• Tú me asombras, oh, Dios

    Te alabo porque estoy maravillado,

    porque es maravilloso lo que has hecho.

    ¡De ello estoy bien convencido!

    Salmos 139:14 (DHH)

    La importancia de maravillarnos por quién es Dios, es la reflexión que quiero compartirles. Hemos llegado a perder la sensibilidad de ello. Pero vemos en este Salmo, que David dice: “estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien”.

    Asombrarnos de Dios es ese elemento místico que requerimos para nuestra piedad; ya que de lo contrario nada nos va a sorprender, y cuando Dios llega a nuestras vidas con respuestas a oraciones específicas no vamos a darnos ni cuenta.

    Asombrarnos, nos lleva indefectiblemente a la alabanza a Dios. Una cualidad de fe que hemos ido perdiendo en una evolución perniciosa de asimilación de la sociedad actual; fría y distante, que pone límites al amor genuino sin fingimiento. Es David, el rey lleno de placeres y lujos de su época, el que le dice al Rey de Reyes, estoy maravillado, con toda mi emocionalidad a tu disposición (mi alma lo sabe muy bien implica las emociones y sentimientos más profundos).

    ¡Estoy maravillado porque lo que has hecho es maravilloso oh, Dios! En esta expresión; cuánta gratitud y adoración a Dios encontramos, David pierde de vista su vida pequeña, sus debilidades y pecados; y se derrama en libaciones de amor y profundo asombro.

    Sí, Dios puede sorprendernos aún. Pero requerimos espacios de meditación y reflexión acerca de Él, de quién es Dios. Debemos conocer a Dios fuera del templo, fuera de lo que llamamos “Iglesia”. La Iglesia tradicionalmente nos vuelve miopes, porque solo apuntan a un punto en la hoja. No digo con esto que la Iglesia sea el problema, pues entendemos que es la Iglesia, el cuerpo de Cristo; la novia del Cordero. Pero lo que quiero comunicar es que más allá de la estructura, del templo y de la organización que nos dicta cómo se hacen y piensan las cosas; debemos experimentar a Dios al punto del asombro, y alabarlo y adorarlo en espíritu y verdad.

    ¡No hay un privilegio mayor que ser hechos hijos de Dios! nos dice Juan. Deberías asombrarte de ser llamado hijo de Dios, o hija de Dios. Pero ¿verdad que no se siente nada? Bueno, eso es lo malo. Es necesario que estemos convencidos del privilegio y de lo que significa nuestra salvación. David dijo: ¡De ello estoy bien convencido!

    El contexto del salmo es la grandeza omnipresente y omnisciente de Dios, que estuvo incluso involucrado en nuestro nacimiento, de manera más que asombrosa.

    ¿Qué está haciendo Dios de asombroso en tu vida hoy? Alábalo con total asombro. Con aquel asombro y quebranto que lo hiciste cuando lo conociste por vez primera. Quizá eras un niño o niña, o quizá lo conociste ya adulto; pero recuerda ese tu primer amor.

  • La sutileza del temor

    El temor del hombre pondrá lazo;

    Mas el que confía en Jehová será exaltado.

    Proverbios 29:25

    (RVR60)

    Una vez más debemos profundizar en las aguas de la sabiduría, y encontrar el consejo valioso que inclusive puede guardar nuestra vida. El corazón debe ser protegido de la vanidad y la falsedad de la vida.

    Aquí ante nosotros tenemos un proverbio antitético, o sea, se contiene en el segundo verso una afirmación que se opone a la del primer verso. Con esta forma literaria de la poesía hebrea; se resalta una verdad importante, contrastando los sentidos de los dos versos de la estrofa.

    En esta clase de poesía sapiencial de los Salmos, Proverbios y Job se usa esta forma literaria para ayudarnos a comprender verdades profundas del corazón de Dios, de manera elegante, sutil y estilística. Después de todo para eso es la poesía, ¿no es cierto? Analicemos esta poética manera de enseñanza antigua:

    ¿Por qué el temor es un lazo para nosotros? Primeramente, debemos reconocer que todos hemos sentido miedo alguna vez. Y sí, miedo es un sinónimo de temor de acuerdo con la raíz hebrea usada en este texto, que indica un temor que pone a temblar. Entonces, la pregunta es: ¿Qué nos pone a temblar de miedo? Las respuestas pueden ser variadas. Pero lo cierto es que el temor paraliza y domina, cuando se sale de control; por lo tanto, es una trampa segura para cualquier humano ya que lo desprotege y lo vuelve débil. Por ejemplo, desde la psicologia se ha llegado a determinar que aquellas personas que sufren de esta clase de miedo son paralizadas y caen presa de sus propios temores muchas veces ilógicos. Pero lo que debemos destacar en este proverbio es que lo contrario al temor, o sea, aquello que nos traerá una respuesta contraria a la respuesta que surge ante el miedo, es confiar en Dios.

    Por ejemplo, veamos algunas anécdotas de algunos personajes de la Biblia. Empezamos con Abraham quien es el padre de la fe, en dos ocasiones bien reconocidas en la Biblia, mintió y negó a su propia esposa por temor, tanto a Faraón como de Abimelec respectivamente. Recordamos también a Elias, quien por miedo a lo que la malvada Jezabel le hiciera, huyó y se escondió. Jonás, por miedo a lo que Dios haría en su bondad en favor de Nínive, tomó malas decisiones. Y finalmente, no olvidemos a Pedro, quien por su temor cayó en tal estupor que negó al Señor.

    Con estos ejemplos, podríamos concluir que el temor es una trampa porque nos corrompe y nos debilita, y por lo tanto Proverbios nos advierte y alude aquí; a un miedo ilógico como el de Abraham, o bien a un miedo vinculado a un deseo pecaminoso como en el caso de Jonás. La sutileza del temor es la desconfianza en Dios, ya sea de su fidelidad como le pasó a Elias al desconfiar de la fidelidad que Dios había tenido para con él, o de su justicia como le pasó a Jonás al no aceptar confiadamente en las decisiones de Dios respecto a los ninivitas. Jonás y Abraham se corrompieron en sus corazones, por temores infundados; mientras que Elias y Pedro se debilitaron, llenos de miedo.

    “Si tienes miedo de la gente, tú mismo te tiendes una trampa; pero si confías en Dios estarás fuera de peligro”. Proverbios 29:25 (TLA).

    Confiar en Dios nos pone fuera de peligro, porque nos hace actuar con transparencia y libertad moral. Si no podemos confiar en Dios, nos enfocaremos en el qué dirán las personas acerca de nosotros, antes de pensar lo que dirá Dios de nuestras decisiones y actuaciones. Estaremos obsesionados por lo que pensarán de nosotros, pero no nos importará mucho lo que Dios pueda pensar.

    No debemos olvidar que, si confiamos en Dios, seremos puestos en alto por Dios mismo, y esas alturas son nuestra salvación en toda circunstancia. A veces por miedo a un familiar, o un jefe, o a un padre o madre; queremos hacer algo incorrecto; como mentir, robar, negar, ocultar, etc. Y de eso es de lo que trata este sencillo, pero profundo proverbio: de ayudarnos a confiar en Dios y alejarnos del temor que paraliza o induce al pecado.

    ¿Podemos sentir miedo? Claro que sí. Pero que ese miedo no nos lleve a pecar contra Dios, hasta ese punto todo será normal. Dios nos bendecirá en cada circunstancia adversa que pueda debilitarnos.

  • El Valle de la decisión

    Hay muchos pueblos en el valle de la decisión, porque se acerca el día del juicio del SEÑOR. Joel 3:14 (PDT).

    Joel es el profeta que nos muestra a Dios en su esplendor de juicio. En lo que a mí respecta, es un pequeño resumen de la reivindicación de Dios en la figura de su pueblo Israel; ya que los juicios anunciados son de carácter universal y evoca a varias naciones involucradas en la historia de la nación.

    No obstante, el mensaje principal es el juicio en la imagen de aquel día catalogado como oscuro:

    “Tocad trompeta en Sion, y dad alarma en mi santo monte; tiemblen todos los moradores de la tierra, porque viene el día de Jehová, porque está cercano. Día de tinieblas y de oscuridad, día de nube y de sombra; como sobre los montes se extiende el alba, así vendrá un pueblo grande y fuerte; semejante a él no lo hubo jamás, ni después de él lo habrá en años de muchas generaciones. Delante de él consumirá fuego, tras de él abrasará llama; como el huerto de Edén será la tierra delante de él, y detrás de él como desierto asolado; ni tampoco habrá quien de él escape”. Joel 2: 1-3 (RVR60).

    El profeta hace referencia al valle de Josafat, y lo emula con el valle de la decisión. La palabra decisión en  hebreo significa “acordar”, o sea, no hay más tiempo; hay que decidir o ponerse de acuerdo con Dios. En este metafórico valle, está en juego la decisión más importante, y de alcance cósmico, personal y colectivo.

    Primeramente, la decisión la está tomando Dios, pero si leemos con atención, nos damos cuenta que Dios está a la vez llamando a los pueblos a venir al valle de la decisión, y ésta es en todo caso una oportunidad a la vez que una advertencia de la que nadie podrá escapar (Joel 2:3).

    Un valle está rodeado por montañas, y era en los valles que se daban las batallas decisivas. Los ejércitos se parapetaban en las montañas para definir sus estrategias, y atacar o contraatacar. Pero ya en el valle era cuestión de vida o muerte. Y con esta idea en mente el profeta llama a sus contemporáneos a decidir por Dios, desde el verdadero arrepentimiento; o decidir la muerte.

    “Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo”. Joel 2:13 (RVR60).

    La sentencia del profeta es: “Hay muchos pueblos en el valle de la decisión, porque se acerca el día del juicio del SEÑOR”. En esta sentencia se hace una clara alusión a “pueblos” diversos reunidos en un mismo lugar, y ese lugar alegórico es el terreno de las decisiones de Dios.

    En otras palabras, nadie estará ajeno a su juicio final, pero a la vez hay gracia para su pueblo; que en la visión del profeta es Israel, pero en la dimensión profética es extensiva a quienes se arrepientan:

    “Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo. Tierra, no temas; alégrate y gózate, porque Jehová hará grandes cosas”. Joel 2: 13 y 21 (RVR60).

    Buscando una aplicación práctica de estas profecías, encontramos a Dios advirtiendo, redimiendo, salvando, condenando y salvando.

    El valle de la decisión, es una excelente metáfora de contenido espiritual. Cuando los ejércitos estaban en el valle, se exponían abiertamente y quedaban al desnudo y vulnerables. En tal punto nadie tenía otra oportunidad más que luchar, pues no se podían esconder entre las montañas. Al venir al valle de la decisión estamos desnudos ante Dios sin intentos de escondernos de Dios, como lo hiciera Adán en el huerto.

    Bíblicamente estar en el valle de la decisión, es la oportunidad única y definitiva de reconocer de quién viene la salvación. Psicológicamente, el valle de la decisión es la oportunidad de tratar nuestros miedos y nuestras temeridades.

    El doctor en psicología, Dr. Walter Riso, menciona que la valentía es un paso intermedio entre la cobardía y la temeridad.

    Él llama metafóricamente a la valentía; el valle en donde se convocan los cobardes y los temerarios, en un proceso de libertad: libertad de la cobardía del que se esconde en un extremo del valle, y libertad del que actúa temerariamente desafiante al otro lado del valle.

    Dios desafiará a la humanidad de manera determinante en aquel día que el profeta Joel llama: “día de Jehová, como día de destrucción del todopoderoso…” (Joel 1:15).

    Pero también el profeta llama día de poder del Espíritu Santo, prodigios y salvación:

    28 Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. 29 Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días. 30 Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo. 31 El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová. 32 Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo; porque en el monte de Sion y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Jehová, y entre el remanente al cual él habrá llamado. Joel 2: 28-32 (RVR60).

    Precisamente, encontramos a Pedro referirse a estos eventos en el día de pentecostés. Y desde esta interpretación apostólica, debemos reconocer que a partir de pentecostés, la iglesia ha sido involucrada dentro de este pueblo de Dios receptor de estas maravillosas promesas descritas por el profeta Joel.

    Paralelamente, los pueblos contemporáneos a la Iglesia, han de estimarse llamados al valle de la decisión, ante el juez de la tierra.

    Todos estamos en este valle después de todo, y es lo que el profeta Joel comprende de aquella visión Del Valle de Josafat, donde Israel había librado muchas batallas. Ese día llegará oscuro para muchos, radiante para otros.

    Ahí será el fin, la última batalla de lo divino y lo profano, la última oportunidad para la humanidad.

  • Integridad

    ¿Cómo saber cuándo hay crisis de integridad en el liderazgo?

    «El hombre que no teme a la verdad, no tiene nada que temer de las mentiras»

    Francis Bacon

    Primeramente, necesitamos definir a fondo el concepto mismo y lo que implica, para poder analizar lo demás.

    El sitio web Significados.com, https://www.significados.com/integridad/ define etimológicamente el concepto; de la siguiente forma:

    “Integridad deriva de la palabra de origen latino integrĭtas o integrãtis, que significa totalidad, virginidad, robustez y buen estado físico. Integridad, también deriva del adjetivo integer, que significa intacto, entero, no tocado o no alcanzado por un mal. Observando las raíces de este adjetivo, este se compone del vocablo in-, que significa no, y otro término de la misma raíz del verbo tangere, que significa tocar o alcanzar, por lo tanto, la integridad es la pureza original y sin contacto o contaminación con un mal o un daño, ya sea físico o moral. La integridad entonces,  es el estado de lo que está completo o tiene todas sus partes, es la totalidad, la plenitud. Lo íntegro es algo que tiene todas sus partes intactas o puras.

    La raíz etimológica enfoca entonces a un ser humano que no ha sido alcanzado por un mal (de manera específica), afectando su estado moral virgen, su estado físico completo y sano, y sus valores robustecidos o fuertes. Desde luego, debemos partir de que esta virginidad de la conciencia; desde el punto de vista de la fe y la teología, está ya contaminada con una caída de la inocencia, que no es presumible en esta idea de integridad.

    Desde la fe, la integridad no es ausencia de pecado original, ni es la ausencia de error. Es entonces una valoración intrapersonal del ser humano, que le lleva a descubrirse a sí mismo y le permite reconocer con mayor facilidad sus fortalezas y debilidades. Además, le permite reconocer y aceptar sus faltas, pidiendo perdón cuando es necesario. Benjamins Franklin, nos ilustra este concepto:

    “Sólo el hombre íntegro es capaz de confesar sus faltas y de reconocer sus errores” (Adriana Méndez, Setiembre 2021, https://psicologiaymente.com/reflexiones/frases-integridad ).

    «Solo vivirá segura la gente que es honesta y siempre dice la verdad, la que no se enriquece a costa de los demás, la que no acepta regalos a cambio de hacer favores (cohecho), la que no se presta a cometer un crimen, ¡la (gente) que ni siquiera se fija en la maldad que otros cometen! Esa gente tendrá como refugio una fortaleza hecha de rocas; siempre tendrá pan, y jamás le faltará agua».” Isaías 33:15-16 (TLAI).

    La integridad está vinculada a una serie de cualidades del carácter y la personalidad, que indudablemente se sustenta en la modificación de la conducta humana. Somos seres mejorables; pero que no podemos mejorar sin la presencia de Dios en nuestras vidas. En este texto, tenemos una cita con el profeta Isaías para ver la respuesta contundente de Dios, a quienes cuestionan la probabilidad de salir bien librados del juicio de Dios. La respuesta divina llega inmediata:

    “Los pecadores están aterrados en Sión; el temblor atrapa a los impíos: «¿Quién de nosotros puede habitar en el fuego consumidor? ¿Quién de nosotros puede habitar en la hoguera eterna?»” Isaías 33:14 (NVI).

    Hemos escuchado la antítesis de esta escena, por un lado, los impuros o impíos, que se cuestionan cómo es posible que Dios pida perfección, y los amenace con exterminio. Y por otro lado, los moradores honestos, veraces, confiables, pacificadores y limpios; Dios les dice, claro que pueden habitar conmigo en las alturas. Ahora nosotros sabemos que la integridad es una cualidad posible en la obra de Cristo, quien nos ha justificado, regenerado y limpiado para que podamos vivir en las alturas. Se me hace que estas alturas son un medio metafórico clave en este pasaje, porque primeramente expresa la seguridad que podemos tener solo en Dios, y por otro lado nos muestra que la buena conducta, llamada integridad; es una dimensión distante del mundo sin Dios, y de aquellos que han pervertido su camino:

                  “¿Quién, Señor, puede habitar en tu santuario? ¿Quién puede vivir en tu santo monte? Solo el de conducta intachable, que practica la justicia y de corazón dice la verdad…” Salmos 15:1-2 (NVI). Este monte es un estado en nuestra eternidad, así que no se refiere al cielo, ni se refiere a la oración, ni es una jerarquía; es un estado de gracia en la que podemos alcanzar ser olor grato para Dios.

                  “Quien se conduce con integridad anda seguro; quien anda en malos pasos será descubierto”. Proverbios 10:9 (NVI).

    Finalmente, la integridad es una conducta normativa. En nuestra cristiandad estamos normados por la Palabra de Dios. Es la Biblia nuestra norma de fe y conducta, y fuera de ella hemos dejado de ser íntegros, y perderíamos confianza en nuestro caminar.

                  A la luz de los textos leídos en su contexto, corresponde responder la pregunta: ¿Cómo saber cuándo hay crisis de integridad en el liderazgo? Después de la definición y de los textos citados entre muchos que hay respecto a la integridad, tenemos que decir:

    1. Hay crisis en el liderazgo; cuando nuestros líderes no gobiernan bien su casa, siendo un requisito para ejercer liderazgo pastoral (1 Timoteo 3).
    2. Hay crisis de integridad cuando nuestros líderes no son hermanos llenos del Espíritu Santo (abundar en el fruto del Espíritu según Gálatas 5:22).
    3. Hay crisis de integridad cuando los líderes metalizan el servicio a Dios en la Iglesia (1 Pedro 5:2).
    4. Hay crisis de integridad cuando los líderes faltan a la verdad en lo mínimo o en lo escandaloso.
    5. Hay crisis de integridad cuando la conducta de nuestros líderes es nebulosa (1 Pedro 3:16).
    6. Hay crisis de integridad cuando los servidores del altar y de las mesas faltan a los actos de justicia (voluntad divina) para con los suyos y la sociedad (Job31:6).

    La integridad, es en su esencia conceptual y en el contexto bíblico, un compromiso con los valores del Reino de Dios, plasmados en las Sagradas Escrituras. Nosotros, sin ser perfectos, pero sí perfectibles; podemos ser íntegros no bajo criterios humanos de bondad, sino bajo normas celestiales de justicia, verdad y rectitud. La integridad no esta relacionada con la perfección moral, sino con aquellos estados conscientes de lo que no hemos hecho bien, y la valentía espiritual de reconocer esos yerros, pedir perdón y enmendarlos.

    “La integridad es decirme la verdad. Y la honestidad es decir la verdad a otras personas”.

    . Spencer Johnson