El temor del hombre pondrá lazo;
Mas el que confía en Jehová será exaltado.
Proverbios 29:25
(RVR60)
Una vez más debemos profundizar en las aguas de la sabiduría, y encontrar el consejo valioso que inclusive puede guardar nuestra vida. El corazón debe ser protegido de la vanidad y la falsedad de la vida.
Aquí ante nosotros tenemos un proverbio antitético, o sea, se contiene en el segundo verso una afirmación que se opone a la del primer verso. Con esta forma literaria de la poesía hebrea; se resalta una verdad importante, contrastando los sentidos de los dos versos de la estrofa.
En esta clase de poesía sapiencial de los Salmos, Proverbios y Job se usa esta forma literaria para ayudarnos a comprender verdades profundas del corazón de Dios, de manera elegante, sutil y estilística. Después de todo para eso es la poesía, ¿no es cierto? Analicemos esta poética manera de enseñanza antigua:
¿Por qué el temor es un lazo para nosotros? Primeramente, debemos reconocer que todos hemos sentido miedo alguna vez. Y sí, miedo es un sinónimo de temor de acuerdo con la raíz hebrea usada en este texto, que indica un temor que pone a temblar. Entonces, la pregunta es: ¿Qué nos pone a temblar de miedo? Las respuestas pueden ser variadas. Pero lo cierto es que el temor paraliza y domina, cuando se sale de control; por lo tanto, es una trampa segura para cualquier humano ya que lo desprotege y lo vuelve débil. Por ejemplo, desde la psicologia se ha llegado a determinar que aquellas personas que sufren de esta clase de miedo son paralizadas y caen presa de sus propios temores muchas veces ilógicos. Pero lo que debemos destacar en este proverbio es que lo contrario al temor, o sea, aquello que nos traerá una respuesta contraria a la respuesta que surge ante el miedo, es confiar en Dios.
Por ejemplo, veamos algunas anécdotas de algunos personajes de la Biblia. Empezamos con Abraham quien es el padre de la fe, en dos ocasiones bien reconocidas en la Biblia, mintió y negó a su propia esposa por temor, tanto a Faraón como de Abimelec respectivamente. Recordamos también a Elias, quien por miedo a lo que la malvada Jezabel le hiciera, huyó y se escondió. Jonás, por miedo a lo que Dios haría en su bondad en favor de Nínive, tomó malas decisiones. Y finalmente, no olvidemos a Pedro, quien por su temor cayó en tal estupor que negó al Señor.
Con estos ejemplos, podríamos concluir que el temor es una trampa porque nos corrompe y nos debilita, y por lo tanto Proverbios nos advierte y alude aquí; a un miedo ilógico como el de Abraham, o bien a un miedo vinculado a un deseo pecaminoso como en el caso de Jonás. La sutileza del temor es la desconfianza en Dios, ya sea de su fidelidad como le pasó a Elias al desconfiar de la fidelidad que Dios había tenido para con él, o de su justicia como le pasó a Jonás al no aceptar confiadamente en las decisiones de Dios respecto a los ninivitas. Jonás y Abraham se corrompieron en sus corazones, por temores infundados; mientras que Elias y Pedro se debilitaron, llenos de miedo.
“Si tienes miedo de la gente, tú mismo te tiendes una trampa; pero si confías en Dios estarás fuera de peligro”. Proverbios 29:25 (TLA).
Confiar en Dios nos pone fuera de peligro, porque nos hace actuar con transparencia y libertad moral. Si no podemos confiar en Dios, nos enfocaremos en el qué dirán las personas acerca de nosotros, antes de pensar lo que dirá Dios de nuestras decisiones y actuaciones. Estaremos obsesionados por lo que pensarán de nosotros, pero no nos importará mucho lo que Dios pueda pensar.
No debemos olvidar que, si confiamos en Dios, seremos puestos en alto por Dios mismo, y esas alturas son nuestra salvación en toda circunstancia. A veces por miedo a un familiar, o un jefe, o a un padre o madre; queremos hacer algo incorrecto; como mentir, robar, negar, ocultar, etc. Y de eso es de lo que trata este sencillo, pero profundo proverbio: de ayudarnos a confiar en Dios y alejarnos del temor que paraliza o induce al pecado.
¿Podemos sentir miedo? Claro que sí. Pero que ese miedo no nos lleve a pecar contra Dios, hasta ese punto todo será normal. Dios nos bendecirá en cada circunstancia adversa que pueda debilitarnos.

