• El Tiempo

    Su discurso nos llama a pensar, nos invita a reflexionar, nos exhorta a la introspección, a conocernos y valorarnos; buscando un propósito de vida.

    Hay dos movimientos terrestres que marcan nuestra supervivencia. Uno es la rotación de la tierra que sucede sobre su propio eje, a 1.670 km/hora en velocidad lineal. El otro movimiento es la traslación de la tierra en su órbita solar, a una velocidad promedio de 107.227 km/h, o 29.8 km/s. Ambas rotaciones se dan simultáneamente y de estos movimientos constantes con pequeñas variaciones, dependen las leyes de la física, la dinámica y la fuerza; que regulan los ecosistemas, las estaciones, la luz y la oscuridad; en fin, la estabilidad de nuestro sistema heliocéntrico.

    Los creyentes tenemos doble oportunidad de admiración, y a eso llamaremos “bienaventuranza”. Somos dichosos de poder sorprendernos doblemente. Primero por entender y aceptar la mano poderosa de Dios en esta maravilla de la creación, y segundo; maravillarnos con los hallazgos de la ciencia que nos explica con detalles alucinantes; cómo es que dependemos de tan frágil rotación y traslación astronómica, que ha perdurado varios millones de años sin desgaste de partes y sin necesidad de hacer una parada para reparar alguna pieza de este engranaje divino.

    Este engranaje, es precisamente el que le ha permitido al hombre marcar los tiempos de acuerdo con las estaciones y la repetición, constancia y perseverancia del sistema solar. Es por estas características de fidelidad, que tenemos calendarios y podemos celebrar segundos, minutos, horas, días, semanas, meses y años. Y al llegar a un cierre cíclico de 365 días más de traslación de nuestro planeta alrededor de la estrella estelar (el Sol), damos a Dios gracias y reflexionamos con alegrías y nostalgias; todo cuanto Él nos ha dado y nos ha quitado para nuestro bien. Leamos la sapiencia de Dios respecto al tiempo:

    “Sale el sol y se pone, y en rápido giro vuelve a surgir”. Eclesiastés 1:5 (NBV).

    Eclesiastés, llamado del heb. “Cohelet” o “El Predicador”, nos introduce a la filosofía oriental antigua. Los pensamientos suelen ser a veces algo pesimistas, cerrando en la pequeñez del hombre, a quien solo le conviene “temer a Dios y obedecer sus preceptos, porque es el todo del hombre” (Ec. 12:13).

    No obstante, el sabio escritor mira con los ojos de la fe y la sabiduría, el concepto de rotación; aunque no lo tenga claro, poéticamente intuye que el sol va y viene de manera incesante y nos provee luz y calor a la tierra. Pero, sobre todo, nos indica el predicador, que hay prisa en este ir y venir, además; deja ver entre líneas que es algo monótono este ir y venir.

    Luego, “en rápido giro” (rotaciones y traslaciones) el sol se mueve (ahora sabemos que quien se mueve es la tierra). Y este movimiento permite según el predicador, que las personas sepan o tengan una idea de lo que vendrá después, o sea, da cierta estabilidad emocional a la humanidad (esto es lo que las leyes de la física hacen).

    ¿Hay algo de que se puede decir: ¿He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido. Eclesiastés 1:10 (RVR 1960).

    Luego, para el predicador hay algo que es constante (la tierra-el sistema solar), pero observa que las personas son cambiantes: “Generación va, y generación viene; mas la tierra siempre permanece” Ec. 1:4.

    Y en su discurso entonces nos llama a pensar, nos invita a reflexionar, nos exhorta a la introspección, a conocernos y valorarnos en este corto tiempo en el que pasamos por la tierra; nos invita a buscar un propósito de vida.

    “¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?” Eclesiastés 1:3 (RVR 1960).

    El provecho que obtengamos del trabajo que hacemos mientras vivamos en la tierra, es proporcional (igual o ajustado) al propósito de vida, a la vez; este propósito de vida es proporcional a nuestra personalidad y realización.

    Y esto es muy importante al leer Eclesiastés, ya que el sentido del libro puede ser tenebroso si no aplicamos lógica y deducción. La pregunta del predicador no es existencial en su fin, aunque sí en su estructura. Su fin es llevarnos a conclusiones individuales marcadas por el asombro, antes que por la monotonía de la rutinaria rotación y traslación de la tierra alrededor del sol, porque de tales repeticiones dependen la vida y subsistencia del ser humano y los demás reinos y ecosistemas. La fidelidad del sistema solar es la fidelidad de Dios.

    En rápido giro alrededor del sol, la tierra nos provee vida y condiciones adecuadas (Dios por medio de esta sinergia). Por lo tanto, a ese nivel de sabiduría e ingeniería divina nada puede ni debe ser nuevo. Entonces, hay un llamado implícito a no caer en el afán, porque nada podremos cambiar del sistema en esencia; aunque en el intento el ser humano ha causado daños ecológicos grandes, la fidelidad de Dios (más que su amor), ha mantenido el sistema en condiciones adecuadas para nuestra subsistencia.

    A Dios sea siempre nuestra admiración y gratitud, y espero que conmigo usted pueda asombrarse doblemente por esta maravilla de universo que Dios ha creado perfecto para todas las especies.

    Al llegar al final de 365 días de FIDELIDAD divina, pregúntese: ¿Qué provecho obtengo de todo lo que hago? Y defina un propósito para lo que hará este 2023.

    “Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.” 1 Timoteo 1:17 (RVR 1960).

  • Lo que está delante este 2023

    Estamos llegando al fin de otro año, y abundan las expectativas quiérase o no. En lo personal no he sido de redactar propósitos de año nuevo, pero reconozco que igualmente tengo algo de expectativas. Esta natural manera de vivir las transiciones de tiempo, me hace meditar el tema, y como es mi costumbre; me hace escribir.

    En esta oportunidad, quisiera enfocarlo en línea con la Palabra de Dios, ya que hay unos textos que me iluminan al reflexionar acerca de logros y metas.

    “Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús” Filipenses 3: 13-14 (PDT).

    ¿Cuál es la fórmula descrita por Pablo para avanzar por nuestras metas? Bueno, primeramente, debemos tener muy claro que Pablo está hablando de la vida eterna, y un cuerpo glorificado. No obstante, en su exposición deja claro que él está recorriendo un camino en el cual pone esfuerzo por avanzar y alcanzar una meta suprema, que por implicación le hace ir quemando etapas (deja atrás lo pasado).

    1. Olvidar lo que queda atrás: Pablo dice que una cosa hace, y esta es una acción concreta para ir tras una meta. Ninguna persona puede ir tras un propósito de año nuevo, sin una acción concreta. Y mucho menos, anclados al pasado. Pablo entonces nos ilumina respecto a “soltar amarras” para poder avanzar. Vale la pena que nos preguntemos, ¿qué nos paraliza de nuestro pasado? Y partiendo desde esa importante pregunta introspectiva; podremos empezar a soñar con algo nuevo en un año nuevo. Por supuesto, no todo tiene que ser nuevo en el año nuevo, ya que hay proyectos de vida que no son desechables. Pero hay quizás, costumbres, ideas, enfoques y metas que hemos postpuesto, que merecen ser tomadas en cuenta en nuevos ciclos; tanto para proyectarlas con fuerza, como para desecharlas para siempre. Interesantemente, también hay personas que no han aportado valore a nuestras vidas, y peor aún; en vez de ayudarnos a sanar heridas; nos proporcionan más heridas, y tales personas deben ser podadas en este año nuevo. La expresión: “olvidando lo que queda atrás”, no es una negación, es más bien un proceso de sanación emocional, o simplemente metas ya alcanzadas.
    2. Esfuerzo, perseverancia y propósito: He marcado en negrita tres verbos y/o expresiones verbales: Hacer, esfuerzo, seguir. La ruta de Pablo es un esfuerzo perseverante con propósito:

    “…una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para…”

    El propósito está en la preposición “para”. ¿Para qué hace y se esfuerza perseverante Pablo? Para alcanzar la meta suprema anclada al llamamiento de Dios a su vida. Y esta verdad poderosa debe llamarnos a cuentas acerca de lo que nosotros estamos llamados a hacer con esfuerzo y perseverancia. Nuestro propósito de vida debe girar alrededor del llamamiento de vida que Dios nos ha hecho. Todos los creyentes hemos sido llamados, no hay excepciones. Así las cosas, te comento a modo de ejemplos comunes que, si tienes como meta de año nuevo: bajar de peso; debes hacerlo para servir mejor a Dios, o si tienes como meta estudiar; debes ofrecerlo como mejoramiento para el servicio a Dios, y si tu propósito de año nuevo es dejar una amistad tóxica; ha de ser porque te hace daño y contamina tu emocionalidad, y desde esa perspectiva honras a Dios al buscar la paz. Así podría hacer una lista de propósitos de año nuevo, que sencillamente lo único que le agregaría valor, sería dedicarlo a Dios y a la meta suprema de tu llamado en Cristo Jesús: 1. Llamado a la salvación, 2. Llamado a la santidad y 3. Llamado a servirlo en todo.

    3. Lo que está delante:

    “…por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús”.

    Pablo explica con toda intención, que lo que está delante lo hace avanzar para ganar “el premio”. Un premio que es ofrecido por Dios mismo a través del “llamamiento celestial” en Cristo.

    Si hasta aquí has leído y no crees que tengas un llamamiento en Cristo, déjame decir que hay un conflicto de fe. La fe no solo nos evita el castigo merecido; sino que nos apropia y posiciona en una nueva familia dinámica, en donde cada uno tenemos una función.

    Lo que está delante, se debe anclar al llamamiento celestial, que es esencia y además esencial en la vida de cada creyente. Lo que está delante es resultado de lo que ya hemos logrado en el Señor:

    “Pero en aquello a que hemos llegado, sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa” Filipenses 3:14 (RVR 1960).

    Hay otra versión que nos ayudará a completar nuestro entendimiento de esta visión de Pablo: “Debemos vivir de acuerdo con lo que ya hemos alcanzado”. Filipenses 3:16 (NBV).

    Así que, vamos avanzando por más, por un mejoramiento en todo, pero de acuerdo al potencial que ya hemos alcanzado o las metas logradas. Esto nos aportará un equilibrio en las nuevas metas del nuevo año.

    Mi deseo es que usted tenga un año 2023 lleno de desafíos que le permitan crecer y estar mejor.

  • Mas bienaventurado es dar…

    Pablo, al usar esta expresión nos da dos pautas de interpretación ineludibles:

    1. La referencia: Menciona la autoría y expresa la autoridad de Jesús.
    2. El contexto: El contexto es la despedida de Pablo de los ancianos de Éfeso, a quienes anima mantener una actitud generosa y desinteresada.

    Debemos iniciar la explicación de esta cita bíblica, desde estas dos perspectivas, y evaluar nuestra experiencia personal respecto a la generosidad.

    “En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir”. Hechos 20:35 (RVR 1960).

    No hay un texto específico en los Evangelios acerca de esta expresión por parte de Jesús, pero es muy posible que Pablo la haya obtenido por una referencia oral; o por conexión con Lucas 6:38 y Mateo 10:8; y conexos, donde Jesús hace una mención acerca de “la actitud generosa” que recibirá justa retribución de parte del Señor.

    Entonces, si Pablo refiere a Jesús con este principio bíblico, pues es necesario que nosotros le pongamos mucha atención. En la cita de Lucas, Jesús habla del beneficio o retribución a quienes dan a otros (no solo dinero en este contexto, sino otros bienes no materiales). Él les dice que Dios les “pagará” una medida mayor; y note que, si el texto habla de actitud generosa, la implicación no es una regla contable de recibir más en moneda, sino según el principio llamado “ley de la siembra y la cosecha”, recibiremos exactamente y de manera porcentualmente mayor, una cosecha acorde a la semilla que sembramos. En este caso, si sembramos “una actitud generosa”, cosecharemos generosidad en las provisiones de Dios para nuestras vidas a todo nivel.

    Ahora, respecto al contexto de hechos 20:35, se da en referencia a la despedida del apóstol Pablo de los ancianos o dirigentes de la Iglesia de Éfeso, ciudad griega a unos 50 kilómetros del puerto de Mileto; en donde Pablo, anima a los hermanos a ser dadivosos desde el esfuerzo personal y el trabajo con sus propias manos. Y es aquí, donde les recuerda que el Señor Jesús los animó a dar, bajo la premisa y promesa de “la bienaventuranza o dicha de dar, antes que recibir”. ¿Por qué Jesús dice que hay más dicha en dar que recibir? Te invito a pensar en algunas experiencias y emociones cuando has podido dar generosidad a alguien. Mientras tanto, te voy dibujando algunas razones bíblicas:

    1. Hay más dicha en dar que recibir: Porque es un principio del Reino de Dios (Mateo 10:8, 2 Cor. 9:6, Prov. 11:25).

    2. Hay más dicha en dar que recibir: Refleja madurez espiritual (crecimiento). Si lees con detenimiento Lucas 6: 27 – 42, vas a comprender este enfoque de Jesús en cuanto a madurez y actitud; no tanto a conceptos financieros, aunque no los niega.

    “El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado (madurez), será como su maestro”. Lucas 6: 40 (RVR 1960).

    3. Hay más dicha en dar que recibir: Porque es un propósito del creyente. 2 Cor. 9: 7 (RVR 1960).

    4. Hay más dicha en dar que recibir: Porque es crucial en el fruto de la fe que profesamos. Tanto diezmar como ofrendar son conceptos de la gracia, y no exclusivos de la ley de Moisés como algunos creyentes lo creen. Por favor lea hebreos capítulo siete, y ponga especial atención a hebreos 7: 1-8 para comprender este principio de la generosidad.

    Déjeme decirle que, hay muchas otras razones bíblicas por las cuales Jesús, citado por el apóstol Pablo, nos dice: “ES MÁS BIENAVENTURADO DAR QUE RECIBIR”. No obstante, con estos ejemplos espero poder ayudarte a comprender el valor espiritual de la generosidad. En ninguna manera, estos textos indican que recibir sea deshonroso, pues debemos ser humildes también para recibir, pero igualmente humildes para dar, pues también hay mucha evidencia bíblica para saber dar. Cuando la motivación para dar no honra a Dios, la ofrenda termina siendo como la de Caín. No medie la tristeza al dar (2 Cor. 9:7) ya que la tristeza es un indicador de mala voluntad. Tampoco medie la necesidad como motivo; ya que no es una motivación nacida, sino una acción motivada de manera externa (2 Cor. 9:7). Por cierto, cabe aclarar que dar siendo motivados por la necesidad visible, no es un pecado, si esta motivación esta provocada por la compasión (como Jesús tuvo compasión de la multitud hambrienta).

    Finalmente, ¿Cuál ha sido su experiencia al dar? ¿Se ha sentido bendecido o dichoso-a? De su respuesta depende la motivación que ha tenido para dar. Cuando nuestra motivación es bíblica, es seguro que nos sentiremos felices, agradecidos, satisfechos, y nunca orgullosos ni mucho menos dueños del objeto de nuestra generosidad.

  • El poder incomprendido de la fe

    El escritor de hebreos está gratamente sorprendido por la grandeza de Dios en la presencia gloriosa de Cristo. Todo el libro es una defensa de la veracidad de todo el mensaje de los Evangelios, por medio de los cuales, sin duda conoció acerca de Jesús. El libro data entre 70 al 80 d.C según los cálculos de varios estudiosos, sin tener una fecha exacta. Respecto al autor o escritor, las iglesias antiguas de oriente aceptaban la paternidad paulina, no obstante, importantes padres de la Iglesia como Orígenes y Clemente de Alejandría, pusieron en duda esa posibilidad. En lo personal, por el estilo, la profundidad teológica y el grado de conocimiento acerca del judaísmo, me inclino por pensar que es autoría del apóstol Pablo.

    Una vez más, pensando en lo apasionado del escritor por la obra de Cristo; veremos el concepto poderoso de la fe, sin ese elemento mágico que con el pasar de los siglos muchos le han impreso. Vamos entonces a hebreos capítulo once.

    1. La fe como garante de la provisión de Dios
    • “La fe es garantía de las cosas que esperamos y certeza de las realidades que no vemos.” Hebreos 11:1 (BHTI).

    La fe como un todo, es conocimiento finito y desconocimiento objetivo del infinito, que nos maravilla como al escritor de hebreos; en cuya carta hay una velada intención de mostrarnos la necesidad y grandeza de la fe misma. Nos habla acerca de la divinidad de Cristo, de su supremacía sobre Moisés, los ángeles y el hombre mismo.  Por eso, la fe es la única garantía y certeza posible para el ser humano; ya que el hombre no puede ni siquiera tener certeza en la exactitud de la ciencia (aunque ésta ha conquistado grandes hitos), mucho menos garantía de la inocuidad de nuestro sistema heliocéntrico a largo plazo (algo no tan bueno vaticinan los científicos respecto al universo). Pero la fe, se erige inquebrantable, aunque cuestionada por millones.

    La pregunta es: ¿qué esperamos? La fe es garante de la esperanza más allá de este universo y de este siglo (época final). Y en esa dirección solo la fe puede ser garante. Para un examen, para la compra de una casa, para la seguridad social, etc., las garantías pueden ser suplidas por medio del sistema en el que vivamos inmersos. Por eso digo que pocas veces vivimos la fe de la manera correcta, porque la hemos llegado a convertir en una suerte de amuleto para que nos vaya bien, aunque hagamos las cosas mal. Pero la garantía de una eternidad que trasciende nuestro mundo finito es que en Cristo estamos seguros de ello. ¿Quién te garantiza que hay un más allá de este momento finito? Solo la fe, nadie y nada más.

    Luego, la certeza de realidades que aún no vemos nunca debe ser confundida con psicología positiva, ni mucho menos con pensamientos mágicos. Las realidades que no vemos son las que ya conocemos sin ver, como ejemplo mencionaré algunas:

    La Salvación: ¿Verdad que a veces tu certeza flaquea? Bueno, es porque tal certeza no esta asentada en la realidad que no ves, sino en las realidades que has construido en tu mente para poder ver y creer. Por algo Jesús nos dejó este maravilloso aforismo: “Bienaventurados los que no vieron y creyeron” (Juan 20:29). Apréndelo de una vez para la eternidad, tu salvación una vez que viniste al dador que es Cristo, es una certeza de algo que no vemos aún en su plenitud.

    La Sanidad: Hay quienes buscan sanidad momentánea, buscan el milagro perecedero. Pero algo que he aprendido por mi propia vida, y que aprendí con creces con mi fallecida madre; es que la sanidad que nos debe acaparar la atención es aquella que hará desaparecer lo mortal y lo débil de nuestro cuerpo corruptible. Es el milagro más extraordinario que puedo visualizar y solo por la fe.

    La Victoria segura: La Biblia dice que nosotros los hijos e hijas de Dios somos más que vencedores por medio de aquel (Cristo) que nos amó (dio la vida). Una vez más, este es un bien invisible, que tenemos que visibilizar por la fe. Y otra vez, cientos de creyentes caen en la trampa del pensamiento mágico (ideas fantasiosas de la realidad) al pensar que “ser más que vencedores” es una especie de super héroes de pasquín, a quienes nada nos pasará. “Caerán a nuestro lado mil y y diez mil a nuestra derecha, sin hacernos daño”, es una promesa del Salmo 91 que parafraseo, para hacer notar que se cumple cada día de nuestra vida, y que pasa desapercibida porque hemos sustituido la promesa de “más que vencedores”, por “omnipotentes”, un atributo natural y único de Dios.  

    Por cierto, aún la psicología señala conducta irracional y que puede llegar a ser patológica bajo la figura del pensamiento mágico; que no es otra cosa más que creencias irracionales, otorgamiento de poder a algunas especies de amuletos, supersticiones y cosas parecidas. Estos patrones de pensamiento-conducta, se han internado en las iglesias porque es algo muy propio del humano, de su cultura, de su hábitat social. Pero el llamado en este estudio, es a no sustituir la fe explicada y racional de las Sagradas Escrituras, con estas cogniciones humanas.

    La fe que salva, es la que se anida en el relato bíblico, y en la historia de Dios, o sea, el cómo Dios lo hace, el por qué y el para qué de Dios.

    2. La fe como testimonio de los salvos

    “Por ella (la fe) obtuvieron nuestros mayores la aprobación de Dios”. Hebreos 11:2 (BHTI)

    ¿Buscas aprobación de Dios? Solo es posible por la fe. Nunca aprobaremos con actos delante de Dios, jamás. El acto más bondadoso de tu parte o de mi parte, es un camino errado a Dios, y puede ser camino de muerte. Solo la fe en Dios y en quién es Él y lo que ha hecho, puede hacernos gratos para Él.

    Es por la fe que podemos comprender que el universo fue hecho por la sola Palabra de Dios, desde la nada (ex nihilo). Hebreos sostiene, en el primer capítulo, que es Cristo la sustancia que sostiene todas las cosas; y con ello nos deja evidencia que una vida sin fe es una vida insustancial y desarraigada que perece en su diario vivir un poco cada día. Se llenan de ideas, de conocimiento y de cosas materiales; por el gran vacío que ha dejado la incredulidad en ellos.  

     Concluimos que la fe se traduce entonces en la garantía y certeza del plan de Dios desde la eternidad y hasta la eternidad. A la vez que, nos acredita ante Dios mismo. Y ha sido modelado en la vida de estos que hebreos llama los “héroes de la fe”, porque nos demostraron el poder de trascender nuestra débil humanidad.

    Recordemos entonces, que la fe no es pensamiento mágico, ni se fundamenta en metas humanas, ni deseos ilegítimos. La fe nos debe catapultar más allá del tiempo presente y de la pequeñez de nuestra mente respecto a la eternidad.