“Haz que se consagren a ti por medio de la verdad; tu mensaje es la verdad.”
Juan 17:17 BHTI
El concepto común que hemos leído en la Reina Valera es: “santifícalos en tu verdad, tu Palabra es verdad”. En esta versión se va más al sentido general de la expresión y significado de la palabra griega “jagiázo”. El vocablo indica una ceremonia de purificación y dedicación; como sucedía en el Antiguo Testamento cuando se consagraba o dedicaba a una persona al servicio en el templo.
La oración de Jesús al Padre es: “límpialos y conságralos, o sea, provee los medios de gracia para que ellos sean tuyos y te sirvan. ¿Cuáles medios de gracia? Existen varios medios de gracia a través de la Biblia; por ejemplo: la oración, el estudio de la Palabra, el ayuno, el servicio, etc. Aquí tenemos revelado el medio de gracia por excelencia, y es la verdad, que es lo mismo que Las Sagradas Escrituras.
La idea de una consagración basada en la conducta, queda implícita; pero no es la primera idea en este texto u otros textos que hablan de santidad y consagración. Los levitas rendían un servicio acepto, pasando los rituales de lavamiento y sacrificios. Si ese modelo maleable y humano fue acepto, ¿cuánto más será acepto el sacrifico de Cristo que nos ha limpiado a nosotros para servirlo?
Hemos caído en una cultura de énfasis en la conducta, más que en el compromiso. Y no es que quiero ponerme una venda respecto a la conducta cristiana, pero quiero quitar la venda que no nos permite ver los medios de Gracia de Dios. Es por su gracia que le puedo ser útil. Y por su Gracia que puedo ser justo, más allá de toda injusticia.
Ahora, Jesús en su oración apela a la Palabra de Dios, que es la verdad; para este proceso de purificación y consagración. Es por medio de la verdad inerrante e invariable de Dios, que los creyentes podemos ir siendo conformados y limpiados. Jesus le dijo en una ocasión a Pedro:”ustedes ya han sido limpios o lavados, indicando Jesús una obra de gracia prefigurada en la obediencia de ellos a sus palabras o doctrina, ya que Jesús aún no había muerto”. Así que podemos confiar que la Palabra de Dios es indudablemente poderosa para purificación de nuestras almas. Pero, ¿Cómo actuará si no la leemos y escudriñamos?
La santidad apela a una dedicación de nuestras vidas a Dios. No nos atribuye un sentido de comportamiento, sino de compromiso. Claro, quienes servimos a Dios sentimos el peso de la exigencia moral del llamado, y las demandas éticas del reino.
En el Antiguo Testamento, los levitas debían pasar constantes rituales de purificación para entrar al tabernáculo y prestar sus servicios a Dios, y debían presentar sacrificios de sangre por sus pecados y los del pueblo. Hoy los creyentes hemos sido lavados una sola vez y para siempre; por medio del sacrificio de Cristo en la Cruz. Por eso Jesús intercede por los discípulos y los que han de creer por medio de ellos, y a petición de su propia sangre, pide que Dios el Padre los guarde, los limpie y los use.
No tengas miedo a la santidad. Dios se ha encargado de nuestra purificación y nosotros debemos encargarnos de nuestro compromiso para con Él.