La muerte es el tema olvidado, nadie en su sano juicio quiere hablar en detalle de cuándo, dónde y cómo morir. No obstante, es un tema biológico y teológico, del que debemos hablar con madurez. Sin embargo, no debemos ignorar que la muerte no es amiga de nadie, o al menos de las personas que están sanas emocionalmente. Jesús en su revelación a Juan, en apocalipsis menciona a la muerte como el último enemigo de Dios que será destruido. Si es enemiga de Dios, la muerte entonces es enemiga de la humanidad y en particular, de los hijos e hijas de Dios. No es una idea excéntrica de hecho, ya que la paga del pecado es la muerte; física y espiritual.
Si queremos argumentar un aspecto positivo de la muerte, no es con el estado mismo de la muerte que encierra corrupción. Recordemos que a Jesús, cuando murió, no se le permitió ver corrupción; o sea, su carne no se pudrió ni fue comida por gusanos; y aunque para los seres humanos esto no es así, hay algo positivo en la muerte, que está reservado solo para quienes tienen fe en Dios y en su hijo Jesucristo. Pablo escribió a los hermanos en Filipos:
“Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.” Filipenses 1:21 RVR1960.
Si no es con tal convicción, como Pablo, entonces no hay ganancia en la muerte. Porque quien muera en incredulidad; todo de lo que no se arrepintió aquí en vida, más allá de la muerte se arrepentirá infructuosamente en tormento.
Pablo, comprendiendo esta verdad, escribió:
“Mas si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger. Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor;” Filipenses 1:22-23 RVR1960
Para Pablo, morir era sinónimo de estar con Cristo, y eso era mucho mejor si se daba en las condiciones de Dios: fe, fidelidad y el tiempo de Dios. Por eso también el apóstol escribió un poderoso mensaje para todos los creyentes:
“Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.” 2 Timoteo 4:6-7 RVR1960
- He peleado la buena batalla: Esta batalla no es solo un bonito lema. Para el cristiano, está batalla está centrada principalmente en su lucha por mantenerse fiel y limpio para Dios, pero también incluye la idea del trabajo arduo del cristiano en un mundo anti cristiano.
- He acabado la carrera: Es una alusión a lograr las metas de vida. Estas metas no se refiere a las metas personales y profesionales. Se refiere a las metas de Cristo en nosotros. La Biblia dice que la meta del creyente es llegar a la imagen de Cristo. Esta carrera alude a lo que Pablo siempre usó como metáfora de la vida cristiana; la vida del atleta, que se entrena y se consagra para ganar la corona (una corona de guirnaldas en el coliseo Romano). Pero en el camino de la fe, es la corona de la vida eterna.
- He guardado la fe: En toda carrera hay una meta final. La meta en la carrera cristiana es, guardar la fe. Es el concepto de perseverar hasta el fin. La meta más importante antes de partir, es morir en la fe.
Hay un caso que me llena de emoción, el caso del ladrón al lado de Jesús en la cruz. Aquel que pudo creer en su salvador, justo antes de morir. Este hombre había vivido como quiso, pero en su último día de vida, abrazó y murió en la fe. No obstante, no todos tendrán la garantía de aquel ladrón, algunos teniendo la oportunidad de ser salvos hoy, dejan esa meta, la más importante de la vida, para el final. No sabemos si lo van a lograr.
Por lo tanto, no dejes de escuchar su voz que te llama al arrepentimiento para perdón de pecados. El tiempo es ya.
“Por eso, el Señor volvió a señalar un día, que es «hoy», y lo anunció por medio de David en las palabras que ya citamos: «Si hoy oyen la voz de Dios, no endurezcan sus corazones».” Hebreos 4:7 NBV