• “Como ladrón en la noche”

    Hay quienes caminan bajo la sombra de la oscuridad, y sus obras hacen bajo el auspicio de las tinieblas, ambos conceptos en el contexto bíblico hace referencia a una vida de maldad. De eso trata nuestro estudio.

    El símil bíblico, que compara la sorpresiva venida del Señor como juez; con la acción del ladrón que actúa en medio de la noche, es usada por Jesús y por el apóstol Pablo, para describir el inminente regreso del Señor.

    Cuando Pablo escribe la primera epístola a los hermanos de Tesalónica, se refiere con este símil, a dos eventos que necesita aclarar:

    1. El día del Señor (día de juicio) bajo la oscura sorpresa, a usanza de un ladrón, será para los incrédulos.
    2. El día de Cristo (día del Mesías o de redención) bajo la luz de la esperanza bienaventurada, será para los hijos e hijas de Dios.

    “Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche;” 1 Tesalonicenses 5:2 RVR1960

    Jesús ya había hecho esta referencia registrada en los evangelios (ver Mateo 24:44).

    Hemos escuchado está expresión, “como ladrón en la noche”, y se nos ha enseñado que para los creyentes la venida de Cristo será así, pero no, no es una referencia al rapto, no es esto lo que significa. Esta expresión lo que indica es la condición desprevenida en que el mundo no creyente será sorprendida por la venida de Cristo como juez. O sea, este texto no es un mensaje para los cristianos, sino para los inconversos. De paso, debemos indicar que su venida en las nubes para los creyentes, será clara, resplandeciente y poderosa.

    Por eso Pablo, sigue explicando las fechas y los tiempos, a los que hace referencia en el versículo uno, introduciendo la condición del mundo cuando el Señor regrese a la tierra (segunda venida, o día del Señor). Veamos:

    “Cuando la gente diga: «Todo está en paz y tranquilo», entonces vendrá de repente sobre ellos la destrucción, como le vienen los dolores de parto a una mujer que está encinta; y no podrán escapar.” 1 Tesalonicenses 5:3 DHH94

    La expresión “todo en paz y tranquilo”, es referencia al gobierno humano del liderazgo mundial (planteado como el gobierno del anti Cristo). Así que, esta referencia es una fecha en el tiempo, no es el todo, es una parte del todo. Y en ese contexto es que la venida del Señor será una total sorpresa para un mundo que lo rechaza, y se erige a sí mismo su propio dios. Entonces el Señor sera como el ladrón que sorprenderá con temor y destruccion.

    ¿Qué otro argumento textual tenemos? El versículo que sigue, dice:

    Pero ustedes, hermanos, no están en la oscuridad, para que el día del regreso del Señor los sorprenda como un ladrón. Todos ustedes son de la luz y del día. No somos de la noche ni de la oscuridad;” 1 Tesalonicenses 5:4-5 DHH94I

    El texto empieza con la conjunción adversativa, “pero”; con la que contrapone un significado a otro. Si los otros son de la oscuridad y la noche, esto es, los incrédulos; entonces nosotros somos de la luz y del día. Por lo tanto, Pablo dice, ustedes no tienen porque ser sorprendidos por el regreso del Señor.

    Las personas en la luz, son gente que vela, que esperan sobrios.

    “Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios.” 1 Tesalonicenses 5:6 RVR1960

    Velar: es más que estar despiertos, es estar atentos como el vigía o vigilando (se refiere a estar vigilantes de las señales de la Palabra de Dios que se van cumpliendo y acercándonos al día final).

    Sobrio: capacidad de ver y entender, de tal manera que nos comportemos de acuerdo al conocimiento bíblico y profético que tengamos.

    El llamado de Pablo, es a que estemos velando sobriamente (mirando y comprendiendo lo que está pasando), no para asegurar nuestra salvación, pues la salvación es un acto soberano de Dios. Sino para vivir la esperanza bienaventurada.

    Esta vigilancia es para que recibamos a nuestro Señor sin sorpresas, y para que nos demos ánimo unos a otros…“Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.” 1 Tesalonicenses‬ ‭4:18‬ ‭RVR1960‬‬

    Acerca del rapto, la Biblia dice que todo ojo lo verá en las nubes. Para nada será como ladrón en la noche, agazapado entre las sombras. Además, debemos agregar que el rapto no es la segunda venida de Cristo, pues en la descripción de Pablo a los Tesalonicenses, cuando Cristo tome a su iglesia, no lo hará en la tierra sino en las nubes. A diferencia de la segunda venida de Cristo, o el día del Señor, que será viniendo con sus santos a la tierra.

    “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.” 1 Tesalonicenses 4:16-17 RVR1960

    En conclusión, 1 Tesalonicenses 5; hace clara referencia a “el día del Señor” o la segunda venida de Cristo.

    Mientras que, 1 Tesalonicenses 4: 13- 18 es una referencia al “día de Cristo”, o lo que alguna parte de los creyentes llaman “el rapto”. Esa es la venida visible de Cristo en las nubes, quien vendrá por los santos, muertos y vivientes.

    “Como ladrón en la noche”, así no será para los salvos.

    No lo esperes como ladrón, espéralo como “El Mesías Redentor”.

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  • Isaías 6: una comprensión de la Santidad

    “En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo. Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos. Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado.” Isaías 6:1-7 (RVR 60).

    Isaías capítulo 6 nos muestra de manera didáctica la forma en que Dios ha hecho posible que un humano imperfecto y muerto espiritualmente, sea vivificado y santificado; y luego llamado a ir en nombre de Dios, a una nación de gente rebelde.

    El trato de Dios con Israel, y el llamado de Isaías, es un relato histórico propio de la época del pueblo hebreo; pero también es una imagen viva del carácter de Dios. Veamos algunas referencias a Isaías 6.

    1. El llamado de Isaías, es una representación de la realidad de Israel (Cap. 1 al 6). Hay una sucesión de contrastes entre los capítulos 1 al 5, donde Dios señala el estado moral perverso de la nación, su imposibilidad material de cambiar y la intervención de Dios, que usa la imagen purificadora del fuego del altar. Esa braza encendida, es una tipificación de la pureza del fuego de su presencia santa que quema la impureza de Isaías, de sus labios impuros, que revelan lo impuro de su corazón. Y esto a la vez nos constriñe a nosotros, acerca de la necesidad de ser tocados por ese carbón encendido para ser limpiados de nuestras impurezas.
    2. Esta imagen de Israel y la misma preocupación de Isaías por su pecado mortal ante un Dios santo, es la imagen del mundo, y de cada uno de nosotros. Isaías, era un hombre de la aristocracia y por lo tanto, importante a nivel político y religioso. Así que, Isaías no era lo peor de Jerusalén, pero ante Dios no era tampoco diferente a los demás. ¿Por qué? Porque ante la santidad de Dios nadie cumple un estándar aceptable.
    3. El llamado personal de Dios a Isaías es a la conversión, desde donde parte la santificación. Pero luego, hay un llamado general: “¿A quién enviaré y quién irá por nosotros? Después de la santificación, la única respuesta es la consagración (apartados para servir).
    4. La intervención de Dios en Isaías, produce un resultado, y éste no es ni egoísta ni religioso: “el profeta levanta la mirada hacia su pueblo, y a las naciones”. El resultado de un encuentro genuino con Dios, solo lo sella el fuego del Espíritu Santo; quien pone un profundo interés misionero. Todo lo demás, podría desviar nuestra atención.
    5. ¿Quieres una prueba de tu santidad? Indaga tu llamado interior, mirando tu corazón, pregúntale a ese corazón; ¿qué tanto anhelas lo que Dios anhela? Luego recuerda que Dios anhela la salvación de las almas.

    Conclusión: La santidad es un Estado en Cristo, algo que Dios ha decretado para ti como su hijo o hija, pero por los méritos de Cristo. Esos méritos son inquebrantables e insustituibles, porque los ganó en la cruz para redimirnos del pecado y darnos salvación. Algo que nada ni nadie podría haber hecho. Así que, si eres creyente, eres santo por acción divina.

    Pero luego, a la luz de otros textos de las Sagradas Escrituras, nos toca una responsabilidad personal para vivir en santidad, por obediencia, convicción y amor. Leemos por ejemplo en Apocalipsis, que partiendo de “ser santos” (la obra de Dios) debemos “santificarnos” (nuestra obra).

    “El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía.”
    ‭‭Apocalipsis‬ ‭22:11‬ ‭RVR1960‬‬

    La santidad inicia por hacer la obra de Dios, por lo tanto, no empieza por dejar de hacer, sino por empezar a hacer. El perfeccionamiento es trabajo de Dios por medio de su Palabra y su Espíritu Santo.

    Dios nos ha santificado por medio del sacrificio de Cristo, y también nos llama a ser santos, como una tarea constante que nos compete personalmente a cada uno.

  • Doxología del libro del Emanuel.

    Doxología: es una alabanza tributada a Dios, que litúrgicamente se indica en un cierre de discurso a modo de canto.

    “Regocíjate y canta, oh moradora de Sion; porque grande es en medio de ti el Santo de Israel.” Isaías 12:6 RVR1960

    Este texto ha sido verso de himnos inspiradores. Pertenece en su enfoque interno, al llamado “Libro del Emanuel” (Isaías capítulos 7 al 12).

    El Emanuel, contiene una serie de escritos del profeta tocantes a la dura sentencia; pero a la vez promesa esperanzadora, que se cernía sobre el pueblo israelita, tanto para el norte (Samaria), como para el Sur (Judá o Jerusalén).

    La promesa era la presencia misma de Jehová, el Dios del remanente. Recordar entonces que, Emanuel; significa: “Dios entre nosotros”.

    Por eso, al final del capítulo 12 de Isaías, concluyendo los oráculos (oraciones de desenlace) y afirmando las promesas de restauración, Isaías pide fe y esperanza a los verdaderos israelitas temerosos de JAH (Jehová). Les dice: “regocíjate y canta”, estén alegres y canten. Porque “Grande” es en medio de ti, el Santo de Israel.

    El misterio de la Palabra  de Dios, es que nos proclama un día futuro de gloria. Mientras aquí y ahora, debemos alimentarnos de fe (seguridad y convicciones espirituales) y esperanza (asidos a lo intangible de Dios).

    Así como Isaías lo vio y lo comunicó, usted y yo debemos esperar con regocijo, el desenlace del plan de Dios.

    Le animo entonces, al igual que lo hace Isaías: “regocijense y canten alabanzas a Dios, conscientes de la presencia de Él entre nosotros, desde nuestro interior” 

    El Shalóm del Emanuel sea con cada uno.

     

  • Fe o superstición

    El versículo cuatro, de Juan capítulo cinco – la referencia del Ángel que movía las aguas del estanque – es un elemento que los eruditos han considerado como un agregado del escribano (El escriba que transcribía las Sagradas Escrituras), ya que en los manuscritos más cercanos al original, no aparece este texto. Pero eso no tiene el propósito de quitar mérito a la fe en Cristo como salvador y sanador. Como creyentes sabemos por la fe, que Cristo es verdad que salva y sana.

    “Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos.

    En estos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua.

    Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo.” Juan 5:2-3, 5 RVR1960

    Tenemos una historia dramática pero no única de su época, porque retrata el drama de la humanidad también hoy. Una humanidad aquejada por enfermedades y estados discapacitantes. Es importante comprender la condición humana, no solo desde la perspectiva humanista sino desde nuestras convicciones espirituales y teológicas. Ciertamente desde el humanismo reconocemos que, la sociedad ha hecho poco por una convivencia equitativa, trayendo más dolor, enfermedad y muerte; mientras que desde la teología podemos explicar el dolor y la enfermedad como estados indeseables a partir de la muerte espiritual en Edén.

    Los estados de calamidad y miseria que vive la sociedad, no tienen una explicación satisfactoria para nadie; hay quienes culpan a Dios por ello, pero la responsabilidad siempre será del humano. Somos nosotros los que elegimos estar alejados de Dios. Y a esta actitud, debemos agregar las enfermedades que son producto de una vida insana, una sociedad estresada por el consumismo, adicta a sustancias destructivas y las consecuencias de las guerras; por mencionar las más evidentes causas entre otras.

    Entonces, tenemos aquí un hombre muy necesitado y enfermo por causas que el texto no indaga, pero al llegar Jesús no atina siquiera a indagar de quien se trata, porque sigue con su mente puesta en el estanque de Betesda, cuyo significado en hebreo es: “casa de misericordia”. Pero más allá de su significado, sabemos que en un estanque hay agua estancada. ¿Será agua salubre?, por supuesto que no.

    Jesús se presentó al lugar descrito por el Evangelio, como donde había una multitud de personas enfermas y desdichadas. Parece que aquel pórtico de la misericordia, era una parada obligatoria para la misericordia encarnada en el mesías.

    Pero los enfermos iban supersticiosamente al estanque, en espera de un milagro. Esta perspectiva nos hace tener la visión de aquel estanque, como una historia de falsas esperanzas. Tal perspectiva resalta la intención del relato de enseñarnos, que solo Cristo puede librar y sanar al humano de su tristeza y miseria, no solo física sino espiritual también; de manera definitiva y sin recetas mágicas o supersticiosas.

    La desesperanza del ser humano le ha llenado de supersticiones, esperando un milagro, una vida diferente, un futuro; anclados en objetos y personas  sagradas, pero ignorando al verdadero dador de vida y salud.

    La ruptura de Dios con el hombre a causa de la mentira e incredulidad, ha puesto al género humano tras las rejas de la desesperanza. Y Jesús llega a nuestra vida, y nos cuesta verlo a Él, por estar viendo supersticiosamente el momento de algo mágico que nos cambie la vida (como el estanque de Betesda).

    Podríamos decir que los creyentes somos bendecidos al poder creer en la salvación y la sanidad que ofrece nuestro Señor de las misericordias, sin esperar que otras aguas se muevan en nuestra ayuda.

    Pero también, debe ser esta historia un llamado para que busquemos sin cesar la presencia de nuestro Señor, ya que fácilmente podríamos ignorarlo en medio de tanto distractor del mundo moderno.

    Aquel enfermo estuvo postrado por treinta y ocho años, y cuando Jesús le pregunta si quería ser salvo, no responde claramente; sino replicando que no tenía quién lo metiera en el agua estancada, de aparentes cualidades salubres. Finalmente Jesús lo sana y tampoco se percata quién fue que lo sanó; hasta días después que Jesús lo ve en la Sinagoga, y Jesús le reconviene de no pecar más, para que se mantenga saludable.

    El gran peligro para un cristiano, está en no percatarse de la obra del Señor Jesús en su vida. Pero el más pernicioso peligro es para quienes no creyendo aún, se distraen con fuentes estancadas y van tras la superstición, para responder a sus más vitales dudas, expectativas y necesidad.

    Pero cuando finalmente el hombre encuentra respuesta en Jesús, ¿Qué sucede realmente? Se siente sorprendido y lo comparte como la mejor noticia del su vida.

    “El hombre se fue, y dio aviso a los judíos, que Jesús era el que le había sanado.” Juan 5:15 RVR1960

    Aquel hombre que fue sano, luego contó a los incrédulos religiosos, que Jesús le había sanado. Y les aseguro que aquel milagro no pasó desapercibido, ni para la sinagoga, ni en las plazas de Jerusalén, Judá y Galilea. La obra de Jesús ha trascendido y lo hará siempre.

    Por eso, es menester que para usted y para mí, Jesús no pase desapercibido nunca más en nuestro corazón, y en medio de nuestra familia y amigos.