Introducción: Conceptos importantes para este artículo:
Principio: Desde la teología, es una verdad acultural y atemporal. En esencia el principio es la partida de un acontecimiento, que se repetirá sin una mediación externa.
Desde la filosofía, Aristóteles la definía ampliamente en sus teorías; pero rescato uno de sus conceptos más adecuados a nuestra comprensión. Aquí cito: “Principio se dice también de aquello mediante lo que puede hacerse mejor una cosa; por ejemplo, el principio de una ciencia”. (Echegoyen. J, s.f. https://e-torredebabel.com/principio-diccionario-de-filosofia-aristotelica/).
Ley: Desde la teología, la ley es un mandato que siempre se debe cumplir con obediencia. Desde la ciencia una ley es fórmula demostrable con los hechos o los resultados.
“No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados. Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir.” Lucas 6:37-38 RVR1960
Un extracto del Sermón del monte:
Mi enfoque al analizar Lucas 6:37-38 se distancia un poco de la ortodoxia (prácticas y valores tradicionales aceptados por la mayoría) para buscar esos elementos de contexto y significado, que permita mejor comprensión al lector y lectora.
En primer lugar debo desmarcar estos textos del tema de la prosperidad material y financiera, aunque sus principios son facilitadores de una ética financiera (producir y compartir con generosidad).
En estos textos analicemos dos elementos básicos: 1. Contexto del discurso. 2. Significado y sentido gramatical.
En cuanto al contexto, debemos recordar lo que la mayoría estudiosa de la Biblia conoce y entiende del llamado sermón del monte. Es Jesús quien enseña y es uno de sus homilías más emblemáticas, pero por qué; porque son una serie de principios que regirán su reino. Y como hemos establecido anteriormente, el principio es una verdad que instruye para hacer mejor lo que se nos demanda hacer. A la vez que tiene implicaciones más allá de la cultura y la época. Por lo tanto, las enseñanzas de Jesús en este Sermón, se volvieron el fundamento del establecimiento de las pautas que guiarían a los súbditos de su Reino. El contexto histórico fue grecorromano, el contexto religioso era judaísmo y paganismo, el contexto cultural era helenico, el contexto político imperialismo avasallador, el contexto social era convulso, desesperador y de grandes asimetrías socioeconómicas. No obstante de estos contextos, el mensaje colocado en los oyentes; tenía una conexión con el pasado más eterno y connotación con un futuro insondable. Cuando un discurso es así de acultural, se espera que incida profundamente en una sociedad tan densa como diversa en la época de Jesús.
Respecto a lo gramatical, el verbo “juzgar” deriva del verbo griego “kríno” en “voz pasiva”, cuya principal característica es destacar la acción antes que al sujeto agente o que hace la acción. También otro de los fines de la voz pasiva, es poner el interés en la persona de la que se habla y no del hablante.
Esta forma verbal también da un mensaje claro, y enfatiza la importancia del mensaje que es “no estar juzgando”. Luego, aparte de ser una voz activa, es un presente continuo, lo cual indica una acción constante.
Para Jesús, el hecho de que alguno de nosotros tendamos a juzgar y condenar al prójimo, nos erige en jueces. Esto implicaría primeramente que necesitamos de un conocimiento de la ley y un cumplimento perfecto de la misma; ya que quien imparte justicia debe cumplirla primeramente. Desde esta premisa, entendemos entonces que el único juez validado es Cristo mismo.
Pablo a los corintios (1 Corintios 2:15) usa la palabra “anakríno” que significa: indagar, escudriñar, discernir. Entonces, los creyentes podemos juzgar las acciones o los hechos por implicación de un sentido de discernimiento espiritual que nos es conferido por el conocimiento de la ley y los principios bíblicos y la ayuda del Espíritu Santo. Sin embargo, no está implícito juzgar las personas y mucho menos condenarles. Solo juzgamos los hechos para nuestro propio crecimiento, madurez y obediencia.
En resumen, hay en nuestra lectura bíblica de hoy, tres mandamientos y un principio.
Los tres mandamientos como ley decretada por Dios, demandan nuestra obediencia:
• No juzguéis, y no seréis juzgados.
• No condenéis, y no seréis condenados.
• Perdonad, y seréis perdonados.
Decíamos al definir el concepto de ley, que son formulaciones demostrables con hechos, aquí los hechos son concretos y medibles; sencillamente no erigirnos jueces usurpando la prerrogativa divina.
Ahora veamos el principio contenido en esta parte del sermón: “Con la misma medida con que medís, os volverán a medir”.
Este principio como arquetipo (modelo o patrón para hacer algo) del Reino de Dios, no nos excluye de la vida eterna, nos condiciona para vivir la vida con sabiduría y abundancia:
Jesús le dice: “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo”. Esta es la instrucción para activar este principio en nuestro favor.
Este es el principio de la generosidad que gobierna todas las áreas de la vida del creyente, si realmente ha comprendido la esencia de la justicia del Reino y el propósito de sus leyes. Si somos generosos no juzgando, no condenando y perdonando a los demás, así recibiremos como condición de promesa; el mismo trato de parte del Señor. La generosidad no es una meta, sino un fruto de la constancia perseverante en los principios y mandamientos del Señor a los hijos de su Reino.
¿Pueden ver lo alejado que está de la interpretación libertina de la prosperidad? Sin embargo, como principio, sabemos que su alcance también atañe a una buena mayordomía de las finanzas. La llave de recibir es ser generosos al darle a otros.
En síntesis, no juzgar al prójimo, implica también no ver la paja de su ojo, y sí revisar la viga que está en nuestro ojo y nos estorba y nubla la visión.