• El yo según la psicología, es esa parte inconsciente y consciente a la vez, que da equilibrio al conjunto de la consciencia y la personalidad (Entre lo inconsciente y lo consciente y la autorregulación)

    Nuestro texto hoy, nos adentra un poco a este tema, desde la óptica bíblica.

    “¿Por qué estoy abatido? ¿Por qué estoy tan turbado? En Dios pondré mi esperanza, no cesaré de alabarlo, ¡él es mi Dios salvador!” Salmos 42:12 BHTI (en otras versiones versículo 11).

    Los hijos de Coré, o los coreítas, cantores y músicos de Israel que servían en el templo, nos traen una colección de poemas en los capítulos 42 y 43, que son un solo estribillo temático, y que algunas versiones lo hacen uno solo, por lo que difieren en estructura con otras versiones que los separan.   

    Es un salmo de un israelita piadoso, que posiblemente se remonte al periodo de cautividad, o en exilio por alguna otra razón, el dato no está claramente definido pero es muy posible que sea una de muchas experiencias del cautiverio en Babilonia.

    Expresa angustia y añoranzas, por aquella tierra bendita, sí, Israel en medio de todo y después de todo es la tierra prometida. Ese concepto cultural, espiritual y gregario (de convivencia familiar arraigada), es para el penitente un arraigo demasiado fuerte. En su angustia que añora el templo y sus festividades religiosas y ceremoniales, resuelve tener un diálogo con Dios y consigo mismo.

    Para nosotros, hay muchas enseñanzas y motivaciones, y una de las que quiero rescatar en este artículo, es la importancia de tener nuestros diálogos internos. Hablarle a nuestro yo es tan importante como sabernos dotados de emociones que derivarán en sentimientos; y que de ellos dependerá nuestra salud espiritual. Este Salmo nos enseña a tener esas introspecciones y buscar el arraigo de nuestras depresiones, aflicciones y angustias. En medio de la reflexión y como conclusión introspectiva, el penitente reconoce su necesidad de Dios, su apego a Él y la respuesta más poderosa e inteligente: “…En Dios pondré mi esperanza, no cesaré de alabarlo, ¡él es mi Dios salvador!”.

    Debemos preguntarnos: ¿Es Dios nuestra esperanza aunque perdamos toda esperanza? ¿Estamos dispuestos a alabar a Dios en todo tiempo? La alabanza no es una negación de las circunstancias que nos adversan, o de las aflicciones que nos pueden deprimir y/o angustiar. La alabanza es una decisión basada en nuestro conocimiento y entendimiento acerca de Dios. Conocer el yo (nuestro ser interior, pensamiento y voluntades) es clave para auto desplazarnos y darle lugar a Dios.

    Cuando la angustia viene, cuando la depresión amenaza con anidarse, cuando añoramos algo que nos hacía fuerte y ya no lo tenemos; es un buen momento para reconocer a Dios, quién es Él en esencia y cómo podemos alabarlo.

  • Porque vendrán tiempos en que no se soportará la auténtica enseñanza, sino que, para halagar el oído, quienes escuchan se rodearán de maestros a la medida de sus propios antojos. 2 Timoteo 4:3 (BHTI).

    Hay un pedido encarecido y urgente de Pablo, a Timoteo, pareciera un llamado de angustia para que esté preparado para los días de gran apostasía.

    Pablo no avizora nuestra época, pues sus circunstancias son ya de ácido contra la verdad. No obstante, por el Espíritu discierne el principio del fin cargado de intolerancia a la verdad.

    Pablo llama esta tendencia humana del fin: “Comezón de oír” y significa, que la gente no soportará oír la verdad de la sana doctrina del Evangelio. Pero queriendo seguir la religiosa manera de vivir, se rodearán de predicadores que les digan lo que quieren oír, para acallar sus conciencias. Serán predicadores hechos a la medida de las muchedumbres, que correrán tras las fabulas o ideas mitológicas –vemos mucho esta tendencia en la nueva era y el esoterismo, hablando de la energía cósmica y el karma –.

    Realmente es triste pensar en esto, pero debemos analizarlo en detalle, porque primeramente nosotros debemos estar preparados para no caer en descrédito tanto en lo que enseñamos, como en lo que escuchamos. El mundo necesita oír la verdad, y no debemos adulterarla, ni callarla. Así que manos a la obra:

    “Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.” 2 Timoteo 4:5 RVR1960

    Ser sobrios es no caer en excesos beligerantes (de contienda) por la sana doctrina, y ¿las circunstancias?; soportar las aflicciones que esta nueva generación incrédula, apóstata e inmoral nos dispensará, mientras seguimos siendo heraldos del evangelio de Cristo.

  • Tus ojos son demasiado puros como para mirar el mal.
        Serías incapaz de observar la maldad.
    Entonces, ¿por qué no te molestas al ver a esos traidores?
        ¿Por qué callas cuando el perverso destruye al justo?

    Habacuc 1:13 (PDT)

    ¿No es acaso una causa constante del hombre contra Dios? Queremos entender los designios de Dios que son propios de su administración sabia del mundo y los tiempos. Pero no queremos obedecer sus preceptos. Esa actitud es muy típica del género humano desde antes de la caída inclusive; allá en el huerto Eva y Adán sin conocer ni haber hecho mal, quisieron ser iguales a Dios en conocimiento y comprensión; y esa pretensión es soberbia pura. Así, como Dios responde a Habacuc lo hizo con Job y con Jonás, los obligó a ponerse por un momento en los “zapatos” del Todopoderoso, si querían entender sus decisiones. Todos queremos entender las decisiones difíciles de Dios, pero no queremos obedecer sus demandas. Queremos ser como pequeños dioses con poderes extraordinarios, y también una irresponsabilidad extraordinaria.

    Entonces cuando Habacuc termina su queja, Dios le responde (texto en dos versiones diferentes):

    El que se cansa de esperar el cumplimiento de la visión
    no se comportará conforme a ella;
    pero el aprobado por Dios vivirá por su fe.

    Habacuc 2:4 (PDT)

    He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece;

    mas el justo por su fe vivirá. Habacuc2:4 (Reina Valera 60)

    ¿Cuál es la visión? En el capítulo dos, Dios está explicando acerca de los planes que tiene para los cautivos en Babilonia (2:14 acerca del propósito de Dios con su pueblo), y por qué Dios usa a Babilonia como condicionante de la conducta de Israel, inclusive, el castigo que le espera a los malvados – en este caso Babilonia –.

    Esta respuesta de Dios, es la visión a la que se refiere el texto, y es dada a Habacuc en razón de su queja en el capítulo uno. La principal y resumida queja del profeta es: “…Entonces, ¿por qué no te molestas al ver a esos traidores? ¿Por qué callas cuando el perverso destruye al justo?” Habacuc 1: 13b.

    La visión referida en Habacuc es la de Dios, su contraparte es la visión del hombre, esa contraparte siempre será enorgullecida, inflada en la justicia según el hombre y no según Dios.

    ¿Sientes que estás cansado-a de esperar la aparente respuesta justa? La advertencia de Dios es contundente: “El que se cansa de esperar el cumplimiento de la visión, no se comportará conforme a ella…”.

    Comportarse conforme a la visión de Dios es vital para ser parte de su visión hasta la eternidad. Aquellos israelitas que no creyeron a los profetas, se comportaron desleales y enemigos de Dios, aún en el mismo cautiverio, y creyeron muchas mentiras de falsos profetas. La única manera de esperar con prudencia y estar quietos y agradecidos en medio de la angustia, es por la fe: “mas el justo por su fe vivirá”.

    La evidencia de esa actitud sumisa a la visión soberana de Dios en medio de los tiempos, es la conclusión de Habacuc, se llama actitud:

    Oí, y se conmovieron mis entrañas;

    A la voz temblaron mis labios;

    Pudrición entró en mis huesos, y dentro de mí me estremecí;

    Si bien estaré quieto en el día de la angustia,

    Cuando suba al pueblo el que lo invadirá con sus tropas.

    Habacuc 3:16 RVR 60

    Estaré quieto el día de la angustia, pero mis emociones serán tan humanas que sentiré miedo, mi cuerpo somatizará esas emociones (la angustia enfermará mi cuerpo) pero entenderé que Dios está actuando, porque yo creo en Él, más allá de las circunstancias.

    17 Aunque la higuera no florezca,

     Ni en las vides haya frutos,

    Aunque falte el producto del olivo,

    Y los labrados no den mantenimiento,

    Y las ovejas sean quitadas de la majada,

    Y no haya vacas en los corrales;

    18 Con todo, yo me alegraré en Jehová,

    Y me gozaré en el Dios de mi salvación.

    19 Jehová el Señor es mi fortaleza,

    El cual hace mis pies como de ciervas,

    Y en mis alturas me hace andar.

    Al jefe de los cantores, sobre mis instrumentos de cuerdas.

    Habacuc 3:17-19

  • Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. Romanos 12:1 (Reina Valera 60)

    Para Pablo, el verdadero sentido de nuestro “culto” cuyo significado es: “Nuestro servicio a Dios como acto de adoración o devoción; debe ser comparado con el sacrificio ceremonial que se nos enseña en el Antiguo Testamento”.

    Los sacrificios y ofrendas levíticas tenían su sentido, forma y propósito, y a eso le llama Pablo: “racional” o con sentido. Y nos deja esta maravillosa expresión, la cual quiero parafrasear del texto bíblico que estamos leyendo, de tal manera que la podamos personalizar: “Nuestro cuerpo consagrado a Dios, es el sacrificio vivo que le agrada a ÉL y que tiene el sentido (es racional) de nuestro servicio adorador”

    En palabras simples, de nada vale que nuestro culto sea el ritual de cada domingo en el templo, si no estamos involucrados en cuerpo y alma para Dios.

    Al leer este texto, doy gracias a Dios por las oportunidades de servicio y las veces en que Dios me ha guardado de entregarme al pecado con una consciencia cauterizada. De Dios depende mi salvación, mi santificación y mi perseverancia. Pero de mi voluntad depende servirlo en adoración sacrificial, entregando mi cuerpo a la pureza y devoción. La adoración interna sin evidencia externa, no es agradable a Dios. Es como recordar a Abel y Caín, donde Caín tenía un corazón alejado de los propósitos piadosos de Dios. Luego tenemos a Abel con aquella ofrenda para Dios en sus manos, lista  para dejar en el altar, no sin antes primeramente haber dejado su propio corazón.

    Hoy estoy compelido por esta Palabra de Dios a mi vida, y todo lo que está sucediendo a mi alrededor es para adorarlo sin queja, con un corazón piadoso y agradecido.

    El verdadero sentido de la adoración, surge de una vida santificada por la obra de Cristo en la cruz, y una vida consagrada a Él.

    Aplicación