la vida. Y es necesario que el trabajo que hacemos con una persona, repercuta en la familia, el barrio, la sociedad y el mundo. Edificamos vidas que han sido destruidas, y la durabilidad de ese trabajo sólo puede ser basado en la persona, palabra y obra de Cristo. El método es importante, pero no es primero. 

    Lo que vemos en el mundo es solamente despojo. Satanás, una vez lograda su maldad en el Edén, ahora se envileció en su imperio de maldad contra el género humano con tal odio, que la destrucción es evidente en todas las esferas de la sociedad, y peor aún, dentro de nuestras propias vidas. La tarea entonces no es maquillar la situación nuestra, ni de la gente a la que servimos, la tarea es derribar, destruir, arrancar; para reedificar. 

    Esta es una de las metáforas más poderosas leídas en la Biblia. Espero que todos estemos haciendo la tarea. Ya que cada una de nuestras obras serán purificadas por el fuego, en el día de la redención. 

    “El día del Señor pondrá de manifiesto el valor de lo que cada uno haya hecho, pues ese día vendrá con fuego, y el fuego pondrá a prueba la consistencia de lo que cada uno haya hecho. Aquel cuyo edificio, levantado sobre el cimiento, se mantenga firme, será premiado; aquel cuyo edificio no resista al fuego, será castigado. A pesar de lo cual, él se salvará, si bien como el que a duras penas escapa de un incendio.” 1 Corintios 3:13-15 BHTI

  • “«Los maestros de la ley y los fariseos tienen la autoridad de explicar la ley de Moisés. Así que hagan caso de todo lo que ellos les dicen, pero no sigan su ejemplo porque ellos no hacen lo que ellos mismos dicen.”

    Mateo 23:2-3 PDT

    Me sobrecoge esta lectura. Yo inicié a dar mis primeros pasos en estudiar e interpretar la Biblia a escasos 9 años. Es una tarea que desde entonces me apasiona, y para lo cual me fui preparando y documentando al pasar de los años. Y así como yo, muchos estudiosos y estudiosas de las Sagradas Escrituras, preparan enseñanzas y predicaciones, discipulados y consejerias. Pero, ¿Cuál es la responsabilidad? Es la más exigente de todas las tareas pedagógicas. Porque las exigencias vienen directamente del Señor, dueño de la verdad. Dios Padre y su hijo Jesucristo.

    El mensaje en este texto es sencillo:

    1. La Autoridad del conocimiento: Fariseos y Escribas, interpretan la ley Mosaica con la autoridad que requiere la acusiosidad de la ley:

    La autoridad de ellos, derivó del conocimiento, y esa es una clase de autoridad, diferente a la autoridad espiritual.

    Podemos dominar el método, la hermenéutica o interpretación, la exposición de la Biblia y el conocimiento histórico y del significado, eso nos da autoridad o credibilidad ante los hombres. Pero si no interiorizamos el mensaje para que nos transforme a nosotros; perdemos la autoridad espiritual.

    2. La obediencia es de carácter personal: Hagan lo que ellos les dicen que hagan:

    Obedecer la verdad bíblica, es ganancia, no es una razón válida no obedecer las Escrituras, por no avalar el testimonio de quien nos predica.

    Así que, si eres de los que se escudan en el mal testimonio de un predicador para no obedecer, estás tan lejos de Dios y de su gracia, como el predicador mismo.

    3. La Autoridad Espiritual: “Pero no sigan el ejemplo de ellos, porque ellos hablan pero NO hacen conforme a su discurso”:

    Precisamente, aquí está modelado por negación, lo que es la autoridad espiritual. Si los predicadores y maestros, no vivimos los principios que enseñamos, no tenemos autoridad espiritual.

    Que triste es para personas que enseñamos la Biblia, tener que decir: hagan lo que digo, pero no lo que hago.

    Que Dios nos ayude a servirlo en santidad. Y aplicar el conocimiento con sabiduría práctica.

    Shalom

  • Es fundamental para el creyente distinguirse no solo por lo que cree y hace, ese binomio, al que Jesús llama sabiduría en Mateo 7:24.  Además debe distinguirse, por su juicio o criterio por el cual comprenda el bien y mal, y cómo éste actúa como fuerza interna y externa. Por favor, leamos esto con atención, porque tengo un interés profundo, en que como lectores hagamos algunos cambios prácticos y conscientes.

    “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca” Mateo 7:24 (Contexto: El Sermón del Monte)

    Jesús nos llama la atención a dos tipos de disposición: La disposición de oír y la disposición de hacer, y la suma de ambas da como resultado la sabiduría espiritual. Una es la fe intelectual o que razona y la otra es la fe práctica o que se evidencia como “modus vivendi” (estilo de vida).

    Está el cristiano que vive su fe con devoción, pero distingue entre niveles o grados de transgresiones a la ley de Dios. Ese cristiano aunque no tiene una lista consciente de pecados permitidos y pecados no permitidos, de hecho si tiene esas listas.

    En la práctica, distingue entre mentiras blancas y mentiras conspiradoras. Entre tomar un objeto de insignificante valor sin permiso y robarse algo de mucho valor. Distingue entre la fornicación dentro del matrimonio, y vivir con varias parejas sexuales amparados en la soltería. Distingue entre adulterio como acto de alta traición, y vivir en unión libre o unión de hecho. Distingue entre prácticas de impureza sexual en la intimidad; como la pornografía, parafilias, fantasías, etc. Y la homosexualidad. Y con estas presuposiciones que hacemos de lo bueno y lo malo, mucho daño hemos causado en nuestras propias familias, y a nosotros mismos.

    Y así podemos hacer cada uno nuestra propia lista de distinciones, y es aquí donde entra en juego eso que he llamado nuestro juicio o criterio de interpretación acerca del efecto del Evangelio en nuestras vidas, y en el potencial poder del mismo Evangelio en la vida de cualquiera otro.

    Y por ejemplo, están aquellos padres, que despreciaron a sus propios hijos e hijas, por no ser los cristianos que esperaban que fueran. Como si pudiésemos vivir la vida de ellos. Y el problema no estuvo en lo que esos padres creían o en cómo vivían su fe, sino en ese tercer elemento: Su juicio o criterio de valoración que indudablemente hicieron. No falló la fe, fallaron los métodos aplicados.

    El supuesto por excelencia, que como ejemplo quiero usar, dado la época que vivimos, es: La homosexualidad.

    Hay madres y padres en alto porcentaje, que siendo religiosos, sea cristianos evangélicos, o católicos, o reformados; rechazan a un hijo o hija de conducta homosexual declarada (hay un sub registro de homosexualidad no declara, mayor que la declarada) por una cuestión en dos vías: moralista y/o religiosa. Ni siquiera es una cuestión de profunda reflexión bíblica y comprensión del mal. Peor aún, ese rechazo físico de ese hijo o hija, no es congruente con la vida que esos padres llevan a la luz de la fe que profesan. Muchos de esos padres viven en unión libre, o tienen “parejas”, no un esposo o esposa, puede que vivan “santísimamente” casados pero en yugo desigual en su proyecto de vida, o incluso, son matrimonios en segundas, terceras y cuartas nupcias… ¿De qué estoy escribiendo aquí entonces? Espero que ya se habrán percatado que el tema es puramente moral. ¿Dónde pues está la fe? Pues es lo que nos pasa a esta generación, hemos sustituido la fe por la moral.

    La fórmula es inversa, la fe debe forjar la moral para los seguidores de Cristo. Y no la moral plantear el modus vivendi de la fe en Cristo. Hemos fallado porque anteponemos la moral como un aspecto categórico antes que la fe. Cuando hacemos esta inversión pragmática (invertimos el modelo) somos átonos (sin fuerza o tono) en la moral e incongruentes en la fe (entendiendo la fe como una aceptación del Evangelio y sus demandas alojadas en la interpretación de Jesús).

    Desde esta perspectiva, y siguiendo el supuesto que he tomado como ejemplo; los padres cristianos que tengan un hijo o una hija homosexual, no deben desecharlo como lo que son: hijos o hijas. Ello no implicaría una aceptación de la práctica del homosexualismo como válida dentro de la moral que fluye desde la Biblia, pero tampoco se transgrediría otras leyes de Dios al rechazar o vituperar a tu propia sangre. Si la inquietud de estos padres, se centra en qué se puede aceptar de un hijo o hija en casa, que es homosexual, pues se debe tratar como se tratarían las demás limitaciones propias de la convivencia: las horas de llegada a casa, lo que se permite y no se permite en casa, etc. Es un asunto de reglas de los padres en sus casas, lo cual es lo correcto.

    Ahora, en términos generales el mensaje que quiero dejar en la retina, el oído y la consciencia; es que necesitamos a Cristo, no las reglas o acuerdos sociales a las que las sociedades en todas la épocas hemos llegado. Cristo nos demostró esto que les he compartido en este artículo, y no puedo referirme a cada caso por falta de espacio y tiempo, pero algunos buenos ejemplos son:

    1. Jesús y la mujer adúltera. Donde Jesús la perdona y le encomienda vivir en una nueva vida y moral: “Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más”. Juan 8:10-11
    • Jesús y la mujer samaritana. Donde Jesús la confronta con su vida desafortunada de promiscuidad, y la eleva más allá de la moral de la aldea en donde vivía: “Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho” Juan 4:39
    • Jesús y Pedro, el hombre impetuoso, amañado, poco fiable. Jesús lo advierte y le promete protección, sería la manera en que Jesús le enseñaría a Pedro, que su moral no era primero, sino su fe que debía moldear su moral:

    31“Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; 32 pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos. 33 El le dijo: Señor, dispuesto estoy a ir contigo no sólo a la cárcel, sino también a la muerte. 34 Y él le dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces. Lucas 22:31-34

    • Jesús y los ciegos líderes de la fe judía, los fariseos, este es un tema típico de anteponer la moral humana, antes que la moral como resultado de la fe:

    ¡Ay de vosotros, guías ciegos! que decís: Si alguno jura por el templo, no es nada; pero si alguno jura por el oro del templo, es deudor. ! Insensatos y ciegos! porque ¿cuál es mayor, el oro, o el templo que santifica al oro? Mateo 23:16-17

    Notamos en estas demandas de Jesús, una consonancia con el juicio o criterio que Él tenía acerca de la comprensión del bien y del mal. No son los actos en sí mismos aislados, es lo que defendemos, cómo lo defendemos y por qué lo defendemos.  

    Concluyo repitiendo las líneas con las que inicié: “Es fundamental para el creyente, distinguirse no solo por lo que cree y hace. Además, debe distinguirse por su juicio o criterio, por el cual comprenderá el bien y mal”

  • La mayoría de nosotros sabe lo que significa balbucear. Es esa forma básica del lenguaje en los infantes. Y los padres, abuelos, tíos, todos caemos muchas veces rendidos a esa forma ínfima de comunicación, por amor. Esta analogía describe, la bondad de Dios. Un esfuerzo desde el ómnium divino (todo lo divino) a lo ínfimo humano (inferioridad humana).

     “1Porque el Señor es bueno, 2su bondad perdura por siempre, 3su fidelidad por generaciones” Salmo 100:5

    Este es un Salmo procesional para Israel. Ellos lo cantaban mientras se dirigían al templo para alguna celebración especial. Si lo adaptamos en significado a la cristiandad, es un canto de gratitud y actitud en la presencia de Dios. Sobre todo cuando vamos al templo. El versículo 5 concluye el salmo, indicando un por qué hacer el ceremonial de  los versículos 1 al 4. Así que es un salmo sencillo en estructura pero profundo en significado.

    1. “Porque el Señor es bueno”.

    La palabra en hebreo significa: abundancia. Su uso es para describir a Dios, más allá del entendimiento de bondad humana. ¿Quién de nosotros abunda en bondad? Somos a veces bondadosos, y discriminamos cuándo hacer el bien a alguien y cuándo no. Pero Dios no lo hace, Él hace bien a todos en la tierra, dándoles las condiciones adecuadas para la vida y la preservación. El mal que el hombre fragua contra sí mismo, no es un resultado de lo que Dios quiere, sino de lo que el hombre mismo siembra, para cosechar

    2. “Su bondad perdura por siempre”.

    En este nivel, encontramos una diferencia, pues la bondad de Dios es eterna e infinita. Pero solo alcanzable en esa dimensión eterna, por aquellos que serán salvos. La bondad de Dios es eterna, más no para todos en la eternidad.

    La bondad en hebreo tiene una serie de raíces lingüísticas propias, que le dan un contenido al concepto, muy amplio. Pero la principal significación es: “aquel que baja la cabeza en condición de humillación y servicio”.

    La bondad de Dios, solo podría ser comprendida así con ese dramatismo. En esta relación incongruente en términos de superioridad del creador con la criatura, solo así se puede ver Dios a sí mismo y comunicar su acto de bondad: “humillándose y agachando la cabeza”, y aquí estamos usando un lenguaje antropomórfico, o sea, atribuimos características humanas a Dios, para poderlo comprender en nuestra finitud que se expresa aún en el lenguaje. Dios se ha humillado al querer comunicarse con nosotros.

    Es muy importante entender que el rechazo de la humanidad hacia Dios, no es una humillación, o al menos no puede agregar más humillación a Dios. Dios ya tomó ese camino de auto humillación, y es lo que Pablo explica a la iglesia por medio de su carta a los Filipenses, capítulo 2.

    Ahora espero que podamos tomar tiempo para comprender lo que significa, la bondad de Dios, y no menospreciemos su bondad, esa virtud de amar con misericordia.

    3. Su fidelidad por generaciones”.

    La fidelidad es el grado de confianza que podemos tener. Dios es fiel, es de confiar de manera constante. La expresión: por generaciones” no habla de tiempo, habla de inmutabilidad, o sea, no cambia. Dios es fiel, confiable siempre.

    Nosotros deberíamos poner atención al lenguaje que la biblia usa. Ahora sabemos que todo el lenguaje de la Biblia es antropomórfico (da características humanas al carácter de Dios, para comprenderlo) en tanto Dios es descrito en un nivel humano de comprensión.

    Pero Dios es tan inaccesible a la comprensión humana finita, que apenas se permitió un balbuceo para con el género humano, con tal de darse a conocer lo suficientemente como para que nadie se pierda sino que todos procedan al arrepentimiento. Claro está, ese es el deseo de Dios… pero ¿será el deseo suyo?