“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” Mateo 6:33 RVR1960
Conocedor como nadie, Jesús ataca nuestra endeble confianza, que nos somete al afán y como resultado a la ansiedad.
Desde tiempos lejanos la ansiedad ha sido un enemigo silencioso que mata. Pero al presente, nos encontramos con una sociedad por definición ansiosa. Las razones para esto son muchas, pero entre las más reconocidas están: Las deudas, las crisis económicas, las crisis laborales, crisis políticas y la más fulminante, la pandemia. Y es que todos los seres humanos queremos tener seguridad de que a nosotros y a nuestra familia; no nos afectarán estas cosas de manera directa, Pero como no podemos tener tal seguridad, viene la ansiedad.
Desde el punto de vista de la psicología, la ansiedad llega a ser un trastorno que afectará la personalidad, y es cuando se convierte muchas veces en incapacitante.
¿Qué dice Jesús en este texto?
Voy a parafrasear este texto: Comprendan una sola prioridad en sus vidas: “buscar primeramente el reino de Dios, y su justicia, y todas las cosas que nos afanan y nos pueden causar ansiedad; serán suplidas”.
Pero la humanidad se ha alejado de Dios, dando la espalda a su reino en vez de buscarlo, y siendo más injusta en vez de buscar su justicia. Entonces, ¿cómo escapará esta sociedad, de tan fulminante enemigo? ¡No hay esperanza! La única receta es la que Jesús nos dejó: “buscar el reino de Dios, y su justicia” y con esa actitud, podemos esperar que Dios suplirá todas nuestras necesidades, dándonos el fruto del trabajo de nuestras manos.
Si nosotros esperamos y buscamos más de lo que necesitamos, también caeremos en afanes infructuosos como las deudas no esenciales (categorizando lo esencial como casa y medicina) y la ansiedad vendrá como consecuencia. Porque las deudas no son una forma de provisión de Dios, sino una respuesta humana a la codicia.
Creer esto es un asunto de confianza en Dios, porque si Jesús lo dijo, no podremos debatirlo y ganar el debate.
El llamado es a confiar en Dios, obedeciendo sin excusas.