• Anclados para crecer

    El simbolismo de un ancla es práctico y funcional para la vida emocional. Así como el ancla sostiene un navío en medio de aguas profundas, y lo mantiene quieto en aguas calmas o aguas tormentosas; en nuestra vida a veces necesitamos anclarnos.

    Hemos dicho que anclar en el pasado nos puede detener y evitar que crezcamos. Pero anclar es necesario en muchas etapas de la vida.

    ¿Qué tal si anclamos en experiencias pasadas para entender, cómo logramos salir airosos?

    Es diferente a anclarnos en esas experiencias para llorar y auto flagelarse. Y eso es lo que encontramos en la historia en la que Dios por medio de Isaías, hace al pueblo de Israel reflexionar. Y espero que lo haga con nosotros.

    En la siguiente historia Dios les pide olvidar, pero es una expresión retórica en la que olvidar es recordar con propósito sanador. Y es que la fe tiene ese elemento sanador que vincula el presente tormentoso con esas victorias poderosas.

    Por ejemplo, de Abraham dice hebreos; pensó: “fiel es el que prometió”. El patriarca dice esto de Dios, en el momento más oscuro de su vida y quizá de su fe. No obstante, su fe brilló en su momento más oscuro. ¿Cómo lo hizo? Mirando su pasado en Dios. Él se ancló en esos momentos del ayer, para superar su presente, y visualizar su futuro; y llegó a ser el padre de la fe.

    Por otro lado recordamos a Coré, quien en su rebelión siempre estuvo anclado a su pasado en Egipto, recordando los ajos y las cebollas. Ese es un buen ejemplo de cómo, no debemos anclarnos en el pasado.

    “El que destruyó un poderoso ejército, con carros y todo, caballos y guerreros. Quedaron tendidos y no volvieron a levantarse. Se extinguieron, se apagaron como cuando se apaga una mecha: «No recuerden lo que pasó antes ni piensen en el pasado. Fíjense, voy a hacer algo nuevo. Eso es lo que está pasando ahora, ¿no se dan cuenta? Haré un camino en el desierto y ríos en tierra desolada. Los animales salvajes me respetarán, los chacales y las lechuzas. Porque yo daré agua en el desierto y haré ríos en tierra desolada para que beba mi pueblo elegido. Ese pueblo que yo mismo formé contará mis alabanzas.” Isaías 43:17-21 PDT

    He aquí tenemos una historia hilvanada y retórica. Dios conecta el pasado y el presente para dibujar un futuro.

    No hay futuro sin pasado, no hay presente sin pasado y futuro.

    Israel está en Babilonia llegando al final de un periodo de esclavitud disciplinario impuesto por Dios mismo. Dios les anima por medio del profeta a ver: “Eso es lo que está pasando ahora, ¿no se dan cuenta?”.

    ¡Que difícil es ver lo que está sucediendo en el presente! Suele pasar que en medio del fragor del momento; no nos percatamos de lo bueno que Dios está haciendo en nuestro favor.

    Isaías les recuerda la gesta de Dios en la antigüedad, cuando sacó a Israel de la esclavitud de Egipto. Ahora, con ese contexto histórico y heroico; Isaías les recuerda que si ya lo hizo una vez ¿Por qué no lo hará de nuevo?

    Y les anima a no pensar en lo que poderosamente los liberó de manos egipcias, sino que ahora mismo todo cuanto viven por negativo que parezca, es lo nuevo que Él está haciendo para liberarlos de Babilonia.

    El asunto es, que ellos no se dan cuenta. Por eso la retórica es: ¿no se dan cuenta? Y si Israel no se llega a percatar, el problema es que seguirán en la esclavitud más obstinada que les ataba antes de ser enviados a Babilonia. La esclavitud y ceguera espiritual y moral.

    ¿Cuál es el llamado? Reconocer primeramente, ¿por qué están ahí esclavos? y luego; ¿para qué serán liberados?

    1. Están ahí prisioneros por ser ciegos espirituales:

    “Traeré a todo el que es llamado por mi nombre, al que he creado para gloria mía, a quien hice y formé. »Que venga el pueblo ciego, aunque tiene ojos; los que son sordos, aunque tienen oídos.” Isaías 43:7-8 PDT

    2. Serán liberados porque son propiedad de Dios, y testigos de Él:

    “Los animales salvajes me respetarán, los chacales y las lechuzas. Porque yo daré agua en el desierto y haré ríos en tierra desolada para que beba mi pueblo elegido. Ese pueblo que yo mismo formé contará mis alabanzas.” Isaías 43:20-21 PDT

    Mientras lees este artículo, trata de ver los entretejidos de la historia.

    Hay un pueblo cautivo por su propia naturaleza y pecado, y son liberados a pesar de ello, por un Dios misericordioso e inmutable que los eligió y es fiel.

    ¿Cómo aplicarías esta verdad histórico-teológica a tu vida?

    Creo que Dios no está pidiendo que olvidemos el pasado por amnesia, lo que nos pide es que no estemos viviendo las glorias del pasado; para que podamos mirar las victorias del presente.

    El texto nos sugiere que recordemos para mirar la victoria en nuestro presente y así soñemos el futuro de su beneplácito para cada uno de nosotros.

    Hoy la Biblia, la historia y en ellas Dios mismo, nos llama a creer lo nuevo que Dios está haciendo. Nos invita a ver “en el presente”, y si Dios hizo proezas ayer, hoy Él lo hará nuevamente en ti, y en mí, en nuestras circunstancias.

     

  • Sí, o no, lo que sigue está demás

    ¿Por qué nos cuesta dar una respuesta firme y determinante cuando se trata de hacer lo mejor? Un simple sí, o un simple no.

    Bueno, no es tan simple porque decir que sí, condiciona nuestro compromiso, y decir que no; podría cerrarnos puertas que quizá no queremos cerrar.

    Hay una historia que nos ejemplariza esta ambigüedad del ser humano ante la frivolidad de aquellas decisiones que aparentemente podrían afectar intereses personales. En una ocasión los sacerdotes, escribas y ancianos; vinieron a Jesús para cuestionar sus obras. Y Jesús con sagacidad les responde con un juego retórico. Si ustedes me responden una pregunta que les tengo, yo responderé la vuestra. El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres?

    Aquellos enemigos de Jesús pensaron y debatieron la respuesta que debían dar; pues no se querían comprometer con un , afirmando a Juan como profeta para no aceptar su mensaje, ni cerrar la puerta del respeto del pueblo con un no. Esta historia está en Lucas 20:1-8 y sus conexiones con Mateo y Marcos.

    Lo triste, es cuando no podemos decir que no y cerrar puertas, a situaciones y prácticas pecaminosas.

    Así es como normalmente divagamos muchas veces a conveniencia. No digo que no meditemos nuestras respuestas; pero evitemos la ambigüedad y ambivalencia para que podamos ser creíbles y gocemos del favor de los demás y de Dios.

    Jesús, quien conocía aquellos corazones, no les tiende una trampa; lo que hace es confrontarlos con la malicia de sus corazones. Y esa es la meta de esta reflexión, que seamos confrontados y evitemos la malicia en nuestras respuestas.

    A veces no decimos que no, por evitar quedar mal con alguien. No queremos cerrar puertas de simpatía que quizá no son necesarias. Peor aún, no queremos dar un no a una persona que no aporta valores. Y eso es malicioso, y es pretencioso porque es egolatría en esencia.

    A veces no decimos que , porque nos condiciona a ir, o dar, o trabajar, o acuerpar, etc.

    El consejo bíblico Cristocéntrico es:

    “Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.”Mateo 5:37 RVR1960

    Este texto tiene como marco discursivo, el sermón del monte. No me canso de repetir que este sermón es sobre la ética cristiana. El más elevado mensaje moral y filosófico de Jesús, una filosofía práctica y posible. Aquí, Jesús está llamando a sus oyentes al compromiso y a no transar con lo material por encima de lo moral y santo. Algunos judios líderes religiosos admitían juramentos por el templo que era la casa de Dios. Pero prohibían jurar sobre el oro que lo adornaba. Permitían jurar por el altar, pero no por las ofrendas santificadas que se depositaban en el mismo.

    Jesús interpreta en esta permisividad, una pasividad respecto a los valores de su época; al dar más valor a lo material que a lo espiritual.

    De esta manera, en una aplicación a nuestra época, debemos mantener la convicción de que Dios espera que nuestra vida siga derecha por los valores morales y la santidad, antes que el materialismo que nos hará negociar con lo que no nos pertenece, y nos volvamos ambivalentes. Indudablemente esto afectará nuestra conducta y compromiso cristiano. Así como nuestra respuesta al llamado de Dios a servirlo.

    Si o no, no estamos obligados a más, ni a menos. Más allá de una respuesta honesta, están los engaños del discurso humano; que según Cristo, de ello participa el maligno para generar confusión e infidelidad a los compromisos con El Señor.

  • El contexto de la provisión divina

    La bondad de Dios que cuida y alimenta a toda su creación, no se debe confundir con la gracia redentora, salvífica y proveedora de Dios sobre los escogidos, según su beneplácito o voluntad preceptiva.

    “Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto.” Génesis 22:14 RVR1960

    No importa si no entendemos de idiomas bíblicos. La soberanía, la justicia y la voluntad decretiva de Dios no se ven afectadas. Sus propósitos se cumplirán. Así que, bien hacemos cuando nos internamos en el texto bíblico tratando de entender un poco más allá de la lectura. Hoy debemos ver más allá este texto.

    Abraham, el padre de la fe introduce este concepto de provisión que después de siglos muchos seguimos tratando de comprender y aplicar. Mientras que otros creyentes recitan sin contexto y sin entendimiento.

    El hebreo antiguo ha usado “jireh”(contracción de Yahweh + raá) para designar una característica más de Dios, en la propia experiencia de Abraham. Pero el verbo raá o ra’ah, por sí solo significa: visión, ver, examinar. Dando un sentido de: “El Dios que ve por…”.

    Entonces, la provisión de Dios tiene que ver con una previsión divina. Además, no deja de ser interesante que en castellano la palabra que usamos es pro-visión (provisión) al referirnos a la obtención de lo necesario para nuestras necesidades. Ya estamos entendiendo que significa un aprovisionamiento visto antes de la necesidad, y que tiene que ver con una visión previa.

    Avancemos un poco más al análisis teológico, y es que quien provee aquí es Dios. Él es el sujeto sobre quien recae la acción y es en sus términos que se dará tal provisión. Dios provee basado en su conocimiento de todas las cosas (omnisciencia) y de acuerdo con su propósito eterno (soberanía). Por lo tanto, “dará lo necesario” en ese sentido de su naturaleza. Dios nos dará lo necesario y aquello que hará que su propósito se cumpla en nuestras vidas.

    Luego, en cuanto a la parte humana, debemos mirar la actitud de Abraham. En medio de una crisis emocional de las más dramáticas descritas en la Biblia; Abraham en vez de terminar en el manicomio, o en terapia familiar por lo actuado contra su propio hijo, con gratitud alaba a Dios y le otorga un nombre con significado. Era el significado de su propio encuentro con la providencia divina. Abraham dice a Isaac, “hijo Dios se proveerá del cordero” (Génesis 22:8). Abraham entendió por la fe que su respuesta vino de Dios mismo, quien se proveyó a sí mismo de un cordero en sustitución de su propia carne Isaac. Abraham, de seguro supo quién era Dios; y que no le quitaría nada que no fuera suyo, o que no superase lo que le pedía (Fiel es quien prometió dice hebreos respecto a Abraham) ¿Habremos llegado los creyentes a tal madurez de fe? De hecho si leemos hebreos capítulo once, hay un apartado solo para Abraham; donde se señala la fe del patriarca respecto a los bienes materiales, entendiendo que no buscaba tierras en Canaán (aunque tuvo abundancia), sino que vivió como peregrino hasta llegar a la patria celestial, cuya herencia venía de Dios. Esa es la actitud del creyente maduro en la fe.

    Hace algunos años se enfatizó la enseñanza de la prosperidad temporal como una meta del creyente, pero en la experiencia y significado de Abraham, la provisión en Jireh, hace referencia a una vida despegada de lo temporal para recibir lo eterno. Luego ya el nuevo testamento abunda en cuanto a cómo debemos conducirnos los creyentes respecto a los bienes temporales.

    Aquel monte, Abraham lo llamó “Jehová Jireh” que significa: “Dios se aprovisionará” o “Dios proveerá”. Algunos han metaforizado el monte diciendo que es el monte de la oración, pero es una conclusión apresurada en la que no encuentro fidelidad. Por lo tanto vamos a tratar de analizar dos aspectos de contexto para esta expresión, y darle un mejor y más cercano significado:

    1. Primero, si queremos darle significado de contexto al monte Moriah, debería significar la soberana voluntad decretiva de Dios; ya que el texto añade que, “se dice hoy: en El Monte de Jehová será provisto”. Ese monte representa el lugar donde Dios provee lo esencial, y no lo accesorio a la vida humana. Dios decreta la muerte de su propio hijo, Jesucristo. Todos los creyentes estamos de acuerdo que aquella escena representó de manera anticipada el desprendimiento del Padre, de su único hijo en sacrificio para satisfacer la justicia de Dios.

    2. Luego, debemos entender que la oración no es un monte de provisiones, es un acto de obediencia, de confianza e intimidad con Dios nuestro padre. Pero lo que Dios ha decretado hacer, no será cambiado por súplicas emocionales humanas. En este aspecto, habrá objeciones, pero en algún momento podremos ampliar el tema respecto a la oración y su propósito. Entendiendo que la Biblia nos enseña a orar para pedir el favor de Dios. Pero nunca para pedir que Dios cambie, pues lo que debe cambiar es nuestra vida y entorno.

    Por ahora, nos corresponde ahondar en el concepto de la provisión de Dios como una expresión de su bondad, pero que en los creyentes va más allá hasta la longanimidad (paciencia y perseverancia en las peores circunstancias = ánimo largo) y generosidad.

    Jehová Jireh, no debe ser usado como frase mágica. Los herederos de la promesa (los creyentes según la Biblia y la teología paulina) tenemos ya provisto todo lo esencial en Cristo. La vida eterna y las riquezas de esa vida. Y eso es Jehová Jireh. Quien no haya experimentado la gracia salvadora, no tiene en Dios un proveedor, aunque la bondad de Él le cubra. La bondad de Dios que cuida y alimenta a toda su creación, no se debe confundir con la gracia redentora, salvífica y proveedora de Dios sobre los escogidos, según su beneplácito o voluntad preceptiva.

  • El Tiempo

    Su discurso nos llama a pensar, nos invita a reflexionar, nos exhorta a la introspección, a conocernos y valorarnos; buscando un propósito de vida.

    Hay dos movimientos terrestres que marcan nuestra supervivencia. Uno es la rotación de la tierra que sucede sobre su propio eje, a 1.670 km/hora en velocidad lineal. El otro movimiento es la traslación de la tierra en su órbita solar, a una velocidad promedio de 107.227 km/h, o 29.8 km/s. Ambas rotaciones se dan simultáneamente y de estos movimientos constantes con pequeñas variaciones, dependen las leyes de la física, la dinámica y la fuerza; que regulan los ecosistemas, las estaciones, la luz y la oscuridad; en fin, la estabilidad de nuestro sistema heliocéntrico.

    Los creyentes tenemos doble oportunidad de admiración, y a eso llamaremos “bienaventuranza”. Somos dichosos de poder sorprendernos doblemente. Primero por entender y aceptar la mano poderosa de Dios en esta maravilla de la creación, y segundo; maravillarnos con los hallazgos de la ciencia que nos explica con detalles alucinantes; cómo es que dependemos de tan frágil rotación y traslación astronómica, que ha perdurado varios millones de años sin desgaste de partes y sin necesidad de hacer una parada para reparar alguna pieza de este engranaje divino.

    Este engranaje, es precisamente el que le ha permitido al hombre marcar los tiempos de acuerdo con las estaciones y la repetición, constancia y perseverancia del sistema solar. Es por estas características de fidelidad, que tenemos calendarios y podemos celebrar segundos, minutos, horas, días, semanas, meses y años. Y al llegar a un cierre cíclico de 365 días más de traslación de nuestro planeta alrededor de la estrella estelar (el Sol), damos a Dios gracias y reflexionamos con alegrías y nostalgias; todo cuanto Él nos ha dado y nos ha quitado para nuestro bien. Leamos la sapiencia de Dios respecto al tiempo:

    “Sale el sol y se pone, y en rápido giro vuelve a surgir”. Eclesiastés 1:5 (NBV).

    Eclesiastés, llamado del heb. “Cohelet” o “El Predicador”, nos introduce a la filosofía oriental antigua. Los pensamientos suelen ser a veces algo pesimistas, cerrando en la pequeñez del hombre, a quien solo le conviene “temer a Dios y obedecer sus preceptos, porque es el todo del hombre” (Ec. 12:13).

    No obstante, el sabio escritor mira con los ojos de la fe y la sabiduría, el concepto de rotación; aunque no lo tenga claro, poéticamente intuye que el sol va y viene de manera incesante y nos provee luz y calor a la tierra. Pero, sobre todo, nos indica el predicador, que hay prisa en este ir y venir, además; deja ver entre líneas que es algo monótono este ir y venir.

    Luego, “en rápido giro” (rotaciones y traslaciones) el sol se mueve (ahora sabemos que quien se mueve es la tierra). Y este movimiento permite según el predicador, que las personas sepan o tengan una idea de lo que vendrá después, o sea, da cierta estabilidad emocional a la humanidad (esto es lo que las leyes de la física hacen).

    ¿Hay algo de que se puede decir: ¿He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido. Eclesiastés 1:10 (RVR 1960).

    Luego, para el predicador hay algo que es constante (la tierra-el sistema solar), pero observa que las personas son cambiantes: “Generación va, y generación viene; mas la tierra siempre permanece” Ec. 1:4.

    Y en su discurso entonces nos llama a pensar, nos invita a reflexionar, nos exhorta a la introspección, a conocernos y valorarnos en este corto tiempo en el que pasamos por la tierra; nos invita a buscar un propósito de vida.

    “¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?” Eclesiastés 1:3 (RVR 1960).

    El provecho que obtengamos del trabajo que hacemos mientras vivamos en la tierra, es proporcional (igual o ajustado) al propósito de vida, a la vez; este propósito de vida es proporcional a nuestra personalidad y realización.

    Y esto es muy importante al leer Eclesiastés, ya que el sentido del libro puede ser tenebroso si no aplicamos lógica y deducción. La pregunta del predicador no es existencial en su fin, aunque sí en su estructura. Su fin es llevarnos a conclusiones individuales marcadas por el asombro, antes que por la monotonía de la rutinaria rotación y traslación de la tierra alrededor del sol, porque de tales repeticiones dependen la vida y subsistencia del ser humano y los demás reinos y ecosistemas. La fidelidad del sistema solar es la fidelidad de Dios.

    En rápido giro alrededor del sol, la tierra nos provee vida y condiciones adecuadas (Dios por medio de esta sinergia). Por lo tanto, a ese nivel de sabiduría e ingeniería divina nada puede ni debe ser nuevo. Entonces, hay un llamado implícito a no caer en el afán, porque nada podremos cambiar del sistema en esencia; aunque en el intento el ser humano ha causado daños ecológicos grandes, la fidelidad de Dios (más que su amor), ha mantenido el sistema en condiciones adecuadas para nuestra subsistencia.

    A Dios sea siempre nuestra admiración y gratitud, y espero que conmigo usted pueda asombrarse doblemente por esta maravilla de universo que Dios ha creado perfecto para todas las especies.

    Al llegar al final de 365 días de FIDELIDAD divina, pregúntese: ¿Qué provecho obtengo de todo lo que hago? Y defina un propósito para lo que hará este 2023.

    “Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.” 1 Timoteo 1:17 (RVR 1960).