• “Y abrazándonos los unos a los otros, subimos al barco y ellos se volvieron a sus casas.” Hechos 21:6 RVR1960

    El texto anterior, es un sentido momento de Pablo y sus amigos y amigas; colaboradores en el ministerio. Es una despedida del apóstol, quien sale de la región de Asia, propiamente Éfeso, y le espera el primer arresto en Jerusalén. En aquella situación las emociones saltan a “flor de piel”, y confortar a Pablo y ser ellos confortados por él, resultará en apoyo a un largo duelo.

    Usaré esta historia detrás del texto, para que atendamos aspectos emocionales y funcionales en nuestros círculos, sobretodo familiares, pero no únicamente.

    El poeta francés, Paul Valèry, nos dejó una gran verdad a modo de reflexión: “Lo más profundo del hombre es su piel”.

    Biológicamente, la piel es el órgano más grande del cuerpo. Es además el más sensible y la primera barrera inmunológica. No por nada, tal conocimiento que nos ha regalado la ciencia, es referencia importante para la psicología; pues en la piel se reflejan muchos de los padecimientos psicológicos.

    Existe también el popular adagio: “a flor de piel”, para referirse a aquellas emociones que salen espontáneas de nosotros. Decir por ejemplo: “tenía el llanto a flor de piel”, o “se te puso la piel de gallina”, o “se sonrojó”, etc., todas son expresiones propias para expresar las emociones que son evidentes en la piel.

    Las emociones son expresiones espontáneas al pensamiento y al ambiente; y al resultado de la convivencia entre estos. Pasan además por ser las expresiones más profundas del ser humano y por ello, es “a flor de piel” que se han de notar. Pues es la piel la que absorbe las sensaciones internas y las percepciones  ambientales.

    El signo visual y tangible, de aquello intangible del humano, está dentro de esa piel sensorial. Por lo tanto, debemos asegurarnos que valoramos a las personas, más allá de esa piel, o sea, de su condición racial, social, religiosa y de género; para poder realmente elevar su valor humano en la familia y en la sociedad.  Y ese valor radica en lo que vemos; ¿qué es lo primero que vemos? Su piel, y en esa piel sus emociones.

    Muchos estudios se han hecho para concluir cuál es la diferencia entre culturas, y entre personas que son más dadas al toque físico, y las que no; y cómo esto repercute en el estado de ánimo. Algunas conclusiones apuntan a que, países con climas continentales generalmente gélidos, son donde más antidepresivos per capita se consume, pero es también una sociedad de poco toque físico. En los climas tropicales, la gente suele ser más sanguínea, pero también de más toque físico. A priori se puede concluir que, hay elementos ambientales como el clima y la falta de luz solar por días/año, aunado a aspectos culturales como el distanciamiento físico, que puede estar influyendo en los estados de ánimo.

    Pero debemos ser cuidadosos, porque no son las únicas razones, y esto puede estar cambiando, ya que en países tropicales como los nuestros, otros elementos están siendo claves para un aumento en los padecimientos del estado de ánimo. El estrés post pandémico, el desempleo, las deudas, los divorcios, la falta de compromiso emocional y financiero en las parejas; parecen ser nuevos detonantes. En todo esto el común denominador, parece ser el contacto “piel a piel”. Una respuesta biológica y espiritualmente razonable y necesaria para una buena salud mental (emocional y espiritual).

    Por eso:

    Cuando das amor a tus  hijos e hijas, debes valorar la contribución de ellos a tu vida y a tu hogar, pero no sin ese contacto físico que es fundamental. Porque es piel a piel.

    Cuando ames a tus pares en familia, no lo hagas sin el abrazo solidario. Porque es piel a piel.

    Cuando le digas a tu cónyuge que lo amas, que la amas; recuerda lo ofensivo que resultará hacerlo sin el toque físico. La fórmula piel a piel es clave en tu relación.

    Y si queremos ser solidarios con el menesteroso, el sin techo, el que no tiene donde terminar su largo día de adicciones esclavizantes; entonces deberíamos ofrecer ese mano solidaria que convence más que mil palabras. Es piel a piel.

    Las emociones humanas son por biología, piel a piel. Y la autoestima se construye a través de esas emociones generadoras de sentimientos que sembramos en los hijos e hijas, la familia, los amigos, y nuestros pares. De tales sentimientos emanarán muchas emociones y manejos emocionales, que definirán la personalidad.

    El mundo, la sociedad, el hogar, están formados por personas, todas con personalidad. Y usted y yo contribuimos con esas personas y sus personalidades, a la vez que, esas personas contribuyen a la nuestra.

    Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados.” 1Pedro 4:8 RVR1960

  • 18“Ya no recuerdes el ayer, no pienses más en cosas del pasado”.19 Yo voy a hacer algo nuevo, y verás que ahora mismo va a aparecer. Voy a abrir un camino en el desierto y ríos en la tierra estéril. Isaías 43:18-19 (DHH)

    Esta es una promesa de Dios a Israel estando ellos en Babilonia, aún cautivos. Era una promesa que desafiaba dos grandes aspectos de la vida de aquel pueblo:

    1. Ellos habían apostatado de la fe en Jehová (se volvieron incrédulos) y por eso estaban ahí. Quizá muchos de ellos no eran capaces de reconocer aún sus pecados a pesar del sufrimiento y de la palabra de profecía recibida por años en su tierra, y ahora en tierra extraña.
    2. Una gran mayoría estaban muy cómodos en Babilonia, habían hecho de aquella tierra y sociedad ajena, la suya. Bueno, Dios a través de Jeremías, les había dicho que lo hicieran. De alguna manera podríamos inferir que aquella demanda divina era porque Dios los dejaría ahí castigados por amor, para preservarlos bajo el cuidado de un poderoso imperio. Pero a la vez para mostrar su poder y su amor, al rescatarlos años después de la cautividad.

    Así que por un lado muchos no tenían fe en Jehová su Dios, y por otro lado muchos no querían ser salvos (Salvación aquí está relacionada al rescate del cautiverio).

    Primeramente, caminos en el desierto es una ilusión, porque en las arenas del desierto los caminos se borran por acción climatológica propia de tales regiones, sin dejar huellas ni rastros. Luego, en las estepas áridas no hay lugar seguro para el refugio ante la adversidad y los peligros.

    El desierto es entonces un lugar inhóspito en el que se requiere destreza y la condición física adecuada para sobrevivir, sin ser esto una garantía de lograrlo. Sin embargo, muchos lo han logrado, y si hablamos de Israel, se volvieron expertos nómadas del desierto, eso sí, por la intervención de Dios. Pero a más de caminos abiertos en esta zona llena de peligros, Dios les promete ríos en medio de las estériles arenas y rocas. Algo que solo Dios puede prometer y cumplir.

    Y éste es el contexto histórico y personal de esta promesa, donde Dios se compromete a actuar de manera milagrosa otra vez.

    ¿Cómo puede esta promesa ayudarnos a nosotros a tener esperanza? Primeramente, dándonos a la tarea de tener claro el contenido de la promesa y sus antecedentes, ya lo hemos resumido en el contexto. Luego, mirando la condición que emana del mismo texto. ¿Cuál es? “Ya no recuerdes el ayer, no pienses más en cosas del pasado”. Dios nos está prometiendo renovación, cosa nueva. Pero hay un pasado que muchas veces no nos deja ser renovados. Esta promesa de Dios, que para Israel fue literal y física, para nosotros es metafórica; pero no por eso deja de ser válida y real.

    El pasado es una parte fundamental de lo que somos, pero no es la esencia de lo que seremos o estamos llamados a ser. Hay cosas buenas en nuestro pasado, y hay otras cosas malas y muy malas también. Pero esas cosas buenas o malas, están allá en ese pasado y no deberían marcar nuestro presente ni lo que debemos proyectar para nuestro futuro. Miren si esto es tan importante que Dios mismo nos dice: “ya no recuerdes el ayer”, y esta expresión no es una fórmula amnésica, sino una referencia a la actitud que debe tener toda persona que quiere un presente diferente y un futuro esperanzador. Y si hablamos de actitud hay entre otras, dos actitudes a las que alude la historia, y que debemos sacar de nuestra vida si queremos algo nuevo sucediendo en nosotros:
    1. La actitud incrédula, cuando perdemos la fe primordialmente en Dios. Y es que, aunque decimos que somos cristianos, podríamos estar actuando como incrédulos. No hay peor ofensa a Dios que no creerle, porque al no creerle lo llamamos mentiroso. No creerle a Dios, aún creyendo en Dios, es no obedecerlo, es dejar de creer que cosas buenas nos pueden suceder, es abusar de la suspicacia casi paranoica que nos aleja de las buenas personas, ni siquiera creemos que las buenas personas existen, todo es oscuro alrededor, nadie se interesa por nosotros. ¿Le está pasando? Hay un problema emocional obstructor que debe ser tratado porque impacta aún su relación con Dios, el Dios a quien usted ora y dice creer, pero no le cree en la práctica cotidiana.
    2. El conformismo: Como veíamos en la explicación de contexto, muchos israelitas se habían acoplado a una tierra y cultura extraña y lejana. Se habían conformado a lo que ofrecía su enemigo. Muchas personas que hoy leen, podrían estar muy cómodos en las manos de sus miedos, de sus emociones tóxicas, de sus cogniciones atrofiadas (patrones de pensamiento). En resumen, estas personas están amistadas con la enemistad; son amigas de sus enemigos. El conformismo es un enemigo sutil y convincente, no por nada, Pablo nos anima a no conformarnos a este siglo, y ser renovados en nuestro “entendimiento”, o sea, en nuestras cogniciones (patrones de pensamiento).

    Puedo comprender que para todas las personas las cosas no son iguales, hay pasados diferentes, presentes diversos y futuros que se pretenden distintos. Pero lo que si vale la pena y para todos resultará igual; es escuchar el consejo bíblico de, “no recordar el pasado” en sentido de actitud positiva arraigada en la fe en las promesas divinas; lo cual implica actuar congruentemente con ello.
    En este sentido, habrá personas que requieran tratar seriamente asuntos de su pasado lejano o reciente para proyectarse y, esa es la meta de la fe, que si tu eres una de esas personas que necesita trabajar a fondo tu pasado, lo hagas en total certidumbre en Dios, buscando el apoyo de consejería (pastoral o familiar), terapia (con profesionales en psicología) o médico si es necesario.

    ¿Lo tienes que hacer? Hazlo ya, no postergues. Es mi consejo al iniciar otra serie de 365 días de búsquedas y oportunidades para lograr cosas buenas.

    Mi esposa y yo oramos que tengas un buen año 2022 lleno de desafíos, con las herramientas y habilidades para superarlos, porque si no hay desafíos, no hay crecimiento.

  • “Por lo que toca a ustedes, padres, eduquen con tacto a sus hijos, para que no se desalienten.” COLOSENSES‬ ‭3:21‬ ‭BHTI‬‬‬‬‬‬‬‬

    Quizá como humanidad, hemos ido perdiendo la batalla crucial para la preservación de la familia. Me refiero a la batalla de los valores fundacionales, y yo enlistaría al menos algunos: obediencia, empatía, bondad, honor, respeto, comunicación, amor, verdad y justicia (hacer lo correcto o lo debido).

    No obstante, siendo cada hogar una trinchera, aún quedan batallas por librar, en las cuales podemos salir fortalecidos con nuestros hijos e hijas, y nietos.

    La familia es un proyecto divino, y cuando evadimos la esencia y lo esencial de Dios en la familia, no hay por donde ganar nada.

    Las nuevas generaciones deben resolver problemas de forma en el trato y la educación de los hijos, esas formas en las que mi generación experimentó pérdidas importantes.

    La principal falencia de mi generación fue una ausencia o como mínimo una deficiente comunicación asertiva, que tiene como requisito la inclusión de los hijos en el proyecto de familia.

    Si bien la familia no debería ser una democracia, tampoco debe ser una dictadura del “así se hace y punto”.
    Otra gran debilidad de nuestras generaciones, y que absorbimos de las anteriores a las nuestras, era el mal manejo del estrés, que vaciábamos en nuestros hijos e hijas, como nuestros padres lo hacían en nosotros.

    En mi experiencia con mi hija, esa fue la ruta, del “yo digo y usted obedece”. Pero más allá de enseñar a los hijos e hijas a obedecer, debemos enseñarles el respeto a la otredad en las decisiones que se toma. Ello les permitiría crecer con un sentido de empatía y valor por los demás antes de actuar. O sea, practicar nosotros y enseñarles la pregunta: ¿Cómo afectará esto que pienso y quiero hacer, a mi entorno familiar? Y partiendo de esa pregunta, enseñarles a definir una propuesta de lo que quieren hacer, antes de hacerlo. No se trata de negarles hacer cosas, sino de enseñarles y someterlos a un proceso de reflexión. Claro está, para enseñarles así, debemos actuar así en casa. ¿Difícil reto no? Las buenas cosas siempre son complejas y demandan mayor esfuerzo.

    ¿Cómo lo hará esta otra generación? Eso depende del grado de educación y capacidad de perdón por los errores nuestros. Creo que es posible. Nosotros también tuvimos que perdonar a la generación de nuestros padres, y aquí seguimos construyendo familia. La meta de toda familia son hijos e hijas fuertes y sanos emocionalmente, para lo cual, necesitamos de Dios en nosotros, y en ellos.

    “Sean nuestros hijos como plantas crecidas en su juventud, Nuestras hijas como esquinas labradas como las de un palacio;” Salmos‬ ‭144:12‬ ‭RVR1960‬‬‬‬‬‬‬‬

    No hay peor mal para padres y madres creyentes, que ver crecer hijos e hijas actuando como ateos.

    ¡Que Dios nos ayude!

  • Fue uno de esos días en los que experimentamos el vacío de aquello agradable que pasó, dejando una sensación de despropósito.

    No lo sé, de pronto solo a mí me ha pasado, pero si alguna vez le pasó a usted, puede que le vuelva a suceder, pues son esos días de sentimientos existenciales.

    Y déjeme decirle que soy una persona de fe, de convicciones y de lucha. Pero igualmente esos días llegan a nuestras vidas, dándonos una cucharadita de realidad; la realidad que somos humanos y que solo Dios es Dios. ¿Idea redundante? Sí, pero tiene sentido cuando nos pasamos la vida creyendo que no necesitamos a Dios, y en automático nos volvemos dioses para nosotros mismos, aunque tengamos una idea de Dios, pero no la fe en Él.

    En un día como hoy, el Señor me confortó, porque yo le importo, y estoy seguro que usted le importa de igual manera y puede confortar su vida también. Lea conmigo esta maravillosa promesa:

    “El Señor me reconforta, me conduce por caminos rectos haciendo honor a su nombre.” Salmos 23:3‬ ‭BHTI‬‬

    Reconfortar o confortar, es un verbo hebreo que tiene varias aplicaciones, entre ellas se refiere a, aquello hecho nuevo, o alguien que retorna o regresa a un punto anterior como acción de renovación. Aquí el juego de palabras conecta este verbo con la metáfora de la “senda recta”, dando la idea de retorno a la senda trazada para las ovejas, según el pastor. Y cierra el texto con la razón principal de la acción del pastor; que en este caso es Jehová. Dice que lo hace “por amor a su nombre” o “haciendo honor a su nombre”.

    Dios actúa así tal cual. Como el pastor que no permitirá que su oveja sea dañada por un depredador, ni la dejará perderse a expensas del hostil mundo en el que vive la oveja.

    Si Dios es nuestro pastor, nada nos va a faltar, y seremos confortados en esos días difíciles, y en aquellos en los que exista un vacío que solo Él podrá llenar.

    Si Jehová no es su pastor, la psicología le podrá aliviar pero no conducir por sendas de rectitud. Así que Dios es indispensable para su presente, y crucial para su futuro.

    Mi día entonces terminó con mi yo renovado por amor de su nombre, y coronado de muchas otras promesas:

    “Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de Jehová moraré por largos días.” Salmos‬ ‭23:6‬ ‭RVR1960‬‬