Hay muchos pueblos en el valle de la decisión, porque se acerca el día del juicio del SEÑOR. Joel 3:14 (PDT).
Joel es el profeta que nos muestra a Dios en su esplendor de juicio. En lo que a mí respecta, es un pequeño resumen de la reivindicación de Dios en la figura de su pueblo Israel; ya que los juicios anunciados son de carácter universal y evoca a varias naciones involucradas en la historia de la nación.
No obstante, el mensaje principal es el juicio en la imagen de aquel día catalogado como oscuro:
“Tocad trompeta en Sion, y dad alarma en mi santo monte; tiemblen todos los moradores de la tierra, porque viene el día de Jehová, porque está cercano. Día de tinieblas y de oscuridad, día de nube y de sombra; como sobre los montes se extiende el alba, así vendrá un pueblo grande y fuerte; semejante a él no lo hubo jamás, ni después de él lo habrá en años de muchas generaciones. Delante de él consumirá fuego, tras de él abrasará llama; como el huerto de Edén será la tierra delante de él, y detrás de él como desierto asolado; ni tampoco habrá quien de él escape”. Joel 2: 1-3 (RVR60).
El profeta hace referencia al valle de Josafat, y lo emula con el valle de la decisión. La palabra decisión en hebreo significa “acordar”, o sea, no hay más tiempo; hay que decidir o ponerse de acuerdo con Dios. En este metafórico valle, está en juego la decisión más importante, y de alcance cósmico, personal y colectivo.
Primeramente, la decisión la está tomando Dios, pero si leemos con atención, nos damos cuenta que Dios está a la vez llamando a los pueblos a venir al valle de la decisión, y ésta es en todo caso una oportunidad a la vez que una advertencia de la que nadie podrá escapar (Joel 2:3).
Un valle está rodeado por montañas, y era en los valles que se daban las batallas decisivas. Los ejércitos se parapetaban en las montañas para definir sus estrategias, y atacar o contraatacar. Pero ya en el valle era cuestión de vida o muerte. Y con esta idea en mente el profeta llama a sus contemporáneos a decidir por Dios, desde el verdadero arrepentimiento; o decidir la muerte.
“Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo”. Joel 2:13 (RVR60).
La sentencia del profeta es: “Hay muchos pueblos en el valle de la decisión, porque se acerca el día del juicio del SEÑOR”. En esta sentencia se hace una clara alusión a “pueblos” diversos reunidos en un mismo lugar, y ese lugar alegórico es el terreno de las decisiones de Dios.
En otras palabras, nadie estará ajeno a su juicio final, pero a la vez hay gracia para su pueblo; que en la visión del profeta es Israel, pero en la dimensión profética es extensiva a quienes se arrepientan:
“Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo. Tierra, no temas; alégrate y gózate, porque Jehová hará grandes cosas”. Joel 2: 13 y 21 (RVR60).
Buscando una aplicación práctica de estas profecías, encontramos a Dios advirtiendo, redimiendo, salvando, condenando y salvando.
El valle de la decisión, es una excelente metáfora de contenido espiritual. Cuando los ejércitos estaban en el valle, se exponían abiertamente y quedaban al desnudo y vulnerables. En tal punto nadie tenía otra oportunidad más que luchar, pues no se podían esconder entre las montañas. Al venir al valle de la decisión estamos desnudos ante Dios sin intentos de escondernos de Dios, como lo hiciera Adán en el huerto.
Bíblicamente estar en el valle de la decisión, es la oportunidad única y definitiva de reconocer de quién viene la salvación. Psicológicamente, el valle de la decisión es la oportunidad de tratar nuestros miedos y nuestras temeridades.
El doctor en psicología, Dr. Walter Riso, menciona que la valentía es un paso intermedio entre la cobardía y la temeridad.
Él llama metafóricamente a la valentía; el valle en donde se convocan los cobardes y los temerarios, en un proceso de libertad: libertad de la cobardía del que se esconde en un extremo del valle, y libertad del que actúa temerariamente desafiante al otro lado del valle.
Dios desafiará a la humanidad de manera determinante en aquel día que el profeta Joel llama: “día de Jehová, como día de destrucción del todopoderoso…” (Joel 1:15).
Pero también el profeta llama día de poder del Espíritu Santo, prodigios y salvación:
28 Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. 29 Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días. 30 Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo. 31 El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová. 32 Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo; porque en el monte de Sion y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Jehová, y entre el remanente al cual él habrá llamado. Joel 2: 28-32 (RVR60).
Precisamente, encontramos a Pedro referirse a estos eventos en el día de pentecostés. Y desde esta interpretación apostólica, debemos reconocer que a partir de pentecostés, la iglesia ha sido involucrada dentro de este pueblo de Dios receptor de estas maravillosas promesas descritas por el profeta Joel.
Paralelamente, los pueblos contemporáneos a la Iglesia, han de estimarse llamados al valle de la decisión, ante el juez de la tierra.
Todos estamos en este valle después de todo, y es lo que el profeta Joel comprende de aquella visión Del Valle de Josafat, donde Israel había librado muchas batallas. Ese día llegará oscuro para muchos, radiante para otros.
Ahí será el fin, la última batalla de lo divino y lo profano, la última oportunidad para la humanidad.