Por Elías Lara
Al leer la Biblia tratando de comprender el “fin de los tiempos”, los creyentes debemos ser muy minuciosos respecto al ser humano, más que a las hecatombes del pasado y las que podrían presentarse en nuestro presente o en el futuro.
La conducta humana es una brújula bíblica y escatológica, desde génesis capítulo tres hasta apocalipsis. Es la conducta un tema central en todas las páginas de la Biblia, y en la práctica de fe. De hecho, hay una especie de dogma teológico que cita: “La Biblia es nuestra regla de fe y conducta”. Así que, partiendo de esta realidad, podemos medir la madurez de la fe, y se nos puede medir a nosotros también.
En Génesis 3:22 Dios en su diálogo indica que el hombre (Adán y Eva) ahora conocían el bien y el mal, siendo como uno de ellos (la trinidad). Pero ¿en qué sentido serían los primeros humanos igual que Dios? En comprender que aparte de la bondad, había también un halo de maldad en la creación (esto a partir de la sublevación de Lucifer según las teorías teológicas del cataclismo universal). Eso no significaría que ellos (los humanos) serían dioses o moralmente perfectos como Dios. Ya con la desobediencia y la mentira, habían perdido la perfección moral. Ahora la deshonestidad era parte del humano y así empezaría a relacionarse con sus pares y con el ecosistema al cual pertenecía.
En esta sordidez moral, la esencia o substancia humana estaba contaminada, y su espíritu dejó de compartir la luz del cielo, volviéndose esclavo de los deseos de los ojos y del alma.
“Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”. 1 Juan 2:16 (RVR 1960).
Esta realidad no fue tan notoria a nivel colectivo dado que la Biblia centra estos primeros años en la familia de Adán, pero 1650 años más tarde se relata que el aumento de la maldad se correlaciona con el aumento de la población. Génesis capítulo seis inicia: “Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra…”. Y sigue la descripción del problema social de la época. Una clara inclinación por el mal, antes que el bien que sí conocían en el huerto del Edén.
“Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”. Génesis 6:5 (RVR1960).
Así podemos ir por todo el relato del Antiguo Testamento o Biblia Hebrea y ver la lucha que pugna entre el bien y el mal, plasmado en la conducta humana. Pero cuando llegamos al Nuevo Testamento, esta exigencia divina al hombre se vuelve un marcapaso del fin de los tiempos. El apóstol Pablo se enfoca en la naturaleza errática del hombre, el apóstol Pedro señala el alcance amoral e inmoral de muchos líderes entre los creyentes. Juan resalta los pequeños anticristos que conviven como cizaña con los hermanos. Apocalipsis describe la frialdad de la iglesia, el martirio de los salvos y la hostilidad de la generación del final de los tiempos. Y Jesús, solo nos dice: “por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará”.
No hay pérdida, porque la brújula marca siempre hacia un crecimiento de la maldad como en los tiempos de Noé, y de la apostasía como en los tiempos de la nación de Israel.
Pablo conecta la conducta desbordada con los últimos tiempos:
“También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a estos evita.” 2 Timoteo 3:1-5 RVR1960
Pedro señala el desvío de pastores (líderes) y profetas (falsos), conectándolos con el tiempo del fin:
“sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias,” 2 Pedro 3:3 RVR1960
Juan, conecta el fin de los tiempos, con la apostasía, y la cristiandad nominal:
“Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo. Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros.” 1 Juan 2:18-19 (RVR1960).
Respecto a Apocalipsis no voy a subrayar un texto, pero debemos recordar que las siete cartas buscan exhortar a la Iglesia para prepararla para Cristo.
Después de esta resumida lectura, debemos ahora afinar nuestra lectura de los tiempos.
La pregunta es: ¿Guerras, terremotos y hambrunas, las estamos viendo hasta hoy? No, claro que siempre las ha habido. Son señales del fin, pero no exclusivas del fin. Sin embargo, el cambio conductual y hostil de las nuevas generaciones sufre evidentemente una curva ascendente hacia la maldad, la perversión y la anarquía. Son generaciones enemigas de Dios y de todo lo que se llame Dios. Jesús siempre se preocupó de señalarlo y en el sermón de Mateo 24 lo clarifica:
“Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre.” Mateo 24:37 (RVR1960).
Los días de Noé fueron marcados por un crecimiento de la maldad, que los llevó hasta el exterminio.
Hoy basta con leer, ver y escuchar noticias, ver comentarios en redes sociales, escuchar a compañeros de trabajo y estudio; para saber por dónde vamos (la brújula).
Abunda la intolerancia ideológica (odio hacia quien no piensa como yo), abunda la hostilidad política (si perteneces a un partido diferente a los tradicionales, eres esto o aquello), la violencia en las redes sociales, laxitud moral. Además, se incrementa el anticristianismo, el antisemitismo que supone por desinformación que son parte de la Iglesia cristiana o surge desde ella.
Los movimientos antinómicos (sin ley) y anarquistas (sin gobierno) proliferan contra los que ellos llaman “conservadores”, concepto político – religioso, que enmarca a la Iglesia cristiana del Señor; aunque no nos hacen justicia con ello. Pero estos movimientos que fueron minorías, hoy se han ido ensanchando en los ámbitos de la política, el arte y la economía. Gobernarán con menosprecio a todo lo que represente límites, leyes, buenas obras y fe.
A ellos se unen por otro flanco, los movimientos nacionalistas, como el neonazismo y los grupos indigenistas.
Sumemos por otra parte a los partidos políticos de derecha que no son necesariamente un dechado de virtudes, y aunque defienden valores tradicionales como la familia, la vida y la libertad religiosa; no tienen la moral ni al Espíritu Santo para representar a ninguna iglesia verdadera.
¿Quién entonces gana en este río revuelto? Los líderes políticos, intelectuales y gobiernos globalistas; cuya agenda es llevar a los gobiernos autónomos al caos y la anarquía e ir ganando adeptos hacia un gobierno único global, que gobierne para los intereses amorales, inmorales, perversos y anticristianos. Todos ellos creerán que han ganado una batalla. Y cuando finalmente digan paz vendrá destrucción repentina de parte de Dios.
Todo creyente debe ocuparse del día del Señor, pero mirando dentro de sí mismo, y luego mirando a sus cercanos y finalmente levantando la mirada hacia el mundo. La decadencia moral de los moradores de la tierra es la pauta para la intervención de Dios en la segunda venida de Cristo.
Solo mire y observe: los grupos LGTBIQ, feministas, animalistas, anarquistas, neonazis, narcotraficantes gobernando, gobiernos que engendran odio nacionalista en sus ciudadanos, donde aún los mismos creyentes menosprecian al inmigrante. Crudos ataques bélicos contra inocentes incluidos. Hay menosprecio supremacista por todo el mundo, casi estamos volviendo a una efervescencia social propia de la Europa del siglo XVIII que produjo la revolución francesa.
Pero no olvidemos el vínculo profético en boca de Jesús. Nuestros tiempos serían tiempos como los de Noé.
Los tiempos de Noé, estuvieron llenos de violencia, impiedad, desenfreno y guerras por la lejanía de Dios. Y si eso es lo que estamos viendo hoy en nuestra sociedad, tenemos un panorama claro de dónde estamos en la actualidad.


