En la baja Edad Media, el copista agustiniano Tomás de Kempis (Thomas Von Kempem) nos acuñó una célebre cita según Guzik, David (s.f) Juan 14 – El Jesús que se marcha by David Guzik (blueletterbible.org)
“Todos los hombres desean paz, pero muy pocos desean aquellas cosas que hacen la paz.”
Thomas Von kempem
Al reflexionar sobre esta cita, no menos importante es pensar en las palabras de Jesús: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”. Juan 14:27 (RVR 1960).
Leyendo estas palabras de Jesús acerca de la paz; me hace pensar que su énfasis es, “Yo no os la doy como el mundo la da”. ¿Entonces el mundo le da al hombre una sensación de paz diferente a la esencia de paz que nos hereda el Señor Jesús? Absolutamente sí. Y es por esta razón que debemos estudiar a profundidad, el significado de una paz profunda. He querido llamarla “paz profunda” para distinguirla de la sensación de paz que solemos tener, la cual tiende a ser tan frágil como las circunstancias.
Mi esposa y yo hemos platicado muchas veces que como creyentes no está en juego el fruto de la paz en nuestros corazones, y hemos estado de acuerdo en que no es de buen gusto la expresión: “tenga paz” que nos expresa a veces la gente queriendo indicarnos que estemos tranquilos respecto a algo. De hecho, nos ofende esa respuesta. Porque creemos que la paz es un estado en el que el creyente ha de vivir. No se pierde la paz por circunstancias externas, pues nadie ni nada nos puede robar la paz que nos ha sido heredada en Cristo. Pero a la luz de la revelación completa de la Biblia, creo que podemos ceder o entregar nuestra paz y sentirnos turbados.
Jesús les dice a los discípulos en la víspera de su pasión y muerte, que el mundo sería un lugar hostil para ellos, lleno de aflicciones. Pero su mandato a ellos fue, “no se turben ni tengan miedo”. Eso era exactamente lo que iban a vivir en el huerto de Getsemaní al caer la noche y ser amedrentados por los oficiales pretorianos, en el arresto de Jesús. ¿Por qué Jesús les manda no turbar su corazón, ni sentir miedo si sabía que eso pasaría? Bueno, es una forma de dar ánimo y confortar; no obstante, les dice “mi paz os dejo, y mi paz os doy”. Esa promesa es en la que descansaría la seguridad del Maestro respecto a la perseverancia de sus seguidores.
La paz de Dios es poderosa y milagrosa; por lo tanto, no se puede entender intelectualmente ni mucho menos explicar. Es por esta razón que Pablo lo expresa de manera mística a los Filipenses 4:7 diciéndoles que la “paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”.
En Juan, Jesús dice que la paz la da Él, y es diferente a la paz que el mundo da, la cual es una paz circunstancial, mientras que la de Jesús es una posesión heredada, poderosa y sobrenatural.
Paz en hebreo es “Shalom” cuyo significado es “bienestar completo”. Mientras que, en griego, la palabra es “eirene” cuyo significado es “unir”. En castellano la raíz de la palabra es de origen latín “pax”, que significa ausencia de conflicto.
El bienestar integral del ser humano no es la ausencia del conflicto, de hecho, hemos leído que Jesús claramente indica que en el mundo tendríamos aflicción (implicación de conflictos). El bienestar integral o Shalom es resultado de “eirene” (unir), esa unión al dador de la paz.
Entonces, nadie nos puede desunir de la paz, nadie tiene esa potestad, ni siquiera satanás, o el mundo, nos puede separar de Jesús. Pero usted y yo sí que tenemos el potencial de entregar la paz del corazón al pecar voluntariamente contra el dador de la paz, desvinculándonos de manera personal y voluntaria de la fuente de la paz. Recuerde “eirene” es un vocablo que significa unir, o vincular. Ese vínculo puede que lo estemos rompiendo al estar viviendo una vida de pecado, o viviendo una vida sin fe ni esperanza. Entonces la sensación es haber perdido la paz.
Entonces, ¿podemos perder la paz? Yo diría a la luz de leer y estudiar los contextos del tema en la Biblia, que no podemos perder la paz, pero podemos entregarla como David entregó su consagración, o como Esaú entregó su llamado o primogenitura; por citar ejemplos. Así, usted y yo podríamos entregar nuestra tranquilidad y paz al desobedecer la Palabra de Dios, al entregarnos a pensamientos pecaminosos, al no hacer buen manejo de las finanzas, del tiempo, de los dones que Dios nos ha dado, etc. Y una vida sin paz, es una vida alejada de la promesa de Dios de una vida abundante.
Juan capítulo catorce nos explica de qué manera o que obras están diseñadas para vivir en paz, en la paz de Cristo. Se nos instruye a amar y guardar los mandatos de Dios, a recibir al Espíritu Santo, a escuchar al Espíritu Santo, a aceptar la paternidad de Dios y a no vivir en confusión y miedo.
Razón tenía Tomás de Kempis, “Todos los hombres desean paz, pero muy pocos desean aquellas cosas que hacen la paz.”. En los Evangelios tenemos las obras que hacen la Paz. Es solamente de leer y comprometernos a recibirlas, creerlas y vivirlas.

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