• Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo,” Gálatas 3:25 RVR1960

    Pablo desarrolla una explicación de las más complejas para el ser humano que quiere accesar a la fe. Ya que la ley de Moisés había acompañado por varios siglos la fe en Dios, al venir Cristo aquella sustitución de la ley por la gracia, sería totalmente traumática. Incluida la cruz, el camino más traumático de la fe, que Pablo mismo llega a llamar; el escándalo de la Cruz.

    Es por esa historia de siglos bajo “ayo” (tutelar) que la humanidad insiste en proveerse de auto salvación. Buscando en cumplimientos de leyes y ordenanzas; a veces imposibles, para la carne, dice Pablo en Romanos. Y de esta manera llegan a menospreciar la obra de Cristo en la cruz.

    Pablo entonces lo que nos quiere decir, es que la ley ha sido buena en tanto ha cumplido su propósito de mostrar al hombre la voluntad de Dios. No obstante, la ley no es portadora de vida; solo fue un ayo o un acompañante que ha tutelado al humano, para que llegaran a conocer a Dios. Por lo tanto, su propósito se cumplió hasta la aparición del Mesías, quien sí puede dar vida eterna. De tal manera que venida la fe, ya no necesitamos estar bajo tutela de alguien mayor moralmente, esto era la ley. Pero ahora es Cristo; por medio de la fe, que nos lleva a vivir para Dios. Solo basta con aceptar la salvación que nos trajo Cristo. Y esto es solo posible por medio de la fe.

    Eso es lo que significa este texto. Que tenemos acceso directamente al testador, para heredar lo testamentado. Y lo testamentado fue dado a Abraham a modo de promesa eterna. La misma que tenemos los creyentes hoy, promesa de vida eterna. Salvos por su gracia, y no debemos volver a cumplimientos rituales externos, sino a obediencia práctica por fe. Todo es por fe, no por lo que podamos ver, sino creer.

    Al no estar bajo tutela significa que ya somos herederos en uso de nuestro derecho sucesorio, porque Cristo el testador, murió; y todo testamento es activado con la muerte del testador.

    Luego, en su resurrección Cristo nos ha heredado la vida y con Él todas las cosas.

  • He sido consultado respecto a mi opinión bíblica, acerca de cómo algunos creyentes en Cristo, han respondido a la pandemia por COVID-19. Sobre esta pandemia, tenemos dos extremos:

    1. GRUPO 1. Unos que dicen que no se debe temer a la pandemia, en el sentido de “confiar en Dios”. Ellos exponen que, los cristianos no deben tomar medidas de contención que los gobiernos han delineado, ya que eso sería no confiar en el poder de Dios.
    2. GRUPO 2. El otro grupo habla de llevar estas medidas de contención y cuidados, al extremo; para no contagiarse y arriesgarse a morir. Argumentando que debemos ser prudentes y no tentar a Dios.

    Yo quiero darle mi respuesta a la persona que me ha consultado, y quizá a la vez esta sea una respuesta que otras personas compartan o no. Pero siempre vale la pena formar opinión sobre aquellas cosas que nos afectan de manera personal y socialmente.

    Primeramente, no busquen por favor una base bíblica concreta que diga cómo debemos asumir el COVID-19 ya que la Biblia no habla de manera específica del COVID-19; como si se tratara de un libro de contenido científico puro.

    Algunos creyentes están mezclando conceptos teológicos mal aplicados, sobre cómo enfrentar esta pandemia. Otros, solo están usando dogmas, o sea, creencias propias, algunas espurias (incorrectas) desde la Biblia, para enseñarlas en las iglesias, creando mayor cisma entre comunidad de fe y comunidad no creyente. Para nada una meta de la iglesia.

    Eso sí, encuentre en la Biblia, el llamado a la piedad, la inteligencia, la sabiduría y la ciencia. Y para eso les recomiendo buscar en la literatura sapiencial o de sabiduría especialmente, aunque no de manera única, por ejemplo en los Salmos, Proverbios y Job.

    18 Antes del quebrantamiento es la soberbia,
    Y antes de la caída la altivez de espíritu.

    19 Mejor es humillar el espíritu con los humildes
    Que repartir despojos con los soberbios.

    20 El entendido en la palabra hallará el bien,
    Y el que confía en Jehová es bienaventurado.

    Proverbios 16:18-20

    Muchas veces lo que llamamos confianza (fe) se parece más a la soberbia, entonces mi llamado es, a evaluar nuestros argumentos, pero no evaluar desde lo que usted piensa de manera personal y aislada, sino desde la dinámica social. O sea, ¿Cómo afecta mi actitud respecto a la pandemia, a los demás?

    Actitud del grupo 1. Si yo creo que no me va a pasar nada e insto a los demás a ser despreocupados, estoy socavando la seguridad de más de la mitad de un país que no cree como yo. Y luego, solemos decir: “ese no es mi problema”. Concluiremos entonces que tal confianza es “soberbia”. Piense que a usted no le hará daño cuidarse aunque crea que es inmune, pero sí que le hará mucho daño si su inmunidad no es tan real como piensa, y peor aún, serás foco de contaminación para otros. A esta actitud llamaremos “piadosa prudencia”

    Actitud del grupo 2. Usted puede extremar sus cuidados, eso no te hará mal, y cuidarás a la otredad (a los otros). Sin embargo, si usted acusa o juzga a quienes no se comportan como usted, está sobre enfatizando la confianza en el sistema, y no acompaña las medidas de contención con la confianza en Dios. Por eso usted notará que no importa cuánto se cuida, se siente insegura o inseguro. Falto de alegría y esperanza.

    El texto de proverbios que he anotado aquí, es uno entre cientos de citas que podemos aplicar. Tal consejo sabio nos llama a NO practicar la soberbia, porque traerá quebranto tarde o temprano. Luego nos llama a ser entendidos en la palabra, que no es una referencia a la Biblia, es una referencia a “las causas” justas. Desde luego la Biblia es la causa justa por excelencia. Pero le literatura de sabiduría (Salmos, Proverbios, Job, Eclesiastés), cuando habla de la ley de Dios la presenta como la ley de Dios. Así también cuando habla del consejo, la palabra, el conocimiento, el buen juicio, etc. Habla de los consejos del prudente, del sabio, del que se dedica a conocer para mejorar.

    Por lo tanto, leemos: El entendido en la palabra hallará el bien,
    Y el que confía en Jehová es bienaventurado” Proverbios 16:20.

    El entendido, o sea, el que se aplica a entender las causas, a entender “la cosa” de lo que se habla. Esa persona, hallará el bien. Y agrega: “…Y EL QUE CONFÍA EN JEHOVÁ ES DICHOSO”.

    ¿Pueden ver la relación? Dios no anula tu inteligencia porque Él te la dio para usarla. Pero nos advierte que la dicha, la felicidad, el placer y el gozo (eso es ser bienaventurado), solo dependen de nuestra CONFIANZA en Dios, no de lo que lleguemos a conocer.

    El conocimiento nos ayuda a ser inteligentes, prudentes y sabios; para tomar las mejores decisiones. Pero la confianza en Dios, o sea la fe, nos ayuda a vivir en medio de toda situación, con fidelidad y gozo.

    Conclusiones

    Al grupo 1. Aquellos que creen que, debemos ver con indiferencia esta pandemia y las muchas otras que se desatarán sobra la humanidad, no tienen un argumento bíblico, en las bases bíblicas que usan. Dios no hace ningún llamado en la Biblia, a no creer en las enfermedades, o a desechar la medicina. No hay un solo texto bien leído y escudriñado que nos enseñe así. Por lo tanto, no deberían estos creyentes, enseñar así a los hermanos. Pueden vivir bajo esa norma en sus vidas privadas, pero tienen la responsabilidad de ser solidarios con el resto de la gente.

    Al grupo 2. Los que creen que deben vivir al extremo los cuidados, aislándose de todo y de todos durante esta pandemia; corren el riesgo de enfermar psicológica y seriamente por estados neuróticos. Es importante que se cuiden bien y cuiden a otros, pero también es necesario que vivan la vida, que sepan vivir en esta era que les ha tocado vivir, y hacerlo con gozo y gratitud.

    No hay base bíblica para decir que Dios puede ser tentado, porque salimos en medio de la pandemia; a trabajar, apoyar al necesitado, cuidar de los más vulnerables de la familia, etc. Algunos textos que ustedes me citarían respecto a tentar a Dios, les aseguro que no hablan de eso. Por ejemplo, Israel provocó o tentó la ira de Dios, al rechazarlo y seguir dioses extraños, pero es la misma ira a la que se exponen los que rechazan a Dios hoy. A lo más que llegamos cuando metemos cabeza en algo incorrecto, es a tentarnos a nosotros mismos al error, eso es lo que predica Santiago en el capítulo 1. Por lo tanto, aquellos que no se cuidan y no quieren nada de contención respecto al COVID-19, ellos se arriesgan a sí mismos, y a otros, pero nunca tientan a Dios.

    Ambos extremos de grupo 1 y grupo 2, están fuera de la cordura bíblica, citada en los Proverbios.

    Ni es cierto que los cristianos sean inmunes, de hecho muchos miles han muerto de COVID-19 y de ser así, solo podría juzgarlos como falsos creyentes, o como mínimo faltos de fe. Y eso me haría un vil fariseo moderno. Ni es cierto que la vacuna sea una herramienta del anticristo.

    Tampoco es verdad que por causa de COVID-19, debemos dejar de congregarnos, ni dejar de predicar, evangelizar, y apoyar la obra de Dios. Si nos reunimos siguiendo las medidas de contención bien haremos. No es correcto que te expongas a trastornos de ansiedad y enfermes a tus hijos e hijas llenándoles de miedos infundados.

    Recuerden entonces, vivir en fe y esperanza cada día, en las buenas y en las malas. Y si Dios ha de llamarnos a su presencia; sea por COVID 19, o sea por cáncer, o sea por gripe, sea del corazón; cualquiera sea la causa, Dios nos llamará a su casa, y eso es ser bienaventurados.

  • “Engrandécela, y ella te engrandecerá; Ella te honrará, cuando tú la hayas abrazado.”
    ‭‭Proverbios‬ ‭4:8‬ ‭‬‬. “La Sabiduría”

    He buscado respuestas hasta donde mi memoria alcanza el recuerdo. Pero cada vez que encuentro una aparente respuesta, se reproducen mas cuestionamientos sin explicación. No sé lo que sé, ni siquiera sé, si algo sé. Porque si al responder una pregunta, me surgen dos y más; entonces la clave no está en las respuestas, sino en las preguntas.

    Alguna vez Sócrates nos invitó a cuestionarnos la vida, no tuvo afán de problematizar, sino de enseñarnos a buscar. Buscar esas respuestas sinceras e iluminadoras; que enriquecieran al ser interior.

    Las preguntas son entonces, más importantes que las respuestas, saber preguntar se convirtió en arte dialéctico. Para Sócrates, la forma en que su madre – partera de oficio – traía nueva vida al mundo, fue la metáfora perfecta para ayudar a sus alumnos, de alguna manera, a dar a luz sus ideas a través de incisivas preguntas. De ahí se nos heredó la mayéutica Socrática, como método canalizador, honrando a su madre quien fue “mayeuta”, o sea, partera. La idea es crucial, pues es don de pocos saber guiar el discurso. Bien sabido es que las palabras, la lengua y el lenguaje forjan nuestra personalidad. Y la oratoria se vuelve arte palabra por palabra, en la construcción quizá más importante de la identidad humana. Este artículo, es acerca del poder de la pregunta como método de introspección y sanidad.

    Veamos a Sócrates en acción:

    “Sócrates ayudaba al discípulo a aflorar las ideas que éste guardaba en su interior, para analizarlas y saber si eran valiosas” Cita.

    Ejemplo 1: Diálogo de Sócrates y un alumno

    Sócrates: ¿El que ha aprendido la música es músico?

    Gorgias: Sí, lo es.

    Sócrates: ¿Y el que ha aprendido medicina es médico? ¿Y, en la misma relación, las demás artes, de modo que el que aprende una de éstas adquiere la cualidad que le proporciona su conocimiento?

    Gorgias: Sin duda.

    Sócrates: Siguiendo el mismo razonamiento, el que conoce lo justo, ¿no es justo?

    Gorgias: Indudablemente.

    Sócrates: Y el justo obra justamente.

    Gorgias: Sí.

    Ejemplo 2: Manejo socrático de una noticia sin argumento

    Un día, estando Sócrates sentado reflexionando, llegó un conocido suyo y le hizo la siguiente pregunta:

    —Sócrates, ¿sabe usted lo que acabo de oír acerca de uno de sus estudiantes?

    —Espera —le espetó el filósofo—. Antes de contarme nada me gustaría formularte tres preguntas. La primera tiene que ver con la verdad —anunció—, ¿estás seguro de que lo que vas a contarme es cierto?

    —No —respondió el joven—, acaban de contármelo.

    —Es decir, que no sabes si es cierto o no —contestó Sócrates—. Ahora la segunda pregunta, que tiene que ver con la bondad: lo que vas a decirme de mi estudiante, ¿es algo bueno?

    —No, pero…

    —Por lo tanto —interrumpió Sócrates—, ¿vas a decirme algo malo de otra persona, a pesar de no estar seguro de si es verdad o no?

    El joven, avergonzado, asintió. Sin embargo, al viejo filósofo aún le quedaba una pregunta por formular.

    —La tercera pregunta tiene que ver con la utilidad —dijo Sócrates—. Lo que vas a contarme de mi estudiante, ¿será provechoso para alguien?

    —No, en realidad…

    —Bien —continuó Sócrates—, lo que quieres contarme es algo que no sabes si es cierto, que no es bueno y que ni siquiera es de provecho para nadie. Entonces, ¿por qué hablar sobre ello? Vete de aquí con tus infundios y bulos.

    Las preguntas son más importantes que las respuestas, porque nos permiten auto escudriñarnos. Si te preguntas una cosa en la que tu respuesta coacciona tu consciencia, buscando quedar bien con lo que piensas que es correcto, pero no lo vives, has encontrado la verdad fuera de ti. Ha sido entonces un ejercicio productivo que te invita a reflexionar y a cambiar algo en tu vida.

    Yo soy un hombre de fe, con espíritu humanista. Entonces exalto la experiencia y la inteligencia que busca ciencia.  A la vez, valoro sobre manera la experiencia espiritual, que me lleva al hecho ontológico de la  existencia (relativo al origen y esencia de la vida).  Encuentro entonces que la ciencia, la filosofía y la fe no se tropezaron entre sí, ni socavaron sus convicciones.

    Jesús y sus diálogos: Es emocionante encontrar a Jesús examinando los hechos relevantes de la vida, a través de parábolas, dialéctica y mayéutica. Veamos la mayéutica más representativa de Jesús en Juan 4 donde Jesús extrae verdades sanadoras del corazón de una mujer en amargura religiosa y cultural. La mujer samaritana llena de sospecha, no atiende con liberalidad las demandas de Jesús, hasta que éste le hace preguntas relevantes de la vida personal; dejando que ella sea la que proponga las respuestas que afloran de su interior, a simples preguntas con sentido y propósito.

    También, tenemos el diálogo sanador de Jesús a Pedro, quien habiéndole negado tres veces antes de ir Jesús a la cruz, se encuentra devastado por la traición. Tres preguntas similares le hace Jesús a Pedro, la primera: ¿Pedro, tú me amas más que tus hermanos? Que podía responder, si fue él quien lo negó, y no sus hermanos. Pedro había aprendido una gran lección, ya no era impulsivo. La segunda pregunta fue: ¿Pedro me sigues amando? Y la tercera, ¿Pedro tú me amas apasionadoramente con el intelecto, las emociones y la voluntad? Una referencia al primer gran mandamiento. La evaluación terminó llevando a Pedro a contristarse en su espíritu. Había sido conquistado por la verdad, ahora la verdad estaba a la puerta de su corazón. Pronto entraría y lo haría el gran apóstol Pedro, baluarte de la verdad y de la iglesia del Señor.

    Las preguntas nos confrontan, nos hacen examinarnos con total intención, que no habrá más lugar para la duda, para la especulación; desde las preguntas correctas. No deberíamos preocuparnos por las respuestas, más que por las preguntas correctas.

    La intención de este corto ensayo no es comparar a dos figuras históricas sin comparación; como Jesús el Salvador, y Sócrates, un hombre considerado justo, bondadoso e intelectual. La intención es que miremos las herramientas que tenemos para construir una vida mejor dentro de nosotros y alrededor de nosotros.

    Ahora, tenemos también a Pablo, quien exhorta a los romanos a pensar en la Palabra (el logos) para encontrar paz con Dios. Pablo les insta así: “Cerca de ti está la Palabra, en tu boca y en tu corazón”. ¿Porque nos hemos negado por tanto tiempo a entender el poder de las palabras? Dios no se ofende que comprendamos el poder del lenguaje, el poder de la retórica. Él mismo nos ha dotado de tal virtud. Hacemos una diferencia entre La Palabra de Dios y nuestras palabras, y eso está bien. Pero lo que no está bien es que menospreciemos la virtud de la expresión oral, cuando tenemos abundantes menciones en el Antiguo y Nuevo Testamento respecto al poder de las palabras.

    Tenemos la oportunidad que Dios mismo ha dejado, de gestionar el logos, o bien dicho; la palabra, en favor de una humanidad más humana en lo que piensa y siente, y encontrar respuestas en preguntas que nos examinen acerca de eso que pensamos y sentimos. Cuando las respuestas a nuestras preguntas nos avasallan, nos muestran la necesidades más apremiantes del ser interior. Entonces Cristo tendrá el sentido salvífico en nosotros.

    De lo contrario, prefabricando respuestas que no responden preguntas, y dando respuestas que no se nos han pedido, habremos caído en una de dos realidades miserables: El moralismo estéril y/o la religiosidad bulliciosa.

  • Evidencia de Salvación

    30 Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; 32 Pero cuando oyeron lo de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros decían: Ya te oiremos acerca de esto otra vez. 33 Y así Pablo salió de en medio de ellos. 34 Mas algunos creyeron, juntándose con él; entre los cuales estaba Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris, y otros con ellos. Hechos 17:30, 32-34

    La única evidencia de una vida en la que el Evangelio ha actuado con poder transformador, es un cambio de pensamiento y de actitud, que transforma.      

    Evidencia Bíblica

    Dios pasará por alto los años de la ignorancia espiritual, en aquellos que cumplen su demanda de arrepentimiento. Una palabra que significa: “Cambio de pensar, o reconsiderar algo”.

    Pablo a los atenienses religiosos e idólatras, les llama al arrepentimiento; de ellos algunos se burlaron, pero otros le creyeron el mensaje y se unieron a él.

    La única evidencia del perdón de Dios y de la salvación, es una decisión para ir tras las demandas de la fe. Y esas demandas son radicalmente contrarias a la vida que llevamos antes de tal experiencia.

    Recuerden que, no se trata de levantar la mano y orar una repetición, eso no es evidencia de nada. La fe es como la levadura, que se esconde misteriosamente en la masa y leuda toda la masa. Así la fe penetra la vida de las personas y las lleva a una convicción de necesidad, de pecado y de deseos de transformación.

    Nosotros no tenemos por qué juzgar la salvación de nadie, ni tenemos que saber lo que Dios ya sabe acerca de la salvación de alguien. Pero sí debemos ser cuidadosos de no dar falsas expectativas a quienes quieren salvación; ensenándoles ideas de hombres, en vez de la verdad del Evangelio.

    El Evangelio siempre se distingue por mostrarnos el pecado y la necesidad de arrepentimiento constante, cada día. No puede haber transformación sin arrepentimiento constante cada día.

    Que este día seas conducido al arrepentimiento y la consagración, Dios lo demanda, y además merece nuestra lealtad.