• “María dijo: — Yo soy la esclava del Señor. Que él haga conmigo como dices. Entonces el ángel la dejó y se fue.” Lucas 1:38‬ ‭BHTI‬‬‬‬

    Para que María haya expresado ser la esclava de Dios, es porque estaba totalmente segura de que no era esclava de nadie, ni de nada. Los judíos eran muy celosos de estos conceptos de relación, pues habían sufrido muchas vejaciones en su historia; entre ellas la esclavitud. Por eso recordamos cuando los fariseos reaccionaron a las palabras de Jesús: “la verdad os hará libres”, a lo que ellos replicaron: “linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie”. Evidentemente eran esclavos de su historia, de su orgullo, de su pecado. Pero no lo pudieron ver.

    Bueno, ahora María rápidamente responde: “yo soy la esclava del Señor”. La convicción de María es definitivamente una obra del Espíritu Santo.

    Muchas veces nosotros no podemos reconocer la esclavitud que nos provoca el sistema, las modas, las costumbres, la mala conducta, etc. Y solo una palabra del hijo de Dios, nos puede liberar de esta clase de esclavitud, difícil de reconocer. Cristo nos dice: “la verdad los hará libres”. Pero si no escuchamos la verdad y preferimos vivir envueltos en nebulosas mentiras justificadas a nuestro antojo, seguiremos siendo esclavos metidos en las iglesias.

    ¿Se considera usted esclavo-a de alguna práctica, o pensamiento? Solo la verdad te puede liberar, y la verdad es multidimensional: La verdad del evangelio, la verdad encarnada en Cristo y la verdad encarnada en tu vida a través del Espíritu Santo.

    Necesitamos como María, recibir al Espíritu Santo para que nos convenza de pecado, justicia y juicio, y así reconocernos esclavos únicamente de Cristo el Señor, y responder sí a su llamado. Si usted no puede responder al llamado de servir a Dios, de seguro esclavo o esclava de algo más será.

    ¡Seamos libres hoy!

  • El título que he elegido para este estudio, es una frase bíblica sencilla y transparente, pero es un tanto enigmática (que es de difícil comprensión en su totalidad).

    “Dios le dijo a Abraham: «Tendrás muchos descendientes». Y, contra toda esperanza, creyó a Dios. Por eso fue padre de muchas naciones.” Romanos‬ ‭4:18‬ ‭PDT‬‬‬‬

    “Esperanza contra esperanza” así lo traduce la versión Reina Valera, lo que sencillamente significa es: “cuando no hay posibilidad alguna”.

    Cuando no existe el mínimo indicio de lograr algo, si aún mantenemos esperanza, veremos caminos abiertos donde no habían, los cuáles son provistos por Dios.

    Abraham y Sara son el mejor ejemplo, pues ellos recibieron la promesa de un hijo; que desde el punto de vista humano y desde la biología, aquello era imposible sin apelación, pues Abraham al recibir la promesa tenía entre 99 y 100 años y Sara 88, pero además, Sara era estéril y ya no menstruaba. No obstante, La Biblia dice que Abraham creyó y permaneció creyendo, lo cual comprometió tanto a Dios como al humano con la causa; y así nació Isaac. Pero hay un detalle muy importante que quiero dejar por sentado, la esperanza de Abraham fue tal, que estaba convencido que la muerte misma no era un obstáculo para creerle a Dios y caminar con Él. Veamos:

    “Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir.” Hebreos‬ ‭11:17-19‬ ‭RVR1960‬‬‬‬

    Abraham iba a sacrificar a Isaac sin mediar discusión. Pero dice el escritor de Hebreos, que Abraham tenía una seguridad de que Dios podría incluso desde un Isaac muerto, darle lo prometido, que era una descendencia innumerable.

    En verdad esta es la esperanza que resulta de la fe. Y Dios la espera de todos sus hijos e hijas. Aún cuando la muerte parece ser una respuesta, el creyente debe confiar. Estamos llamados incluso a morir en fe y llenos de esperanza. Eso no extingue el dolor de la muerte a nivel tanto físico como emocional. Pero Dios es fiel aún en nuestro lecho de dolor y muerte. Por favor no lo olvidemos, y sigamos hasta la eternidad con esperanza.

    Aquí es donde muchas veces podemos fallar, esperamos un “milagro” de sanidad, o financiero, o de trabajo, etc, como única respuesta aceptable; y con esa actitud limitamos la creatividad de Dios y reducimos a Dios a una idea o un deseo personal. Y Dios es más que nuestras ideas, más que nuestros pensamientos y más que nuestros deseos de algo. Dios es el soberano que decide lo mejor para nosotros.

    Pero este llamado no solo es para cuando enfrentemos la enfermedad y el peligro de la muerte; también en todas aquellas batallas que estamos librando, debemos confiar en Dios ahí donde la esperanza contradice la esperanza misma. O sea, donde no hay motivos razonables para confiar y esperar.

    Así que, si no tienes un horizonte claro respecto a esa situación que estás pasando, tienes la gran oportunidad de vivir en esperanza contra esperanza, y eso es diferente a estar sin esperanza alguna.

  • “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.” Filipenses‬ ‭4:6‬ ‭RVR1960‬‬‬‬‬‬

    Hemos escrito otras veces acerca de la ansiedad, y hemos desarrollado puntos de vista de actualidad respecto a este mal, y cómo se ha enraizado como el mal de nuestra sociedad.

    En esta ocasión quiero compartir con ustedes la sencillez pero lo preponderante de esta demanda bíblica. Si no atendemos este mandato de Jesús y de los apóstoles, terminaremos en serias dificultades para guardar la santidad y mantenernos victoriosos, y fallaremos al propósito de la vida cristiana: “haber alcanzado la integralidad de la Paz de Dios en nuestras vidas”.

    Spurgeon, reconocido predicador inglés decía sobre este tema: “debemos sustituir el afán por la oración”.

    Me gusta pensar en ese enfoque de sustituir, porque asume la realidad de que el afán toca la puerta de nuestras vidas y debemos hacer algo con ello. El afán es hacernos cargo de todo, aún de aquello que es imposible para nuestras habilidades y capacidades.

    Además, debemos comprender que el afán y la ansiedad están emparentadas, ya que el afanarnos, nos llevará a la ansiedad como enfermedad del alma (trastorno mental o de personalidad).

    Pero antes de pensar en la fórmula bíblica, reflexionemos un poco en el afán como motor de vida, porque en la actualidad parece ser el motor que mueve las masas. No debemos dejar que las cosas por hacer y nuestras metas; pero sobretodo el consumismo del mundo capitalista; nos domine. Es a eso a lo que Jesús nos exhortó y que luego Pablo replica.

    La fórmula bíblica es como bien apuntaba Charles Spurgeon: “sustituir afán por oración”. Pablo dice y aquí voy a parafrasear: “no se afanen por nada, sea real o sea imaginario, antes bien (sustituir) sean conocidas sus necesidades en oración y con gratitud”.

    El llamado es, evitar el afán, aunque por naturaleza llega cada día a nuestras vidas. ¿Cómo podría ser esto? Bueno, cuando ponemos en nuestra lista consumista, muchas otras cosas más que no necesitamos. Esto nos arrebata lo que ganamos en equilibrio emocional y también monetario; dejando de lado las verdaderas necesidades que contribuyen a nuestro desarrollo y crecimiento, como: la salud, la educación, y el compartir con los necesitados.

    ¿Difícil? Lo es más, cuando decidimos seguir viviendo a nuestra manera y bajo nuestros valores, ignorando la sabiduría de Dios en su Palabra. Si Jesús y luego Pablo nos dan este mandato de no afanarnos, y confiar a Dios nuestras necesidades, entonces esa es la fórmula. Y esta fórmula tiene una demanda importante: es la fe o la confianza en Dios.

    No orar y estar muy preocupados, es una clara evidencia de falta de fe o confianza en Dios. Y de alguna manera es también soberbia y alguna pizca de egocentrismo. ¿Ven cómo vamos perdiendo santidad? La verdad es un tema que la iglesia y los creyentes hemos decidido no tocar porque no estamos dispuestos a asumir la responsabilidad.

    Este mandamiento del Señor y de Pablo, no es un llamado a la mediocridad o a estar pasivos ante la vida. Es más bien un llamado a la responsabilidad de ser coherentes con la fe y no dejarnos dominar por una vida ostentosa a costo de nuestra salud y felicidad. Así es como vive la gente materialista. Solo ganan para gastar en vanidades y no tienen ni les alcanza para honrar a Dios con sus bienes. Para estos creyentes la obra de Dios y las misiones son superfluas (carecen de valor), pero sus caprichos son necesidad de orden prioritario.

    Oremos, pidamos perdón y esforcémonos por alcanzar este sabio consejo, y mejor si lo recibimos como un mandamiento del Cielo.

  • “También en el camino de tus juicios, oh Jehová, te hemos esperado; tu nombre y tu memoria son el deseo de nuestra alma.” Isaías 26:8 RVR 60

    Uno de los principales problemas del cristiano de nuestros tiempos, es la falta de deseo intencional e intenso.

    Tanto Israel como nación del primer pacto, como la iglesia el pueblo del segundo pacto; que reúne a todos los hijos e hijas de la fe, tenemos en común la naturaleza humana, la pequeñez moral y la débil voluntad. Pero hay una diferencia entre Israel y la iglesia; la nación de Israel expresaba un deseo por Dios, más allá de sus conductas muchas veces hostiles a la voluntad de Dios.

    La iglesia de nuestro tiempo, parece adolecer de ese deseo ardiente, intenso e intencional por la presencia de Dios. Tenemos la urgente necesidad de Dios, pero nos hemos adormecido.

    Isaías nos recuerda este día, que debemos esperar en Dios con anhelo, y meditar en su poder. Traer a memoria quién es Él. Y el sentido de expresión del profeta es de añoranza, de un deseo profundo, de un deleite por Él, aún en la espera.

    ¿Seguirás esperando a Dios y en Él? Entonces incentiva ese deseo intencional e intenso, y aquí te dejo algunas sugerencias:

    1. Toma tiempo cada día para meditar en la lectura de la Biblia. O sea, no solo leerla sino meditarla.
    2. Toma tiempo para orar.
    3. Busca espacio para estar a solas con Dios y medita en lo que te rodea, en lo que tienes, y da gracias.
    4. Comparte de tus riquezas materiales y espirituales con tus pares.

    Son ejercicios simples que hemos dejado de practicar. Si lo hacemos estaremos animando nuestras conciencias a la búsqueda intencional e intensa de Dios.