• Elección divina

    Hay un par de versículos en el primer libro de Samuel capítulo dieciséis, del cual podría inferir el tema de la elección de Dios y los elementos distintivos en ello. Los textos en cuestión son: 1 de Samuel 16: 1 y 7.

    “Dijo Jehová a Samuel: ¿Hasta cuándo llorarás a Saúl, habiéndolo yo desechado para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite, y ven, te enviaré a Isaí de Belén, porque de sus hijos me he provisto de rey” (1 de Samuel 16:1 Reyna Valera 1960).

    Vemos a Samuel, el hombre de Dios, abatido por su amigo Saúl, a quien Dios había desechado para reinar sobre Israel, debido al pecado de Saúl, que lo desobedeció; escuchando primero a sus guerreros, y también a su propio corazón codicioso, guardando lo mejor del botín de guerra y perdonando la vida de Agag, el rey de los Amalecitas. Dios pide una cosa, Saúl hace otra cosa, y acto seguido lo justifica. Antes en el capítulo 13, ya Saúl había sido desechado por haber faltado al mandato de Dios según Samuel, y en esa oportunidad incluso se atreve ofrecer sacrificios a Dios como sacerdote, siendo él un rey sin linaje levita. La Biblia muestra cómo Saúl no honró en obediencia a Dios, pero fue el hecho de no reconocerlo, que le impidió arrepentirse para perdón.

    El pecado imperdonable en toda la Biblia es la incredulidad, también llamada rebelión por los profetas; siendo, además, la raíz de la falta de arrepentimiento, al no reconocer el pecado. Como Saúl, a veces justificamos la desobediencia a Dios, y la desobediencia que no se reconoce, es incredulidad. Así vemos a Saúl que le responde a Samuel, “…antes bien he obedecido la voz de Jehová, y fui a la misión que Jehová me envió…” 1 Samuel 15:20. Pero, aunque era una verdad a medias, la otra parte, fue desobediencia, al traer del botín de guerra, que era permitido en las guerras; pero no en esta por mandato de Jehová.

    Mucho cuidado en cómo queremos obedecer a Dios, y sus claras indicaciones. Y también mucho cuidado con validar lo que Dios ha invalidado, al igual que Samuel quien lloraba a Saúl, en clara indicación de que él sí estaba a favor de Saúl, aunque Dios lo había desechado. Luego que Dios reconviene a Samuel, le manda a ungir al nuevo elegido:

    “Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón”. (1 de Samuel 15:7).

    Jehová le dice, y aquí me permito hacer una paráfrasis del texto leído: “No mires su físico, su exterior o apariencia; porque yo Jehová, no miro lo que el hombre mira, yo Jehová miro el corazón”.

    Lebáb (corazón en hebreo) y su raíz “Leb” significa: “también usado (figuradamente) muy ampliamente para los sentimientos, la voluntad e incluso el intelecto, de manera similar para el centro de cualquier cosa” (https://www.logosklogos.com/strong_hebrew/3824).

    Dios entonces al elegir a una persona, mira en su interior profundamente, mira los sentimientos de la persona, su voluntad o estructura volitiva y su intelecto o estructura cognitiva (manera de pensar y forma de interpretar). Cuando Israel eligió a Saúl, miraron que era un hombre alto, apuesto y fuerte, pero no podían haber visto esas estructuras internas muy débiles en Saúl. Dios lo sabía, lo supo siempre, pero les dio lo que los ojos de ellos envilecidos por aparentar o ser igual que las demás naciones, escogieron.

    Después de aquella lección, Dios elige por ellos a un hombre que la Biblia firmemente declara: “conforme al corazón de Dios”. A veces pensamos que esa conformidad con el corazón de Dios es perfección o bondad, nada más alejado de esos conceptos, ya que esta conformidad es:

    1. En primer lugar, el hombre a quien eligió Dios y no Israel (no una elección humana).
    2. En segundo lugar, era un hombre de carácter firme, valeroso, honesto al punto que no tendría reparos en reconocer sus pecados y maldad; para arrepentirse y pedir perdón (inquieto pastorcillo de ovejas que peleaba con feroces animales sin temor, y decía las cosas más atrevidas si tenía que decirlas, como cuando desafió a los Filisteos).
    3. En tercer lugar, era un hombre que conocía a Dios, lo amaba y lo defendía con su vida (Con celo levítico, aunque no era levita, insultó a Goliat, por los insultos de éste a Dios).

    De David, se lee entonces:

    Mas ahora tu reino no será duradero. Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó.”
    ‭‭1 Samuel‬ ‭13:14‬ ‭RVR1960‬‬

    Dios sigue eligiendo personas que no aparentan la perfección, sino que la cargan dentro. Personas fuertes que se atreven a desafiar el oprobio contra Dios. Hombres y mujeres que saben cuando fallan, y sin contemplaciones piden perdón y siguen de frente contra el mal. Dios sigue mirando el corazón y no la apariencia.

    En conclusión, la elección de Dios tiene como elementos distintivos y activos en nuestras vidas:

    1. Rechazar lo que Dios desecha y rechaza, tanto respecto a nuestro carácter, como en cuanto a las personas que deben asumir liderazgo entre nosotros.
    2. Reconocer que, Dios mira el corazón y el potencial de cada persona a la que llama. No se inmuta por la aparente incapacidad meramente externa, pero mira en el interior de las personas que llama, tierra fértil para la obediencia y la sencillez para reconocer cuando desobedece.

    Bendito sea Dios porque tenemos la oportunidad de ser conforme a su corazón por los méritos de Cristo en la Cruz.

  • Señor, no en tu furor

    “Domine, ne in furore”: título que se le da al salmo seis en la Vulgata Latina. Y que se transcribe al castellano, como: “Señor, no en tu ira”.

    “Jehová, no me reprendas en tu enojo, Ni me castigues con tu ira.” Salmos 6:1 RVR1960

    El título pertenece al Salmo 6 y 37, ambos de David, y de los llamados Salmos de penitencia o confesión.

    Estos Salmos no representan una plegaria pidiendo ayuda por amenazas externas, sino por las consecuencias del pecado, que al final actúan en contra del penitente hasta que éste se arrepiente y recibe la respuesta misericordiosa de Dios. Una plegaria que debe ser una constante en la vida nuestra como frágiles vasos de barro, en los que ha sido depositado una responsabilidad grande de pureza y santidad, por lo que el recurso de pedir perdón es crucial.

    Llama la atención la frase: “Señor, no en tu ira”; no me reprendas, ni me castigues. ¿Por que esta solicitud?

    “Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo.” Hebreos 12:6 RVR1960

    La disciplina del Señor para un hijo y una hija, es con amor, no con su ira, por eso la petición del penitente David, y la que debe ser nuestra constante petición.

    El castigo con su ira, es un castigo implacable y destructor. Es el tipo de castigo que Dios aplicará en su Justo juicio final.

    “Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios,” Romanos 2:5 RVR1960

    Un corazón no arrepentido, atesora la ira de Dios, para el día del juicio.

    Recuerde que, Dios nos va a corregir, disciplinar o castigar con amor de Padre, al quebrantar sus preceptos. Pero a los incrédulos, aquellos de corazon no arrepentido, los castigará con ira.

    La diferencia es, ¿dónde pasaremos la eternidad?

    Nuestra salvación es entonces una constante confianza en la promesa del perdón de Dios, que opera en un corazón arrepentido.

     

  • Pestes: “Principio de dolores”

    Hay una pregunta clave en esta cita con la Biblia para hoy, y la hacen los discípulos del Señor: ¿Cuándo serán estas cosas y qué señal habrá de tu venida y del fin del siglo?

    En este capítulo, no perdamos de vista que las pestes, obran como señales escatológicas (eventos finales), antes que aflicciones casuales.

    Es importante distinguir en este capítulo el aspecto y concepto del fin, y para ello es necesario que comprendamos la palabra «fin» en griego aquí usada. Y es que los discípulos preguntan acerca del fin en connotación de consumación total, pero Jesús responde hablando del fin de una era.

    En Mateo 24:3 dice: «Y estando Él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿Cuándo serán estas cosas y qué señal habrá de tu venida y del fin del siglo?»

    La palabra griega para “fin” se traduce de una expresión compuesta; “la consumación del mundo o del sistema del mundo”. Es claro que los discípulos preguntan con esta idea en mente.

    A lo que Jesús da una respuesta escalonada advirtiéndonos acerca de:

    1. El engaño: El mal por el cual Jesús empieza es advirtiéndoles a los discípulos: «Mirad que nadie os engañe» (Mateo 24: 4-5)
    2. Las Guerras y más rumores de otras guerras (Mateo 24:6)
    3. Convulsión social generalizada: odio, intolerancia étnica, guerras, terremotos; y como conexión lógica, habrá pestes y hambres (Mateo 24:7).
    4. Principio de dolores: Así lo plantea Jesús en el versículo 8 una vez que ha hecho una lista de acontecimientos aflictivos sobre la humanidad, que llevará al mundo a buscar una solución global; dando lugar a un gobierno global y precipitando el gobierno del Anticristo. Lo que sigue en el punto cinco, será consecuencia de un gobierno global, que tratará de proteger por medio del control – como ya lo vivimos a pequeña escala durante la pandemia por COVID – a las masas, en nombre de bienestar.

    “Y todo esto será principio de dolores.” Mateo 24:8 RVR1960

    5. Luego Jesús hace una referencia a los estados de animadversión contra Jesús, sus enseñanzas y contra quienes las promuevan (Mateo 24:9-14). Los cristianos no seremos bienvenidos, ni comprendidos; por nuestra confianza y esperanza, fuera de este mundo conflictivo y aflictivo.

    Finalmente, Jesús aterriza una primera idea, pero aún no es el fin. En Mateo 24:14 Jesús explica acerca del fin de la era de la Iglesia. La predicación del Evangelio a todas las naciones, que no son estados políticos, sino etnias, es el marcador preponderante del día de Cristo. La palabra griega usada por Jesús aquí es “télos”, que significa el fin de un acto o estado, o sea, de una parte de un todo. Y con ello Jesús deja claro en sus oyentes griegohablantes, que se trata del fin de una etapa (la etapa de la iglesia).

    Vamos a ir a 1 Tes. 4:16-17, para relacionar estos eventos o acontecimientos finales, Pablo habla del arrebatamiento, mismo pensamiento de Jesús en Mateo 24:14 aunque debemos agregar que este arrebatamiento popularizado como rapto, solo es mencionado por Pablo en este pasaje a los Tesalonicenses. Pero lo que quiero subrayar, es que esta es la génesis del fin del mundo, y el fin de los «principios de dolores»; que dará inicio, a lo que Juan llama en Apocalipsis, “la prueba que ha de venir sobre el mundo”. O sea, que después de este día de la redención, vendrán los dolores terribles de la ira de Dios.

    En su conclusión, Jesús no deja sin respuesta a los discípulos, y al cierre del capítulo 24, después de haberles contado acerca de los eventos previos, les habla acerca del fin del mundo(Mateo 24:29-51).

    Quisiera regresar al punto de las señales antes del arrebatamiento. En especial quiero enfatizar dos señales que nos acompañan como principios de dolores: el engaño y las pestes. 

    Debemos ser cuidadosos especialmente con el tema del engaño, porque éste vendrá contra los conversos y será un movimiento desde adentro de la iglesia. Note que Jesús dice que muchos vendrán en su nombre, así que, los muchos que vendrán en su nombre, no creerán para salvación, pero tampoco serán ateos, o enemigos de Cristo de manera abierta. Así que estos mentirosos o falsos cristos y cristianos, no podrán ser incrédulos, ateos o agnósticos.


    Luego, las pestes nos deben llamar la atención, sobre todo porque desde 2009 empezamos a vivir algunos brotes pandémicos, con la gripe porcina H1N1, que nos asustó un poco. Pero luego en el 2019 empezó la pandemia por SARS -CoV 2 o COVID que superó nuestros miedos y trajo una alteración mundial a todo nivel.

    Gracias a Dios, ha habido respuesta médico – científica, en la contención de tales brotes virulentos. No obstante, no es el fin de la tragedia, porque el énfasis de Jesús al hablar de estas pestes, apunta a graves enfermedades o plagas mortíferas. ¿Qué más veremos? No sabemos con detalle, pero es posible que estas pestes estarán relacionadas con medio ambiente, malas prácticas alimenticias e inmoralidad sexual. En todo caso, serán el resultado o efecto de la causa humana.

    La pregunta es, ¿qué haremos como cristianos viviendo la época de principio de dolores? No creo que la respuesta correcta sea el miedo, el ostracismo social y espiritual (aislamiento), la inacción misional o evangelística, ni el apoyo a la agenda del mundo. Ya la pandemia por COVID nos dejó importantes lecciones respecto a esto, viendo a miles de creyentes huir por miedo, escudados en las medidas sanitarias del sistema global de la ONU y los gobiernos locales, antes que escudarse en Dios. Y debo ser claro, que la prudencia de cuidarnos durante la pandemia, no es criticable; pero sí lo es la idea de preservación bajo la agenda del sistema político corrupto y ateo, ignorando la agenda de Dios para su
    Iglesia. Me es oportuno en este punto recordarnos el Salmos 91 y sus poderosas promesas:

    “Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro; Escudo y adarga es su verdad. No temerás el terror nocturno, Ni saeta que vuele de día, Ni pestilencia que ande en oscuridad, Ni mortandad que en medio del día destruya.” Salmos 91:4-6 RVR1960

    Estas promesas están vinculadas con habitar bajo su abrigo y su sombra. Pero, ¿Qué protección nos dará Dios en medio de estas crisis? Primeramente, nos guardará del temor, y esa promesa es más que valiosa, en vista del grado de ansiedad que generan estos temas en nosotros.

    Usted quizá pregunta: ¿y qué diferencia hay entonces entre los impíos y los creyentes lavados en la sangre de Cristo, por la fe? La diferencia más elocuente es la eternidad. Pero, podríamos ser más críticos y recordar que otra importante diferencia es la convicción que tenemos los creyentes, de que Dios está en control de todas las cosas. Y que Él nos preservará en medio de cualquier circunstancia.

    Hay un tema vinculado a esta esperanza y fe en las promesas de Dios, y es acerca de la muerte, que la Biblia la relaciona con un valle de sombra. Debemos hablar más acerca de la muerte y su naturaleza espiritual y antagónica a la fe y la esperanza. Pero será tema para otro estudio. Lo que sí quiero dejar por sentado, es que para los creyentes, la muerte no debe ser un elemento de desaliento, sino como lo dijo Pablo; “es ganancia”. Esta mentalidad nos daría una mejor sintonía con las promesas de eternidad y abundancia que Dios tiene para nosotros.


    Cuando venga la próxima pandemia, recuerde ese mensaje: «Dios está en Control de todo«, aún así, sea precavido-a, prudente, responsable y fiel a Dios, antes que al mundo. Por ejemplo, no deje de congregarse mientras los templos estén abiertos, y si los cierran, manténgase conectado de manera virtual, con el quehacer de la Iglesia.              

    Si viene otra peste destructora que en medio del día destruya, recuerde la promesa anteriormente leída en el Salmo 91:6. Por lo tanto, usted que tiene esta seguridad en la Palabra de Dios, atienda a los débiles en la fe, y a los que no tienen fe; en medio de la crisis.

  • Una visión del Cristo indeseado y rechazado

    “Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos.” Isaías 53:2 RVR1960

    El capítulo 53 de Isaías, es un capítulo de corte mesiánico. Tanto es así, que cuando el Eunuco va leyendo al profeta Isaías; el Espíritu Santo comisiona a Felipe para que llegue a su encuentro. Cuando ellos se encuentran, Felipe le pregunta a aquel importante funcionario de Candace, reina de los etíopes, si entendía lo que leía; a lo que el Eunuco responde –¿Cómo podré,  si alguno no me enseñare?– Felipe entonces, empezando desde esta lectura en Isaías capítulo 53, avanza explicándole el evangelio de Jesucristo. Podemos ver en esta obra evangelizadora, que Felipe hace una conexión entre “el siervo sufriente” de Isaías, y Cristo.

    Lo que quisiera resaltar, es el énfasis de este versículo acerca de la percepción que Israel y en extensión la humanidad, tendríamos de Él.

    1. “Una raíz en tierra seca, un renuevo”: está es la bondad y la voluntad de Dios, que viene a profundizar su raíz en una tierra inhóspita para la obra de Dios. Por eso, a Isaías en su llamamiento en el capítulo seis, se le advierte que llevará un mensaje que nadie escuchará. Los corazones de Israel y posteriormente de los gentiles, constituyen una tierra seca y desolada.
    2. No hay parecer en Él, ni hermosura”: ¿Qué atractivo tiene el sujeto y objeto de nuestra fe? Ese Mesías distante no me gusta, no habla lo que quiero oír, y no actúa en complicidad con mis motivaciones. Es así como describe el profeta la interrelación entre Cristo como siervo sufriente, y la humanidad que le causa tal sufrimiento.
    3. “…le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos”: La humanidad lo mira con otros ojos. Con los ojos que mejor le convenga. Pero no le verá atractivo en su mensaje de arrepentimiento, sus ideales de una vida nueva, ni en sus expectativas, sus anhelos y sus pensamientos. Esa es la fealdad del Mesías de Israel, la tierra árida que recibió su renuevo. El mundo gentil terminó siendo tierra seca también. El mensaje del profeta sigue siendo ignorado. ¿Qué deseamos realmente? Aquello que nos atrae, aquello que a nuestros ojos es atractivo física y espiritualmente. Mas le veremos a Él sin atractivo para que podamos desearlo. Cristo se convierte en el deseado de algunos, únicamente cuando Dios en su misericordia pone el querer como el hacer su voluntad en esos corazones.

    Isaías 53 es una apología de su muerte, de su sufrimiento y de nuestro rechazo. No solo dibuja la cruenta cruz anticipada por un viacrucis agónico, sino el propósito de aquella obra redentora.

    “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.” Isaías 53:5 RVR1960

    Al ver el comportamiento del mundo hoy, y al percibir algunas veces los anhelos de nuestro corazón, alejados de la voluntad de Dios; el mensaje de Isaías cobra sentido y es atinado y contemporáneo.

    Lo vemos, pero sin atractivo para nuestra humanidad caída. Bendito sea Dios, que nos ha provisto, Él mismo, de voluntad y sensibilidad para mirarlo y desearlo. Es el milagro más poderoso que jamás persona alguna experimentará. Ver a Jesús y desearlo.

    Después de leer este artículo, mi propósito es que usted reflexione acerca del privilegio, de la gracia de Dios derramada sobre nosotros que nos confiere por la fe, ver más allá de nuestras fuerzas.