Isaías el profeta de Israel a principios del S. VIII a.C, es quien introduce este título de Emanuel. Es por esta razón que se le ha llegado a llamar a Isaías capítulos 7 al 12 el “Libro del Emanuel”. Prácticamente dice José L. Caravias: “Isaías le anuncia un camino de salida a Israel: aceptar la presencia de Dios dentro de su pueblo. Por eso le cambia el nombre a Judá; lo llama Emmanuel: Dios con nosotros” (https://mercaba.org/FICHAS/AT/el_libro_de_emmanuel_is_7_12.htm).
La situación de Israel, la parte sur (Judá) estaba en una disyuntiva, por un lado, si se aliaba a Damasco y Samaria; sería destruida por el temido Imperio Asirio. Luego, si se aliaba al imperio Asirio, sería atacado por la alianza de Siria y Samaria. Así era el contexto político del reino del sur. Es bajo esa sombra de destrucción, que Isaías entra en escena para llevar la visión de Dios en contraposición de la catastrófica visión humana. Antes del capítulo siete, podemos hacer un bosquejo introductorio del propósito del libro en general:
- Isaías capítulo 1 es una visión que desnuda la pecaminosidad y culpa de Judá (Humanidad): “Dios le dijo a Isaías: «Tengo un pleito contra los israelitas, y el cielo y la tierra son mis testigos.» El buey y el burro conocen a su dueño y saben quién les da de comer; pero a Israel, el pueblo que formé, le falta inteligencia, ¡se ha rebelado contra mí! Isaías 1: 2-3 (TLA).
- Isaías capítulo 2 no obstante, muestra el propósito inquebrantable de Dios de atraer hacia sí un remanente sobre el cual su gloria será universal y eterna: “Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones”. Isaías 2:2 (Reina Valera 60).
- Isaías capítulo 3 resalta la necesidad impostergable de que Dios haga conforme a su justicia; con aquellas naciones que le conocieron y aun así le despreciaron, incrementando la injusticia en sus ciudades: “Dios está por juzgar a su pueblo”. Isaías 3: 13 (TLA). Los juicios fueron concretados tras la caída de Samaria (reino del norte) en el 721 a.C. y la conquista del sur en el 586 a.C. por el imperio babilónico.
- Isaías capítulo 4 empieza a mostrar su esencia escatológica, y nos introduce a las primeras visiones de un futuro glorioso: “En aquel tiempo el renuevo de Jehová será para hermosura y gloria, y el fruto de la tierra para grandeza y honra, a los sobrevivientes de Israel”. Isaías 4:2 (Reina Valera 60). Si bien es una profecía que muestra el futuro mediano de los expatriados y los sobrevivientes de las invasiones babilónicas; hay además un sesgo profético universal.
- Isaías capítulo 5 es una parábola o metáfora que resume los capítulos hasta aquí visto, para pasar al capítulo seis.
- Isaías capítulo 6 es la conexión de gracia de lo divino con lo humano, de lo sagrado con lo profano. Isaías se ve a sí mismo en perspectiva de lo que realmente era toda la nación de Judá. Pero en medio de su imposibilidad y desfallecimiento, Dios lo limpia y lo llama; e Isaías transformado y agradecido responde “heme aquí envíame a mí”.
- Isaías capítulo 7 es el inicio del libro del Emanuel, en el que encontramos la respuesta a la pregunta de nuestro estudio: ¿Por qué Emanuel? Tenemos por cierto que, en los Evangelios al Mesías, se le llama: Yejoshúa (Yeshúa) que significa “Dios Salva”. Bueno, “Emanuel” es un título que describe el carácter divino del Mesías, pues es Dios mismo habitando entre nosotros:
Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel. Isaías 7:14 (Reina Valera 60).
Quiero cerrar este recorrido, enfocando el sentido profundo del título descriptivo y funcional que se le da a nuestro Señor en Isaías. Y es que hay dos intenciones o significados, uno implícito en el principal. Primeramente, (el principal) es el contexto histórico que vimos al principio; Judá fue advertida y llamada a reconocer a Dios, para su seguridad. Segundo (el correlato implícito), Isaías ve un único salvoconducto universal y no solo para los pequeños asentamientos de judíos en Judá. Claro está, es posible que Isaías no comprendiera el alcance de sus palabras que ni siquiera eran de su producción, sino de Dios mismo. Pero aquella doncella o joven embarazada (no es una buena traducción “la virgen”), es para Israel una metáfora de la misma Judá (Judá es la joven), y el renuevo es un gobernante Davídico (promesa del Reino eterno de David, en Cristo). Es por esta razón que los estudiosos judíos conectan este libro del Emanuel (Isaías 7 al 12), con el Mesías.
Isaías ve la realidad desde Dios y propone una salida. En primer lugar, de parte de Yavé, intenta tranquilizar al rey de Jerusalén: «Quédate tranquilo. No tengas miedo al ver ese par de tizones humeantes» (7,4). Se refiere a los reyes de Samaría y Damasco. En segundo lugar, Isaías le anuncia un camino de salida: aceptar la presencia de Dios dentro de su pueblo. Por eso le cambia el nombre a Judá; lo llama Emmanuel: «Dios con nosotros». (Caravias, José L. https://mercaba.org/FICHAS/AT/el_libro_de_emmanuel_is_7_12.htm).
La propuesta de reconocer en Jesús el Cristo, al Emanuel; es aceptar la presencia de Dios en nuestras vidas, y cambiar nuestras “alianzas” humanas para la fortaleza y la victoria de nuestras almas, por Emanuel. Por eso en estas fechas sensibles de la navidad, los creyentes entendemos que Emanuel es Dios mismo en nuestro corazón, y de comprender y vivir esta verdad depende nuestra salvación (Yeshúa: Dios Salva).


