• Transformación de gente salva

    Por Elías Lara

    si usted ha dejado mil vicios o cree que nunca los tuvo, pero piensa como el mundo piensa acerca de todas las cosas, déjeme decirle que en vano ha sido buena persona.

    Es extraño pensar que un creyente salvo por gracia, requiera ser transformado de un estado corruptible, a un estado incorruptible en la venida de Cristo. Y ¿no es que ya estamos completos y listos para irnos sin más?

    Fue Pablo a los Filipenses, que los anima de manera que no desmayen ni se juzguen entre ellos por las debilidades de carácter que podrían percibirse entre ellos. Aquellas palabras siguen siendo un ancla en nuestro peregrinar de fe.

    “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo;” Filipenses 1:6 RVR1960.

    Pablo está persuadido, o sea; alguien lo ha convencido. Y es que Pablo ha tenido experiencias sobrenaturales que nos hacen pensar que sus convicciones van más allá del sentido común. Dios mismo ha quebrantado su vida, sus creencias y su razonamiento humano cuando se le aparece camino a Damasco y lo tira de un caballo. Aquella experiencia fue donde Cristo se le aparece para quebrantar su vida llena de los supuestos de su religión y hacerlo ver por la fe. Es justo con aquella experiencia de Saulo, con la que empieza la buena obra.

    Más adelante, un poco más maduro en la fe, Pablo narra en tercera persona una experiencia suya, y es ahí donde Pablo recibe mucha información que luego plasma en su teología y doctrinas epistolares.  Incluso algunas de las cosas oídas no le fueron permitido decirlas. (1 Corintios 12:1-13).

    “Nada se gana con hablar bien de uno mismo. Pero tengo que hacerlo. Así que ahora les voy a contar las visiones que tuve, y lo que el Señor Jesucristo me dio a conocer. Conozco a un hombre que cree en Cristo, y que hace catorce años fue llevado a lo más alto del cielo. No sé si fue llevado vivo, o si se trató de una visión espiritual. Solo Dios lo sabe. Lo que sé es que ese hombre fue llevado al paraíso, y que allí escuchó cosas tan secretas que a ninguna persona le está permitido decirlas. Yo podría estar orgulloso de conocer a una persona así, pero no de mí mismo, pues yo sólo puedo hablar de mis debilidades.” 2 Corintios 12:1-5 (TLA).

    Por eso Pablo nos dejó poderosas, profundas y complejas doctrinas en sus cartas. Y esta convicción por persuasión acerca de la victoria de la fe sobre la carne, Pablo la toma como su antorcha doctrinal de la seguridad de los santos, hasta el día de Jesucristo.

    “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados,” 1 Corintios 15:51 (RVR1960).

    Pablo habla de transformación, cuyo significado del griego es, alguien diferente o un camino diferente respecto al actual. Es como que en ese proceso pasa a ser otra persona. No lo podemos ponderar en este momento en este cuerpo corruptible. Por eso es que no podemos en carne y sangre, y en cuerpos corruptibles, entrar a la eternidad con Dios. Y de ahí la necesaria transformación. Es además necesaria porque cambiará un cuerpo viciado al pecado, lleno de envidia, rencilla, malos deseos, contiendas, infidelidades, etc. Por un cuerpo vestido de la esencia de Dios mismo, o sea, incorruptible. Ya no podrá nunca más corromperse. Muchos creen que este texto solo habla de la mortandad del cuerpo. Pero también refiere a la contaminación de la mente. Aquel será un momento de santificación de carne y espíritu.

    Por esta razón, cuando veo mi propia vida luchando contra el pecado constantemente, comprendo esa necesaria transformación. Aunque ya soy salvo, aunque ya he sido justificado, aunque ya he sido purificado. Necesito ser transformado en un abrir y cerrar de ojos en su venida.

    Debo recordarle que usted que lee, también está luchando con el pecado: que es todo aquello que desafía el deseo y la misión o propósito de Dios. No solo son situaciones de moralidad, son también aquellas actitudes y pensamientos que, como el mundo, van en direcciones diferentes. Dios nos ha llamado a una diáspora celestial. Él nos ha dado la posibilidad de volver a cohabitar en perfección con él, como al principio en el Edén. El mundo no piensa así. Y si usted ha dejado mil vicios o cree que nunca los tuvo, pero piensa como el mundo piensa acerca de todas las cosas, déjeme decirle que en vano ha sido buena persona.

    Él nos ha rescatado de una muerte humanamente irreversible a través de su propia vida que trasciende a la misma muerte. Pero el mundo no lo reconoce y la humanidad cree que es autosuficiente y autogestora de vida. Así que ser buena persona no será suficiente. Lo que Dios demanda es “creer y confiar” (fe). Creer y confiar en Dios y todo lo que Él nos ha revelado en la Biblia. Para el incrédulo no hay esperanza. El que no cree dice Juan, ya ha sido condenado. La condenación, aparte de ser un castigo divino a la soberbia humana, es un estado en el que el ser humano elige vivir.

    La transformación viene justamente en ese día llamado “el día de Jesucristo” en Filipenses 1:6. Será la culminación de la buena obra que Cristo ha empezado en nosotros. Porque de lo contrario, nuestra carne contaminada o corrupta sería el obstáculo para entrar al cielo eternamente con Cristo.

    “Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.” 1 Corintios 15:53 (RVR1960).

    La frase: “porque es necesario…” nos deja claro la importancia del argumento paulino, y la culminación de la buena obra empezada en usted y en mi, hacia una obra ya perfecta. Todo por la gracia misericordiosa de Dios.

    Confíe en Dios y en lo que está haciendo en usted, y será más feliz y seguro hoy. No deje la verdadera felicidad para la eternidad.

     

  • Una voz Ngäbere

    Por Elías Lara

    “La escena de Apocalipsis 7:10 en su contexto, es evidentemente plurilingüe”

    “y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero.” Apocalipsis 7:10 (RVR1960).

    En la visión, Juan ve una multitud incontable que confiesan a toda voz, que Dios en el trono y su amado hijo el cordero; son los dueños de la salvación que ellos disfrutan. Esta escena es celestial y pone de manifiesto el interés y amor de Dios por todas las familias de la tierra.

    Lo que quiero resaltar de esta visión y escena de adoración celestial; es la diversidad étnica y lingüística de los presentes.

    “Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos;” Apocalipsis 7:9 (RVR1960).

    No es un dato menor, pues es la centralidad del Evangelio del Reino del que escribe el apóstol Juan, y que ahora puede ver claramente retratado en aquel extasis profético. Pero para mí es doblemente emocionante haber constatado lo que Juan solo pudo ver en visión, al servir entre pueblos de lenguas diversas. La iglesia de hoy tiene al alcance servir entre esas tribus y pueblos y lenguas. Solo si quiere y es sensible a esta visión profética y misional de Juan, dada directamente por Jesús mismo.

    Hace varios años atrás, mi esposa y yo estuvimos involucrados en un ministerio enfocado en proveer la Biblia en el idioma de cada pueblo que no la tuviese. Esta labor misional me permitió conocer entre muchos hermanos indígenas de la región, al hermano Censario Quintero y su familia.

    Eso fue allá por el año 2012, y pronto él sería un compañero del ministerio para la revisión y uso del Nuevo Testamento entre las comunidades Ngobe (Guaymí) de Costa Rica.

    Censario residía con su numerosa familia en Carona, y era pastor en Alto Guaymí, comunidades adentradas en las montañas de Punta Burica, en la península de Burica al sur de Costa Rica. Hasta aquellas montañas viajamos algunas veces con el apoyo y respaldo del pastor Carlos Espinoza de la Iglesia Misionera Restauración de Almas, en las comunidades de la bajura, propiamente en Laurel (Costa Rica).

    Censario fue un pastor muy comprometido, de buen testimonio, sencillo, sin alarde de nada y con una sonrisa hermosa y sincera.

    Por la naturaleza de nuestro trabajo, compartimos horas de viaje desde las montañas a la ciudad, platicando y soñando cosas para su pueblo en las montañas. Por razones que uno nunca espera o sospecha, aquella alianza acabó de manera abrupta, y aunque mantuvimos una mínima comunicación posterior; no le volví a ver.

    El pasado 01 de febrero de este 2025, falleció mi hermano y amigo. Ahora estoy recordando su sonrisa, una que no tenía dobleces ni sesgos, natural y fiable. Su alma se fue con nuestro Señor y sus recuerdos siguen con nosotros.

    He querido rendir un tributo a Dios por su inmensurable amor materializado en la vida de alguien que como decía mi amigo Censario, no tenían nada para lograr llegar hasta donde habían llegado, si no se hubiese involucrado en el ministerio de la Palabra (pastoral y lingüísticamente). Dios lo salvó, lo llamó, le habló en su idioma Ngäbere, y lo usó entre su propia etnia.

    A la vez, he querido rendir homenaje a la memoria de Censario Quintero. Que su legado de fe y amor no sea olvidado en su comunidad. Que las iglesias de Alto Guaymí, Carona y la Palma, sigan recordando a sus obreros y trabajando sin tregua. Y que los hermanos de la Iglesia Misionera Restauración de Almas en Laurel sigan haciendo tan loable tarea entre las comunidades Guaymí de Punta Burica.

    Si Jesús le mostró a Juan multitudes reunidas adorando al cordero, de toda nación, tribu, pueblo y lengua, es seguro que Censario ya es una voz Ngäbere (Guaymí) que se suma y se escucha en tan solemne canto.

     

  • No seas incrédulo, sino creyente

    Por Elías Lara

    La duda se disipa con la evidencia, la fe comprende la evidencia, pero crece y se fortalece sin ella.

    La duda más insensible, es aquella duda acerca de Jesús; su naturaleza divina, su encarnación humana, su vida, misión y cumplimiento en la cruz. Y por supuesto, dudar de su resurrección como evidencia de todo lo demás.

    Durante esta semana y a unas cuantas horas de celebrar el domingo de resurrección; debemos reflexionar con total conciencia acerca de la fe.

    No olvidemos que la incredulidad es un pecado repugnante, y el único imperdonable. Ninguno que dudando y espera, recibirá nada. Y mucho menos una salvación poderosa que viene de Jesús. Pero para alcanzar esa salvación requerimos creer.

    “Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.” Juan 20:27 RVR1960

    Jesús nos recuerda otra vez, que necesitamos ser “creyentes”. ¿Tu crees? Estamos viviendo una época de mucha incredulidad. Cómo Tomás, quizá estés caminando como seguidor de una religión que sustenta el vacío espiritual de tu corazón. Pero es posible que tengas dudas de las doctrinas más básicas de la fe, ancladas en la Biblia.

    Si ese es tu caso, serías como Tomás, no podrás creer hasta ver y palpar. Es complicado, porque quizá no creas en las promesas de Dios hasta verlas, por ejemplo, Él ha prometido estar contigo todos los días hasta el fin del mundo, pero si esperas verlo activamente acompañándote cada día sin que nada malo venga a tu vida, solo naufragas en una esperanza vana de la duda constante. De ahí que muchas veces te preguntas si Dios está contigo cuando estás en alguna prueba. Y así pasaría con muchas otras promesas.

    Cristo ha resucitado, y con su resurrección sella toda promesa y toda batalla ganada en la cruz, donde venció la muerte y a las potestades de maldad. Y lo hizo para que nosotros los creyentes seamos más que vencedores, aún más allá de la muerte. Pero esos beneficios solo son para el que cree, nunca para el que duda. “Esta es la bienaventuranza del que sin ver cree”.

    “Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.” Juan 20:29 (RVR1960)

    Yo soy uno bienaventurado, he creído sin ver lo que pasó allá en el Gólgota. ¿Y tu?

    “Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor.” Mateo 28:5-6 RVR1960

     

  • Señales que no puedes ignorar

    Por Elías Lara

    Al leer la Biblia tratando de comprender el “fin de los tiempos”, los creyentes debemos ser muy minuciosos respecto al ser humano, más que a las hecatombes del pasado y las que podrían presentarse en nuestro presente o en el futuro.

    La conducta humana es una brújula bíblica y escatológica, desde génesis capítulo tres hasta apocalipsis. Es la conducta un tema central en todas las páginas de la Biblia, y en la práctica de fe. De hecho, hay una especie de dogma teológico que cita: “La Biblia es nuestra regla de fe y conducta”. Así que, partiendo de esta realidad, podemos medir la madurez de la fe, y se nos puede medir a nosotros también.

    En Génesis 3:22 Dios en su diálogo indica que el hombre (Adán y Eva) ahora conocían el bien y el mal, siendo como uno de ellos (la trinidad). Pero ¿en qué sentido serían los primeros humanos igual que Dios? En comprender que aparte de la bondad, había también un halo de maldad en la creación (esto a partir de la sublevación de Lucifer según las teorías teológicas del cataclismo universal). Eso no significaría que ellos (los humanos) serían dioses o moralmente perfectos como Dios. Ya con la desobediencia y la mentira, habían perdido la perfección moral. Ahora la deshonestidad era parte del humano y así empezaría a relacionarse con sus pares y con el ecosistema al cual pertenecía.

    En esta sordidez moral, la esencia o substancia humana estaba contaminada, y su espíritu dejó de compartir la luz del cielo, volviéndose esclavo de los deseos de los ojos y del alma.

    “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”. 1 Juan 2:16 (RVR 1960).

    Esta realidad no fue tan notoria a nivel colectivo dado que la Biblia centra estos primeros años en la familia de Adán, pero 1650 años más tarde se relata que el aumento de la maldad se correlaciona con el aumento de la población. Génesis capítulo seis inicia: “Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra…”. Y sigue la descripción del problema social de la época. Una clara inclinación por el mal, antes que el bien que sí conocían en el huerto del Edén.

    “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”. Génesis 6:5 (RVR1960).

    Así podemos ir por todo el relato del Antiguo Testamento o Biblia Hebrea y ver la lucha que pugna entre el bien y el mal, plasmado en la conducta humana. Pero cuando llegamos al Nuevo Testamento, esta exigencia divina al hombre se vuelve un marcapaso del fin de los tiempos. El apóstol Pablo se enfoca en la naturaleza errática del hombre, el apóstol Pedro señala el alcance amoral e inmoral de muchos líderes entre los creyentes. Juan resalta los pequeños anticristos que conviven como cizaña con los hermanos. Apocalipsis describe la frialdad de la iglesia, el martirio de los salvos y la hostilidad de la generación del final de los tiempos. Y Jesús, solo nos dice: “por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará”.

    No hay pérdida, porque la brújula marca siempre hacia un crecimiento de la maldad como en los tiempos de Noé, y de la apostasía como en los tiempos de la nación de Israel.

    Pablo conecta la conducta desbordada con los últimos tiempos:

    “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a estos evita.” 2 Timoteo 3:1-5 RVR1960

    Pedro señala el desvío de pastores (líderes) y profetas (falsos), conectándolos con el tiempo del fin:

    “sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias,” 2 Pedro 3:3 RVR1960

    Juan, conecta el fin de los tiempos, con la apostasía, y la cristiandad nominal:

    “Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo. Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros.” 1 Juan 2:18-19 (RVR1960).

    Respecto a Apocalipsis no voy a subrayar un texto, pero debemos recordar que las siete cartas buscan exhortar a la Iglesia para prepararla para Cristo.

    Después de esta resumida lectura, debemos ahora afinar nuestra lectura de los tiempos.

    La pregunta es: ¿Guerras, terremotos y hambrunas, las estamos viendo hasta hoy? No, claro que siempre las ha habido. Son señales del fin, pero no exclusivas del fin. Sin embargo, el cambio conductual y hostil de las nuevas generaciones sufre evidentemente una curva ascendente hacia la maldad, la perversión y la anarquía. Son generaciones enemigas de Dios y de todo lo que se llame Dios. Jesús siempre se preocupó de señalarlo y en el sermón de Mateo 24 lo clarifica:

    “Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre.” Mateo 24:37 (RVR1960).

    Los días de Noé fueron marcados por un crecimiento de la maldad, que los llevó hasta el exterminio.

    Hoy basta con leer, ver y escuchar noticias, ver comentarios en redes sociales, escuchar a compañeros de trabajo y estudio; para saber por dónde vamos (la brújula).

    Abunda la intolerancia ideológica (odio hacia quien no piensa como yo), abunda la hostilidad política (si perteneces a un partido diferente a los tradicionales, eres esto o aquello), la violencia en las redes sociales, laxitud moral. Además, se incrementa el anticristianismo, el antisemitismo que supone por desinformación que son parte de la Iglesia cristiana o surge desde ella.

    Los movimientos antinómicos (sin ley) y anarquistas (sin gobierno) proliferan contra los que ellos llaman “conservadores”, concepto político – religioso, que enmarca a la Iglesia cristiana del Señor; aunque no nos hacen justicia con ello. Pero estos movimientos que fueron minorías, hoy se han ido ensanchando en los ámbitos de la política, el arte y la economía. Gobernarán con menosprecio a todo lo que represente límites, leyes, buenas obras y fe.

    A ellos se unen por otro flanco, los movimientos nacionalistas, como el neonazismo y los grupos indigenistas.

    Sumemos por otra parte a los partidos políticos de derecha que no son necesariamente un dechado de virtudes, y aunque defienden valores tradicionales como la familia, la vida y la libertad religiosa; no tienen la moral ni al Espíritu Santo para representar a ninguna iglesia verdadera.

    ¿Quién entonces gana en este río revuelto? Los líderes políticos, intelectuales y gobiernos globalistas; cuya agenda es llevar a los gobiernos autónomos al caos y la anarquía e ir ganando adeptos hacia un gobierno único global, que gobierne para los intereses amorales, inmorales, perversos y anticristianos. Todos ellos creerán que han ganado una batalla. Y cuando finalmente digan paz vendrá destrucción repentina de parte de Dios.

    Todo creyente debe ocuparse del día del Señor, pero mirando dentro de sí mismo, y luego mirando a sus cercanos y finalmente levantando la mirada hacia el mundo. La decadencia moral de los moradores de la tierra es la pauta para la intervención de Dios en la segunda venida de Cristo.

    Solo mire y observe: los grupos LGTBIQ, feministas, animalistas, anarquistas, neonazis, narcotraficantes gobernando, gobiernos que engendran odio nacionalista en sus ciudadanos, donde aún los mismos creyentes menosprecian al inmigrante. Crudos ataques bélicos contra inocentes incluidos. Hay menosprecio supremacista por todo el mundo, casi estamos volviendo a una efervescencia social propia de la Europa del siglo XVIII que produjo la revolución francesa.

    Pero no olvidemos el vínculo profético en boca de Jesús. Nuestros tiempos serían tiempos como los de Noé.

    Los tiempos de Noé, estuvieron llenos de violencia, impiedad, desenfreno y guerras por la lejanía de Dios. Y si eso es lo que estamos viendo hoy en nuestra sociedad, tenemos un panorama claro de dónde estamos en la actualidad.