En asuntos de fe, los creyentes nos volvimos reactivos, más que proactivos. La proactividad en asuntos de fe no es menos que conocer la verdad que mana del corazón de Dios, aceptarla, y por ende obedecerla.
Hoy, a los creyentes lectores de las Escrituras les llaman ignorantes, y a los obedientes a las Escrituras les llaman fanáticos. Pero lo cierto, es que como escribiera el escritor de la carta a los hebreos; refiriéndose a héroes de la fe: “a estos (creyentes) el mundo no los merecía”.
A estos, que anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas, el mundo no los merecía. Hebreos 11:38 NBV
El mundo de hoy con mucha más razón, no merece a creyentes que de manera heroica intenten desmarcarse del mundo (la sistematización conspiradora contra Dios).
En primer lugar, en esta dimensión de fe; el héroe no es más el que da la vida por otros de su especie para ser aplaudido y aclamado, sino aquel que da su vida a Jesús El Cristo y por su causa. La acción del héroe de la fe es vulnerable, en tanto que da su vida para salvarla y no para salvar la de otros, como suele definirse el héroe humano. El acto heroico del héroe de la fe consiste en la “causa” por la que menosprecia su propia vida y reconocimientos aquí y ahora.
“porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí, la salvará”. Lucas 9:24 NBV.
Con ser reactivos, me refiero a la pasividad en la que como Iglesia hemos caído, que apenas a veces reaccionamos del letargo ante lo que es evidentemente anticristiano. Mientras el mundo marca la pauta de su destino con aplomo, los creyentes miramos cuando menos de manera atónita; si no es que alguno que otro resulta aplaudiendo la mentira que se vive.
Los tiempos son difíciles, y la hora escatológica – esos eventos del fin – nos tocó a nosotros vivirlos, pero honestamente no lo esperábamos. Es como la tendencia normalizada del ser humano, expresada en la frase: “no, eso no me pasará a mí”. Pues está pasando, y nos está superando. Amada Iglesia, volvamos a la Biblia, pero no para morbosidad de saber lo que ha de acontecer, en forma y tiempo; sino para volver a las obras primeras como le revela Jesús a Juan en Apocalipsis:
A Éfeso, una iglesia parecida a nuestra actitud muchas veces de memoria corta: “Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido”. Apoc. 2:5 Reina Valera.
A Sardis, una iglesia que languidece al borde de la apostasía, como vínculo escatológico inequívoco: “Estoy al tanto de la obra que realizas. Tienes fama de estar vivo, pero sé que estás muerto. 2 ¡Despiértate! Cuida lo poco que te queda, porque aún eso está al borde de la muerte. Me he dado cuenta de que tus actos no son perfectos delante de mi Dios. 3 vuélvete a lo que oíste y creíste al principio; guárdalo firmemente y arrepiéntete. Si no lo haces, iré a ti como ladrón, cuando menos lo esperes”. Apoc. 3:1-3 NBV.
El llamado del Pastor de pastores, Jesucristo mismo a través de Juan, es a volver a las primeras obras. Sin duda, este llamado acusa una actitud indiferente y frívola de la iglesia hoy. Pero no señalemos, mirémonos a nosotros mismos y despertemos.
Hace unas semanas atrás, les compartí un estudio acerca del significado de la expresión “como ladrón en la noche”. Hoy es interesante encontrar una vez más esta frase referida a la iglesia de Sardis; donde Jesús advierte a los hermanos de aquella ciudad, “iré a ti como ladrón, cuando menos lo esperes”. Por eso he llamado a esta iglesia, la que languidece (enflaquece y muere) y está al borde de la apostasía, porque en el contexto del tiempo final, la apostasía será el distintivo escatológico tocante a la situación de la Iglesia. Pablo decía a los Tesalonicenses, que el encuentro de Jesús con su Iglesia no sería sin que antes viniera la “Apostasía” (2 Tesalonicenses 2:1-3).
La expresión “como ladrón, y como ladrón en la noche” hace referencia a la segunda venida de Cristo; aludiendo a que sorprenderá al mundo en “su fiesta”, y será su venida de juicio y castigo, y los santos del Señor no vivirán desapercibidos. De hecho, no está vinculado este magno evento escatológico, con la Iglesia. Porque la Iglesia no espera a Jesús como ladrón, sino como Rey y Señor; que será durante el arrebatamiento de la Iglesia, contado como previo a su segunda venida; según Pablo lo explica a los Tesalonicenses (en 1 Tesalonicenses 4:13-18).
Podríamos concluir entonces, que los héroes contemporáneos de la fe no necesariamente se parecen a los de antaño narrados por el escritor de la carta a los hebreos. Estos héroes de hebreos capítulo once, siendo reales, no deben deslumbrar nuestra expectativa de fe, porque su contexto histórico y misión, distan del contexto y misión que corresponde hoy. Los creyentes de hoy, requerimos ser héroes vulnerables – reconociendo cuán débiles podemos ser y cuán fuertes podriamos ser por la fe – al punto de sobreponemos a las tentaciones y aflicciones del tiempo presente, y catapultándonos a la eternidad con Dios.


