• “Y Jesús les dijo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos.” Mateo 16:6 RVR 60

    Esta es una sentencia en boca de Jesús y no debemos pasarla por alto. En primer lugar la actitud no debe ser fariséica y orar dando gracias a Dios porque no somos como ellos, sino revisar en qué somos como ellos para corregir.

    La levadura de los fariseos, es una expresión que significa: “la doctrina o enseñanza de los fariseos”. También en esta ocasión Jesús incluye a los Saduceos.

    Ambas facciones eran una división sectaria del judaísmo, tenían sus diferencias entre sí; donde los saduceos eran más livianos en atender la ley y no creían en la resurrección, eran mas humanistas filosóficos en su fe si se quiere. Y los fariseos eran cumplidores in extremis de la ley de Moisés. Jesús, en uno de sus discursos exhorta a los fariseos e incluye a los escribas, que podían ser de ambas sectas, solo eran los que cuidaban del texto y transcribían el texto, y velaban por la aplicación de la ley. En su alocución Jesús les reconoce algunas buenas obras, pero con una actitud sesgada en la doble intención y la vanagloria, lo que llama hipocresía:

    “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello.” Mateo 23:15, 23 RVR1960

    Eran entonces excelentes misioneros y fieles diezmando y ofrendando. Pero  carecían de justicia, misericordia y fe. He ahí el grave problema por el cual se les llama “hipócritas”.

    Cuando en nuestro caminar cristiano nos desbalanceamos en la doctrina, estamos en los límites de la hipocresía. La hipocresía no es como la calificamos hoy día, pensando que es gente que dice una cosa y hace otra; no es solamente eso, es parte pero no todo. La hipocresía es presentar una forma externa aparente, con una forma y sustancia interna diferente. De hecho la palabra griega para hipocresía significa: “actor o actriz”.

    “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia. ¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia.” Mateo 23:25-27 RVR1960.

    Bueno, sé que estas son acusaciones serias y duras, pero nos permitirá asegurarnos cada día a vivir alertas sobre nuestras vidas. Quiero agregar que, puede haber gente que vive en la hipocresía, y también puede haber gente que actúa en ocasiones con hipocresía. La diferencia es importante, ya que unos lo tienen como estilo de vida y eso los aleja de Dios eternamente, y los otros luchan evidentemente.

    En algún momento hemos sido hipócritas en algo, y debemos reconocerlo y arrepentirnos y esforzarnos por vivir nuestra fe como Dios manda:

    “Mas ¡ay de vosotros, fariseos! que diezmáis la menta, y la ruda, y toda hortaliza, y pasáis por alto la justicia y el amor de Dios. Esto os era necesario hacer, sin dejar aquello.” Lucas 11:42 RVR1960

    No era incorrecto hacer proselitismo ni tampoco diezmar, pero lo incorrecto estaba en dejar de lado una vida justa y amable para con los demás; haciendo misericordia y manteniendo así la fe.

    Cómo cristianos hemos de aprender, Jesús nos ADVIERTE acerca de la levadura o doctrina de los fariseos, esa actitud en la que queremos hacer aquello por apariencia y no por fe o convicción. Vivimos tiempos de alto peligro en cuanto a la fe, debemos cuidarnos de vivir una religión carente de justicia, misericordia y fe. Santiago nos da una idea práctica:

    “La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo.” Santiago 1:27 RVR1960

    El enfoque humano de la fe y la religión es lo que el discurso bíblico señala, sin abandonar la santidad o la piedad, o sea, la vida de buenas obras como evidencia de transformación del pensamiento.

  • “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.” Hechos‬ ‭20:28‬ ‭RVR1960‬‬

    El pastor que no tiene un buen reflejo de sí mismo, me refiero a que no piensa de sí mismo con cordura; no podrá velar por el rebaño.

    Es por esta razón el consejo de Pablo, a los hermanos líderes de Éfeso, de velar primeramente «por ustedes» y luego «por el rebaño en que el Espíritu Santo los ha puesto por pastores». Pablo les advierte que su ausencia apostólica traería ataques a la grey. De ahí la importancia de cuidarse mutuamente.

    La esencia de ser pastores de la grey de Dios bajo el nuevo pacto, se circunscribe al contenido de la palabra griega: “Duolos”, que se puede pronunciar: “dulos”.

    Es como duolos (servidor o esclavo) que el pastor de hoy debe actuar; no obstante, parece a veces que se pierde el rumbo, al perder la esencia del servicio.

    Cuando Israel perdió de vista la esencia de servir a Dios, Rey y Pastor; ellos eligieron tener un rey estandard, bajo la premisa del menoscabo de Dios mismo. Se empeñaron en ser igual al resto de las naciones y terminaron siendo peores. Pero para el Pastor y Rey eterno, en la visión acerca de su rebaño, la diferencia era la meta. El pastor debe cuidar la esencia de la iglesia del Señor, que sea una iglesia sin parecidos a ningun modelo comparado con arquetipos mundanos, y fuera de la voluntad divina.

    Pero para ser ese pastor en esencia, que marque la diferencia con el mundo que le rodea, se requiere una vida acrisolada en el vituperio del que vive las metas del Reino de Dios, bajo las premisas del Pastor de Pastores: “dar la vida por sus ovejas”.

    El pastor entonces, para lograr ser digno representante de su llamado, debe por mucho, ser primeramente oveja, y Jesús mismo nos da claro ejemplo:

    “El Cordero que está frente al trono será su pastor y los guiará a manantiales de agua que da vida. Dios secará todas las lágrimas de sus ojos”. Apocalipsis 7:17.

    En el contexto bíblico del nuevo pacto, el pastor es quien cuida y no quien se adueña, no habla posesivamente de mis ovejas, habla del rebaño del Señor. El pastor se sabe llamado a administrar la grey de Dios, en convivencia y confraternidad; donde hay un dar y recibir.

    Ya el pastor no debería pensar en su servicio como una función mediadora al estilo de Moisés o de Jesús, quienes mediaron entre Dios y el pueblo. Los pastores deben ser “Duolos” o esclavos al servicio del rebaño del Señor. La posición pastoral es más la de un “ayo” o tutor, como lo fue José para Jesús.

    José sabía que él no era el papá de Jesús, pero lo apoyó y lo bendijo hasta su crecimiento e independencia, y esta podría ser la mejor metáfora que describa a un pastor con vocación: alguien que acompaña hasta lugar seguro.

  • “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.” Mateo 5:7 RVR1960

    Esta bienaventuranza no señala a quienes dan fruto de buen comportamiento, no se refiere a la filantropía o altruismo. Sino a quienes han alcanzado misericordia de Dios y lo reconocen, así serán compasivos con los demás, o al menos es lo que la expectativa divina expresa.

    La misericordia es un fruto compasivo que mana de Dios para la humanidad. Es Dios quien en el huerto interviene para proteger a Adán y Eva, es quien guarda a los nobles de espíritu durante los grandes cataclismas de la historia; por ejemplo el diluvio, la torre en Babel, el éxodo, las persecuciones narradas en el Nuevo Testamento, etc,. De esta manera podemos concluir que hacer misericordia es acción, y el vocablo griego usado en este texto indica una misericordia activa y nunca sometida a la iniciativa humanista de cómo se debe hacer el bien.

    En la iniciativa humanista de cómo se debe hacer el bien, el hombre calcula a quienes hacer el bien, en qué situación y con qué recursos. El hombre y la mujer misericordioso-a, actúan por la fe mirando el alma del menesteroso mas que su ropa, su condición socioeconómica y su pasado.

    El principio bíblico es siempre mirar la acción de Dios y su benevolencia antes que a la supuesta bondad humana.

    Ciertamente seremos dichosos, puesto que no es fácil dar de gracia lo que nos ha sido dado de gracia. El egoísmo nos pasa la factura y la tendencia es quedarnos con aquello que no nos pertenece.

    Que Dios nos ayude a dar compasión, recordemos que la compasión mas que amor, es bondad; aunque movidos por ese poderoso motor llamado amor. La compasión es bondad activada en acciones concretas, así como Dios nos tiene misericordia y no nos ha consumido por nuestra desobediencia.

    “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias.” Lamentaciones 3:22

  • “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.” Mateo 5:6 RVR1960

    La cuarta bienaventuranza refiere a aquellos a quienes Dios ha puesto el querer como el hacer el bien, por su buena voluntad.

    Somos dichosos si hay una necesidad constante de hacer lo correcto. Algunas veces vamos a fallar en hacer lo correcto, pero el sentido de urgencia por aquello es lo que marca la diferencia, porque la disposición o ese sentido de urgencia por el bien, nos constriñe una y otra vez en actuar con justicia, que es en esencia hacer lo correcto según Dios.

    En el contexto del Nuevo Testamento, justicia y hacer justicia se refiere a querer y hacer lo que es bueno, lo que es agradable y lo que es la voluntad de Dios en la tierra.

    Pero aparte de este anhelo de la voluntad de Dios en nuestra vida y entorno, hay en esta bienaventuranza una implicación de inocencia concedida, que se compagina con la obra salvífica de Cristo, por medio de quien Dios nos limpia, nos perdona y nos justifica; o sea, nos hace justos.

    La idea de tener hambre y sed, nos indica esa necesidad humana elemental de vida o muerte, y compara esa sensación con la necesidad elemental del creyente de amar justicia.

    La bienaventuranza entonces nos hace pensar en los deseos mas ardientes de nuestro corazón. ¿Deseamos como una pulsión de vida o muerte, que la voluntad de Dios, justa, equitativa y santa, se desarrolle en nosotros? Si es así, de seguro seremos saciados de la voluntad de Dios, aún cuando su voluntad no sea lo que pensábamos que sería para nosotros, e incluso cuando esa voluntad no parece ser la prioridad de nuestra vida. No obstante y a pesar de lo anterior; la voluntad de Dios sí debe ser un deseo tan determinante como la necesidad de ser saciados de comida y bebida. De hecho la conclusión de Jesús es: “ellos serán saciados”.

    Si amamos la justicia que Dios activa a nuestro favor al limpiarnos y declararnos justos, también amaremos hacer justicia; esa parte que nos corresponde a nosotros a través de la obediencia y fidelidad.