Indicios de opresión

La opresión es un tema relevante para el ser humano, tanto, que su abordaje se da desde la política, la sociología, psicología, antropología y la teología. Todos nacemos bajo opresión, aunque en las primeras etapas de nuestra vida no lo advertimos, nos vamos dando cuenta de ello. Pero la razón es una sola, articulada desde dos perspectivas divergentes que coexisten. Tiene que ver con el “deseo”. Una perspectiva es el deseo del opresor, pero que encuentra fuerza en la otra perspectiva, los deseos del oprimido.

Es interesante como esta cualidad, nos puede atrapar muchas veces en laberintos muy peligrosos.  

El sabio “Cohelet” o más conocido como “El Predicador”, nos ilustra un poco este discurso ya de tiempos muy antiguos que filosofaba alrededor de este carácter del ser humano en busca de satisfacción. Este deseo refiere a cualquier cosa en la vida.

“Además, observé toda la opresión que sucede bajo el sol. Vi las lágrimas de los oprimidos, y no había nadie para consolarlos. Los opresores tienen mucho poder y sus víctimas son indefensas. Entonces llegué a la conclusión de que los muertos están mejor que los vivos; pero los más afortunados de todos son los que aún no nacen, porque no han visto toda la maldad que se comete bajo el sol. Luego observé que a la mayoría de la gente le interesa alcanzar el éxito porque envidia a sus vecinos; pero eso tampoco tiene sentido, es como perseguir el viento. «Los necios se cruzan de brazos, y acaban en la ruina». Sin embargo, «es mejor tener un puñado con tranquilidad que tener dos puñados con mucho esfuerzo y perseguir el viento»”. Eclesiastés 4:1-6.

Primeramente, el sabio que siendo rey; no obstante, son abiertos sus ojos: “observé toda la opresión que sucede bajo el sol”. ¿Qué creería usted, el sabio predicador en su función real acaso no generaría algún grado de opresión? Solo para pensar. Pero él logra ver toda clase de opresión alrededor. Y eso no es todo, porque aquella opresión genera lágrimas a raíz del poder de los opresores y la indefensión de los oprimidos. Ya aquí estamos viendo un cuadro social, político y económico que no es desconocido para nosotros hoy.

De esta primera mirada observadora, el predicador discurre en una segunda mirada, y concluye, “Luego observé que a la mayoría de la gente le interesa alcanzar el éxito porque envidia a sus vecinos”. Y es a partir de esta premisa salomónica, que se evidencia el flagelo consumista del deseo imparable.

Si leemos con atención y con una buena comprensión de lectura, el éxito es un lema de la sociedad moderna y se conecta por lo general con poseer. Ya sea poseer poder, conocimiento, estatus y/o cosas. La conclusión es inmediata: “«es mejor tener un puñado con tranquilidad que tener dos puñados con mucho esfuerzo y perseguir el viento»”. Y este principio a modo de adagio popular, es un llamado al equilibrio y a la búsqueda de un sentido de vida, más que un sentido de éxito ostentoso. Por eso nos plantea a modo de un paralelismo antitético los argumentos de los versículos 5 y 6, donde el perezoso o necio (es escasez) se le considera un extremo de muerte, pero al otro extremo está el que con trabajo y aflicciones logra llenar sus dos manos (abundancia sin descanso) no es recomendable.

Nos deja en el centro de la ecuación aquel ciudadano que llena una mano (lo necesario), pero con el debido descanso y todo lo que ello implica. Se podría inferir, que una mano se llena de lo necesario, y la otra de descanso y bienestar. Ya tenemos una reflexión con argumento y conclusiones.

Ahora, contextualicemos. En primer plano el siguiente ejemplo: En esta sociedad moderna, de flujos emigrantes, migrantes e inmigrantes, las personas están atadas a largas jornadas laborales repartidas entre dos y tres trabajos para poder vivir y subsistir en economías muy diferentes a las de sus propios países. Economías, por cierto, altamente capitalistas y consumistas, de ahí que tienen una oferta laboral alta a precios de vida muy elevados que potencian la misma economía local.

En segundo plano, tenemos el ejemplo de lo que vivimos en nuestros propios países, donde las economías se contraen mucho, tienen mucha varianza y están acaparadas por la corrupción y la delincuencia de cuello blanco. No es para nada una respuesta fácil para la gran franja social de pobreza en nuestros países poco desarrollados o en vías de desarrollo. Seguimos tan esclavos como los que han migrado, pero por menos paga. Así que a quienes quieran llenar sus dos manos (tener mucho más de lo necesario) en este sistema asfixiante, lo que les espera es trabajo y aflicción.

Este pequeño resumen socioeconómico y político que afecta las masas es solo una mención de lo que significa “llenar las dos manos, con mucho trabajo y aflicción de espíritu”. Y ¿por qué Cohelet habla que la abundancia se consigue con mucho trabajo y aflicción? Bueno, primeramente, porque tener más allá de lo necesario, demanda trabajar más allá de lo necesario. Y segundo, porque muchos de los que trabajan largas jornadas viven cansados, se alejan de sus vitales relaciones filiales (familiares y amigos) y mantienen en algunos casos vidas algo amargadas, vacías e insensibles.

¿Y saben qué? El predicador nos dice que todo eso es “perseguir el viento”. Otra forma de decir que es “vanidad”. O sea, haga la prueba, persiga el viento y me cuenta cuando logre atraparlo y hacerlo suyo.

El deseo de tener, de salir adelante, de ayudar a otros, de comprarse una casa o un carro, u otras posesiones, son propias de todos nosotros. Ese deseo no es lo malo, lo malo es destruirnos emocional y socialmente en esa odisea llamada “progreso”.

Sé de testimonios en mi país, donde personas en busca de mejores oportunidades y superación, salieron un día; esposos, esposas, sin sus cónyuges, sin sus hijos y ganaron mucho dinero logrando sus metas, pero perdieron sus familias y la santidad del matrimonio; algo que no habían presupuestado.

Cohelet no critica esas acciones, solo señala el peligro y la presunción que en ellas hay. Yo quiero ser fiel a este texto sapiencial y no criticar a quienes han tenido que partir a otro país por situaciones políticas y/o económicas. Pero si estás leyendo este blog y eres parte de esa historia, te pido que cuides lo más preciado que Dios te ha dado, después de la salvación. Eso más preciado es tu familia.

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