“Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor” Apocalipsis 2:4 (Reina Valera).
La revelación de Jesús a esta iglesia comunicada por medio de Juan empieza en los textos anteriores con un reconocimiento divino del carácter de aquella comunidad de fe, que destacaba por el amor de sus obras y el amor fraterno, mismo que también Pablo deja ver:
Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos. Efesios 1:15 (Reina Valera).
La epístola de Pablo a los efesios deja evidencia de este particular amor traducido en obras. Y eso es diferente a obras carentes de amor, porque están llenas de obligación y ritualismo. Recordamos, por ejemplo, la despedida de Pablo de la ciudad de Éfeso luego de un periodo extenso como de tres años viviendo y trabajando entre ellos. Los líderes llegaron hasta la playa y con intensa tristeza lloraron junto con Pablo por su partida, y le siguieron apoyando en su ministerio con gratitud; por cierto, la gratitud es una respuesta de amor. Pero, además la epístola de Efesios exhorta a los hermanos a vivir la unidad en el Espíritu, manteniendo el vínculo de la paz. Así que no estamos lejos al deducir, que esta iglesia había sido fundamentada en “obras de amor”.
Regresando a la carta Juanina a esta misma iglesia; décadas después de las exhortaciones de Pablo, encontramos una exhortación directa del Señor de la iglesia, a través del apóstol Juan. En esta breve carta, hay una lista de cualidades que cualquiera de nosotros la valoraríamos de nota alta. La lista dice: “Yo conozco tus obras, tu arduo trabajo, tu paciencia, tu intolerancia contra los que hacen maldad (esta maldad en su contexto es idolatría y laxitud moral o flojera y liviandad moral), y tu sufrimiento”. Es una excelente validación de cualidades. No obstante, hay una querella contra la iglesia: “Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor”. Hay que considerar que Éfeso fue en algún momento una iglesia “activista” carente del amor con el que empezaron, es muy lógico al considerar los argumentos históricos brevemente repasados en los textos que antes vimos y las referencias a los escritos de Pablo respecto a ellos.
Pero hay otro argumento, y es de tipo gramatical, referente al verbo en el versículo cuatro, en el que se pone el enfoque en la acción misma de “haber dejado” el primer amor, y no haciendo énfasis en el tiempo mismo de la acción. Aquí, es importante mencionar que el verbo (ἀφῆκες.) “dejar ir”, o “despedir”, refiere a una acción fortuita y no a un hábito; o sea, es un descuido y no una renuncia o apostasía de la fe; porque ellos seguían confiando en Dios y teniendo pasión, sin embargo, la pasión y la fuerza de voluntad no son sinónimo del ingrediente indispensable para la aceptación de nuestras obras y ofrendas, que es el amor. Entonces fue un descuido que les traería no solo censura, sino consecuencias como la persecución y desolación. Y es que la advertencia del capítulo cinco de este capítulo dos de Apocalipsis dice:
Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido. Apocalipsis 2:5 (Reina Valera 60).
La expresión “quitaré tu candelero de su lugar”, es una tipología que podría tener varias acepciones, algunas veces vamos a escuchar que se trata del fuego del Espíritu Santo entre ellos, otras veces, escucharemos que se trata de la presencia misma de Dios avivando el trabajo de ellos, pero la que quiero enfocar y resaltar; porque está muy cercana al contexto histórico, es a la persecución que podría desaparecerlos de aquella posición privilegiada en la que vivieron por muchos años. Sabemos que eso fue lo que ocurrió con todas las iglesias de Asia, otrora muy fuertes e influyentes pero que hoy solo hay ruinas como vestigios de su existencia.
Existe la teoría que las persecuciones a la Iglesia se han dado por dos razones generales: 1. Por un testimonio poderoso que incomoda la pecaminosidad de la comunidad no creyente, y 2. Por una iglesia adormecida y estéril, que se acomoda al sistema. El libro de hechos revela que la iglesia primitiva vivió esta realidad en los dos sentidos. Los primeros capítulos de Hechos que señalan como fueron perseguidos los primeros creyentes al ir contra corriente del imperio romano, pero luego, hechos capítulo ocho en adelante, narra una pequeña escaramuza que obligó a muchos creyentes amoldados al sistema, a que se movieran a los lugares lejos de Jerusalén y hasta lo último de la tierra.
Respecto a nosotros, en la historia contemporánea, parece que las cosas no cambian mucho. El movimiento misionero después de la reforma en el siglo XVI se fue fortaleciendo por un fervor por la oración, la santidad y la evangelización; no obstante, el fuego empezó a decaer y las naciones que vivieron ese avivamiento como Alemania, Inglaterra, Holanda y los Estados Unidos, hoy son cenizas espirituales con poca fuerza y pasión, pero con un porcentaje de creyentes muy alto. Es posible entonces que la fórmula nuevamente es: “Activismo o muchas obras, con poco amor fraternal y al prójimo”.
En nuestro caso, Costa Rica vive una época de frialdad pasmosa, los años 60 fueron años de luchas para los primeros creyentes, los 80 y 90, años de pasión y expansión de la Iglesia, y en la actualidad somos un témpano de hielo espiritual. El gran problema es perder el primer amor, y hacer actividades sin este amor apasionado por Dios, que debe ser estimulado entre los hermanos.
Estimado lector y lectora, creo que el mensaje de Cristo a Éfeso es sumamente relevante hoy, ya que vemos los indicios de las mismas cosas sucediendo. Estamos anunciados, advertidos y llamados al arrepentimiento y de alguna manera de convertirnos del activismo a Cristo.


