• ¿Cuál es la característica del tiempo del hombre? Definitivamente, finitud y cambios constantes. Una vez más, voy a este libro de sabiduría lleno de experiencias humanas.

    En este mundo todo tiene su hora; hay un momento para todo cuanto ocurre:” Eclesiastés 3:1 DHH94I

    Después de presentar una visión determinista, respecto a la incambiable realidad de la experiencia humana sobre la tierra; los versículos siguientes del 2 al 8, establecen una serie de 14 binomios antinómicos (polaridad o polos opuestos). En ellos retrata la dinámica de nuestras experiencias.

    Entre un polo y otro de las emociones, existe el equilibro para una vida buena y con propósito. No obstante, si vivimos en los extrenos; vamos a experimentar serias dificultades de convivencia y vamos a carecer de salud mental. Peor aún, quienes hacen nido en un extremo u otro, padecerán de serios trastornos de personalidad y conducta.

    ¿Cuál es el equilibrio? “Todo tiene su hora y hay un momento para cada cosa que ocurre”.

    El ejercicio mental, no es una fijación, es más bien dinámico. Por ejemplo: “un momento para nacer y otro para morir” y se espera que, dentro de una dinámica sana; entre nacer y morir, podamos crecer y madurar para lograr muchas cosas. No se puede vivir en estado embrionario ni siendo niños toda la vida, como tampoco se puede vivir deseando la muerte desde que se nace. Si así fuera, y casos hay, hablamos de una perturbación de la salud mental.

    Ahora sí, podemos evaluar a la luz de la Palabra de Dios, nuestra salud psíquica (del alma).

    Él, en el momento preciso, todo lo hizo hermoso; puso además en la mente humana la idea de lo infinito, aun cuando el hombre no alcanza a comprender en toda su amplitud lo que Dios ha hecho y lo que hará.” Eclesiastés 3:11 DHH94I

    No alcanzamos a comprender estas experiencias humanas, algunas cargadas negativamente. Pero el sabio dice claramente que en el tiempo de Dios hay hermosura, y que en nuestro corazón hay sentido de eternidad. Esos dos elementos, la hermosura de la obra de Dios y el sentido de eternidad, basta y sobra para tener esperanza. No hay lugar para la duda en los que confían, aún sin poderlo comprender todo, necesitamos confiar en Dios.

    Quizá has dudado, eso no te deja avanzar en tus metas temporales y mucho menos en las eternas. Y quizá necesitas convencerte que el tiempo de creer ha llegado. Porque el tiempo y momento Justo para crecer, es creer en las bondades de Dios y sanar la mente (alma).

  • “Me apresuré y no me retardé en guardar tus mandamientos…”

    SALMOS 119:60 (RVR 1960)

    El Salmo 119 al ser un acróstico pone énfasis en su estructura “Álef-Bet” del hebreo, que corresponde al alfabeto nuestro. Eso significa que cada estrofa del salmo, empiezan con una letra del Álef-Bet, o sea cada 8 versículos que conforma una estrofa, tiene una letra del Álef-Bet  Y cada una de estas letras tiene un peso semántico (El significado de las palabras, en este caso no solo de ellas sino también de las letras).

    En la estrofa número 8 que va desde el versículo 57 al 64, se extrae este texto que he puesto a la cabeza de esta reflexión, para que pensemos en esos comienzos cíclicos. La misma sabiduría antigua citada en Eclesiastés, refiere a la idea de que todo lo que es, ya fue en el pasado y será en el futuro. Las cosas se suceden pero nada es nuevo debajo del sol. Eso es lo que llamamos dinámica cíclica de la vida. Pero este salmo nos llama la atención de manera particular porque nos pone en perspectiva de apresurarnos al cambio. Porque aún en los ciclos, debe haber cambio. Debe existir renovación.

    El salmista dice: “Me apresuré”, y reafirma el concepto de aquella urgencia, al poner una afirmación por oposición de la idea, y agrega… “no retardé”. ¿En qué no se retardó? En guardar los mandamientos del Señor. Si el salmo 119 es un canto a la Ley de Dios, este versículo es un compromiso con ese canto de alabanza a la ley de Dios.

    La letra principal de esta estrofa, se llama Chet (a veces aparece como Jet). Esta letra en hebreo tiene un valor 8 y esa cifra en la gematría hebrea, que es el valor numérico de las letras, significa un nuevo comienzo, un retorno.

    Por eso para los judíos; la historia humana consta de 7 milenios y el milenio 8 será el milenio mesiánico. Si bien no son datos literales, la simbología de la que está llena la Biblia, habla de una nueva era. El nuevo testamento lo llama el siglo venidero, e implica un nuevo comienzo.

    Ahora bien, esperamos ese nuevo milenio, pero en medio del peregrinar seguiremos experimentando cambios y nuevos comienzos en muchas áreas de nuestras vidas. Por eso es importante que esos nuevos comienzos estén repletos de esperanza, y de ahí la idea de: “apresurarse sin demora, a la obediencia o a guardar de la ley de Dios”, para agregar a los nuevos ciclos de vida; perfección, vida abundante y eternidad.

    No comiences una nueva etapa, siendo la misma persona y haciendo las mismas cosas, porque eso te llevará a un existencialismo que Eclesiastés llama: “vanidad de vanidades”. Un sinsentido del ser, de la esencia, del propósito; que se da como resultado de no mirar a Dios, y se repite de manera más aguda, cuando tenemos que hacer cambios en nuestra vida siguiendo el mismo patrón.

    En la conceptualización bíblica del tiempo: El número 6 representa ese periodo laborioso de hombre, el 7 es el número de la completitud y reposo divino, donde Dios toma sentido de refugio y perfección para nosotros, y el 8 es el número del nuevo comienzo. Todo ciclo humano, debe descansar en Dios y esperar la renovación de todas las cosas, anclados en Dios y su Palabra fiel: la ley de Dios.

    ¡Qué sabia es la Palabra de Dios!

    Reflexión
  • “Restablecidos, pues, en la amistad divina por medio de la fe, Jesucristo nuestro Señor nos mantiene en paz con Dios. Ha sido, en efecto, Cristo quien nos ha facilitado, mediante la fe, esta apertura a la gracia en la que estamos firmemente instalados a la vez que nos sentimos orgullosos abrigando la esperanza de participar en la gloria de Dios. Es más, hasta de las dificultades nos sentimos orgullosos, porque sabemos que la dificultad produce constancia, la constancia produce una virtud a toda prueba, y una virtud así es fuente de esperanza.” Romanos 5: 1-4 (BHTI)

    Pablo explica de manera exhaustiva el concepto de reconciliación con Dios, como el argumento central de “la esperanza” del cristiano. Justamente, una esperanza que ha sido atacada por el desenfoque teórico de cierta corriente humanista-existencialista (el hombre sin perspectiva eterna), sin dar lugar a una defensa coherente, de esta fe. Por otro lado, en el devenir de este siglo, encontramos a los que ni siquiera tienen un argumento filosófico, pero rechazan esta fe. Para este grupo de personas, tanto los intelectuales proponentes de estas ideas, como sus seguidores, el evangelio en este punto es una “vergüenza o locura”.

    Es por ello que Pablo, inspirado por Dios mismo, y en uso pleno de su experiencia y vasto conocimiento de la filosofía y las culturas de la época; nos refiere esta reveladora frase: “…y la esperanza no avergüenza”.

    ¿Por qué este argumento de una esperanza que no añade vergüenza? Porque el ser humano viene de una estrepitosa caída moral. Fue rebajado a la nada, después de ser el gerente del Cosmos. No hay mayor vergüenza que estar desnudos ante la santidad de Dios. Habiendo entregado todo a cambio de nada.

    Pero Dios prueba que nos ama, en que, cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros. Romanos 5:8 (DHH)

    En el mismo capítulo 5 de romanos, Pablo indica un pero, que es un indicador de contrapesos. Dentro de la pragmática lingüística; el “pero” es un conector adversativo. O sea, Desde el punto de vista de la gramática, el conector “pero” corresponde a una oposición de ideas. Así que no solo adversa dos o más ideas, sino que las polariza. El pero sin embargo, en el uso cotidiano asume otros valores como: el de adición de sentido, refuerzo del argumento, marca condicional, continuidad de tema, cambio de tema, énfasis, etc.

    PERO… a su tiempo, Cristo murió por nosotros, siendo aún pecadores o estando en “VERGÜENZA”. Por lo antes explicado desde la gramática, podemos dar más valor al mensaje de romanos 5. No solo contrapone la idea de la vergüenza del pecado, a la esperanza que no añade vergüenza; sino que refuerza el argumento paulino de la esperanza que nos trae el evangelio de la reconciliación. Da también una continuidad al tema de la justificación por la fe. Y adiciona o suma el valor de la virtud dentro del texto, esa palabra virtud es traducida también como prueba, en sentido de aprobación. Y es precisamente esa aprobación de Dios por medio de Cristo que nos abriga la “esperanza”.

    Entonces, la muerte y resurrección de Cristo es nuestra Esperanza, una que no avergüenza, como sí avergonzó la caída. 

    No se vale que un cristiano viva en un existencialismo, con un enfoque relativo, porque no es posible tener esperanza y vivir sin propósito en esta vida presente, pretendiendo que algo pasará de la nada en un futuro eterno tan incierto.

  • La convergencia entre la humillación y la exaltación 

    Autonegación

    Primeramente leamos dos versiones diferentes de la biblia. Mi propósito es que encontremos el sentido profundo de la cruz, según este autor. 

    1.En la primera versión, se usa la preposición “anti” como: en lugar de… Así que, la traducción sería: “en lugar de… una vida placentera”. O sea, Cristo intercambia, su comodidad perfecta por la muerte en la cruz; en sustitución de los pecadores que debíamos morir para siempre. Y por esa vía, Jesús obtuvo como resultado, la gloria al lado del Padre, una vez pasado el trauma de la Cruz. 

    Leemos así: “Hagámoslo con los ojos puestos en Jesús, origen y plenitud de nuestra fe. Jesús, que, renunciando a una vida placentera, afrontó sin acobardarse la ignominia de la cruz y ahora está sentado junto al trono de Dios”. Hebreos 12:2 (BHTI)

    2. La segunda versión, usa la preposición “anti” como: animado por… Así que, la traducción sería: “animado por… el gozo puesto delante de Él”. O sea, Cristo fue animado por el futuro de justicia que fraguaría, aunque su presente era desolador.

    La esperanza más allá de la cruz para la humanidad, lo impulsó a sufrir por la vía de la autonegación, no haciendo caso a la vergüenza humillante de la misma. Y ahora está sentado a la diestra del Padre. Leemos así: 

    Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Hebreos 12:2 (RV 1960)

    Una partícula gramatical del griego, en este caso una preposición (anti), nos permite leer el mismo mensaje; desde una conjetura gramatical diferente, que nos lleva a la misma conclusión: “Cristo tomó la vía de su propia negación, para llevarnos desde la humillación a la exaltación junto a  Él”.

    Nosotros, pobres criaturas, ya conocemos la humillación de la caída. Por lo tanto, lo que necesitamos es humillar nuestra humana soberbia, para alcanzar la glorificación al igual que Cristo, quien poseyéndola, renunció a esa gloria para asemejarse a nosotros en un acto de la más grande empatía jamás mostrada. Y una vez que hubo renunciado a esa gloria, le costó la vida recuperarla, con la noticia maravillosa que con su acto sacrificial no solo se sentó en gloria al lado del Padre, sino que abrió un camino que hizo posible nuestra glorificación también. 

    Mis amados, Cristo con aquel panorama desolador, pero con paciencia, avanzó hacia la cruz en esperanza de la gloria eterna al lado de su Padre. Cuánto más deberíamos avanzar nosotros en confianza; sabiendo que la obra de gracia ha sido consumada en Él. Y ese es el peso del argumento de hebreos. 

    En hebreos 12:1 se nos plantea el qué

    Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante… Hebreos 12:1

    En hebreos 12:2 se nos plantea el cómo.

    Hagámoslo con los ojos puestos en Jesús, origen y plenitud de nuestra fe. Jesús, que, renunciando a una vida placentera, afrontó sin acobardarse la ignominia de la cruz y ahora está sentado junto al trono de Dios. Hebreos 12:2 (BHTI)

    Hebreos nos dicta un mandato imposible sin fe: despojarnos, tomando la vía de la negación

    Negarnos al peso de una vida alejada de Dios y negarnos al pecado que nos acosa constantemente. 

    Puesto los ojos en Jesús; una metáfora acerca de la posibilidad al imposibilitado. La Biblia nos dice que somos más que vencedores por medio de aquel quien nos amó.