• Dejamos atrás unos años quizá para el olvido, o quizá para el aprendizaje. Una pandemia por un visitante indescifrable, a quien el gremio científico llamó SARS COV 2, mejor conocido como Covid 19.

    Muchas personas murieron, llevando luto a familias y comunidades. Algunos de esos muertos eran familiares, amigos y compañeros de trabajo, universidad y colegio. Por lo tanto, negarlo sería negar la partida repentina de personas muy amadas y apreciadas.

    Al principio miedo, luego negación, después un poco de aceptación y adaptación; para luego vivir la sospecha. Sin embargo, después de más de dos años desde la aparición del virus, hay una relativa calma que nos permite la esperanza de tocar el botón de reinicio de nuestra vida.

    Ahora toca un tiempo de reflexión, en el cual podamos responder a la pregunta más existencial que podamos habernos hecho: ¿por qué sigo aquí, luego de ver partir a tantas personas queridas? Yo le llamo propósito, y sin un propósito nada es claro. Recuerdo las palabras de Jeremías:

    “Yo sé los planes que tengo para ustedes, planes para su bienestar y no para su mal, a fin de darles un futuro lleno de esperanza. Yo, el Señor, lo afirmo.” Jeremías‬ ‭29:11‬ ‭DHH‬‬‬‬‬‬‬‬

    Pienso seriamente en la pregunta del por qué sigo aquí. ¿Por qué yo, y no el otro? Y como persona de fe en Cristo, solo encuentro esta respuesta de Dios a Jeremías: “Tengo planes de bienestar y no de mal, a fin de darles un futuro lleno de esperanza”.

    Un futuro esperanzador después de esta pandemia y sus efectos colaterales, no se puede fraguar con la fórmula humana de los políticos. El futuro yace incierto, y solo se asoma una esperanza al cruzar el umbral de la vida; algo que el sistema humano nunca podrá otorgar. Solo Cristo, sola fe, sola gracia. Usted y yo requerimos reiniciarnos, buscar y Dios quiera, encontrar el propósito.

    El propósito lo pone Dios, nosotros somos recipientes consagrados para su propósito.

    Reiniciar, requiere volver a generar contacto social, recuerde entonces quienes suman en su vida y quienes no. ¿Por qué volveríamos a relaciones nocivas? La pandemia nos ha dado la oportunidad de cernir nuestra convivencia. No dejemos pasar la oportunidad que la Dios nos está dando, para generar nuevas conexiones de interacción, y nuevos proyectos de vida.

  • Introducción: Conceptos importantes para este artículo:

    Principio: Desde la teología, es una verdad acultural y atemporal. En esencia el principio es la partida de un acontecimiento, que se repetirá sin una mediación externa.
    Desde la filosofía, Aristóteles la definía ampliamente en sus teorías; pero rescato uno de sus conceptos más adecuados a nuestra comprensión. Aquí cito: “Principio se dice también de aquello mediante lo que puede hacerse mejor una cosa; por ejemplo, el principio de una ciencia”. (Echegoyen. J, s.f. https://e-torredebabel.com/principio-diccionario-de-filosofia-aristotelica/).

    Ley: Desde la teología, la ley es un mandato que siempre se debe cumplir con obediencia. Desde la ciencia una ley es fórmula demostrable con los hechos o los resultados.

    “No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados. Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir.” Lucas‬ ‭6:37-38‬ ‭RVR1960‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬

    Un extracto del Sermón del monte:

    Mi enfoque al analizar Lucas‬ ‭6:37-38‬ se distancia un poco de la ortodoxia (prácticas y valores tradicionales aceptados por la mayoría) para buscar esos elementos de contexto y significado, que permita mejor comprensión al lector y lectora. ‬

    En primer lugar debo desmarcar estos textos del tema de la prosperidad material y financiera, aunque sus principios son facilitadores de una ética financiera (producir y compartir con generosidad).

    En estos textos analicemos dos elementos básicos: 1. Contexto del discurso. 2. Significado y sentido gramatical.

    En cuanto al contexto, debemos recordar lo que la mayoría estudiosa de la Biblia conoce y entiende del llamado sermón del monte. Es Jesús quien enseña y es uno de sus homilías más emblemáticas, pero por qué; porque son una serie de principios que regirán su reino. Y como hemos establecido anteriormente, el principio es una verdad que instruye para hacer mejor lo que se nos demanda hacer. A la vez que tiene implicaciones más allá de la cultura y la época. Por lo tanto, las enseñanzas de Jesús en este Sermón, se volvieron el fundamento del establecimiento de las pautas que guiarían a los súbditos de su Reino. El contexto histórico fue grecorromano, el contexto religioso era judaísmo y paganismo, el contexto cultural era helenico, el contexto político imperialismo avasallador, el contexto social era convulso, desesperador y de grandes asimetrías socioeconómicas. No obstante de estos contextos, el mensaje colocado en los oyentes; tenía una conexión con el pasado más eterno y connotación con un futuro insondable. Cuando un discurso es así de acultural, se espera que incida profundamente en una sociedad tan densa como diversa en la época de Jesús.

    Respecto a lo gramatical, el verbo “juzgar” deriva del verbo griego “kríno” en “voz pasiva”, cuya principal característica es destacar la acción antes que al sujeto agente o que hace la acción. También otro de los fines de la voz pasiva, es poner el interés en la persona de la que se habla y no del hablante.
    Esta forma verbal también da un mensaje claro, y enfatiza la importancia del mensaje que es “no estar juzgando”. Luego, aparte de ser una voz activa, es un presente continuo, lo cual indica una acción constante.

    Para Jesús, el hecho de que alguno de nosotros tendamos a juzgar y condenar al prójimo, nos erige en jueces. Esto implicaría primeramente que necesitamos de un conocimiento de la ley y un cumplimento perfecto de la misma; ya que quien imparte justicia debe cumplirla primeramente. Desde esta premisa, entendemos entonces que el único juez validado es Cristo mismo.

    Pablo a los corintios (1 Corintios 2:15) usa la palabra “anakríno” que significa: indagar, escudriñar, discernir. Entonces, los creyentes podemos juzgar las acciones o los hechos por implicación de un sentido de discernimiento espiritual que nos es conferido por el conocimiento de la ley y los principios bíblicos y la ayuda del Espíritu Santo. Sin embargo, no está implícito juzgar las personas y mucho menos condenarles. Solo juzgamos los hechos para nuestro propio crecimiento, madurez y obediencia.

    En resumen, hay en nuestra lectura bíblica de hoy, tres mandamientos y un principio.

    Los tres mandamientos como ley decretada por Dios, demandan nuestra obediencia:

    • No juzguéis, y no seréis juzgados.
    • No condenéis, y no seréis condenados.
    • Perdonad, y seréis perdonados.

    Decíamos al definir el concepto de ley, que son formulaciones demostrables con hechos, aquí los hechos son concretos y medibles; sencillamente no erigirnos jueces usurpando la prerrogativa divina.

    Ahora veamos el principio contenido en esta parte del sermón: “Con la misma medida con que medís, os volverán a medir”.

    Este principio como arquetipo (modelo o patrón para hacer algo) del Reino de Dios, no nos excluye de la vida eterna, nos condiciona para vivir la vida con sabiduría y abundancia:

    Jesús le dice: “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo”. Esta es la instrucción para activar este principio en nuestro favor.

    Este es el principio de la generosidad que gobierna todas las áreas de la vida del creyente, si realmente ha comprendido la esencia de la justicia del Reino y el propósito de sus leyes. Si somos generosos no juzgando, no condenando y perdonando a los demás, así recibiremos como condición de promesa; el mismo trato de parte del Señor. La generosidad no es una meta, sino un fruto de la constancia perseverante en los principios y mandamientos del Señor a los hijos de su Reino.

    ¿Pueden ver lo alejado que está de la interpretación libertina de la prosperidad? Sin embargo, como principio, sabemos que su alcance también atañe a una buena mayordomía de las finanzas. La llave de recibir es ser generosos al darle a otros.

    En síntesis, no juzgar al prójimo, implica también no ver la paja de su ojo, y sí revisar la viga que está en nuestro ojo y nos estorba y nubla la visión.

  • “Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama. Él entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús.” Marcos‬ ‭10:49-50‬ ‭RVR1960‬‬‬‬‬‬‬‬

    Bartimeo, literalmente significa: bar = hijo + Timeo = nombre personal.
    Así que la fórmula es sencilla, la referencia es acerca del hijo de Timeo, y esa es la historia bíblica. Es probable que el nombre Timeo tenga una connotación aramea; cuyo significado es: “impuro” o “pagano”. Así que, aquel Bartimeo no era un nombre personal sino una referencia: “el hijo del impuro”. Esta impureza estaba relacionada con la religión, o sea, refiere a aquellos que no eran judíos o siendo judíos, estaban impuros de acuerdo a la ley judaica.

    Pero del griego, Bartimeo significa “hijo honorable”. Por lo tanto, tenemos aquí una disyuntiva entre paganismo y honorabilidad, que puede dar un sentido más profundo a la enseñanza de la historia bíblica. Es indudable que Jesús pudo transformar la situación, como indudable es que aquel encuentro hizo de Bartimeo un hijo de honra para Timeo. En otras palabras, Jesús le devolvió un hijo renovado a Timeo y a la sociedad; sobre todo en un contexto en donde la minusvalía era vista con sospecha espiritual.

    Esa es la obra de Dios en el humano, una completa restitución a la familia y sociedad.

    Bartimeo, en su profunda necesidad clama a gritos, por misericordia. El hecho de que el hijo de Timeo se refiera a Jesús como hijo de David, plantea una clara referencia al reconocimiento de su linaje real y su misión mesiánica. Porque clamar a Jesús no es una acción insulsa, sino llena de profundo significado y aceptación de su naturaleza divina.

    La historia dice que Jesús se detuvo ante el clamor del hijo de Timeo, y le mandó llamar. Esto nos hace pensar en las veces que Dios se detiene a escuchar nuestro clamor. Pero la acción inmediata del hijo de Timeo; fue levantarse y quitarse su vieja y sucia capa, para ir al Maestro. Mientras los seguidores de Jesús le animaban diciéndole, levántate y ten confianza. ¿Qué necesitas del Señor todopoderoso hoy? Levántate y ten confianza en el toque del Señor Jesús.

    Esta es una historia fascinante de la herencia del hijo de David al hijo de Timeo. Del hijo de la promesa, al hijo del impuro o indigno. Es la historia de tu vida y mi vida. Es la historia de todos aquellos quienes han tenido ese encuentro con el Señor Jesús. En el encuentro con Jesús, la transacción es de tipo moral y espiritual, donde Jesús nos dota de su herencia y nos libra de nuestra postración miserable sin Dios.

  • Jesús nos puede enseñar todo cuanto requerimos para la vida, y de tantas enseñanzas, esta semana quiero resaltar la moraleja que nos deja el silencio propiciatorio; cuando callar es una virtud, que solo se interrumpe cuando levantar la voz se torna indispensable para la vida.

    Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. Isaías 53:7 (RV 60).

    En esta imagen literaria del hijo de Dios como cordero indefenso, se han inspirado grandes pintores y poetas. En cada inspiración hay una interpretación singular con despliegue de belleza y estilo, pero quizá faltos de profundidad teológica que refleje el impacto para la humanidad. Por ejemplo; el profeta nos dice:

    Jehová está en medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos. Sofonías 3:17 (RV 60).

    En su aflicción y angustia por el oprobio que había de sufrir, Jesús calla de amor. Siendo que pudo haberse defendido y que tenía todo a su favor para hacerlo, la mayor fuerza para callar es el amor. No solo lo valida la autoridad de la Biblia y el testimonio del propósito divino que es suficiente para quienes somos personas de fe; sino que también la psicología lo ha planteado como una razón armónica de sanidad espiritual en muchos casos transformacionales.

    Entonces, esta frase: “callará de amor” que atribuye el profeta Sofonías al Dios de Israel, es la forma más poética narrada acerca del propósito de Dios en Cristo en aquel viacrucis desde el huerto de los Olivos, hasta el pretorio romano y luego al Gólgota o lugar de la calavera, donde finalmente murió voluntariamente; callando ante la injusticia cruel de los victimarios que eran victimas a la vez, de la muerte, e irónicamente una puerta se abría para ellos en la gloria eterna.

    Callar significó la vida de millones, y eso validó su silencio escalofriante ante la algarabía enardecida de una multitud que gritó ¡Crucifícale! ¡Crucifícame!, y que nos representa por imputación divina ante la desobediencia original que incrimina al género humano.

    Jesús no siempre calló, pues Él vino para predicar el arrepentimiento, a dar buenas nuevas a los oprimidos por el diablo, y confrontar la mentira de la religión. Jesús sabía cuando hablar y cuando callar.

    Estoy seguro que Él quiere que nosotros sepamos hacer lo mismo. Porque muchas son las ocasiones en que defenderse es una actitud espiritualmente suicida. Miremos el episodio de Pedro tratando de dar cátedra de valentía y súper fe a Jesús:

    “Entonces Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: —¡Dios no lo quiera, Señor! ¡Esto no te puede pasar!” Mateo‬ ‭16:22‬ ‭DHH94I
    ‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬
    Pedro reconviene a Jesús con estas palabras antes de Jesús vivir la agonía de la muerte, donde Jesús les comparte esta realidad para que ellos estén preparados para aceptar en silencio, aquella dolorosa voluntad del Padre. Pero impulsivamente el discípulo líder le sale con aquella presunción humana de que nada malo ni negativo debe sucederle a un hijo o hija de Dios.

    ¿Cuántas personas así encontramos hoy en las iglesias? Por miles, que piensan que nada malo ha de acontecernos, sin siquiera examinar si Dios está en el proceso. Ellos usan frases construidas en la mente, pero no validadas en la verdad del evangelio; palabras como: “reprendo esto o aquello”, “rechazo esto o aquello”, “declaro esto o aquello”, “¡Dios no lo permita!”, “cancelo esto o aquello”, etc., y todo en el nombre de Jesús; cuando muchas veces es mejor callar y esperar la obra que Dios hará, porque Él hará todo bien y para bien nuestro.

    Estimados, hay tiempo para callar y tiempo para hablar, y es importante que aprendamos que nuestro silencio siempre debe estar relacionado con un propósito loable hacia Dios y el prójimo. Y hablar siempre debe ser para edificación y salvación.

    En esta semana de reflexión, os invito a agradecer a Dios por su amoroso silencio.