• En esta oportunidad traigo a memoria, una colección de escritura de sabiduría. Aquí se personifica a la sabiduría para generar ese impacto más profundo; porque es urgente. Es urgente un cambio de la conducta humana.

    28“»Ese día me llamarán, pero no responderé; me buscarán, pero no me encontrarán; 29 pues desprecian la sabiduría y no quieren honrar al Señor. 30 No desean recibir mis consejos; desprecian mis correcciones. 31 ¡Pues sufrirán las consecuencias de su conducta! ¡Quedarán hartos de sus malas intenciones!”

    Proverbios 1:28-31 DHH94I

    Desde el capítulo 1:8 hasta el 9:18 se nos regala el primer libro de poemas de carácter sapienciales, de proverbios. Todo lo tocante a la vida, la conducta y las afectaciones psicosociológicas, a consecuencia de conductas erráticas, están contenidas en estos proverbios. Muy claramente retratada en la sociedad actual; necia, arrogante y prevaricadora (que incita y falta al compromiso con hacer lo correcto) quedan las palabras de estos versículos.

    Al caminar por nuestras calles, algunas zonas más que otras, nos muestran el impacto generado en el humano por la drogadicción, explotación sexual, indigencia, demencia y otros males. Mientras en nuestras urbes se erigen onerosos monumentos de aquellas gestas y grandes conquistas de paz y libertad; otros edificios son monumentos a la razón, la ciencia, la política y el desarrollo; todo convive en un mismo ecosistema como una burla. La descripción que hago es odiosa como grafitis de mal gusto en paredes; que afean lo que intentamos maquillar. Pero hay una cuota humana absoluta, nos toca un porcentaje de responsabilidad a todos.

    Primeramente, hemos permitido que los valores desde nuestros hogares se devalúe; y normalicemos muchas conductas que contravienen la ley de Dios, ya sea por falta de Dios, o por un acercamiento a Dios que nos aleja y aleja a nuestros pares, eso que que yo suelo llamar religiosidad estéril. Pero en segundo lugar, porque así está determinado desde el principio. En Adán y Eva, se nos imputa responsabilidad moral de todo cuanto pasa y afecta este ecosistema biológico, pero también social.

    Es chocante señalar la responsabilidad de cada persona en lo que es su propia muerte un poquito cada día. Pero si como creyentes no lo aceptamos y decimos como es, validamos de manera sesgada la idea de que la responsabilidad es de Dios o del sistema. Pero si decimos que es de Dios le hacemos injusto y si decimos que es del sistema; seremos incongruentes, pues cada uno de nosotros hace parte del sistema. Mejor lo afrontamos y trabajamos juntos de la mano de Dios.

    ¿Hay acaso una salida? Por cierto que la ha habido y la habrá siempre; porque así como en los primeros humanos se nos imputaron responsabilidades morales, en Cristo, el segundo Adán, se nos imputa el perdón. Y aunque seguiremos mirando la decadencia y el despojo que causa la obstinada decisión humana de vivir sin Dios, tenemos por cierto que Dios sigue vigente y extendiendo su mano salvadora.

    Proverbios aquí nos dibuja todo este mal que vemos a diario, como una consecuencia de la conducta humana.

    Antes de escribir este artículo, había mirado un video que me llegó en Twitter, que mostraba un barrio grande en los Estados Unidos, era casi surrealista, pensé que era un thriller de alguna película de fantasía; de esas de muertos vivientes, era tal cual. Pero no, era un “basurero social”. Muy fuerte este calificativo, pero ¿sabes lo que la mayoría piensa de estas personas atrapadas en su inconsciencia? Que son “basura” o despojos. Quizá alguna vez lo hemos pensado aún nosotros mismos, cuando nos hemos sentido afectados directa o indirectamente. Pero no olvidemos que en ellos, se nos imputa a nosotros también. Solo saldremos libres ante el gran juez, por los méritos imputables de Cristo.

    ¿Qué nos queda? Nos queda tiempo, mientras haya vida. Tiempo para orar, para ayudar a los vulnerables que tenemos cerca. Para buscar la presencia de Dios en nosotros y ser sus manos, sin cansarnos de hacer lo correcto, sin dejarnos vencer por el mal.

  • “Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos de Jehová, y su salvación de mí vendrá, dijo Jehová”. Isaías 54:17 (RVR60)

    Algunos cristianos crecimos con este texto, escuchándolo siempre en nuestras reuniones de oración. Era por excelencia un texto de “guerra espiritual”. Aún hoy seguimos escuchando su recitación como una letanía de salvación. Y ciertamente es una poderosa promesa de salvación, pero no circunstancial ni cosmética. Es una promesa de salvación definitiva muy a pesar de las circunstancias.

    Por lo tanto, creo que el uso descontextualizado de esta promesa, no es adecuado. Cuando Isaías recibe esta promesa para Israel, el pueblo la comprende como una forma de retorno a Dios y su bondad; el castigo ha pasado, ellos han vivido un valle de muerte por sí mismos y ahora Dios les rescata y les promete protección oportuna. Pero entendemos que la nación no se volvió invisible a otros enemigos hasta el día de hoy, tampoco se volvió una nación intocable por el mal, el pecado, la injusticia, etc. Entonces, la promesa como la ha usado la iglesia no es válida. ¿Cómo la ha usado? Muchos leen y creen que, ninguna arma (no definen que tipo de arma) y ninguna lengua o juicio (no definen que tipo de juicio) que se levante contra un cristiano, va a prosperar, en sentido literal. La realidad nos muestra otra cara de esta posición evangélica. Miles de cristianos alrededor del mundo que han orado así, murieron por epidemias y diversas  enfermedades, fueron llevados a juicios ante tribunales a causa evangelio; y perdieron ante leyes humanas, perdieron hijos e hijas mientras servían a Dios como misioneros, perdieron familias en el fragor de la vida, perdieron hijos e hijas que se alejaron de Dios; siendo ellos devotos creyentes, muchos de ellos inclusive tuvieron caídas morales, espirituales, crisis de fe, etc. Y… ¿qué pasó con la poderosa promesa de Dios? Esa promesa es la más poderosa de todas las que yo pueda leer, y eso, que todas las promesas de Dios son poderosas. Veamos esta promesa en su contexto:

    1. Isaías es un libro de carácter universal, aunque todo el libro es un compendio profético de futuro mesiánico; esta segunda parte es especialmente de consolación a la nación de Israel, manteniendo el paralelismo con el pueblo universal de Dios, que son todos sus elegidos desde la eternidad hasta la eternidad. Así que esta promesa es para consolar a Israel, prometiendo que ellos nunca más serían abandonados en manos opresoras. Promesa cumplida porque eso no sucedió más, porque aunque vinieron otros imperios que los sojuzgaron, ellos nunca fueron desalojados por completo de Palestina, hasta hoy. Pero tampoco fueron infranqueables en su tierra para que mentalmente no se establecieran para siempre en ella, ya que la patria que Dios les había prometido es celestial; según el escritor de Hebreos en consonancia con los profetas.
    2. Isaías no por nada es llamado el profeta mesiánico, ya que su visión y misión fue ayudar al pueblo a mirar al mesías venidero. Eso significa que sus visiones, menciones y significados, nos deben llevar a un cumplimiento espiritual del plan de Dios por medio de Cristo el mesías.
    3. El capítulo 54 en su propio peso dicta el sentido de la promesa: “Dios y su soberanía, estarán por encima de las intenciones de maldad en contra de su plan”. Porque el plan de Dios no era Israel, es un plan más grande y universal. Echemos un vistazo a otros versículos del capítulo, en una versión más dinámica que nos ayude a una comprensión de contexto:

    16 Yo he creado al herrero que desde abajo de la fragua da viento a los carbones y fabrica las armas destructivas. Yo he creado los ejércitos que destruyen. 17 Pero aquel día ninguna arma que se vuelva contra ti triunfará, y se te hará justicia contra toda calumnia que se esgrima en los tribunales. Esta es la herencia de los siervos del Señor, esta es la bendición que te he dado, dice el Señor. Isaías 54: 16-17 (NBV)

    Dios le dice a Isaías, y aquí usaré mi propia paráfrasis: “yo he creado al herrero, ese que hace las armas, pero no he creado un herrero que pueda hacer un arma que te destruya”. Sin embargo, si yo sigo siendo vulnerable, ¿a qué arma se refiere? Evidentemente es una metáfora que nos invita a mirar el poder de su salvación, pues no importa cuánto intente destruirnos satanás nuestro enemigo, el mundo nuestro enemigo, y el pecado nuestro enemigo; la salvación que Dios ha provisto no podrá ser derrotada jamás. La pregunta clave sería: ¿eres salvo, salva? Porque si Dios te ha elegido y te ha salvado, tú deberías saberlo y celebrarlo.

    Miremos el contraste de mi argumento, con los siguientes textos del capítulo en cuestión:

    7 Por un breve momento te abandoné, pero te recogeré con grandes misericordias. 8 Con un poco de ira escondí mi rostro de ti por un momento; pero con misericordia eterna tendré compasión de ti, dijo Jehová tu Redentor. Isaías 54:7-8 (RVR60)

    El lenguaje que usa Isaías poniendo emociones humanas en Dios, es una forma del Emanuel de Isaías, Dios con nosotros, quien nos habla de manera que no quepa la menor duda o comprensión del mensaje. El abandono, la ira, y el ocultamiento de la presencia de Dios, se pesan en balanza como “poco, breves y momentáneas”. Pero en contraste, sus misericordias compasivas son pesadas en balanza como “muchas y eternas”.

    En conclusión, estas armas forjadas, son entonces aquellas que atentan contra la seguridad que los elegidos de Dios debemos tener acerca de nuestra salvación. No existe ninguna arma propia del mundo, de satanás y de nuestra carne débil, competente para destruirnos, o sea, hacernos morir eternamente. Aunque eso no significa, que seamos inmunes a las enfermedades, ni a la decadencia del cuerpo. Tampoco significa que seamos intocables por los enemigos de Dios y de su Palabra. Solo significa, y es suficiente con eso; que la victoria final es nuestra, no del mundo, ni de la carne, ni de satanás.

    “…Esta es la herencia de los siervos de Jehová, y su salvación de mí vendrá, dijo Jehová”

    Pablo habla de que somos coherederos con Cristo. Pues aquí está la herencia de la que Pablo argumenta. La herencia de los salvos, es la salvación misma que viene de la misma mano de Jehová, “El Yo Soy”.

  • El amor y la verdad se darán cita,
    la paz y la justicia se besarán.

    Salmo 85:10 (Versión DHH)

    El amor es un sentimiento profundo que Dios nos ha proporcionado para que tengamos sentido de pertenencia, a través del afecto y el apego. Por lo tanto, a nivel de nuestra humanidad o desde la psicofisiología (las respuestas físicas a los procesos psicológicos), el amor es elemental y nos hace funcionales o disfuncionales a nivel social. Por otra parte, para los creyentes, la Biblia nos presenta el amor como una esencia divina que constituye nuestra naturaleza misma. Cuando en esencia el ser humano carece de este amor, el ser esta entonces fragmentado espiritualmente. Por lo tanto, imaginemos la cantidad de males que podemos esperar en nuestra sociedad debido a esta fragmentación espiritual.

    ¿Cuántas personas han vivido el amor sin quejas? Es posible que pocos o quizá nadie. El amor como sentimiento humano, genera muchas emociones en las personas. Y si este amor se va devaluando, volviéndose egoísta, apático, insulso hasta llegar a episodios de desamor; como la infidelidad, la rutina, la esterilidad emocional, pues hablamos de la crisis, donde la mentira empieza a tejer el acabose. La mentira y su hermana el engaño, son necesarias para adormecer la consciencia; y cuando lo consciente se anestesia, el ser humano pensante cae en el peligroso estado de la inconsciencia; que es una respuesta psicológica de protección. La psique (voluntad y emociones) requiere y busca entonces autoprotección y es a través del apego que lo hace.  Todos necesitamos ser amados, pero sobre todo sentirnos amados; y esto es en esencia “apego”. Y aquí se nos plantea un peligro, porque hay apegos peligrosos.  

    ¿Sabe lo que pasa en el salmo 85? Para los creyentes, gente de fe, que tenemos el privilegio de creer las verdades bíblicas; tenemos una poesía magistral acerca del amor, de sentirnos amados de verdad, y desde ahí poder amar a Dios y a los otros de verdad. Lo que yo llamaría un apego sano y sanador.

    El salmo 85 es una súplica compuesta por los cantores Coreítas de Israel, en la que plasman con total asombro; gratitud y súplica a Dios, quien es verdad, justicia y misericordia; todas cualidades del amor esencial. No todo amor es esencial, porque al amor mancillado por la naturaleza humana caída y carente de vida, no es esencial, es solo estacional. Pero el amor de Dios es sempiterno. Analicemos este amor de Dios, sin dejar de lado mientras lo hacemos, reflexionar en la calidad de amor que recibimos y damos.

    ¿Acaso vas a prolongar por siempre tu enojo contra nosotros? Salmos 85:5

    Es una forma poética de súplica, porque evidentemente estos cantores escriben este salmo después del regreso del remanente cautivo en Babilonia. Por lo tanto, ahora ellos están regresando a casa y pueden ver la misericordia de Dios que no permitió que ellos desaparecieran como nación, estando en las garras del imperio más poderoso de la época. Pero, ¿usted ha experimentado un coraje en su corazón por algún agravio que le hiciera alguien que debía amarle y por el contrario le humilló y le trató mal? Es posible que sí, y también es comprensible. No obstante, Dios no prolonga su enfado contra el humano que se atrevió y se atreve a desafiarlo. Su amor es poderosamente estable, e incomparable con el amor que podamos dar o recibir aquí en la tierra.

    Oh Señor, ¡muéstranos tu amor, y sálvanos! Salmos 85:7

    El amor de Dios es poderosamente providente. En su amor Él nos suple de salvación. Para el poeta y cantor, esta estrofa está inserta para que el pueblo suplique de lo que carece, ¿qué es? Un amor sacrificial, que salva. Es ya una mención mesiánica de esperanza universal. ¿Te has dado cuenta cuando amas, cuánto estás dispuesto o dispuesta a hacer? Es interesante si tomas tiempos para reflexionar esta pregunta, que no estás dispuesta o dispuesto a todo, quizá a mucho pero no a todo. Dios lo ha dado todo, y su disposición no es afectada en ninguna manera. Si alguien no alcanza salvación no es por falta de disposición de Dios, sino por una justicia aplicada irremisiblemente en aquellos condenados.

    El amor y la verdad se darán cita, la paz y la justicia se besarán. Salmos 85:10

    Llegamos al texto más elocuente del poema, que evoca un romance idílico, donde hay cuatro elementos personificados que encierran la naturaleza del que ama y del amado. En esta estrofa, hay dos versos:

    1 “El amor y la verdad se darán cita” y 2 “la paz y la justicia se besarán”

    En primer lugar, cada verso nos da un mensaje profundo por sí solo, acerca del amor de Dios. Pero es además un llamado a cómo debemos nosotros su pueblo, amar. Luego, debemos hacer una dinámica propia al estudiar la poesía bíblica, espero que este consejo les ayude a sacarle mayor provecho:

    El primer binomio es “amor y verdad”: Amor sin verdad es inmoral e injusto. Dios no puede ni ser inmoral ni injusto. Y su esencia nos alcanza para darnos también esa esencia misma a sus hijos e hijas.

    El segundo binomio es “paz y justicia”: No puede haber paz sin verdadera justicia. Pablo en la carta a los Romanos nos explica el concepto de justicia, que trae paz para con Dios.  

    Luego, podemos cruzar el primer concepto con el cuarto concepto, y el segundo con el tercero, quedando así: “amor y justicia” y “verdad y paz”. El amor de Dios, y solo su amor es justo, no puede haber injusticia en Dios y la forma en que nos ama. Y luego, solo la verdad trae paz para con Dios y con los otros. No puede haber paz en la mentira y su estratagema, el engaño.

    La imagen del versículo diez del salmo 85, es entonces una cita de amor. Una cita con el amor verdadero. Es entonces la cita con el amor de nuestras vidas.

  • Si alguna persona, empresa, o el gobierno   nos hace daño; a eso se le conoce como el mal operante. El mal puede ser en contra nuestro, pero lo más escalofriante es que el mal lo podríamos perpetrar nosotros en contra de otros.

    Pablo a los Romanos les dice que no hagan mal, pero como respuesta al mal mismo. Por el contrario, el consejo apostólico es no dejarse vencer por el mal, haciendo el bien.

    “No dejen que el mal los venza, más bien venzan el mal haciendo el bien.” Romanos 12:21 NTV

    La tarea se torna muy difícil, porque no es una característica del humano dejar pasar la ofensa. Siempre queremos por orgullo, responder a la menor ofensa y a las heridas. La Biblia no nos dice que ignoremos el mal, nos dice que venzamos haciendo lo contrario. Si la Biblia dice que el mal se vence actuando desde el otro frente, de manera radical, pues eso es lo que debemos hacer.

    ¿Cuánto daño te han hecho? Cuando eras niño o niña, abusos, maltratos físicos, psicológicos, abandono. Ahora que ya sos adulto o adulta, más maltrato, más abandono. Sí, el mundo es cruel. Los impulsos del humano siempre son de muerte. Pero si usted responde con igual o peor maldad, te estás re victimizando; eso significa que te estás infligiendo más heridas. Así que el consejo de Pablo, que más que de él, es de Dios; es que no caigamos en el círculo de la violencia física, verbal y psicológica, cerremos el círculo con la ayuda del Espíritu Santo que mora en nosotros.

    La sanidad y el perdón, no es eximir al agresor de su responsabilidad de hacer daño. El perdón es un proceso interno y espiritual, en el que decidimos no continuar el daño ahora desde nuestro interior, a través de la fijación de un hecho, palabras y recuerdos. En otras palabras, el perdón es soltar en nosotros al agresor. Pero aquellas personas que perpetran la maldad, aún tienen una cuenta con Dios mismo.

    Cuando el mal vence, nos volvemos malos en nuestras respuestas tanto internas (hacia nosotros mismos y hacia Dios) como externas; respondiendo con saña a la o las personas que nos hicieron mal. El resultado es amargura, más dolor, y toda clase de psicopatologías que hoy abundan en nuestra sociedad.

    Todo deseo de venganza es por defecto autoflagelante, en donde las víctimas, se autovictimizan; y de eso nos quiere guardar Dios dándonos esta Palabra.