Acerca del hecho bíblico – histórico de la muerte de Jesús, tenemos a cuatro escritores, algunos de ellos testigos oculares, y otro un médico y estadista; que escriben y describen el evento. De hecho, hay una similitud en sus relatos que no pueden ser copias el uno del otro, pero que revelan una sinopsis (vista paralela pero no igual de argumentos) de la vida de Jesús, y por lo tanto de su crucifixión, muerte y resurrección.
El trabajo erudito nos dio así los llamados Evangelios sinópticos: Mateo, Marcos y Lucas. Mientras que el Evangelio de Juan se enfoca en otros aspectos de la vida de Jesús; y, no obstante, coincide en algunos relatos con los Evangelios sinópticos.
Basado en esta estructura de los Evangelios, he meditado en el momento culminante de la cruz, porque hay riqueza para la comprensión de nuestra fe. Mientras analizo estas expresiones de Jesús en la cruz a la luz de los Evangelios, sus frases antes de morir, nos dejan un cierre perfecto de su mensaje que aún en la agonía de su muerte no cambia; porque Jesús no desvaría como suele pasar en la mayoría de los casos de personas agonizantes.
Las frases de Jesús recopiladas de los cuatro Evangelios, no incluye sus diálogos narrados por Lucas, con las mujeres que lo lloraban y la gente que le seguía en la vía dolorosa al Golgotha, incluso su profecía sobre Jerusalén que se cumpliría 70 años después. Las frases que anticipan su muerte son:
1. “cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Mateo 27:46.
34 “Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Marcos 15:34
“Elí, Elí, ¿lama sabactani?”: La expresión más citada y de mayor impacto, inclusive, de mayor discrepancia teológica. No obstante, en este artículo quiero que nos acerquemos en total certidumbre y confianza en lo que significa esta expresión desde nuestra propia realidad, y no desde nuestro razonamiento. Y es que desde Génesis 3 lo que sucedió con la humanidad fue precisamente un distanciamiento entre la criatura y su creador. Dios no nos ha abandonado, pero sí que la Biblia enseña que el mundo y el hombre se ha enemistado con Dios. Jesús, experimentó en su agonía el abandono en la hora oscura de la muerte, porque es la emoción que experimenta la humanidad sin esperanza de un futuro reconciliado con Dios.
Aunque pareciera que la imagen de Dios como un padre que abandona a su hijo único y amado, no es congruente con el Evangelio, debemos aclarar la vista y agudizar la fe al comprender la situación de Jesús en la cruz; ya que Jesús en la cruz tomó el lugar de nosotros, quienes por voluntad abandonamos a Dios, y por consecuencia fuimos abandonados por Dios al ser destituidos de la Gloria de Dios, según Pablo. Por lo tanto, la frase expresa la emoción más dolorosa de abandono de Jesús, y es el costo de su sacrificio para que nosotros los redimidos, no sintamos más esa sensación de abandono existencial. Tenemos un Padre, tenemos un futuro, sabemos entonces de dónde nos sacó Dios y adónde nos lleva en esta peregrinación.
2. “Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen…” Lucas 23:34
“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”: Con este registro, podemos mirar dentro de Jesús íntimamente, y reconocer en Él al “mediador” entre Dios y los hombres: 5 Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre… 1 Timoteo 2:5.
La Biblia es clara en que no hay forma que ser humano pueda acercarse a Dios el Padre, sino es por medio o a través de Jesús. El precio tan alto que Jesús pagó, no puede ser emulado por nadie. Solo Cristo puede reconciliarnos con Dios, o sea, amistarnos nuevamente con el Padre y Creador nuestro. Es por ello que Jesús exclama: “Padre, perdónalos”, porque su misión más importante es salvar, y no podría ser de otra forma que perdonando y solicitando de Dios el perdón para los que Él ha elegido.
Muestra también, que la cruz fue un medio de ajusticiamiento para los romanos, para los judíos; el castigo para el peor enemigo de Israel, para el mundo en tinieblas; fue el madero y los clavos propiciatorios del perdón, y para Dios el sacrificio perfecto que pudo satisfacer su justicia.
3. “Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” Lucas 23:43
“De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”: Una frase reconfortante que nos ilustra a nuestro Dios, único, en quien tenemos oportunidad hasta el último día de nuestras vidas. La oportunidad de encontrar en él, el reposo eterno. La Biblia se alinea a las Palabras de Jesús letra a letra, y encontramos eco de esta promesa de Jesús para aquel pecador arrepentido, en el siguiente texto: “Todos los que el Padre me da vendrán a mí; y al que viene a mí, no lo rechazo”. Juan 6:37
4. “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” Lucas 23:46
“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”: En esta expresión, Jesús nos eleva al Padre. Toda nuestra vida debe confluir a un solo destino, la presencia de Dios Padre, sus manos creadoras, milagrosas, amorosas.
La Biblia dice de nosotros, que somos “una nueva creación en Cristo”. Jesús en la cruz el mediador perfecto, y en las manos del Padre, un fin perfecto asegurado.
En Juan 17 Jesús en oración le ruega al Padre que lo eleve a la gloria que tenía originalmente con Él antes de que el mundo existiera, y le hace saber al Padre también, que esa gloria que Él le había dado, también Él (Jesús) la daba a sus discípulos. Todas estas coyunturas se entrelazan en cada palabra desde la cruz.
5. “Tengo sed” Juan 19:28
Cuando Jesús exclama: ¡Tengo Sed! Podemos identificar la inminente consumación del plan de Dios, que recoge el pasado y lo une con el futuro, en un presente de ardua lucha contra la muerte y el imperio de maldad.
La sed pre mortem de Jesús en la cruz, es resultado de aquellas horas de dolor extremo sin paliativos. Una lucha por mantenerse presente hasta el final, pues su muerte llegó posiblemente como dicen los expertos forenses y documentando algunos experimentos realizados para conocer los efectos de la crucifixión al cuerpo humano; poniendo en evidencia la atrocidad de tal castigo, cruel y humillante. Se concluye que el fin de la mayoría de estos condenados que fueron miles durante el imperio romano, fue por paro cardiorrespiratorio, y así sucedió con Jesús, su corazón falló por la fatiga, el estrés y las fallas multisistémicas.
Pero antes de morir, tuvo sed, una perfecta analogía para un cierre perfecto antes de las palabras finales, de consumación. La sed es y será el punto de inflexión o cambio. Quien no tiene sed no necesita ser saciado, y mientras no necesitamos ser saciados nuestras vidas siguen apostando a lo mismo. Nuestra vida espiritual tiene mucha relación con aquel momento de angustia: “el justo por los injustos”. La sed de Jesús retrata la sed del mundo que también muere lentamente y angustioso.
La humanidad sin Dios muere de sed y solo reconociendo esa sed de justicia permitirá que sea saciado. Solo cuando el mundo sacie su sed será consumado el milagro de la vida eterna.
6. “Consumado es” Juan 19:30
El clímax en la cruz, se sella con estas dos palabras: “Consumado es”. Una expresión que indica el final de un proceso.
El Diccionario Strong en griego: (τελέω) teléo = terminar, ejecutar, concluir, descargar (una deuda). Pagar una deuda.
Nos permite comprender la semántica de esta palabra clave en la cruz, en el plan redentor de Dios y en la soteriología (estudio de la doctrina de la salvación).
Pagar la deuda es la forma más congruente con sus tipologías en el Antiguo Testamento, por lo que entendemos que, en la cruz, Jesús estaba pagando la gran deuda moral de la humanidad para con Dios.
A modo de conclusión, debemos releer estas narraciones y dimensionar la obra de Cristo en la cruz, para que podamos recordarnos constantemente el precio real de nuestra eternidad, de tal manera que seamos agradecidos y le amemos y le sirvamos sin egoísmos. Pero sobre todo, que podamos consagrarnos y comprometernos con la causa de Cristo, ya que su causa somos usted y yo, y aquellos de nuestros pares que aún necesitan la luz del Evangelio para salvación.