• Del conflicto al perdón

    «El perdón no es algo que hacemos por la otra persona, sino por nosotros«

    Victor Serna Climent, Ms. en Psicología

    Si partimos del conflicto como una situación discursiva (conceptos y opiniones) y de percepción que involucra sentimientos y emociones; el panorama es complejo, y el rol de mediador no es traer paz, sino intermediar para que dos o más cerebros se desprendan de sus creencia y posturas.

    A diferencia del problema, que es una disyuntiva de decisiones más objetivas entre aspectos y cosas concretas, el conflicto es una disyuntiva emocional de creencias y posturas, que se defienden muchas veces a ultranza.

    Ken Sande es su libro: «Pacificadores» (The Pacemaker) nos arroja algunos consejos muy valiosos para cuando nos veamos involucrados en conflictos de mediano y alto peso emocional:

    1. Glorificar a Dios en el conflicto
    2. Sacar la viga de nuestro ojo para ver el problema en el otro
    3. Tratar con humildad la situación conflictiva
    4. Reconciliarnos e ir a reconciliar a quienes estén en conflicto (el minisetrio de la reconciliación)

    Todas las personas creyentes involucradas en conflictos de mediana o grande envergadura, pueden perder fácilmente la objetividad bíblica; de hacer todo para la gloria de Dios.

    Me pregunto, ¿cómo podría ser esto en una situación de violación o abuso sexual, estafa o asesinato? Creo que darle gloria a Dios no significa reprimir el dolor, el enojo o la frustración, de hecho, es psicológicamente imposible. Pero sí es la oportunidad para actuar a derecho y compasivamente.

    Los creyentes, aquellos que decimos que hemos nacido de Dios; debemos poder confiar en Dios en todo conflicto, y segundo, debemos obedecer a Dios. La mejor manera de darle gloria a Él, es hacer lo que Él dice que hagamos, por ejemplo; una de las directrices más elocuentes de Jesús al respecto se registra en los Evangelios:

    15 Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. 16 Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. 17 Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano. Mateo 18:15-17

    Al ignorar esta receta bíblica de afrontar conflictos difíciles en medio de la familia y la iglesia, desestimamos el consejo de Dios, y seguimos nuestra propia receta. El resultado es más dolor y división.

    Cuando una persona emocionalmente cercana nos agravia, o cuando nosotros agraviamos a esa persona; inmediatamente surge el conflicto. ¿Por qué? Porque el resultado es emocional, involucra una serie de sentimientos que pueden ir de menos a más. Según la Biblia, debemos ir a la persona y explicarle lo que nos ha hecho sentir, y a partir de ahí esperar la respuesta para dar el siguiente paso. Esta receta bíblica no es usualmente útil para tratar a personas algo alejadas emocionalmente de nosotros, ya que por lo general no están interesadas en nuestros sentimientos ni en nosotros. Pero es importante, que aprendamos a distanciarnos de aquellos que no son tan cercanos pero nos maltratan con actitudes y palabras.

    Respecto a la gente importante en nuestra vida, es vital para nuestra salud espiritual y mental, que mantegamos unas relaciones sanas, agradables y de respeto; de lo contrario un distanciamiento consciente es necesario. Aquí, debo abonar crédito a los estudios psicológicos acerca del perdón, que nos muestran el impacto fisiológico del perdón. Esto me hace pensar que la demanda bíblica del perdón es en primer lugar un acto de gracia sanadora, ya que impacta directamente nuestra calidad de vida.

    Victor Serna Climent, Ms. en Psicología nos explica:

    «Las emociones negativas no existen, ya que todas las emociones tienen una función adaptativa. Es decir, todas nos ayudan a adaptarnos mejor al entorno, y a reaccionar de forma adecuada ante los acontecimientos. Así, por ejemplo, la indignación o la ira pueden decirme que lo que me sucede es injusto, y protegerme de quedarme expuesto durante más tiempo a una situación abusiva. Algo que nos puede ayudar a superar estilos de pensamientos que nos mantienen presos del rencor, es pensar que el perdón no es algo que hacemos por la otra persona, sino por nosotros. Si prolongamos el rencor, la ira, el resentimiento, durante demasiado tiempo, estas emociones están afectando a nuestra salud generándonos un estrés crónico, continuado»

    https://sernabernabeu.com/psicologia-del-perdon/

    La psicología además, ha documentado varios estudios en los que señala que la falta de vivir procesos de perdón, genera una serie de síntomas en el cuerpo que deterioran la salud. El estar expuestos a altos niveles de adrenalina y cortisol principalmente, hacen que el organismo reaccione defensivamente y de alguna manera se autocondicione para superar lo que siente.

    Concluyo entonces diciendo que en este aspecto, la Biblia nos muestra un camino para vivir en sintonía con el perdón, primeramente por amor, pero por amor propio: «ama a tu prójimo como a tí mismo». Quien se ve impedido para amar a sus congéneres cercanos, no podrá amarse a sí mismo, llevándole a una patología emocional autoinmune (se atacará a sí mismo emocionalmente).

    La respuesta es espiritual y psicológica, es integral como integrales somos. Hay esperanza para salir del círculo nocivo del rencor y el resentimiento. Si requiere ayuda no dude en buscarla con su líder espiritual y con su psicólogo o psicóloga.

  • Diligentes

    “Procastinar es evadir una responsabilidad”

    La pereza o apatía, es una forma de procastinación: «Significa posponer tareas y deberes, por otras tareas que resultan más gratificantes». Estas actitudes podrían volverse sintómáticas para algunos trastornos de la conducta; cuando llegan a afectar con consecuencias serias.

    Hoy, quiero conectar esta cuestión conductual, con una parte del contenido de la carta de Pablo a los Romanos.

    En este capítulo, el apóstol Pablo hace una lista de dones ampliando otras listas; como las enviadas a los Efesios y a los Corintios. En esta otra lista a los Romanos, se refuerzan aquellas habilidades que generan sinergia, una cualidad más que validada para el trabajo conjunto.

    Pablo de repente hace un giro desde la lista de deberes, hacia la vía de la estrategia para lograr ser efectivos alcanzando estas habilidades; y sobre todo cómo lograr ser una pieza clave en el trabajo en equipo. El texto bíblico nos da un consejo más que práctico y común, pero ignorado constantemente.

     “En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor” Romanos 12:11

    ¿Qué cosas en su cotidianidad requieren diligencia? Es importante que usted piense en esto y revise si esas cosas que requieren diligencia como por ejemplo: ese informe de trabajo, la limpieza de la casa, apoyar las tareas escolares, etc., pueden ser un punto de partida para evaluar el compromiso con sus valores y metas.

    El consejo de Pablo es que esas tareas que requieren diligencia; se deben hacer venciendo algunas resistencias que suelen interferir; como la pereza, y agrega, que se debe ser fervientes o poner pasión en aquello que se hace, una vez superada la apatía con la que todos luchamos.

    Esto nos lleva al concepto de la disciplina, que es la receta para afianzar un hábito, y a la vez, nos capacita para vencer los obstáculos cotidianos.

    Ahora pensemos en la vida de iglesia en la que nos ubica el texto. Evaluemos, ¿Qué requiere diligencia de nuestra parte en la iglesia? Si cada uno de nosotros hace la tarea, el logro del propósito de la Iglesia sería expedito y veríamos menos relaciones interpersonales traumáticas. Es por esta razón que el apóstol lo escribe a los hermanos en Roma, pero con una exposición del carácter cristiano universal.

    ¿Cómo empieza este capítulo?

    “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”. Romanos 12:1

    El sacrificio que Dios pide de nosotros, no implica sangre; que ya fue provista por Cristo, pero implica ser diligentes en el llamado que nos ha hecho. No es para menos, puesto que presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo (no hay muerte ni derramamiento de sangre) requiere de presteza; dicho de otra manera, es ese actuar pronto y fiel.

    La invitación entonces al terminar de leer, es abocarnos a revisar, evaluar y tomar decisiones al respecto, tanto en la vida personal como colectiva dentro dentro de la iglesia.

  • Libertad moral y libertad en Cristo

    Así que, haremos una distinción entre libertad moral o de libre albedrío, y la libertad en Cristo.

    Me alineo a la teología reformada, que plantea la cuestión del “libre albedrío” en el sentido de aquella libertad original del hombre en el huerto de Edén, y de cierta libertad que mantiene el hombre en su decadencia moral, de hacer bien o mal, no en sentido de agradar a Dios, sino de convivencia, supervivencia y moral. Pero una vez que Dios ha alcanzado a una persona y la redime de sus obras de muerte, por su gran misericordia, el redimido no tiene ese “libre albedrío”; pues él mismo ha sido elegido por Dios, y como dice Pablo: “esclavos de Dios somos”.

    Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. Génesis 3:6 (Versión Reina Valera 1960).

    La trampa estaba bien servida. Adán y Eva habían sido dotados de “libre albedrío”, una forma de libertad moral que les permitiera elegir haciendo uso de la razón, la gratitud y la fidelidad (fe en acción).

    Desde un principio al ser humano le fue dada razón – esa capacidad de pensar, reflexionar y discriminar entre dos o más alternativas – y eso le diferenció del resto de las criaturas sobre la tierra desde los mismos inicios. Si bien, es cierto que fue una época más instintiva a falta del desarrollo de la técnica y la herramienta; la capacidad de aprender por escudriñar su entorno era muy fuerte. Por lo tanto, fe y razón no son como a veces se ha intentado decir: “como agua y aceite”.

    Pero siguiendo la historia, nos encontramos con que la mujer “vio” que el fruto de aquel árbol del que se les dijo: “no comeréis”, era bueno para comer, agradable y codiciable para alcanzar sabiduría o conocimiento. Lo codiciable aquí, es el problema; porque ser prudente (Sakal) o adquirir el conocimiento para ello, en términos divinamente aceptados; es una virtud. Sin embargo, en este contexto tal búsqueda no está viniendo de parte de Dios, sino de la voz mentirosa y seductora de la serpiente astuta. Lo que la mujer ve agradable, es lo que desagrada a Dios; lo que ella ve bueno, es malo ante Dios; lo que ella codicia, es lo que Dios ha prohibido.

    Como podemos notar, aquella imprudencia de Eva empieza por la vista, sigue luego una distorsión del pensamiento y finalmente terminan desobedeciendo con vileza a su creador. Por le contexto, Adán está con Eva, pero podríamos decir que no interviene, simplemente toma del fruto por invitación de su esposa.  

    Tenemos que poner en atención siempre, a la voluntad de Dios en lo que hacemos, de lo contrario haremos la voluntad de nuestra vista, que codicia y desea todo cuanto Dios nos ha prohibido. Nada puede ser más pernicioso, que ir tras los deseos de los ojos.

    Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. 1 Juan 2.16 (Versión Reina Valera 1960).

  • La Psiche y la Teoría Psicodinámica

    Sigmund Freud, Austriaco (1856-1939) 

    En su primera tópica, Freud proponía que la psiche estaba estructurada en tres sistemas: 

    1. El inconsciente, regido por la búsqueda de la reducción de tensiones y funciona a través del principio del placer. 
    1. El consciente, que es regido por la percepción del mundo exterior y la lógica y el principio de realidad. 
    1. El preconsciente, en el que los contenidos inconscientes pueden hacerse conscientes y viceversa. 

    En la segunda tópica Freud determina una segunda gran estructura de la personalidad compatible con la anterior, en el que la psiche está configurada por tres instancias psíquicas: 

    1.  El Ello: – El inconsciente – El Ello es nuestra parte más instintiva, que rige y dirige la energía interna en forma de impulsos y de la cual parten todas las demás estructuras. Es también llamado «Ello» o «Id» constituido por lo impulsos instintivos cuya fuerza fundamental es la libido o impulso al placer (satisfacción de las necesidades biológicas y de evitación del dolor).   
    1.  El Yo: – El Consciente – Es también llamado «Yo» o «Ego», donde imperan la razón, el lenguaje y la lógica. Se va desarrollando en contacto con el ambiente social, representando en primer lugar por los padres. Aquí actúa el «Principio de realidad», es decir la acción del ambiente sobre la mente del sujeto 
    1. El Superyó: – El Pre Consciente – Es llamado «Súper Ego», constituido por la moral, las leyes, los modelos, los consejos y también las represiones, las prohibiciones, los castigos, etc.  

    De esta manera, la teoría Freudiana propone que el ser humano busca el equilibrio entre estas estructuras para vivir en salud emocional. Un desequilibrio en las apetencias de una tópica y otra, desemcadenaría trastornos y/o patologías de la personalidad; inclusive incapacitantes en el peor escenario.

    De ahí, la importancia de la autoregulación en el proceso de nuestro desarrollo psíquico.