“Luego el SEÑOR dijo: —¿Qué has hecho? La sangre de tu hermano grita desde el suelo pidiendo justicia.” Génesis 4:10 PDT
Dios mira y oye cuanto pasa en la tierra. El grito de Abel, es desgarrador; sí, así es como lo describe la Biblia al usar la palabra: “tsáac” que significa grito desgarrador. La tierra ya maldita años atrás por la desobediencia humana, ahora recibe otra pesada carga con el asesinato de Abel.
La tierra muere lentamente con la muerte espiritual del ser humano, porque desde el pecado de Adán y Eva, la tierra acusa la depravacion generacional. Un tema que Pablo retoma en Romanos.
La palabra griega usada ahora es: “sustenázo” que da el mismo sentido de la palabra hebrea “tsáac”, cuyo sentido es: angustia o grito desgarrador. La creación toda a una, ruega inaudiblemente; gimiendo por el fracaso moral de la humanidad.
Si la creación emite este grito desgarrador, ¿qué pasa con el género humano? Parece irónico que quien provoca este gemir, se percibe inmutable y persista en su obstinación contra la voluntad divina. Por cierto, este desgarrador grito será eterno para muchas personas que lamentablemente no quieran obedecer o no les sea dado el don de creer (tener fe salvífica). Leamos:
“Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.” Mateo 25:30 RVR1960.
Este lloro una vez más es un grito desgarrador pero eterno, que hará justicia a los miles de millones de gritos causados por la injusticia humana contra Dios. Como bien hemos aprendido, todos merecíamos la muerte eterna que provocará llanto o gritos eternos; no obstante, quienes puedan creer el evangelio de Cristo, serán eternamente librados de tal angustia; porque hay una sangre que no grita por venganza como la de Abel, y es la sangre de Cristo, que grita o reclama redención:
“a Jesús, mediador de una nueva alianza, y a la sangre con que hemos sido purificados, la cual nos habla mejor que la sangre de Abel.” Hebreos 12:24 DHH.
¿Por qué dice que habla mejor la sangre de Jesús? Porque la sangre de Abel pide venganza, mientras que la de Jesús pide redención y perdón para usted y para mí. Así que, en Cristo tenemos perdón y vida eterna; pero en Adán, Abel y todos los demás humanos, hemos obtenido juicio y culpa.
El propósito del evangelio es que usted y yo no vivamos bajo el modelo del actuar culposo de Adán, algo posible solamente a través de Jesús el Cristo quien murió y sufrió el castigo de nuestra paz.
Acércate a Él con total certidumbre hoy.