Ego

«Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles». Romanos 1:22-23

En la era de la postverdad, todo es posible e imaginable, pues ha crecido el relativismo. Nada puede ser verdad, aunque lo sea. Es una buena ocasión para justificar lo malo, y censurar lo bueno. Les animo a leer más acerca del concepto de postverdad y de la llamada era postcristiana.

La reflexión de hoy es más una prosa de ironía, pero que retrata bien el texto en cuestión donde Pablo reflexiona acerca de la naturaleza humana. Vamos allá:

«Es un ego penetrante que invade cuerpo y alma, contaminando la sociedad«

Una sociedad que se premia a sí misma por ser científica, educada y refinada. Una sociedad de hitos en los campos de la tecnología, la ciencia, los satélites, las comunicaciones y todo conocimiento duro.

Una sociedad más preparada en habilidades blandas; merced de la psicología, sociología, antropología y lingüística.

Una sociedad que superó el conocimiento básico presocrático, y el mito medieval. Llegando a la modernidad con esperanza; inteligentes, adaptativos y llenos de avances, que la condujeron a dos guerras mundiales devastadoras a principio y mediados del siglo de la madurez de la conciencia de la mano de la filosofía mas ilustrada.

Volvimos a levantarnos de las cenizas, de la peste, del hambre y la miseria del ego alfa de líderes cuasi locos. Entrando a la postmodernidad, donde empezamos a ver a la otredad con ojos de inclusión en un mundo donde todos cabemos, y si no, habrá otra vez guerra.

Finalmente, hemos hecho una parada más en la era de la postverdad, donde el negacionismo es antojadizo, pero necesario para la subsistencia de otras sociedades que necesitan empezar de cero. En esta era hemos en teoría superado el mito de la era cristiana, y algunos ya se atreven a denominar, una nueva era “postcristiana”.

De era en era, de un movimiento social a otro, hemos vivido valores y antivalores humanos, pretendiendo desplazar a Dios, presente, pero ignorado. Y eso es en esencia, el ego humano, contaminando sociedades que se suceden unas a otras.

Al cerrar mi reflexión, el mundo se aproxima una vez más a una guerra de egos, en el mismo epicentro donde convergen occidente y oriente.

¡Qué más da si es occidente o si es oriente! El humano es uno solo, su casa una sola. Su ego de la misma materia: fuerzas yoicas desequilibradas que enmudecen la inteligencia, y llenan de harapos la sabiduría.

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